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PEDRO CASTILLO, LA DESTRUCCIÓN INEVITABLE DE PERÚ BAJO SU MANDATO.

       PEDRO CASTILLO, LA DESTRUCCIÓN INEVITABLE DE PERÚ BAJO SU MANDATO.
                                                  Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


A Castillo le falta la inteligencia y la capacidad reflexiva – lo que le sobra a Moreno–
para asumir una postura, un tanto neutra en sus inicios, para luego tomar las riendas
de las necesarias transformaciones políticas, como hiciera Lenín Moreno hace unos
pocos años en la tierra de Eloy Alfaro.




Santa Cruz de Tenerife. España.- El 22 de agosto, a solo un mes de haber juramentado Pedro Castillo como presidente de Perú, su desaprobación asciende a un 46% al inicio de su gestión. ¿Cómo es posible que una nación que recién lo acaba de elegir ahora se resiste a aceptarlo? Veamos algunos aspectos que nos pueden ofrecer alguna luz sobre el polémico asunto de la presidencia de Castillo.

En primer lugar hemos de recordar que la llegada de Pedro Castillo a la presidencia de Perú no puede ser considerada como una victoria, algo que ya he tratado en otros escritos dedicados al controversial asunto de las recientes elecciones del país andino (https://forofilo.net/index.php?topic=1695.msg1962 - msg1962); sino como una posibilidad de ascender al poder con una mínima diferencia de votos respecto a su contrincante Keiko Fujimori (50,17% de los votos Castillo, 49,82% Fujimori, con el 100% de las actas escrutadas y sin comprobación de ningún tipo de acción fraudulenta).

Se supone que esa mitad del pueblo peruano que no lo eligió ahora tampoco acepte su gestión al inicio de su mandato; independientemente de que muchos de sus simpatizantes pudieran haber cambiado de opinión, toda vez que el líder campesino comenzó muy mal su mandato. Se trata de graves errores cometidos en las primeras semanas de gobierno. La designación de sus principales ministros en el gabinete, algunos con investigaciones abiertas en la Fiscalía por delitos como terrorismo y corrupción, y la reacción del Congreso de anunciar su interpelación y censura, han generado una gran controversia. La encuesta de Instituto de Estudios Peruanos (IEP), publicada por el diario La República, mostró que la desaprobación a Castillo subió de 45 % en julio, cuando aún no había asumido la Presidencia, a 46 % en este mes (agosto), transcurridas tres semanas de su juramentación.

La aprobación al mandatario bajó de 53 % en julio, a 38 % en agosto, mientras que los indecisos subieron a 16 %. La desaprobación al Jefe de Estado alcanza su clímax de modo particular en Lima, la capital del país, donde vive un tercio de la población, con 61 % y en el norte del país, con 43 %, lo que resulta un tanto diferente en otras regiones del sur, cuyas cifras alcanzan el 50 % y en el centro del país con el 47 %. La encuesta de IEP se tomó a una muestra de 1.221 personas a nivel nacional entre el 16 y 19 de agosto, con un nivel de confianza de 95 % y un margen de error de 2,8 %.

Si esto es solo al inicio del mandato de Pedro Castillo, cuando aún no ha tenido lugar las transformaciones que el inexperto presidente se ha propuesto llevar a cabo en Perú, su desaprobación pasados unos pocos meses será mucho mayor. Ya veremos lo que tendrá lugar en breve, cuando el mandatario de orientación izquierdista, comience a hacer de las suyas inspirado en ideales guevarianos y postulados de carácter marxista.



Pedro Castillo no tiene la preparación ni la capacidad intelectual suficiente para asumir con un mínimo de decoro el mando de un país tan contradictorio y desigual como Perú.

El exmaestro rural y también líder sindical del campesinado peruano pretende llevar a cabo un plan de nacionalización de sectores estratégicos como el minero, gasífero y petrolero; aunque se ha referido a la propiedad privada como modalidad siempre “en beneficio de la mayoría de los peruanos”, lo que habrá que precisar una vez que se logre afianzar en el poder. Con los precedentes de las nacionalizaciones de Cuba y Venezuela – en los que seguramente Castillo se ha inspirado–, los que han llevado a estos países a la más terrible miseria, el futuro experimento peruano no será para nada diferente al definido patrón de fracaso del disparatado modelo económico socialista. Por otra parte Castillo no tiene la preparación ni la capacidad intelectual suficiente para asumir con un mínimo de decoro el mando de un país tan contradictorio y desigual como Perú.

Durante su amplia campaña electoral Castillo también anunció la creación de una Asamblea  Constituyente – siguiendo el patrón chavista y los disparatados conceptos del boliviano Evo Morales–  para proceder a modificar la Constitución Política, con lo que lograría que el Estado tenga un papel activo como regulador del mercado, amén de “desactivar” el Tribunal Constitucional para dotarlo de “nuevos” representantes “elegidos” por la ciudadanía.

