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EL DAÑO ANTROPOLÓGICO COMO FENÓMENO PSICOSOCIAL EN CUBA

EL DAÑO ANTROPOLÓGICO COMO FENÓMENO PSICOSOCIAL EN CUBA
« en: Enero 07, 2022, 08:42:20 am »
                EL DAÑO ANTROPOLÓGICO COMO FENÓMENO PSICOSOCIAL EN CUBA
                                       Por el Doctor Alberto Roteta Dorado.-


El adoctrinamiento excesivo a través de las diversas modalidades de enseñanza fue, y aún sigue siendo en nuestros días, la mayor herramienta del castrismo para manipular el pensamiento de las multitudes.


La reiteración de la frase “somos Fidel” les hace creer a las masas adoctrinadas
que en realidad son el enajenado dictador. (Foto tomada de Observatorio Cubano de Conflictos).


Santa Cruz de Tenerife. España.- Un respetable diario de Uruguay, en octubre de 2018, publicó un brevísimo escrito – quasi una simple nota– en el que se hacía referencia al daño antropológico como un fenómeno que sufre el pueblo cubano como consecuencia de los efectos devastadores ejercidos por el régimen de la llamada revolución cubana. En este pequeño resumen se dice que “se trata de un daño provocado en muchos aspectos sustanciales de las personas debido a la presión que sobre ellas comenzaron a ejercer diversos factores de influencia, los cuales disfrutan de impunidad al no recibir una respuesta de oposición (personal o institucional) contundente para ser contrarrestados”.
 
En este sentido la definición puede resultar poco explícita para aquellos que no saben directamente lo que ocurre en Cuba a partir del año 1959 con la instauración de un régimen de tipo comunista. No obstante, hay un elemento digno de destacar en esta definición conceptual. Me refiero a la idea de la no existencia de una respuesta de oposición para poder contrarrestar el daño infligido, toda vez que para la comprensión del fenómeno conocido ahora como daño antropológico es de importancia explicar que en la mayor de las Antillas los movimientos opositores son cruelmente perseguidos, marginados, encarcelados, ultrajados y difamados. De ahí la aparente pasividad de un pueblo que se resigna a resistir, cual inagotable resiliencia, por los siglos de los siglos.
 
Para no entrar en detalles demasiado teóricos y poder dedicar más tiempo a elementos que, desde el punto de vista práctico demuestren lo que en realidad es el daño antropológico como fenómeno psicosocial en Cuba, me limitaré a exponer que el término no es tan nuevo como se cree, ni tampoco deberá limitarse a las experiencias del pueblo cubano. Por el contrario, el aparente nuevo concepto se ha venido utilizando por algunos teóricos, sociólogos y analistas en América Latina, región en la que resulta aplicable dicho concepto, de manera muy particular en naciones como Venezuela a partir de chavismo-madurismo, en la Nicaragua dominada por los Ortega-Murillo, en Ecuador durante el correato, Bolivia durante los años del totalitarismo de Evo Morales, entre otras naciones en las que, en mayor o menor medida, resulta patente el efecto de las minorías dominantes con carácter dictatorial sobre las masas oprimidas y manipulables. En este sentido, la nota publicada en el diario El País, de Uruguay, en 2018, es precisa respecto al hecho de que el fenómeno del daño antropológico sea transferible a otras poblaciones del planeta, y “en especial a las de América Latina en su casi totalidad”.

Por otra parte, considero que el término no resulta el más correcto si se tiene en cuenta lo que en sí es la antropología como ciencia social y lo amplio de las concepciones relacionadas con lo antropológico. Tal vez un término menos rebuscado resultaría más comprensible y aplicable al lacerante efecto del dominio absolutista de las dictaduras. Daño psicosocial sería más preciso y limitado a lo que en realidad tiene lugar entre las multitudes que son dominadas por tiranías y dictaduras en cualquier lugar del mundo. Téngase presente que estamos haciendo referencia no solo a carencias materiales, limitación e inaccesibilidad a los servicios médicos de calidad, violaciones de los derechos humanos más elementales, migraciones forzadas, marginaciones y ostracismos, etc.; sino a los graves efectos desde el punto de vista psicológico que tienen lugar en aquellos que son expuestos a las situaciones antes citadas.

