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MANIPULACIÓN DE JOSÉ MARTÍ EN EL BODRIO CONSTITUCIONAL CASTRISTA. Cuarta Parte.


                 ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                        Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

         MANIPULACIÓN DE JOSÉ MARTÍ EN EL BODRIO CONSTITUCIONAL CASTRISTA
                                                          Cuarta Parte.


             


La utilización de la imagen martiana para legitimar las sucias acciones del régimen comunista cubano en el Proyecto de Constitución

Siguiendo esa deliberada manipulación castrista los actuales comunistas cubanos no ceden un ápice en su capricho de adueñarse del pensamiento del mayor promotor de la gesta independentista del final del siglo XIX, y de manera recurrente acuden a su sabia palabra para justificar sus maléficas acciones, aunque, como ya todos sabemos, bien distantes de lo que el Maestro quiso para su patria.

Desde hace unos meses se ha comentado sobremanera acerca  del llamado Proyecto de Constitución, la nueva Carta Magna que fue “sometida” a “consideración” de los cubanos para que luego fuera aprobada por los “distinguidos” integrantes del Parlamento cubano, quienes de manera unánime -como siempre suele ocurrir en estos casos de encomiables esfuerzos teatrales y coreográficos- decidieron aprobar el panfleto que en breve regirá los nuevos designios de la nación.

Según los conceptos de la Filosofía Política actual la legitimidad de un gobierno se sustenta en la posibilidad de que las democracias puedan ser ampliadas a través de debates públicos enriquecedores con la mayor cantidad de perspectivas posibles, siempre y cuando estas sean representativas del sentir popular de las naciones, algo que al parecer desconocen los encargados de “impulsar” el “desarrollo pleno” de la democracia en la isla, por cuanto se sabe que este inicial proyecto, devenido ya en “nueva” Carta Magna, lejos de ser representativo de los intereses populares de una nación, constituye un documento totalmente antidemocrático solo en función de una exigua minoría, esto es, para el beneficio de los altos dirigentes, los de la cúpula militar, los miembros más “distinguidos” del Partido Comunista de Cuba, único oficializado y reconocido, y otros pocos serviles y leales a la “causa” de la llamada revolución.

No obstante, el régimen utiliza la imagen martiana de manera premeditada y con alevosía en su intento de legitimar un documento que sabe sería motivo de grandes polémicas entre los cubanos, los que, como siempre han actuado por inercia dando muestras de apoyo ante el habitual temor que reina entre aquellos que son sometidos a las acciones represivas de un sistema que sabe del fin de su existencia, pero que se aferra y acude a cualquier recurso en su lucha por sobrevivir.

La no aceptación de un merecido final es la clave para interpretar el porqué se pretenden hacer aparentes cambios, los que, lejos de aportar de manera concreta a los intereses del pueblo cubano, lo someten despiadadamente a un mayor control y dominio por parte del Partido Comunista de Cuba, como organismo regente de los designios de la nación toda vez que, según se expresa en el nuevo texto:

“Conscientes de que, en la edificación del socialismo, el liderazgo del Partido Comunista de Cuba, nacido de la voluntad unitaria de las organizaciones que contribuyeron decisivamente al triunfo de la Revolución (…) El proyecto reafirma el carácter socialista de nuestro sistema político, económico y social, así como el papel rector del Partido Comunista de Cuba (…) El Partido Comunista de Cuba, único, martiano, fidelista y marxista-leninista, vanguardia organizada de la nación cubana, sustentado en su carácter democrático y la permanente vinculación con el pueblo, es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado. Organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia la construcción del socialismo. Trabaja por preservar y fortalecer la unidad patriótica de los cubanos y por desarrollar valores éticos, morales y cívicos”.

Es en esta nueva Constitución en la que, una vez más, se aprovecha la bendita imagen del colosal cubano y su sagrado pensamiento, profundamente humanista y bien distante de toda fantasía de carácter marxista, para afianzarse de manera demasiado inescrupulosa como para que aquellos que amamos al gran hombre de Dos Ríos permanezcamos indiferentes. De ahí que me detenga a comentar algunos aspectos que considero deben quedar bien precisados antes de que se ponga en vigor la fraudulenta Constitución cubana.

