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VACUNACIÓN ANTICOVID, SU GRAN DESIGUALDAD EN AMÉRICA LATINA.

           VACUNACIÓN ANTICOVID, SU GRAN DESIGUALDAD EN AMÉRICA LATINA.
                                            Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.




Santa Cruz de Tenerife. España.- Ahora que los talibanes hacen de las suyas, y que miles de afganos están bajo la terrible amenaza de los terroristas extremistas islámicos, no podemos dejar a un lado otros asuntos que, sin duda, afectan de manera general a la humanidad en su totalidad. La pandemia del coronavirus sigue preocupando a todos, ya sean los expertos en cuestiones de epidemiología, virólogos, biólogos, médicos y políticos, o los grandes sectores poblacionales, los que siempre cargan con la enorme cruz, toda vez que se les ataca demasiado respecto a posibles dosis de irresponsabilidad como difusores del terrible virus.

Esto último resulta demasiado polémico. Recordemos que la mayoría de la población mundial está sufriendo los fuertes embates del gran mal de estos tiempos desde hace ya alrededor de dos años. Demasiado tiempo para seguir entre encierros, protecciones, limitaciones, frustraciones y amenazas – téngase presente que hay niños que nacieron al inicio de la pandemia y apenas han podido relacionarse con sus similares; mientras otros asisten “protegidos” a guarderías y colegios ocasionando un estrés extremo en sus padres–. Hay miles de personas que cumplen estrictamente las protocolares normas de confinamientos, uso de mascarillas, pautas de vacunación, etc. como para ser acusadas de irresponsables, aunque hay que reconocer la indiferencia, la negligencia y la resistencia de otros miles que, entre teorías absurdas, desconocimiento, incultura y también maldad, han contribuido a la difusión de una minúscula entidad capaz de haber exterminado ya a 4.4 millones y de contagiar a 213 millones de personas  en el mundo.

Así las cosas, entre lamentaciones, oraciones, campañas mediáticas, medidas disparatadas de líderes políticos, malas praxis por desconocimiento, etc. llegaron las vacunas para intentar salvar a los que sobrevivimos en medio de esta angustia. Las reacciones no se hicieron esperar. Una terrorífica campaña en contra de la vacunación se desató de inmediato. Personalidades de la política, artistas, y hasta sanitarios, se pronunciaron abiertamente, con lo que crearon la incertidumbre en unos, la desconfianza en otros, y la desesperación en otros tantos.

No obstante, y por suerte, las multitudes han acogido con entusiasmo lo único que, junto a las medidas de aislamiento y de protección, podrá poner freno en la propagación de la enfermedad causada por el coronavirus. Un tercio de la población mundial ya cuenta con al menos una dosis; sin embargo todos coinciden en que la vacunación no está siendo aplicada de igual forma en todos los países, esto es, quienes llevan la delantera en este asunto son los países desarrollados. Se han administrado más de 5.000 millones de dosis, pero su reparto sigue siendo desigual.

En América Latina la vacunación constituye el prototipo de la desigualdad vacunal.



Veamos lo que está ocurriendo en América Latina, una región fuertemente golpeada por el coronavirus, donde han muertos miles de personas, fundamentalmente en Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, etc. En Perú, por solo citar un ejemplo, a principios de junio, se llevó a cabo una revisión de sus datos que supuso la incorporación de más de 115.000 fallecidos por coronavirus a su estadística oficial. Con más de 197.000 muertes registradas, el país sudamericano se ha convertido así en el de mayor tasa de mortalidad del mundo.

Una región que se caracteriza por sus extremas variaciones en todo sentido tiene que tener también una vacunación anticovid muy desigual. Contrastan así las cifras porcentuales de vacunados en naciones como Uruguay y Chile, cuyas poblaciones alcanzan ya el 71.5% (dosis completa) y el 76.3% (primera dosis), así como el 69.7% (dosis completa), y 75.1% (primera dosis), respectivamente, con las bajas cifras de naciones centroamericanas como Guatemala (solo el 5.2% dosis completa), Honduras (solo el 11.3% dosis completa) y Costa Rica (19.7% dosis completa).

Esto demuestra no solo la enorme desigualdad, sino las expectativas de ciertos puntos de la enorme región que el sabio cubano José Martí definiera como Nuestra América. Los índices de contagios y la mortalidad seguirán en ascenso en estos países del centro, cuyas estadísticas relativas a la vacunación siguen ese mismo patrón desde hace varios meses, mientras que las dos naciones suramericanas citadas antes (Uruguay y Chile) muestran resultados comparables a los de muchos países de Europa.

