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ARENDT Y ZAMBRANO: EL DERECHO DE UN PENSAR LIBRE

ARENDT Y ZAMBRANO: EL DERECHO DE UN PENSAR LIBRE
« en: Abril 29, 2021, 04:29:21 pm »
               ARENDT Y ZAMBRANO: EL DERECHO DE UN PENSAR LIBRE



Izda., Hannah Arendt, 1963 (1906-1975) (Levan Ramishvili, Flickr, dominio público). Dcha., María Zambrano (1904-1991) (davide vizzini, Flickr, licencia CC BY 2.0).

Hannah Arendt* y María Zambrano** representan dos de las cumbres del pensamiento filosófico del siglo XX. Un periodo histórico que sintieron y pensaron en y desde lo más íntimo. Olga Amarís Duarte, doctora en Filosofía y traductora, publica un libro fundamental para acercarse a ambas figuras a través de la dolorosa, pero también enriquecedora, vivencia del exilio que ambas sufrieron.

Por: Carlos Javier González Serrano***

«El exilio es, pues, creador», dejó escrito María Zambrano (1904-1991). Tanto la pensadora malagueña como Hannah Arendt (1906-1975) padecieron, de primera mano, los horrores de tan problemática experiencia, alienadora como pocas pero también rica en contrastes. Una experiencia que Olga Amarís Duarte toma como centro neurálgico de su nuevo libro, Una poética del exilio. Hannah Arendt y María Zambrano, publicado por Herder, redactado con una prosa muy fluida y con profundo conocimiento del pensamiento de sendas mujeres, cualidades que invitan a cualquier lector, lego o especializado, a inmiscuirse en los complejos y apasionantes vericuetos del pensar de ambas.

Escribe la autora en el prefacio que «todo exilio tiene una faceta de conquista y todo exiliado es un conquistador en potencia que irrumpe con su conspicua diferencia en una sociedad que, en principio, no cree necesitarle». Por eso, continúa, «la gran proeza del exiliado consiste en hacerse imprescindible por insustituible». Y, desde luego, Arendt y Zambrano se hicieron imprescindibles como conocedoras de primera mano de un tiempo de oscuridad (como Arendt lo denominó), en el que los totalitarismos y los señalamientos se convirtieron en moneda corriente de una Europa que naufragaba en términos políticos, sociales y antropológicos.

Es además nuestro tiempo, como recuerda Duarte, «el de los setenta millones de desplazados forzados»; un tiempo en el que la experiencia del destierro, del exilio y de la errancia vuelven a estar tristemente en boga. Fundamentalmente porque, a fin de cuentas, constituye una vivencia común: el exilio lo sufre quien lo experimenta en sus propias carnes, pero también el espectador que asiste a él. Por eso, se apunta en este libro, se hace urgente «pensar y repensar el exilio como lo hicieron María Zambrano y Hannah Arendt, sin escatimar en los sinsentidos y en el horror, para llegar, finalmente, a comprenderlo en su totalidad poliédrica».

«La gran proeza del exiliado consiste en hacerse imprescindible por insustituible»
escribe Olga Amarís Duarte. Arendt y Zambrano se hicieron imprescindibles como
conocedoras de un tiempo de oscuridad en el que los totalitarismos y los señalamientos
se convirtieron en moneda corriente de una Europa que naufragaba en términos
políticos, sociales y antropológicos»


Ello por una razón muy clara, que Arendt expresa con dureza teórica y retórica en el prólogo de Los orígenes del totalitarismo (1951), en un fragmento que Olga Amarís Duarte recoge en su obra y que supone el pistoletazo de salida de su libro:

La comprensión no significa negar el horror, deducir de precedentes lo que no tiene igual o explicar los fenómenos mediante tales analogías y generalidades que no se sientan ya ni el impacto de la realidad ni el choque de la experiencia. Significa, más bien, examinar y soportar de forma consciente el fardo que nuestro siglo ha puesto sobre nosotros sin negar su existencia ni someterse dócilmente a su peso. La comprensión, en suma, implica un enfrentamiento no premeditado, atento y resistente con la realidad, cualquiera que ésta sea.



Carlos Javier González Serrano es director editorial, filósofo, profesor y asesor de comunicación. Con una amplia y sólida formación que abarca desde la Filosofía y la Literatura pasando por la Psicología, el Derecho, los Recursos Humanos y las Ciencias Políticas. Está considerado como un especialista en la obra de Schopenhauer, preside la Sociedad de Estudios en Español sobre Schopenhauer y dirige Schopenhaueriana, Revista española de estudios sobre Schopenhauer.
 
Duarte expresa de una forma sencilla lo complejo. Con la habilidad del escultor experimentado, este imperdible volumen muestra cada pormenor con suavidad, sin perder con ello ningún detalle por el camino. Es un libro que se lee con gusto literario, con el que se aprende y se viaja a hombros de Arendt y Zambrano: sintiendo, padeciendo, educándonos con ellas. Porque si en algo creyeron ambas autoras fue en esa antigua paideia (formación) griega, que cincela el espíritu no tanto para contar con las herramientas intelectuales necesarias como para tener el valor suficiente para no sortear la realidad.

