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Día mundial de la Filosofía. I. Parte.

Día mundial de la Filosofía. I. Parte.
« en: Noviembre 18, 2015, 08:09:54 pm »
                                                              Día mundial de la Filosofía.
                                                                Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.
                                      Presidente de honor del Oasis Teosófico-Martiano.  Cienfuegos. Cuba.


Cada tercer jueves de noviembre el mundo celebra el día mundial de la Filosofía. La feliz idea de la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), de establecer un día para dedicar los esfuerzos del pensamiento contemporáneo a la Filosofía, es algo, que no hemos de pasar por alto. Según la resolución 33C/45 de la Conferencia General de la UNESCO:

“El Día Mundial de la Filosofía se estableció para destacar la importancia de esta disciplina, especialmente de cara a la gente joven, y también para subrayar que «la filosofía es una disciplina que estimula el pensamiento crítico e independiente y es capaz de trabajar en aras de un mejor entendimiento del mundo, promoviendo la paz y la tolerancia”.

Se oficializó en el 2005, aunque desde el 2002 se viene celebrando. Como la propia entidad ha declarado no ser su propietaria y que este día <debe suponer un ejercicio de pensamiento libre, razonado e informado sobre los mayores desafíos de nuestro tiempo>, es que hemos de reunirnos justamente hoy, como algo simbólico, por cuanto, ese <ejercicio de pensamiento libre, razonado e informado>, ha de ser algo constante en nuestras vidas, que pueda ir más allá del símbolo y situarse junto a los grandes desafíos de estos tiempos.

Todos conocéis de nuestras carencias materiales, de nuestras limitaciones en todo sentido, pero muy especialmente del poco acceso a la información, lo que, sin duda, influye negativamente para la realización de  este <ejercicio de pensamiento libre, razonado e informado>, al que nos convoca la UNESCO. El deterioro social y moral de las sociedades actuales sobrepasa la contextualidad de lo social, para abrirse paso a los niveles mentales y espirituales, lo que ha originado un empobrecimiento de la espiritualidad y la intelectualidad.

En tales circunstancias hemos de asumir nuestro rol como líderes, hemos de ser conscientes de nuestro deber, y poder despertar en unos y cultivar en otros el intelecto, lo que nos hará verdaderamente libres. Hace muchos siglos ya, en la india meridional, un joven príncipe renunció a todas las riquezas terrenales y salió con unos pocos hombres a predicar su enseñanza basada en un análisis de las causas que conducen al hombre al sufrimiento y a la miseria espiritual, después de mucho meditar, llegó a la conclusión de que la ignorancia era la causante de estos males. Así desarrolló sus doctrinas, que luego formarían el fundamento de una de las más grandes religiones de todos los tiempos: el Budismo. Buda fue un verdadero redentor porque transformó el pensamiento de su tiempo, precisamente a través de ese ejercicio de [i<pensamiento libre y razonado> [/i]al que estamos llamados hoy.

En otras circunstancias históricas y en territorios opuestos se desarrollaban las cimientes de futuras escuelas de pensamiento.  Tratar de encontrar más allá de la apariencia expresada en la  multiplicidad  cambiante de la naturaleza, aquella unidad que constituye la misma naturaleza del mundo, aquella  sustancia única que es su propio ser y la única ley que regula su devenir, fue el móvil de aquellos a los que se les considera los primeros filósofos del mundo occidental. Los filósofos presocráticos ejecutaron por primera vez la reducción de la naturaleza a la objetividad, en la cual consiste la primera condición de cualquier consideración científica de la naturaleza.

Un filósofo, matemático y astrónomo de la actual Turquía, Mileto, en los legendarios tiempos, llamado Anaximandro, fue el primero que aplicó el término principio, a la substancia única y distinguió este principio, no precisamente en elementos de la naturaleza como el agua o el aire como lo hicieran sus contemporáneos Tales y Anaxímenes, sino que veía este principio en el Infinito, es decir,  en la cantidad infinita de materia, en la cual, todas las cosas tienen su origen y en la que todas las cosas se disuelven, cuando termina el ciclo establecido para ellas en virtud de una ley necesaria. Este principio infinito abraza y gobierna todas las cosas, por sí mismo es inmortal e indestructible, por lo tanto Divino. Su grandeza especulativa llegó tan lejos que fue capaz, desde su tiempo, de considerar el origen del Universo a partir de la separación de opuestos desde la materia primaria. Por medio de esta separación se engendran los mundos infinitos, los cuales se suceden  siguiendo un ciclo eterno.

Es el primer autor de escritos filosóficos en Grecia, su obra en prosa: “En torno a la naturaleza”, marca una etapa notable en la especulación filosófica de los jonios, desde el punto de vista cosmológico.   La grandeza de la personalidad de Anaximandro debe destacarse, pues a partir de su pensamiento, la filosofía tiene por vez primera, la presentación de la unidad del mundo, no sólo sobre la unidad de la sustancia, sino sobre la unidad de la ley que lo gobierna.

