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UNA DOSIS DE FILOSOFÍA OS PODRÁ LLENAR UN GRAN VACÍO

UNA DOSIS DE FILOSOFÍA OS PODRÁ LLENAR UN GRAN VACÍO
« en: Marzo 17, 2021, 07:48:46 am »
               UNA DOSIS DE FILOSOFÍA OS PODRÁ LLENAR UN GRAN VACÍO
                                          Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.




Santa Cruz de Tenerife. España.- El Universo está regido por leyes. Nada en el mundo es obra del azar. Cuando los cristianos tradicionales hacen referencia a la omnipotencia y a la omnipresencia de Dios no están errados; por el contrario, están expresando, muy a su manera, lo que al parecer es una realidad, realidad no solo percibida por los grandes místicos e iniciados en los misterios que a través de los siglos han existido y ofrecido su testimonio, sino hasta por la propia ciencia del presente que se ha cuestionado la idea de un Universo inteligente como algo real.

Una inteligencia, fuerza, energía, o como se le quiera llamar, rige los designios del Universo, y por lo tanto, de todos los seres que viven en el. No existe nada, ni nadie, que quede a la deriva en un mundo pre-establecido, establecido y determinado a continuar en expresión por la eternidad. Giordano Bruno (1548-1600), el monje, filósofo y místico italiano, injustamente juzgado por la inquisición, tuvo esa visión abarcadora que lo llevó a afirmar y reafirmar su concepción acerca de la infinitud del Universo, algo que hoy nos parece insignificante a la luz de los grandes avances científicos en este sentido, toda vez que se ha podido demostrar científicamente la existencia de múltiples centros integrantes de otros sistemas de evolución, lo que Bruno nos había anticipado. No obstante, para la época de Bruno resultó sobremanera novedoso, y al propio tiempo escandaloso e irrespetuoso para la Iglesia Católica, en el difícil contexto en que le tocó vivir al precursor de la idea de la vida en otros mundos.

Un planeta de masa similar a la Tierra orbitando alrededor de una estrella en el sistema Alfa Centauri que, además, es el más cercano de estas características jamás descubierto, constituye uno de los más geniales hallazgos de los últimos tiempos. Alpha Centauri es el sistema estelar más cercano a nuestro planeta, situado a unos 4,3 años luz de distancia. Dicho sistema estelar triple compuesto por dos estrellas similares al sol orbitando una cerca de la otra, es uno de los más brillantes en los cielos australes. Para los científicos esta cercanía a nuestro planeta es básica en la importancia del hallazgo, pues se trata del planeta de características similares a las de la Tierra más cercano; aunque no se ha precisado la existencia de condiciones básicas como para afirmar la presencia de “vida” inteligente.

Tal vez el peor error de las religiones, las verdaderas religiones, esto es, las que no incluyen los elementos ancestrales, devenidos en degradaciones del término religare, que en sí pretende expresar la idea de la unión del ser con el SER, ha sido la vulgarización de un conocimiento que debió permanecer en lo recóndito y envuelto siempre en la magia del misterio.

La intención de llevar la enseñanza a todos resulta extremadamente peligrosa cuando esos “todos” no están preparados para recibirla. De ahí la degeneración progresiva de las religiones mediante la excesiva exoterización del conocimiento primigenio, algo que cuando se ofrece de manera velada – como hicieron los grandes maestros del conocimiento de un pasado remoto, y no tan remoto también– corre el riesgo de tergiversarse, al extremo que con el tiempo aparece a la mirada de los hombres del presente como algo totalmente diferente a lo que fue en sus inicios. 

