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EL SOCIALISMO COMO GRAN DESTRUCTOR DE LA INDIVIDUALIDAD HUMANA. Cuarta Parte.

                ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                        Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

           EL SOCIALISMO COMO GRAN DESTRUCTOR DE LA INDIVIDUALIDAD HUMANA
                                                            Cuarta parte.


               


El socialismo como sistema destructor de la individualidad humana. La autodestrucción progresiva del hombre como consecuencia de su imposibilidad creativa bajo los efectos adversos del comunismo

En el socialismo el hombre llega a la pérdida no solo de sus bienes materiales a partir de la total entrega de lo que produce o de lo que hace al supuesto colectivismo, que no es otra cosa en sí que el poder estatal, devenido ahora como nueva clase en sustitución de lo que los socialistas llaman burguesía; sino que llega a perder absolutamente todo, incluyendo la posibilidad de pensar libremente.

El hombre bajo el adoctrinamiento forzado que los regímenes socialistas ejercen sobre el, pierde el sentido de su individualidad, y por lo tanto la capacidad creativa de su pensamiento. Esto los convierte en seres autómatas limitados a la repetición de frases, consignas, sentencias, citas, etc. sin que se detengan en el sentido de lo que en realidad están diciendo. De ahí que veamos a maestros, escritores, cineastas, científicos, entre otras tantos ilustrados, que se identifiquen con las doctrinas comunistas y alcen sus voces en defensa de aquellos que la historia reconoce como asesinos, dictadores, tiranos, corruptos, aniquiladores, etc.

El individuo en el socialismo se autodestruye de manera progresiva como consecuencia de su imposibilidad creativa, con lo que deja de pensar por sí mismo arrastrado por el ímpetu del colectivismo impuesto por los manipuladores de su pensamiento. Esto justifica la manera de actuar de muchos que siguen defendiendo a un sistema que solo puede mostrar fracasos.

¿Cómo poder explicar que hombres inteligentes sean simpatizantes y defensores de la corriente socialista? Solo por esta hipótesis que sostengo acerca de la apropiación del pensamiento de los hombres y de la aniquilación radical de la individualidad humana se puede admitir que personas ilustradas sean capaces de afiliarse y defender esta tendencia destructora de la humanidad.

Recientemente consulté un excelente escrito del académico venezolano Guillermo Rodríguez González, en el que expresó: 

“El socialismo únicamente produce miseria y destrucción. Y los socialistas lo saben. Por eso, y no otra cosa, luchan. Odian y desprecian a la humanidad a tal punto que ansían liberarla de sí misma, despojando a todos y cada uno de la libertad que nos hace humanos”.

La mayor prueba de esta afirmación es la extinción total del antiguo campo socialista, el grupo de países, además de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, de Europa Oriental y Central que asumieron esta modalidad de sistema político y económico. No hubo uno solo de estos países que se destacara en el ámbito económico por sus grandezas y riquezas, y lejos de esto, fueron pereciendo de manera progresiva en la medida que fueron pasando los años, ya no solo en el aspecto económico, sino de toda posible perspectiva: social, política, filosófica, artística y literaria, entre otras.

La excepción de la China actual está determinada por su modo de economía, esto es, una economía de mercado, amén de su estrategia de abrirse al mundo y de invertir, una vez que se consolidara en el ámbito económico, en numerosos países, hasta alcanzar dimensiones colosales, apuntan hacia la opinión de que esta nación constituye una de las más grandes economías del planeta.

Por otra parte, en esta nación la idea socialista se apartó demasiado de los viejos y tradicionales cánones de los fundadores del Comunismo Científico para quedar prácticamente como un sistema sociopolítico tan sui generis que resulta difícil enmarcar dentro de esta categoría. La persistencia de un partido de tipo socialista encargado de regir los designios de la nación de manera cuasi absoluta es, tal vez, uno de los pocos remanentes de un anquilosado régimen demasiado adaptado y adecuado a las exigencias de estos tiempos, aunque bajo el ropaje superficial del socialismo. 

                 


Los desastres de Cuba, con seis décadas de socialismo impuesto a la fuerza por el dictador Fidel Castro, y Venezuela, país cuyo régimen siguió cada uno de los pasos del fracasado sistema cubano, son los modelos paradigmáticos más significativos de América Latina que demuestran la aseveración de Guillermo Rodríguez González respecto al poder del socialismo para generar miseria y destrucción.