La llegada de Heráclito (c. 540-c. 475 a.C.), define un camino más certero para el análisis filosófico. Su punto de partida  es la constatación del incesante devenir de las cosas. El mundo es un flujo perenne. La sustancia que es el principio del mundo, debe explicar el devenir incesante de este mediante la propia extrema movilidad y Heráclito la encuentra en el fuego; pero el fuego adquiere para este filósofo una dimensión diferente, el fuego  deja de ser algo corpóreo para ser un principio creador, inteligente y activo.

Para Heráclito, la naturaleza presupone una búsqueda: “si no esperas no encontrarás lo inesperado, siendo éste imposible de hallar e inaccesible”, lo que ha de motivarnos, a pesar de los siglos que nos separan, para el desarrollo de ese <ejercicio de pensamiento libre, razonado e informado>, al que estamos llamados hoy.  Pero esa búsqueda, no está limitada a la observación de los fenómenos de la naturaleza, se trata de una búsqueda interior la cual, según él, revela profundidades infinitas. Esa búsqueda interior abre al hombre áreas sucesivas de profundidad, que resultan inagotables: la razón, la ley última del yo, aparece continuamente más allá, en una profundidad siempre más lejana y al mismo tiempo siempre más íntima. Pero esta razón, que es la ley del alma, es al mismo tiempo ley universal, con lo que esbozaba el concepto de Logos, en mi opinión, su aporte más trascendental a la filosofía.

Para Heráclito el Logos es, a la vez, discurso, razón y «razón de ser» de las cosas; <una verdad única que la mente puede comprender porque también la mente humana es, en cierto modo, parte o comunión de este Logos que es común a todos>, pero que la mayoría no entiende, por lo que es imprescindible partir de su enseñanza para cualquier análisis especulativo acerca de la naturaleza de Logos, al menos en el mundo occidental, por cuanto, fue el primero en utilizar el término y definirlo como lo que realmente es. 

Hacia el año 530 a.C., el filósofo Pitágoras de Samos fundó una escuela de filosofía en Crotona, en la Magna Grecia, al sur de Italia, con cuya enseñanza pretendía conciliar la antigua visión mítica del mundo con el creciente interés por la explicación científica. Esta es la primera referencia de una institución académica para la enseñanza filosófica. Hasta el momento el mundo occidental solo había tenido ciertas figuras trascendentes, las que enseñaron oralmente a sus seguidores y algunos dejaron escritos, pero no hubo hasta entonces centros para la difusión sistemática de estas enseñanzas.

Los pitagóricos sostuvieron que la lucha entre los opuestos se concilia en virtud de un principio de armonía, y la armonía como fundamento y vínculo de los mismos opuestos, constituye el significado último de las cosas. Predicaron la idea de la supervivencia del alma  después de la muerte y la transmigración de esta en sucesivos cuerpos, lo que ha hecho suponer que Pitágoras recibiera instrucciones en el oriente, específicamente en la India, donde se le reconoce como el Maestro Jonio. Identificaron la ciencia con las matemáticas y mantuvieron que todas las cosas son reductibles a números y figuras geométricas. La principal doctrina de los pitagóricos consiste en que la substancia de las cosas, o sea la esencia misma de todo es el número. El número como substancia del mundo es la hipótesis del orden mensurable de los fenómenos. Esto, sin duda, es algo extraordinario, recordemos que la ciencia de estos tiempos ha planteado la posibilidad del surgimiento del Universo desde un punto matemático infinitesimal, lo que encuentra su equivalente en la numerología esotérica en el uno, y desde el punto de vista metafísico en la idea de la diferenciación de la Realidad y su expresión como Unidad, como el Logos Inmanifestado aún no expresado como Verbo o Hijo Divino. 

Para los siglos VI y V antes de nuestra era, tenía lugar el desarrollo de otro movimiento que aportaría al pensamiento de su tiempo y al nuestro, sus concepciones y postulados respecto a la concepción del Universo.  Según los representantes de la escuela Eleática, entre los que se destacaron: Parménides y Zenón,  el universo es en esencia una unidad inmutable, que, siendo infinita en tiempo y espacio, está más allá de la cognición proporcionada por los sentidos humanos. Sólo a través de la reflexión filosófica, afirmaban, se puede alcanzar la verdad última. Las observaciones sensoriales ofrecen tan solo una visión limitada y distorsionada de la realidad.