En el Preámbulo del Proyecto de Constitución se expresa:

“GUIADOS por el ideario y el ejemplo de Martí y Fidel, y las ideas político-sociales de Marx, Engels y Lenin; DECIDIDOS a llevar adelante la Revolución triunfadora del Moncada y del Granma, de la Sierra y de Girón que, sustentada en la más estrecha unidad de todas las fuerzas revolucionarias y del pueblo, conquistó la plena independencia nacional, estableció el poder revolucionario, realizó las transformaciones democráticas e inició la construcción del socialismo; CONSCIENTES de que, en la edificación del socialismo, el liderazgo del Partido Comunista de Cuba, nacido de la voluntad unitaria de las organizaciones que contribuyeron decisivamente al triunfo de la Revolución, y la unidad nacional, constituyen pilares fundamentales y garantías de nuestro orden político, económico y social; IDENTIFICADOS con los postulados expuestos en el concepto de Revolución, expresado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el 1ro. de mayo del año 2000;  DECLARAMOS nuestra voluntad de que la ley de leyes de la República esté presidida por este profundo anhelo, al fin logrado, de José Martí: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”; ADOPTAMOS por nuestro voto libre, mediante referendo, la siguiente CONSTITUCIÓN”.

El análisis detallado de este solo fragmento nos ocuparía varios escritos de este tipo, por cuanto la serie secuencial de disparates que aparecen en el texto merecen una fuerte crítica analítica que permita poner un mínimo de orden en medio de los desacertados planteamientos plasmados por aquellos a quienes se les encargó la elaboración de tan  ridículo texto. 

De todos los errores centremos nuestra atención en el que guarda una relación directa con José Martí, figura que nos ocupa en este artículo y a quien lo dedicamos en justa evocación a su sagrado natalicio que conmemoramos hoy. No es posible estar guiados al propio tiempo por las ideas de Martí y de Fidel Castro, por cuanto son idearios diametralmente opuestos, y como ya he expresado en otros escritos, los estados intermedios, indefinidos e imprecisos jamás conducen a nada. O se es marxista, comunista, materialista y ateo, o se es idealista, racionalista, gnóstico y religioso. O se simpatiza con las posturas de derecha o se milita definitivamente en la izquierda, independientemente de las tendencias del momento de autoproclamarse de centro-derecha o de centro-izquierda como estados intermedios y opuestos a los extremos de ultraderechismo y extrema izquierda.

Sin ir más lejos, o se está con Martí o se está con Fidel Castro. El pensamiento humanista, profundo, impregnado de la esencia de un idealismo asimilado desde su niñez y afianzado definitivamente durante su juventud bajo la influencia del Krausismo Español y del misticismo del filósofo español Jaime Balmes, así como de la impronta de Platón, Giordano Bruno, Ralph W. Emerson, y las tendencias místicas y esotéricas del lejano oriente, específicamente de las escuelas de filosofía de la India, se aparta demasiado de las malévolas ideas del dictador cubano Fidel Castro, autorreconocido como ateo, marxista y comunista en contraposición con el idealismo martiano y su peculiar sentido de la religiosidad.

Sin que olvidemos que, mientras el Apóstol resumió en los Estatutos del Partido Revolucionario Cubano la idea de una guerra necesaria, la cual debería hacerse con inmediatez según su concepción de que “la guerra no ha de ser para el exterminio de los hombres buenos, sino para el triunfo necesario de los que se oponen a su dicha”, el delirante dictador Castro se mantuvo incitando a numerosos gobiernos de Latinoamérica y África a asumir actitudes guerreristas, siendo el responsable máximo de la muerte de miles de jóvenes cubanos, a los que envió como soldados a territorios africanos como parte de la política expansionista de su régimen, aunque bajo el ropaje del internacionalismo proletario, el anticuado principio comunista copiado de los soviets.

Pero si de disparates se trata, el clímax se alcanza al vincular al bendito héroe cubano con “las ideas político-sociales de Marx, Engels y Lenin”, algo demasiado forzado y fuera de  contexto cuando se conocen esas ideas de Marx, Engels y Lenin, las que se hallan en contraposición con el genial pensamiento del más genuino de los cubanos.