De cualquier modo, y como suelo hacer cuando alguien se me acerca para cuestionarme acerca de mis concepciones en relación con el socialismo, se impone una pregunta necesaria. ¿Si el socialismo es realmente ese modelo paradisíaco que nos describen los iniciadores del marxismo contemporáneo, y que nos pretenden imponer aquellos que extraen de sus pueblos mucho más de lo que aportan una vez que se establecen en el poder bajo modalidades socialistas, entonces por qué ninguno de los países que se apartaron del engendro comunista ha decidido retornar a comulgar con dicho sistema?

El silencio sepulcral que han de guardar quienes aferrados a sus obsoletas posturas ideológicas ante la imposible respuesta a la interrogación es determinante para hacerlos reflexionar, o mejor aún, llevarlos “contra la pared”, como suele decirse comúnmente, dado que en el socialismo se pierde la capacidad de reflexión que requiere de la participación de la parte abstracta de nuestro pensamiento.

Los fracasos sucesivos de las naciones de América Latina a las que se impuso una ambigua modalidad que, combinando formas de producción y económicas capitalistas con un estricto o moderado control estatal, dijeron llamarse socialistas del siglo XXI, demuestran que cualquier intento experimental fracasaría como también sucedió con el hundimiento del llamado campo socialista de la Europa Oriental y la URSS en el pasado siglo XX, y si nos remontamos a los precedentes de Marx, al fracaso de las descabelladas ideas, tan delirantes como las de Marx, del francés Étienne Cabet con su Viaje a Icaria, devenido en viaje a Texas para establecer una comunidad socialista en tierras americanas.     

Pero muchos siguen tras los pasos del materialismo histórico porque el marxismo incita a la rebeldía de los desposeídos, y el mundo está repleto de desposeídos a quienes los líderes socialistas actuales pretenden ofrecer una fórmula fácil para “apropiarse” de lo ajeno y salir de sus calamidades en lugar de incitarles al trabajo que ennoblece, y al estudio y la reflexión que hacen comprender y asimilar el rol del hombre con mayor claridad.

El investigador Guillermo Rodríguez González no se limitó a la idea de la miseria y la destrucción que lleva inevitablemente consigo el socialismo; sino que nos advierte acerca de que “odian y desprecian a la humanidad a tal punto que ansían liberarla de sí misma, despojando a todos y cada uno de la libertad que nos hace humanos”.

Esto me remontó a las célebres -hay frases, discursos y personajes que se hacen célebres, aun cuando dicha celebridad se alcance a través del odio y la maldad, como en el caso del Che Guevara- palabras del Che Guevara pronunciadas de manera paradójica ante un selecto auditorio en la Organización de las Naciones Unidas, el 11 de diciembre de 1964:

“El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal (…) Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y aún dentro de los mismos: atacarlo donde quiera que se encuentre; hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral irá decayendo. Se hará más bestial todavía, pero se notarán los signos del decaimiento que asoma”.

Palabras que constituyen el más vivo ejemplo de lo que son capaces de hacer los comunistas, amén de esa manera tan convincente capaz de envolver a las multitudes bajo un efecto hipnótico arrollador hasta convertirlos en sus files seguidores.

Esto es pues, uno de los tantos afectos adversos del engendro socialista, que por desgracia, tantos seguidores sigue teniendo actualmente a pesar de las innegables derrotas de dicho sistema.

Por suerte para el hombre como entidad individual, para la humanidad como concepto colectivo, y para el mundo en su totalidad, se acercan los tiempos en que toda idea socialista solo será cosa del pasado; como con gran acierto ha expresado el venezolano Rodríguez González:

“El futuro prometido del socialismo siempre está en el pasado. Todo socialismo es un anhelo atávico de retorno a lo absolutamente primitivo. Y es maligno como ninguna otra idea porque aspira a deshumanizarnos hasta reducirnos al hombre nuevo que pretende. Hombre “nuevo” que sería moral e intelectualmente idéntico a la bestia pre humana de la que evolucionamos. Un salvaje que en su desconocimiento de la individualidad, era todavía incapaz de auto propiedad y con ella de libertad”.

Final....

kenteehap

EL SOCIALISMO COMO GRAN DESTRUCTOR DE LA INDIVIDUALIDAD HUMANA Cuarta Parte
« Respuesta #1 en: Septiembre 24, 2019, 09:19:00 am »
I agree with told all above.