Anaxágoras (c. 500-428 a.C.), filósofo griego,  introdujo la noción de Nous, pensamiento o razón, en la filosofía. Anaxágoras marca un gran punto de retorno en la historia de la filosofía griega; su doctrina del Nous fue adoptada por Aristóteles, y su interpretación sobre los átomos preparó el camino para la teoría atómica desarrollada luego por Demócrito (c. 460 a.C.-370 a.C.), según la cual, todas las cosas están compuestas de partículas diminutas, invisibles e indestructibles de materia pura (en griego atoma, 'indivisible'), que se mueven por la eternidad en un infinito espacio vacío (en griego kenon, 'el vacío'). Aunque los átomos estén hechos de la misma materia, difieren en forma, medida, peso, secuencia y posición. Las diferencias cualitativas en lo que los sentidos perciben y el origen, el deterioro y la desaparición de las cosas, son el resultado no de las características inherentes a los átomos, sino de las disposiciones cuantitativas de los mismos. Demócrito consideraba la creación de mundos como la consecuencia natural del incesante movimiento giratorio de los átomos en el espacio, lo que encuentra su similitud en la idea de la existencia de un movimiento eterno y absoluto, que jamás cesa, ni aún durante la etapa de aparente reposo del Universo.

Así las cosas, se llega al llamado  Período Antropológico de la filosofía. Hasta entonces el pensamiento estuvo inmerso en la búsqueda del Aquello que subyace recóndito en lo más profundo de la naturaleza, pero solo visto desde la perspectiva de la naturaleza, del Cosmos visible e invisible, de las grandes  abstracciones. Ahora comienza un reconocimiento del hombre y una búsqueda hacia su interior.   Hallar la unidad del hombre en sí mismo y con los demás hombres, como fundamento y la posibilidad de la formación del individuo y de la armonía de la vida en la sociedad, fue el aporte de los Sofistas y de su gran figura Sócrates,[/u] aquel que supo enseñar conversando, <de aldea en aldea, de campo en campo, de casa en casa>. Su misión, más que teorética fue educativa y práctica, como preparatoria para el hombre.

Los sofistas fueron los primeros que reconocieron el valor formativo del saber.  Elaboraron el concepto de cultura como formación del hombre en su ser concreto y no como sumatoria de nociones o proceso de adquisición del conocimiento. Sócrates desarrolló un estilo único de enseñanza a través del diálogo y de la convocatoria a la reflexión, convirtiendo las interrogantes en nuevas propuestas que sus interlocutores debían responderse por sí mismos, lo que ha sido reconocido como la mayéutica. Según Sócrates, el hombre no puede tender más que a saber lo que debe hacer o lo que debe ser, y tal saber es la virtud misma. Este es el principio fundamental de la ética  socrática, principio que perduró en la vanguardia, aún hasta los recientes tiempos de Kant.

Imprescindibles en este intento de ejercicio de <pensamiento libre, razonado e informado>, al que hemos sido convocados hoy, resultan Platón y Aristóteles, figuras cimeras del pensamiento occidental y de la filosofía a través de los tiempos. Platón (c. 428-c. 347 a.C.), uno de los pensadores más originales e influyentes en toda la historia de la filosofía occidental, el primero en tratar con plenitud el conjunto de los problemas filosóficos. Sus soluciones tienen como base, lo que podríamos llamar  intuición central de su filosofía: la teoría de las ideas, la dialéctica y la teoría del conocimiento, la antropología, la física,  la teodicea, la ética y la estética, están igualmente iluminadas por esa grandiosa concepción de las ideas platónicas.

La teoría de las ideas tiene su punto  de partida en los conceptos universales de Sócrates. Solo lo universal es lo verdadero, lo inmutable, lo eterno, lo espiritual, lo real, el objeto de la ciencia. Pero en este mundo sensible, todos los objetos  son particularmente mudables, materiales, temporales.

En este mundo están las ideas o las formas, de las que participan los seres singulares materiales que percibimos por los sentidos, solo muy imperfectamente, y como en sombras, reflejan las cosas sensibles que perciben nuestros sentidos aquellas formas ideales y universales de que solo tiene noticia imperfecta nuestra inteligencia. Al ver estas cosas sensibles nos parece que vemos los verdaderos seres reales; pero es porque nunca hemos visto la verdadera realidad, la de las formas ideales. W. Windelband, en su Filosofía de los griegos afirma:

“La teoría platónica de las ideas es uno de los acontecimientos más significativos y  fructíferos de la historia entera del pensamiento europeo”.

Por su parte, Aristóteles (384-322) en su Metafísica, intentó definir el “ser”. Quizá sea ésta su principal aportación a la historia de la filosofía griega y occidental en general. Emile Bréhier profundiza en la concepción de Aristóteles en este sentido al afirmar: “Es la ciencia del ser en tanto que es ser, o de los principios y causas del ser y de sus atributos esenciales”. Se trata de saber el sentido que tiene la palabra ser en la definición que enuncia la esencia de un ser. Así la Metafísica resulta ser, en gran parte, un tratado de la definición: el problema de la definición. El objeto primitivo y esencial de la metafísica consiste, pues, en determinar la naturaleza del ser en su sentido primitivo; pero se extiende a todos los sentidos derivados, ya que éstos se refieren al sentido primitivo.

        (Continúa)

Desde hoy aparecerán mis escritos filosóficos en esta parte del sitio de Filosofía. Los estuve colocando en Noticias, pero debe ser aquí donde están publicados. Gracias. Espero los consultéis como lo han hecho hasta ahora.