Ya precisé en acápites anteriores de este propio escrito la postura martiana en relación con el socialismo. José Martí fue contemporáneo de Marx, dedicó unas breves líneas en 1883 por motivo de su muerte. En ese pequeño escrito se mostró respetuoso y hasta tuvo palabras de elogio para quien consideró “el héroe más noble y el pensador más poderoso del mundo del trabajo”; pero fue también crítico, aunque con cierta sutileza al señalarle su punto débil, esto es: “anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa”.

Karl Marx mediante sus análisis antropológicos, más que filosóficos propiamente dichos, fue capaz de incentivar el odio entre los hombres, y al enfrentamiento entre unos y otros con la intención de derrocar a la clase dominante, la burguesía según su doctrina, lo que percibió José Martí, al afirmar que Marx fue el “movedor titánico de las cóleras de los trabajadores europeos”.

Pero Marx absolutizó demasiado su doctrina, y en esta absolutización excesiva de su propia enseñanza -la ciencia de las ciencias, la filosofía de las filosofías, el sentido de universalidad teórica más acabado de la historia, imposibilidad de cualquier interpretación ulterior de hechos concretos del devenir histórico, etc.- es donde radica su principal error, lo que determina que su legado sea ciertamente delirante, como se cuestiona actualmente el investigador Jason Baker, de la Universidad Kyung Hee, de Corea del Sur, y como ha expresado el profesor Mauro Olmeda, filósofo y abogado español, al referirse al punto débil de los fundadores y promotores del marxismo. Según Olmeda el más grave error de Marx estriba en haber presentado su propuesta socialista: “como la expresión acabada de la verdad, válida universalmente en el tiempo y el espacio, sin atender a la exigencia de un desarrollo ulterior”, lo que demuestra la abismal diferencia entre el acérrimo dogmatismo marxista y las ideas liberales y democráticas de José Martí.

Además, aunque no se le mencione directamente, si se evoca la memoria del Apóstol en el comienzo del texto toda vez que se expresa: “Nosotros, ciudadanos cubanos, inspirados en el heroísmo y patriotismo de los que lucharon por una Patria libre, independiente, soberana, democrática y de justicia social”, entre los que, sin duda, sobresale la colosal figura de José Martí, luchador incansable y organizador fecundo de la gesta independentista de 1895; y esta alusión al Maestro y a todos aquellos que, como el, ofrendaron sus vidas en pos de una causa digna, constituye uno de los tantos sacrilegios presentados en el texto que servirá como modelo constitucional en Cuba.

No es posible esbozar a modo de introito el nombre de José Martí e inmediatamente declarar que la revolución cubana “realizó las transformaciones democráticas e inició la construcción del socialismo”. Esto es un sacrilegio por el que tarde o temprano tendrán que responder ante las leyes terrenales, y en honor al idealismo martiano, ante las leyes divinas, a las que se refirió ampliamente el cubano extraordinario que merece nuestra defensa.

Imposible dejar a un lado la idea acerca de que el PCC es único, martiano, fidelista y marxista-leninista, independientemente de que ya precisé que este trabajo no es en sí un análisis exegético de un texto, sino una contribución que pretende honrar al autor de Versos Libres. Se le ha atribuido también a José Martí la idea de que como fue creador de un partido único, el PCC sea el único partido con reconocimiento oficial en Cuba. Téngase presente que es lógico que Martí fundara un solo partido, el Partido Revolucionario Cubano, justo el que se necesitaba en ese momento histórico y en ese contexto social. Dicho partido tuvo como propósito servir como organismo impulsor en la lucha insurreccional de 1895, de ahí la idea de un partido único, pero único para dichos propósitos, lo que no quiere decir que José Martí se opusiera al pluripartidismo como pretenden imponer por la fuerza los comunistas cubanos.

Por otra parte, ya comenté antes acerca de la imposibilidad de relacionar a Martí con Fidel Castro, Karl Marx y Vladimir I. Lenin. Por lo tanto, el partido oficialista, si es martiano, no puede ser al propio tiempo fidelista y marxista-leninista. Esto no solo es un error garrafal, sino una aberración utilizada de manera malintencionada para mostrar un nacionalismo vinculado al absurdo de imponer el nexo entre la llamada revolución cubana y el “legado” de Marx y Lenin, lo que alcanzó su clímax en la segunda década de existencia del régimen cuando se fortalecieron sobremanera las relaciones con el campo socialista, y de manera particular con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, país del que se creó una total dependencia no solo en el aspecto económico, sino que se asumieron servilmente las absurdas concepciones de sus estatutos y directrices, las que no funcionaron en el contexto soviético, y por lo tanto mucho menos en una pequeña isla que se dispersa en el Caribe.     