Tanto Zambrano como Arendt, desde sus particulares y tan distintos estilos, trascendieron su propia realidad, mas no para soslayarla, sino para poder convivir con la inquietud que les suscitaba, en una labor constructora del exiliado. Como apunta Duarte, en ambas pensadoras «el exilio se convierte en un acontecimiento propiciatorio e iniciático que, en complicidad con los tejemanejes de la historia, logra aquello que el místico sólo consigue empezar a vislumbrar tras arduos ejercicios ascéticos», de manera que «alcanza en el salto abismático hacia lo desconocido un estado total de desarraigo».
Tanto Arendt —con su concepto de «vida desnuda»— como Zambrano —con la experiencia descarnada del exilio— reivindican más justamente «la posición privilegiada del límite que se abre en toda crisis para empezar a poner los cimientos de un modo alternativo de expresión y de intelección capaz de comprensión total de la realidad, incluyendo aquellas regiones desterradas». En esto fueron maestras y, casi se puede decir, guías espirituales.

«Una poética del exilio es uno de los ensayos más relevantes publicados
en nuestro idioma en los últimos años. Un viaje detallado y agradable por el corazón
 y las vivencias de dos pensadoras que se dejaron la vida en el desarrollo
de su propio pensar: pensaron porque vivieron y vivieron porque pensaron»


Pero no. Ni en Zambrano ni en Arendt el pensamiento queda petrificado en las zonas etéreas de la filosofía. Ambas pujan por tocar el suelo de la realidad, de su realidad, para pensarla y, a partir de ese contacto filosófico, emerger en y con la acción. Hay que comprenderlo todo y del todo, aunque no por un gusto fatuo por lo teórico, sino, más bien, con la mente puesta en la acción que, también y por supuesto, se traduce a veces en el pensar. Pero un pensar sin acción resulta inoperante y vacío.

En este sentido apunta muy certeramente Olga Amarís Duarte que no debemos creer, sin embargo, que «la experiencia del exilio es concebida por ambas autoras como un estado pasivo de aceptación y de sublimación de los acontecimientos de la época». En Arendt, por ejemplo, «el refugiado se convierte en partícipe de la vita activa, influyendo y conformando la esfera pública mediante sus actos y sus palabras»; en Zambrano, se resurge a una vida nueva que «va instituyendo una patria tras otra, porque todas las ciudades han sido fundadas un día por un extranjero que vino de lejos con la sola intención de crear, de dar sin más».

Un libro necesario, de prosa excelente y cautivadora, y sin duda uno de los ensayos más relevantes publicados en nuestro idioma en los últimos años. Un viaje tan detallado como agradable por el corazón y las vivencias de dos pensadoras que se dejaron la vida en el desarrollo de su propio pensar: pensaron porque vivieron y vivieron porque pensaron. Quizá en esta doble direccionalidad se encuentre su mayor hondura: en la decisión de existir en la tensión del pensamiento que se implica con los retos de su tiempo. Inexcusablemente.

La búsqueda conjunta de un sentido al sinsentido en los que el ejercicio de pensar anduvo en cuarentena, el descubrimiento y el desarrollo de una línea de pensamiento muy singular y personal, en crítica abierta contra el canon y porosa a fuentes de conocimiento más alternativas y de carácter tan subjetivo como los sueños, la imaginación y la tradición religiosa, son algunos de estos puntos de conexión en dos discursos que se dan la mano, aun en la distancia (p. 305, Olga Amarís Duarte).

Fuente:
Arendt y Zambrano: el derecho de un pensar libre
antonioguerrero | March 14, 2021 at 7:50 pm | URL: https://wp.me/p5OYFZ-1qcO   

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*Hannah Arendt (Alemania,1906- Estados Unidos,1975) fue una filósofa y teórica política alemana, posteriormente nacionalizada estadounidense, de religión judía y una de las filósofas más influyentes del siglo XX. La privación de derechos y persecución en Alemania de judíos a partir de 1933, así como su breve encarcelamiento ese mismo año, contribuyeron a que decidiera emigrar. El régimen nacionalsocialista le retiró la nacionalidad en 1937, por lo que fue apátrida, hasta que consiguió la nacionalidad estadounidense en 1951. Trabajó, entre otras cosas, como periodista y maestra de escuela superior. Publicó obras importantes sobre filosofía política, pero rechazaba ser clasificada como «filósofa» y también se distanciaba del término «filosofía política»: prefería que sus publicaciones fueran clasificadas dentro de la «teoría política». Arendt defendía un concepto de «pluralismo» en el ámbito político: gracias al pluralismo, se generaría el potencial de una libertad e igualdad políticas entre las personas. Importante es la perspectiva de la inclusión del otro: en acuerdos políticos, convenios y leyes deben trabajar a niveles prácticos personas adecuadas y dispuestas. Como fruto de estos pensamientos, Arendt se situaba de forma crítica frente a la democracia representativa y prefería un sistema de consejos o formas de democracia directa.