Es por esto que el término daño psicosocial pudiera resultar más definitorio para referirnos a este fenómeno que va más allá del deterioro social, político y cultural, toda vez que afecta, fundamentalmente a la condición humana propiamente dicha, esto es, los sensibles aspectos psicológicos, éticos y morales del hombre, los que se degradan (lo ético y lo moral) progresivamente de modo involuntario e inconsciente como consecuencia de los daños sociales y políticos, amén del efecto adoctrinador de los que ejercen el poder en los regímenes totalitaristas.
         
Una vez explicados teóricamente estos aspectos – siempre de manera insuficiente ante la necesidad de exponer con más claridad y sentido práctico el fenómeno del daño antropológico o psicosocial en Cuba– pasemos a analizar de manera concreta el comportamiento del daño antropológico en el pueblo cubano.

DESDE LOS PRIMEROS MESES DE INSTAURADO EL RÉGIMEN COMUNISTA COMENZÓ UN GIGANTESCO Y TERRORÍFICO PROCESO DE ADOCTRINAMIENTO.



La Campaña de Alfabetización iniciada en enero de 1961, propuesta ideada por el asesino guerrillero Ernesto Guevara de la Serna, cuyo verdadero propósito no era erradicar el analfabetismo – como se pretendió mostrar al mundo–, sino convertir a los educandos en fervientes simpatizantes del régimen, esto es, hacerlos “revolucionarios”.

Un “buen” día, en un instante, la nación cubana pasó a integrar la nómina de los países socialistas del planeta. Fue el 16 abril de 1961, durante uno de sus kilométricos discursos, que el dictador Fidel Castro declaró el carácter socialista de la llamada revolución cubana. Es correcto utilizar el término declaración si se tiene en cuenta que, efectivamente, lo que hizo el enajenado megalomaníaco barbudo fue una simple declaración, sin contar con nadie, sin que fuera sometida la idea a un análisis, a una votación democrática:

“Compañeros obreros y campesinos, esta es la revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes.  Y por esta revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida”.*

A partir de este momento los cánones del marxismo-leninismo fueron impuestos de manera estricta en una nación en la que se profesaba la religión cristiana, principalmente la Católica y en menor medida las modalidades evangélicas, y donde, durante las décadas precedentes se toleraba la libertad de expresión y de pensamiento. Un materialismo acérrimo se fue extendiendo por doquier hasta quedar definitivamente establecida la filosofía marxista-leninista como única reconocida de manera oficial. En la Reforma Constitucional de junio de 2002 quedó definido que la “revolución” “fundamenta su política educacional y cultural en los avances de la ciencia y la técnica, el ideario marxista y martiano, la tradición pedagógica progresista cubana y la universal. Por otra parte, los procesos de nacionalización que se llevaron a cabo en los años iniciales del régimen castrista lograron exterminar colegios privados en los que se predicaba la religión cristiana, lo que facilitó la imposición de una única forma de enseñanza que permitiera, además de la instrucción, el adoctrinamiento colectivo de miles de estudiantes de todas las edades y de todos los niveles de enseñanza, desde la primaria o elemental hasta la universitaria, lo que se ratificó en el Artículo 39: Educación y Cultura, de la Reforma Constitucional antes citada: “Promover la educación patriótica y la formación comunista de las nuevas generaciones y la preparación de los niños, jóvenes y adultos para la vida social”.**

Así las cosas, desde los primeros meses de instaurado el régimen comunista en la isla comenzó un gigantesco y terrorífico proceso de adoctrinamiento. La “formación comunista de las nuevas generaciones” estaría garantizada por nuevos maestros y profesores que de manera improvisada asumieron el rol de enseñar sin la preparación adecuada, toda vez que fue necesario incorporar a cientos de maestros ante el éxodo o la expulsión de los docentes cubanos, cuya ideología fuera cuestionada por las nuevas autoridades encargadas de imponer los cánones del marxismo-leninismo, el ateísmo y el comunismo.

