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MANIPULACIÓN DE JOSÉ MARTÍ EN EL BODRIO CONSTITUCIONAL CASTRISTA. Segunda Parte.

              MANIPULACIÓN DE JOSÉ MARTÍ EN EL BODRIO CONSTITUCIONAL CASTRISTA
                                                      Segunda Parte.[/b][/i]

               


El pensamiento de José Martí antes de 1959. De la interpretación marxista de Juan Marinello entre los Minoristas al esoterismo de Lezama Lima en Orígenes.

La utilización forzada de la imagen del bendito Apóstol cubano tiene sus precedentes antes de la llamada revolución cubana -con minúsculas dada su desmoralizada razón de ser y el grado de maldad a que se ha llegado en su nombre, y también porque dejó de ser hace ya mucho tiempo una revolución si se tiene en cuenta el verdadero significado y las principales acepciones del término-, aunque el dictador Fidel Castro se encargó de repetir hasta el cansancio su disparatada idea de la autoría intelectual martiana en la fracasada acción terrorista del Cuartel Moncada protagonizada por el.

Hacia la década del veinte del pasado siglo un grupo de jóvenes con inquietudes intelectuales, sociales y políticas (no todos sus integrantes tuvieron posturas de izquierda, los había bien distantes de dicha tendencia, aunque de manera general hubo una  predilección por el pensamiento izquierdista) comenzaron a reunirse de manera espontánea en el café Martí, aunque luego los sitios de reuniones fueron diferentes establecimientos de la capital cubana, incluyendo la sede de redacción de la revista El Fígaro. Formaron parte del grupo Juan Marinello, Enrique Serpa, Rubén Martínez Villena, Regino Pedroso, Jorge Mañach, Félix Lizaso, Emilio Roig de Leuchsenring, Alejo Carpentier, José Zacarías Tallet, Alejandro García Caturla, José Manuel Acosta, entre otros. Según contó Carpentier en sus Conferencias y Ensayos el grupo adquiere la denominación de Minorista porque eran una “minoría sabática” por reunirse principalmente los sábados, y ser un grupo relativamente pequeño, esto es, una minoría.

El primero en incentivar la lectura de la obra de José Martí entre los miembros del Grupo Minorista fue Juan Marinello, político e intelectual cubano de conocida trayectoria comunista, primero vinculado, y más tarde miembro oficial del primer Partido Comunista de Cuba -luego refundido y etiquetado como Partido Socialista Popular, PSP-. De ahí que desde los inicios mismos de las primeras motivaciones intelectuales encaminadas al estudio del pensamiento de José Martí, estas estuvieran matizadas por una interpretación de su enseñanza bajo la óptica del comunismo y del marxismo, independientemente de que, como todos conocen, José Martí jamás compartió la idea socialista, y lejos de haberlo hecho, se pronunció enérgicamente contra toda variante socialista, ya fuera el socialismo de “la Icaria cristiana de Cabet, o las visiones socráticas de Alcott, o el mutualismo de Prudhomme, o el familisterio de Guisa, o el Colinsismo de Bélgica, o el de los jóvenes Hegelianos de Alemania (entre los que se encontraba Karl Marx)”, como muy bien nos dejó precisado en sus extraordinarios Cuadernos de Apuntes, anotaciones variadas aun por redescubrir e interpretar en su real dimensión toda vez que aquí se halla resumida la esencia del pensamiento filosófico del Apóstol.

Por otra parte el grupo Orígenes,*** cuya figura principal fue el reconocido poeta y ensayista cubano José Lezama Lima, hubiera podido aportar mucho más en relación con la interpretación del pensamiento martiano; pero la excentricidad de su líder, y esa tendencia suya de ser extremadamente hermético y esotérico, limitó toda posibilidad de una aproximación con un sentido más práctico, sin que por esto se dejara de ser profundos, y que se estudiara el pensamiento martiano con el rigor y las exigencias necesarias. Según José Lezama Lima:

“José Martí fue para todos nosotros el único que logró penetrar en la casa del alibi. El estado místico, el alibi, donde la imaginación puede engendrar el sucedido y cada hecho se transfigura en el espejo de los enigmas.

