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MANIPULACIÓN DE JOSÉ MARTÍ EN EL BODRIO CONSTITUCIONAL CASTRISTA. Tercera Parte.

                 ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                        Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

        MANIPULACIÓN DE JOSÉ MARTÍ EN EL BODRIO CONSTITUCIONAL CASTRISTA
                                                      Tercera Parte.


             


De creador del Partido Revolucionario Cubano y organizador incansable de la Gesta Independentista de 1895 a “autor intelectual” del asalto al Cuartel Moncada. La primera utilización forzada del pensamiento martiano por el dictador Fidel Castro

Fidel Castro dijo reiteradamente que había estudiado la obra de José Martí. Hasta qué punto llegó a estudiarla no nos resultará fácil comprobarlo, pero sí predecirlo o suponerlo. Si hubiera sido en realidad un estudioso de la enseñanza del Apóstol no se hubiera apropiado de su pensamiento como hizo durante toda su malvada vida. Lo asoció con alevosía a la revolución cubana de 1959, la que adquirió a los pocos meses de haberse instaurado en el poder un matiz socialista, y este fue su mayor error; como también fue errónea su concepción de asociar a Martí con muchos de los sucesos de la nueva etapa que experimentaba la nación cubana.

No insistiré de nuevo en la idea de que Martí jamás profesó el socialismo, y lejos de esto, lo rechazó e hizo declaraciones contundentes en su contra, lo que puede demostrarse al estudiar de verdad y con profundidad, y no de modo superficial  -como hicieron Fidel Castro y muchos de los marxistas comunistas cubanos- su grandiosa obra.

Desde la muy conocida frase de su autoría respecto a los peligros de la “idea socialista”, expresada en la carta enviada a Fermín Valdés Domínguez en 1894, a solo un año antes de su prematura muerte, cuando se encontraba en la plenitud de su madurez política y filosófica:

“Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras; el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, y el de la soberbia y la rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo, empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse como frenéticos defensores de los desamparados. Unos van, de pedigüeños de la reina, -como fue Marat, -cuando el libro que le dedicó con pasta verde- a lisonja sangrienta, con su huevo de justicia, de Marat. Otros pasan de energúmenos a chambelanes, como aquellos de que cuenta Chateaubriand en sus “Memorias”. Pero en nuestro pueblo no es tanto el riesgo, como en sociedades más iracundas, y de menos claridad natural: explicar será nuestro trabajo, y liso y hondo, como tú lo sabrás hacer: el caso es no comprometer la excelsa justicia, y tú y yo, porque los errores de su forma no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa”.

Así como del difundido ensayo suyo donde hace una valoración crítica de un texto de Herbert Spencer, una de las figuras más representativas del evolucionismo del final del siglo XIX, cuyo título es La esclavitud futura, y que forma parte de su libro El individuo contra el estado, publicado en 1884:

“Teme Spencer, no sin fundamento, que al llegar a ser tan varia, activa y dominante la acción del estado, habría este de imponer considerables cargas a la parte de la nación trabajadora en provecho de la parte páupera. Y es verdad que si llegare la benevolencia a tal punto que los páuperos no necesitasen trabajar para vivir -a lo cual jamás podrían llegar-, se iría debilitando la acción individual, y gravando la condición de los tenedores de alguna riqueza, sin bastar por eso a acallar las necesidades y apetitos de los que no la tienen (…) De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo”.

Hasta otras ideas menos conocidas que aparecen en su extensa obra, en las que hace juicios valorativos profundos acerca de lo que consideró, al igual que Spencer, la esclavitud futura. De ahí que sea infame y absurdo utilizar la imagen de José Martí como estandarte para la defensa de un sistema del que jamás expresó nada positivo.

No obstante el delirante y maníaco dictador cubano Fidel Castro desde sus años mozos cuando andaba en sus aventuras terroristas como inventor y guía de las fracasadas acciones de asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en el oriente del país, en 1953, justo en el año del centenario del natalicio martiano, se empeñó en vincularlo a la posible ideología que adquiriría la llamada revolución cubana.

En los interrogatorios tras su captura por haber dirigido las operaciones de los arteros ataques a los cuarteles del oriente de Cuba, en tono de burla fue capaz de responder a un abogado respecto a la autoría intelectual de los hechos, afirmando que había sido José Martí, lo que ha pasado a la posteridad como algo “extraordinario” que han utilizado para vincular la imagen del Maestro con el más terrible dictador de la historia moderna en el hemisferio occidental.

Pero no solo hizo esta bochornosa declaración, sino que evocó reiteradamente en su autodefensa, durante el juicio del Moncada, la imagen de José Martí:

“Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo su fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!”

Negar que el cruel dictador hubiera estudiado la enseñanza de Martí sería mentir. Sin duda, lo había hecho; pero evidentemente no fue capaz de llegar a su esencia, de lo contrario no lo hubiera invocado tanto, por cuanto hay diferencias abismales entre el pensamiento de ambos, aunque muchos de los fanáticos y serviles “estudiosos” del momento pretenden establecer y defender ciertos lazos, lo que constituye una irreverencia hacia aquel que se inmoló por el bienestar de su amada patria. Veinte años después dela aventura moncadista, durante su discurso en el acto del 26 de julio de 1973, dijo:

“Martí nos enseñó su ardiente patriotismo, su amor apasionado a la libertad, la dignidad y el decoro del hombre, su repudio al despotismo y su fe ilimitada en el pueblo. En su prédica revolucionaria estaba el fundamento moral y la legitimidad histórica de nuestra acción armada. Por eso dijimos que él fue el autor intelectual del 26 de Julio”.

Con lo que retomó su absurda hipótesis que cual delirante idea estuvo en su pensamiento desde su defensa cuando el juicio del Moncada y durante el proceso previo a su sentencia.

A solo nueve años de su toma del poder se conmemoraba el centenario del 10 de octubre. Durante una velada efectuada en La Demajagua, Manzanillo, el mandatario pronunció un extenso discurso que resultó determinante para cambiar la percepción del curso de la historia cubana (en su sentido negativo), y de manera particular la real dimensión de la citada fecha.

Con su egocentrismo distintivo aprovechó la ocasión para establecer vínculos entre el 10 de octubre y su rol como líder asaltante al Cuartel Moncada. Para esto utilizó, una vez más, la paradigmática imagen del Apóstol  -en aquella ocasión fuera de contexto teniendo en cuenta que conmemoraba el 10 de octubre y no el 28 de enero o el 19 de mayo, fechas en relación directa con el héroe cubano evocado, ni tampoco el 26 de julio, día de la llamada rebeldía nacional según el castrismo- para ratificar su absurda idea sobre la influencia martiana en su fracasado asalto:

“Y eso no es algo que se diga hoy como de ocasión porque conmemoramos un aniversario, sino algo que se ha dicho siempre (…) y que se dijo en el Moncada. Porque allí cuando los jueces preguntaron quién era el autor intelectual del ataque al cuartel Moncada, sin vacilación nosotros respondimos: ¡Martí fue el autor intelectual del ataque al cuartel Moncada!”

Con lo que quedó en el pensamiento de los cubanos adoctrinados por el comunismo la absurda idea que determinara el rechazo de varias generaciones de jóvenes hacia la emblemática figura de un ser bien distante del delirante y cruel mandatario cubano.

Continuará.....