Ya sabéis lo que quiere decir nuevos representantes, elegidos por la ciudadanía o cualquier intento de simulación de participación popular. La terrible historia de los regímenes totalitarios socialistas ha demostrado que los “elegidos” en realidad son designados según su fidelidad al régimen y no de acuerdo a su capacidad directiva. Los casos concretos de Cuba, el paradigma del totalitarismo en América Latina, y de Venezuela, el prototipo de la reproducción clonada del castrismo, así lo demuestran.
 
Así las cosas, el inicio del limitado presidente de Perú ha comenzado muy mal, toda vez que sus nuevos ministros están muy mal vistos dados sus fuertes antecedentes judiciales; sin embargo el asunto parece complicarse con la designación de Óscar Maúrtua como nuevo ministro de Exteriores, en reemplazo del exguerrillero y ferviente admirador del régimen comunista de Cuba, Héctor Béjar, quien dimitió poco antes. Ahora no se trata de desaprobación popular por parte de los seguidores de la Fujimori, sino del ataque directo de Vladimir Cerrón, líder del Partido Perú Libre, al que también pertenece el actual mandatario de Perú.

“Defraudar las expectativas del pueblo sería hacer de este gobierno un segundo humalismo, continuando políticas neoliberales o incorporando a exministro de Justicia que ha empezado un sabotaje al premier anhelando ese puesto y dispuesto a conciliar lo que sea”, expresó Vladimir Cerrón, con lo que demuestra ese distanciamiento, del que se ha estado especulando recientemente, entre Pedro Castillo y Cerrón, lo que presupone, además, un posible margen de límite entre Castillo y el partido que lo llevó a la presidencia del país.

No obstante, no creo que se repita la historia de Lenín Moreno, el expresidente de Ecuador, quien, una vez llegado a la presidencia del país rompió de manera enérgica con el anterior presidente, Rafael Correa, actualmente prófugo de la justicia ecuatoriana, y con el Movimiento Alianza País, de orientación izquierdista, que lo llevó a alcanzar la presidencia de Ecuador. A Castillo le falta la inteligencia y la capacidad reflexiva – lo que le sobra a Moreno–para asumir una postura, un tanto neutra en sus inicios, para luego tomar las riendas de las necesarias transformaciones políticas, como hiciera Lenín Moreno hace unos pocos años en la tierra de Eloy Alfaro. 

Se cree que Castillo planteó su salida del Partido Perú Libre ante el rechazo de sus propuestas de gobierno y la de sus asesores, que también recomendaban cambios de ministros, amén de los reiterados comentarios públicos en redes sociales por parte de Vladimir Cerrón, quien se atrevió a precisar que “por primera vez el pueblo puso un gobierno, dirigido por su vanguardia política Perú Libre. El gobierno y el Partido están sitiados por los poderes fácticos y en estas circunstancias cualquier disidencia es una traición”.

A menos de dos días de la tenida inicial la situación fue atenuada gracias a la presencia de Verónica Mendoza, excandidata presidencial por el partido de izquierda Juntos por el Perú, actual líder de Nuevo Perú, que dio su apoyo a Castillo en la segunda vuelta. No obstante, este es solo el comienzo de lo que promete ser un dueto de enfrentamientos entre Cerrón, de extrema izquierda, y Castillo, quien por ahora, solo de izquierda sin llegar a los extremismo del también médico con formación en Cuba.

Pero Pedro Castillo no solo está enfrentando las desarmonías con su partido, sino con un gran sector poblacional de la nación. El pasado domingo, 22 de agosto, una multitud se reunió en diversos sectores de Lima para protestar contra el gobierno de Castillo y el comunismo, y a su vez pedían que la oposición en el Congreso comience el proceso de destitución contra el presidente por "incapacidad moral", hechos que se repitieron en Arequipa, la segunda ciudad más poblada del Perú, donde también hubo una gran marcha y la Policía tuvo que controlar otra contramarcha organizada por seguidores de Perú Libre.

Y así las cosas, la situación política en Perú, sigue de mal en peor. Precediendo a las elecciones, en medio de la polémica campaña electoral, en la que se enfrentaban a “mano armada” la representante de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, con su rival Pedro Castillo, por Perú Libre, ya veíamos a una nación totalmente polarizada, y lo peor, dispuesta a todo, incluidos los enfrentamientos armados, hoy día, a solo un mes de la asunción al poder del líder campesino, las cosas andan peor. No solo se le enfrentan a Castillo los opositores reconocidos y seguidores de la Fujimori, sino la propia fuerza política que lo llevó al poder, sin olvidar las acusaciones que en el orden individual le hace cada día Vladimir Cerrón, a quien haré referencia en breve en otros escritos dedicados al frágil tema político de Perú. Por ahora solo adelanto que se formó como médico en Cuba y que recibió no solo lecciones de medicina, sino un adiestramiento especial como terrorista; pero como ya dije, será asunto para otro día.