La preparación intelectual de los profesores pasó a ocupar un segundo plano. Lo importante era estar identificado con el llamado proceso revolucionario y ser capaces de inculcar lo que consideraron nuevos valores – mezcla del retorcido marxismo importado de los manuales soviéticos con las aberrantes concepciones guevarianas de hombre nuevo–; algo que, hasta el presente no ha cambiado a pesar de la omisión en la Nueva Constitución, en vigor desde el 10 de abril de 2019, del término ideario marxista al referirse a la educación: “En su política educativa, científica y cultural se atiene a los postulados siguientes: a) se fundamenta en los avances de la ciencia, la creación, la tecnología y la innovación, el pensamiento y la tradición pedagógica progresista cubana y la universal; a diferencia de la modificación del año 2002 donde se precisa que “fundamenta su política educacional y cultural en los avances de la ciencia y la técnica, el ideario marxista y martiano, la tradición pedagógica progresista cubana y la universal”.

El adoctrinamiento excesivo a través de las diversas modalidades de enseñanza fue, y aún sigue siendo en nuestros días, la mayor herramienta del castrismo para manipular el pensamiento de las multitudes. Esto es capaz de producir en aquellos que reciben la malévola influencia una serie de condiciones que algunos estudiosos del tema han agrupado en seis categorías: 1. Servilismo, 2. Miedo a la represión, 3.Miedo al cambio, 4. Falta de voluntad política y de responsabilidad cívica, 5. Desesperanza, el desarraigo y el exilio dentro del propio país (insilio) y 6. La crisis ética. ***

Dichas categorías pueden estar presentes en su totalidad en una misma persona o de manera parcial, esto es, una o varias en una misma persona; pero de manera general cuando el daño es sostenido a través del tiempo, como se ha establecido en el caso particular de Cuba, dichas condiciones suelen expresarse de manera simultánea en mayor o menor grado.

El régimen castrista se propuso desde sus inicios lograr el adoctrinamiento masivo de la población cubana. Para esto creó campañas (alfabetización), instituciones (centros educacionales alejados del seno familiar, escuelas de “cuadros”, institutos de enseñanza militar, Camilitos) y organizaciones (Unión de Jóvenes Comunistas, Unión de Pioneros de Cuba, Comités de Defensa de la Revolución, Federación de Mujeres Cubanas, Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, etc.) mediante los cuales ejerció su más cruel y despiadada fuerza adoctrinadora.

Inhibir el libre pensamiento de las masas fue y sigue siendo el principal objetivo del régimen. Este es el punto de partida, o la gran causa de los efectos devastadores que hoy conocemos como daño antropológico.
 
Continuará…

* A solo dos años de haber asumido el control total de la isla, el 16 de abril de 1961, ante una multitudinaria concentración, en la esquina habanera de 23 y 12, en las cercanías del cementerio de Colón, Fidel Castro pronunciaba un extensísimo discurso, luego de los ataques que precedieron a la invasión de Playa Girón. Fue aquí cuando por primera vez se refirió a la idea de una revolución socialista, lo que se toma como referente de partida del inicio del carácter socialista de la revolución cubana.

** Acuerdo No. V-74, por el que se aprobó la Ley de Reforma Constitucional el 26 de junio del 2002.

*** Categorías resumidas por Luis Aguilar León en su libro: Reflexiones sobre Cuba y su futuro. Publicado por EDICIONES UNIVERSAL 2020-09, 2020 ISBN 10: 1593880111ISBN 13: 9781593880118