El pensamiento de Hannah Arendt  nace en un contexto histórico sumamente convulso, el totalitarismo, y lleva la huella de su vivencia personal. A pesar de eso, no queda encerrado en su situación, sino que se plantea preguntas que siguen preocupando al hombre actual. La vigencia de sus ideas se hace patente por la gran cantidad de estudios que se han publicado y siguen publicándose sobre ella. La filósofa formada en la fenomenología de Heidegger y el pensar existencial de Jaspers busca la creación y mantenimiento de un espacio público de aparición que garantice el derecho a tener derechos. En esta voz se presentará someramente su biografía y más ampliamente algunos de los temas centrales de su obra. De ahí que se aborde el estudio de la tradición oculta y de los orígenes del totalitarismo, la distinción entre vida activa y vida contemplativa; las diferentes actividades de la vida activa; su noción de política y sus condiciones: la pluralidad y la libertad; la revolución como acto fundacional junto con el problema del mantenimiento del novus ordo saeculorum; y, por último, la vida del espíritu: el papel de la filosofía y del juicio.

**María Zambrano (Málaga, España,1904-Madrid, España, 1991) fue una intelectual, filósofa y ensayista española. Su extensa obra, entre el compromiso cívico y el pensamiento poético, no fue reconocida en España hasta el último cuarto del siglo XX, tras un largo exilio. Ya anciana, recibió los dos máximos galardones literarios concedidos en España: el Premio Príncipe de Asturias en 1981, y el Premio Cervantes en 1988.

Para María Zambrano la filosofía empieza con lo divino, con la explicación de las cosas cotidianas con los dioses. Hasta que alguien se pregunta ¿Qué son las cosas? entonces se crea la actitud filosófica. Para Zambrano existen dos actitudes: la actitud filosófica, que se crea en el hombre cuando se pregunta algo, por la ignorancia, y la actitud poética, que es la respuesta, la calma y en la que una vez descifrada encontramos el sentido a todo. Una actitud filosófica comunicada con un lenguaje muy peculiar y una exposición creativa de su forma de pensar, que determinan su estilo literario, y que, en definitiva, constituirían la base de lo que ella misma llamará su "método". La cuestión y su método. La establece bajo dos grandes cuestiones: la creación de la persona y la razón poética. La primera de ellas presentaría, digamos, el estado de la cuestión: el ser del ser humano como problema fundamental para el ser humano. Y se constituye como problema para el ser humano lo que el ser humano sea, porque se presenta su ser en principio como anhelo, nostalgia, esperanza, y tragedia. Si la satisfacción fuera su lote, ciertamente no se propondría su propio ser como problema. El tema de la razón-poética, por otra parte, sin haberse expuesto especial y sistemáticamente en ninguna de sus obras, subyace no obstante en todas ellas hasta el punto de constituir uno de los núcleos fundamentales de su pensamiento. La razón-poética se construye como el método adecuado para la consecución del fin propuesto: la creación de la persona. Ambos temas abordados con amplitud, aglutinan como adyacentes todas las demás cuestiones tratadas. Así, la creación de la persona se relaciona estrechamente con el tema de lo divino, con el de la historia y con los sueños, y la razón-poética con la relación entre filosofía y poesía o con la insuficiencia del racionalismo.

***Carlos Javier González Serrano es director editorial, filósofo, profesor y asesor de comunicación. Con una amplia y sólida formación que abarca desde la Filosofía y la Literatura pasando por la Psicología, el Derecho, los Recursos Humanos y las Ciencias Políticas, es conocido como divulgador cultural en redes sociales, donde miles de seguidores descubren cada día a través de él autores/as como Arthur Schopenhauer, Rosalía de Castro, Miguel de Unamuno, María Zambrano, Sylvia Plath o Hannah Arendt entre muchos otros. Su agenda siempre está repleta con conferencias en España y en el extranjero, clases, investigaciones y ponencias, además de constantes colaboraciones en medios de comunicación de televisión y radio.– Considerado un especialista en Schopenhauer, preside la Sociedad de Estudios en Español sobre Schopenhauer y dirige Schopenhaueriana, Revista española de estudios sobre Schopenhauer. Sobre este filósofo nos dice:

“Aunque he de reconocer que, en lo teórico (y sobre todo en lo social), cada vez estoy más alejado de las tesis schopenhauerianas, sí es verdad que vivimos tiempos que pueden ser analizados muy bien por su doctrina pesimista. Esa voluntad de la que él habló como motor insaciable del mundo, que nos devora al tiempo que se devora a sí misma, está más viva que nunca: superproducción, desigualdades crecientes, narcisismo enfermizo, etc. Pero Schopenhauer no plantea vías sociales de redención, sino sólo individuales, para escapar de ese atolladero. En esto me encuentro más cercano a las tesis “socialistas” de Philipp Mainländer, que, a pesar de su descarnado pesimismo (terminó suicidándose), fue un gran baluarte de la defensa de los derechos de los trabajadores y en la creación de uniones humanas y sociales para hacer frente al “despiadado y frío poder del capital”, como él mismo lo llamó. He traducido y trabajado mucho su pensamiento junto a uno de mis maestros, el profesor Manuel Pérez Cornejo, referencia internacional en los estudios sobre pesimismo filosófico y estética, además de amigo y excelente persona".