Estas diferencias abismales no solo resultan patentes entre sitios distantes de la región; sino entre países relativamente cercanos, como por ejemplo Argentina, incluida en el llamado Cono Sur, junto a Chile y Uruguay. Argentina solo ha conseguido inmunizar al 27.7% de su población con dos dosis, mientras que ya el 60.7% tiene al menos una dosis, lo que hace a su población demasiado vulnerable, toda vez que está demostrado que el desarrollo de la inmunidad con solo una dosis resulta insuficiente. Su alta incidencia es preocupante, toda vez que hasta este 26 de agosto se reportaban un total de 5.161.926 personas diagnosticadas con coronavirus, lo que representa un valor de 11.421 por cada 100.000 habitantes, mientras que la mortalidad se sitúa en 111.117 personas.
   
Otras naciones muestran resultados alentadores, este es el caso de Ecuador, cuyo nuevo presidente, Guillermo Lasso, se propuso sacar al país de su grave crisis sanitaria (más de 500.000 casos diagnosticados con una mortalidad de 32.166) y en un par de meses ha impulsado una gran campaña hasta alcanzar el 40.2% con dos dosis y el 56.5% con al menos una dosis, lo que contrasta con Perú y Paraguay, cuyos porcientos de dosis completada se limitan a 23.1% y 21.5% respectivamente.

Países como Venezuela, Nicaragua y Cuba, gobernados por regímenes totalitaristas de extrema izquierda no reportan datos oficiales. El secretismo caracteriza, entre otras tantas cosas, a las dictaduras de orientación marxista-leninista.

Recientemente Rosario Murillo, la vicepresidenta de Nicaragua, y al propio tiempo primera dama de la nación, exigió "al capitalismo una compensación en forma de vacuna" contra la covid-19 por "toda la riqueza" que, según dijo, han "arrebatado" a naciones como la nicaragüense. "Los países que han sido empobrecidos por esa misma codicia tienen derecho a exigir (una) compensación en forma de vacuna (...) por toda la riqueza que nos han arrebatado a los países que el capitalismo, el capitalismo salvaje, ha empobrecido (...) para protegernos de un mal que aqueja al mundo entero", expresó también la vicepresidenta nicaragüense. El oficialismo ha reportado un total de 10.970 casos contagiados; mientras que solo admite como muertos por coronavirus un total de 199 personas, lo que contrasta con los casi 4.000 que publica el independiente Observatorio Ciudadano Covid-19, una red de médicos y voluntarios que da seguimiento a la pandemia, entidad que también informa de la existencia de 21.290 casos sospechosos de contagio, datos que no son reconocidos por las autoridades.

Cuba, la ineficacia de sus candidatos vacunales y de sus protocolos de tratamientos. El régimen de La Habana prefirió dar paso al turismo antes de proteger a su población.

En el caso particular de Cuba hemos de tener en cuenta que están llevando a cabo una campaña de vacunación masiva con sus llamados candidatos vacunales, solo reconocidos por las autoridades sanitarias nacionales y sin resultados publicados en revistas y sitios de renombre internacional. De modo que en sí no se sabe de manera concreta nada respecto a la efectividad de su Soberana y Abdala, toda vez que el régimen de La Habana ofreció un estratosférico por ciento de efectividad (Abdala 92.28% tras la aplicación de tres dosis y Soberana 02 el 62% con dos dosis), solo creíble por sus magnates políticos y unos pocos de los adoctrinados que se mantienen aferrados y dominados por los efectos hipnóticos del castrismo.

Cuba se encuentra entre los primeros países del mundo con más casos de coronavirus con un promedio diario de más de 8.000 casos y una mortalidad mucho más elevada que lo que se informa de manera oficial (619.672 casos contagiados y 4.902 muertes por COVID-19). De modo que el coronavirus se burló de sus candidatos vacunales y todo parece indicar que la efectividad del 92.28 de su Abdala – comparable a las reconocidas Pfizer y Moderna– es totalmente falsa, por cuanto, miles de los casos confirmados y muertos ya habían recibido las pautas completas de los llamados candidatos vacunales.

El régimen de La Habana prefirió dar paso al turismo antes de proteger a su población, lo que, sin duda empeoró la situación sanitaria de un país, donde la mayoría de su población vive en la pobreza y un porciento considerable en extrema pobreza. Las carencias materiales de todo tipo, incluidos los medicamentos básicos (antipiréticos, antiinflamatorios, antibióticos, analgésicos, hipotensores, hipoglucemiantes orales, etc.) hacen que la situación cada vez más difícil; lo que unido a al deterioro total de las instalaciones de salud convierten al actual escenario sanitario de la isla en un caos total. 

Imposible poder abarcar en un escrito de este tipo todos los detalles referentes a las naciones de una región que ha sido sacudida por la fuerza mortífera de la enfermedad originada por el coronavirus (SARS-CoV-2 o Síndrome Respiratorio Agudo Grave o Severo).

En otros escritos podremos profundizar en el comportamiento de los contagios y de la enfermedad propiamente dicha. Por ahora, con el asunto de la vacunación, y su comportamiento tan desigual,  es suficiente para darnos cuenta de cuánto hay que hacer aún si es que queremos que la humanidad siga adelante.