Su imaginación se ha vuelto cenital y misteriosa, y ha penetrado en su misión con el convencimiento de que quien huye de la escarcha se encuentra con la nieve. Arrostró esa escarcha; amarró su caballo en el tronco de cuerpo y aceite, y penetró alegremente en la casa del alibi. Las palabras finales de su Diario, uno de los más misteriosos sonidos de palabras que están en nuestro idioma, bastan para llenar la casa y sus extrañas interrupciones frente al tiempo.

En la soberanía de su estilo se percibe la mañana del colibrí, la sombría majestad de la pitahaya, y los arteriales nudos del cedrón. Podía hablar, dice Rubén Darío, delante de Odín rodeado de reyes. Su permanencia indescifrada continúa en sus inmensos memoriales dirigidos a un rey secuestrado: la hipóstasis o sustantivización de los alegres misterios de su pueblo. En sus cartas de relación nos describe para su primera secularidad una tierra intocada, símbolos que aún no hemos sabido descifrar como operantes fuerzas históricas.

Et caro nova fiet in die irae. Tomará nueva carne cuando llegue el día de la desesperación y de la justa pobreza”.


Muy poético, con una sapiencia sin igual, con un derroche de sabiduría y hasta ciertos aires de un misticismo que se percibe en toda su extraordinaria obra (lo destacado es lo que considero puntos esenciales claves para la interpretación de la permanencia martiana entre nosotros); pero demasiado lejos de toda posible aproximación, no ya a las multitudes que no comprenderían absolutamente nada, sino al hombre culto e inteligente con inquietudes intelectuales y espirituales. La enseñanza de Lezama Lima sobrepasa toda expectativa, pero pecó por demasiado hermetismo y esoterismo, aspectos que la distancian demasiado de aquellos que pudieran sentirse motivados a aproximarse a la obra martiana a partir de un enfoque diferente, más cercano a la realidad del pensamiento del extraordinario héroe de Dos Ríos.    

De modo que, entre una visión al estilo de los comunistas europeos del final del siglo XIX, lo que se hacía en el Grupo Minorista bajo la influencia de Juan Marinello, que a pesar de su postura política de marcada orientación marxista y su militancia partidista, fue un conocedor profundo de la obra de Martí, aunque dejado arrastrar por la maléfica influencia del comunismo -hacia 1962 llegó a crear una obra como ‘El pensamiento de Martí y nuestra Revolución Socialista’ (sin comentarios)-; y un poeta como Lezama, cargado de metáforas, abstracciones y símiles, amén de ese acudir excesivo a temas de la mitología griega y de la cultura egipcia para entrelazarlos con el pensamiento del genial hombre cubano que había que descubrir en su real dimensión, el pensamiento martiano estuvo destinado a que se utilizara en relación con la tendencia comunista, o que quedara limitado a una exigua minoría de intelectuales bien distantes de toda posible aplicabilidad en el orden práctico, lo que se concreta en las siguientes palabras del autor de Paradiso:

“La majestad de su ley y la majestad de sus acentos nos recuerda que para los griegos “mártir” significa testigo. Testigo de su pueblo y de sus palabras, será siempre un cerrado impedimento a la intrascendencia y la banalidad. Y si sólo podemos creer, según la extraña sentencia de Pascal, a los testigos muertos en la batalla, es en las decisiones de su muerte donde nuestra forma como pueblo adquirió su esplendor al unir el testimonio con su ausencia, dar una fe sustantiva para las cosas que no existen, o a la terrenal gravitación de las más oscuras imágenes (…) Orígenes reúne un grupo de escritores reverentes para las imágenes de Martí. Sorprende en su primera secularidad la viviente fertilidad de su fuerza como impulsión histórica, capaz de saltar las insuficiencias toscas de lo inmediato, para avizorarnos las cúpulas de los nuevos actos nacientes”.

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***Grupo Orígenes (1937-1956). Integrado por varios intelectuales cubanos de la década del cincuenta del pasado siglo, cuya figura central fue José Lezama Lima. En torno a su figura estaban Cintio Vitier y Fina García, el poeta Ángel Gaztelú, el olvidado compositor y pianista Julián Orbón, el también pianista y compositor José Ardévol, el poeta Eliseo Diego, los pintores Raúl Milián, René Portocarrero, Mario Carreño y Mariano Rodríguez, entre otros intelectuales. Para todos, la figura de José Martí tuvo una connotación extraordinaria a partir de un redescubrimiento de la enseñanza martiana.

Continuará.......