La filosofía no se aparta para nada del camino de la religión. Afirmar que la filosofía resulta contraria a las concepciones religiosas es tan absurdo como afirmar que la gota de agua no forma parte del gran océano. Los filósofos, al menos los filósofos considerados idealistas, asumen la esencia de la religión verdadera, la “iglesia invisible” según Kant (Immanuel Kant, 1724-1804). Recordemos que las figuras más representativas de la Filosofía Clásica Alemana, por solo evocar a unos pocos de los grandes, jamás negaron – salvo excepciones muy particulares– la existencia de una Realidad Recóndita; aunque no fueron defensores del concepto del Dios antropomórfico tan difundido por las religiones en sus intentos de llegar a todos con su gran dosis de dogmatismo y fanatismo, que luego, tarde o temprano, devino en formas de adoración e idolatría hacia un ser totalmente diferente del SER que nos intentan explicar los filósofos.

La excesiva vulgarización de lo que en algún momento fue genuinamente religioso, la invasión cuasi masiva de las sectas protestantes en algunas naciones, así como la proliferación de los cultos ancestrales y animistas por doquier, han conducido a una percepción de la religión muy distante de lo que en realidad pudiera ser, o fuera en lejanos tiempos, cuando se pudo resguardar, cual sacro tesoro, la esencia de lo aprehendido directamente de unos maestros, místicos e iniciados a otros. 

La filosofía asumida como lo que en sí es, esto es, como amor por el conocimiento, puede llenar el inmenso vacío existencial de estos duros tiempos, en los que la gente prefiere seguir adorando imágenes y repitiendo fórmulas – siempre ha sido así a través de los siglos–, dejándose explotar por los “pastores” de las sectas protestantes que con sus falsos testimonios logran hipnotizar a sus ignorantes fieles, o continuar adentrándose en el oscuro mundo de los remanentes ancestrales de un africanismo a expensas de ritos, sacrificios, ofrendas, y demasiado afán de lucro.

Otros han decidido negar la existencia de Dios, toda vez que se han proclamado ateos y materialistas, aún cuando no tienen argumentos para hacerlo, toda vez que la no demostración de su presencia no constituye prueba alguna para poder negar su existencia, aunque la idea de Dios vista desde la óptica del antropomorfismo pseudoreligioso resulta inadmisible; sin embargo, imposible de negar si lo asumimos desde la concepción filosófica, ya sea en la expresión de la deidad manifestada como verbo inmaculado presente desde el principio de la “creación” – en el principio era el verbo y el verbo estaba con dios, y el verbo era dios–, esto es, como el Logos, según lo interpretaron los antiguos griegos y los primeros cristianos, o como nos lo ofrece Hegel (Georg Wilhelm Friedrich Hegel, 1770-1831)  con su idea de la “necesidad retroactiva de Dios legitimado”, esto es, según la concepción filosófica de Dios, que en el genio de la filosofía alemana jamás se aparta de lo verdaderamente religioso, y en última instancia, asumir a Dios más allá de su propia expresión, o sea, como la Realidad Primaria o Última misma, como el Absoluto en sí.

De cualquier modo, y para que el mundo sea mundo, siempre habrá pensadores profundos, filósofos, amantes de la verdad, y también adoradores de las advocaciones, de las deidades, adivinadores del futuro, falsos profetas, videntes estafadores, “pastores” sin formación que niegan la filosofía cristiana, y como es lógico, los millones de “santos” que con sus excéntricos atuendos y collares se multiplican por doquier como resultado de la ignorancia y del fanatismo.

Una dosis de filosofía, de ese amor por el conocimiento recóndito, por la sabiduría de las edades, resulta un buen antídoto para detener la degradación de las religiones y la presentación superficial de un conocimiento adulterado y demasiado distante de la enseñanza que nos legaron aquellos que, ya sea por la vía del misticismo, o del verdadero conocimiento, fueron más allá de los límites del intelecto para ahondar con profundidad en la Realidad de un Universo regido por leyes, no solo físicas, sino divinas, tan reales como las primeras, hecho reconocido y admitido desde la antigüedad, desde los comienzos mismos de las primeras especulaciones filosóficas.

Hacia esa búsqueda de la verdad recóndita debe encaminarse todo el esfuerzo del hombre de estos tiempos; tiempos de superficialidad, de inmediatez, temporalidad, pero también de reflexión, de especulación filosófica y de entrenamiento intelectual.