La declaración al final del fragmento que analizamos resulta desafiante. ¿Cómo se atreven a referirse a la dignidad plena del hombre y a un voto libre cuando se sabe que el pueblo cubano está siendo sometido a la más brutal represión de todos los tiempos, se violentan los derechos ciudadanos mínimos, existe una devastación total de la economía del país, y se hacen grandes acciones fraudulentas en relación con los procesos eleccionarios, si es que podemos hablar de elecciones? En el texto del documento se plantea:

“DECLARAMOS nuestra voluntad de que la ley de leyes de la República esté presidida por este profundo anhelo, al fin logrado, de José Martí: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”; ADOPTAMOS por nuestro voto libre, mediante referendo, la siguiente CONSTITUCIÓN”.

¿Para qué? Pues para acudir nuevamente al legado martiano y enmarcarlo fuera de su contextualidad real como sostén de las barbaridades del régimen. Es necesario retomar el legado martiano en su verdadero sentido, esto es, apartado de la maléfica influencia del comunismo y del marxismo cubano impuesto desde los tiempos iniciales de la llamada revolución cubana. Resulta imprescindible considerar los siguientes aspectos:

1. José Martí es el símbolo de la nación cubana y cualquier asociación con los sucesos que precedieron o han tenido lugar durante las casi seis décadas del socialismo en Cuba constituye un agravio al más colosal de los cubanos.

2. Deberá borrarse para siempre esa asociación que el dictador Fidel Castro impuso entre el aglutinador de los luchadores cubanos del fin del siglo XIX y cualquier suceso en relación con los hechos sucedidos a partir de 1959, o que de manera previa, como es el caso de los asaltos a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en 1953, estuvieran en relación con la revolución castrista. Los asaltos a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes fueron aventuras de carácter terrorista y constituyeron un fracaso militar.

3. El pensamiento humanista, la infinita bondad y el sentido de la justicia de José Martí están bien distantes de cualquier fechoría de un narcisista y megalomaníaco ser que destruyó completamente a la nación cubana, cuyo desempeño estuvo caracterizado por una serie secuencial de irresponsabilidades, errores, reveses y derrotas, entre los que sobresale de manera particular el asalto al Moncada.

4. Resultan demasiado distante las propuestas de la nueva Constitución de Cuba del ideario martiano, y de su concepción de una República libre, “con todos y para el bien de todos”, por lo que la utilización del pensamiento del Apóstol cubano en semejante documento es otro insulto de los comunistas cubanos hacia quien intentan desplazar del justo lugar que por justicia le corresponde. Urge diferenciar al Martí de la propaganda del régimen comunista cubano del Martí histórico, el hombre trascendental en su real dimensión, cuyas ideas se apartan por completo del engendro castrista que lo utiliza para afianzarse en un poder que pierden cada día. 

5. No es una nueva Constitución lo que necesitan los cubanos (al menos manipulada y adaptada a los cánones del castrismo y con exclusión total de los  intereses del pueblo), sino un nuevo sistema sociopolítico capaz de renovar la patria de Martí en todo sentido hasta apartarla definitivamente de un régimen que no tuvo la aprobación del más grande de los cubanos de todos los tiempos.

6. La nueva Constitución cubana es una muestra concreta de lo que un régimen decadente es capaz de hacer para afianzarse en el poder, algo de lo que seguirá siendo difícil poder desprenderse, por cuanto, según el nuevo texto: “El socialismo y el sistema político y social revolucionario, establecidos por esta Constitución, son irrevocables”. Difícil, pero no imposible.


La sabia palabra del Maestro seguirá siendo inspiradora para que seamos conscientes del rol que nos corresponde asumir como defensores de su legado, y como hombres que  anhelamos una vida digna como soñó el extraordinario ser a quien recordamos siempre, pero mucho más un día como hoy, cuando justamente evocamos su trascendental natalicio.

Final....