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EL SOCIALISMO COMO GRAN DESTRUCTOR DE LA INDIVIDUALIDAD HUMANA. Tercera Parte.

                  ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                        Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España


           EL SOCIALISMO COMO GRAN DESTRUCTOR DE LA INDIVIDUALIDAD HUMANA
                                                            Tercera parte.


           


El comunismo como “fase superlativa” de la sociedad socialista, una rotunda negación del devenir histórico y de las leyes de la dialéctica enunciadas por los propios fundadores del Comunismo Científico

¿Acaso Marx no negó el desarrollo dialéctico y el devenir histórico cuando idealizó al comunismo como fase superior del socialismo, etapa cumbre de la sociedad, más allá de la cual ya no existe posibilidad de cambios toda vez que dicha fase presupone la perfección absoluta? Este es uno de los mayores disparates de la teoría marxista, por cuanto, niega lo que supuestamente defendieron los fundadores del marxismo, esto es, las llamadas leyes de la dialéctica, una de las pocas cosas predicadas por ambos fundadores en lo que lograron aciertos, aunque luego entraran en evidente contradicción.

Téngase presente que las adaptaciones, adecuaciones y sugerencias ulteriores realizadas en aquellas naciones que asumieron, o que se les impuso formas socialistas como modelo sociopolítico, no fueron más allá de exiguas adecuaciones; pero siempre sobre la base de  lo que los fundadores creyeron sería la razón de ser del socialismo. Recordemos el caso de Cuba con sus absurdas propuestas acerca de un “socialismo rentable y sostenible”, y más recientemente su rimbombante “conceptualización del modelo económico y social cubano de desarrollo socialista”, tan “analizado” y “debatido” en las interminables sesiones del “parlamento” cubano, según el cual, se resumen “las concepciones esenciales para impulsar el desarrollo socioeconómico conforme con las aspiraciones y particularidades actuales del proceso revolucionario cubano”, nada que no sea lo mismo con lo mismo, y que han pregonado por 60 años sin poder demostrar un solo triunfo de su defendido sistema.

Tal vez en la desaparecida URSS y en algunos países de la Europa Oriental que tuvieron su socialismo durante varias décadas del pasado siglo XX se aplicó la concepción marxista con mayor fidelidad, al menos desde el punto de vista teórico. Recordemos que muy pronto se comenzaron a tergiversar las propuestas de Marx -que no tenían que tergiversarse demasiado para resultar ineficaces ante la insostenibilidad de sus escasos argumentos en lo práctico, o como dirían los propios marxistas, desde el punto de vista “objetivo”- en el seno de los miembros de Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), y el revisionismo radical y desmedido del sanguinario Vladimir Ilich Lenin, unido a las acciones terroristas de Iósif Stalin, contribuyeron a sentar las bases de una “dictadura del proletariado” demasiado distante de las concepciones teóricas de Marx. El resultado final ya es bien conocido por todos. De un día para otro desapareció el llamado “Campo” o “Bloque” Socialista de la URSS y de la Europa Oriental para jamás, al menos hasta el presente, volver a instaurarse como régimen totalitario y aniquilador de las libertades del hombre.

Décadas más tarde, ya en pleno siglo XXI, cuando la tendencia socialista parecía que se extendería por parte de América Latina bajo la nefasta influencia del dictador cubano Fidel Castro y de su aprendiz, el venezolano Hugo Chávez, el socialismo se había apartado tanto de los cánones iniciales que la eliminación de la propiedad privada -pilar imprescindible de la doctrina de Marx- no se tuvo en cuenta, al menos en su generalidad como propone el marxismo clásico, como pilar fundamental para la puesta en marcha del nuevo orden político, social y económico de las naciones que abrazaron esta tendencia. 

En Venezuela, una de la naciones más ricas de la región por ser poseedora de una de las mayores reservas mundiales de petróleo, sus ciudadanos han sido condenados al desabastecimiento de los productos más elementales, a la total inflación y a una miseria no vista jamás antes. La tierra de Bolívar está bajo la amenaza de una dictadura militar que ejerce una fuerte represión contra cualquier posible suceso de oposición al régimen impuesto por su otrora mandatario Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro, quien acaba de posesionarse nuevamente en el poder hasta el 2025, acción que ha desatado el mayor de los rechazos a escala internacional de los últimos tiempos. Una oligarquía corrupta y narcotraficante maneja todos los recursos a su modo apoyados por la fuerza militar y siguiendo los pasos de sus mentores cubanos, cuyo régimen le ofrece asesoría y apoyo militar directo de su sistema de contrainteligencia y seguridad policial.

La propuesta del socialismo del siglo XXI en Venezuela y en Ecuador se presentó como algo difuso, carente de verdaderas y razonables bases teóricas, con excepción de ciertos aspectos que por conveniencia de los líderes y mandatarios han establecido. Así, el respeto de la propiedad privada, aunque con fuerte regulación estatal, la preservación de la democracia política con importantes condicionantes y su diferenciación con las experiencias socialistas del pasado se mezclan con la realidad o lo que verdaderamente ocurre en el orden práctico.

El modelo de Estado socialista del Socialismo del siglo XXI, teóricamente ha pretendido ser un socialismo revolucionario, sustentado de la filosofía y la economía marxista, y basado en ciertos ejes principales: el desarrollo democrático regional, la economía de equivalencias, la democracia participativa y protagónica y las organizaciones de base. Sus teóricos han propuesto un reforzamiento radical del poder estatal democráticamente controlado por la sociedad para avanzar el desarrollo, e insisto en la idea de lo teórico, por cuanto en el orden práctico no ha existido ese poder democrático que la sociedad debe controlar. Los casos de Cuba y Venezuela son ejemplos concretos de lo que expreso. Ecuador, a partir de la instauración de un nuevo gobierno democrático, encabezado por Lenín Moreno, se apartó definitivamente de la tendencia socialista latinoamericana a pesar de la posición siempre conservadora del actual mandatario al referirse al socialismo como orden económico y sistema social.

Para el caso específico de Ecuador, por suerte, apartado en el presente de la tendencia socialista gracias al revisionismo radical de su actual presidente, merece citarse la siguiente idea de los teóricos Juan J. Paz y Miño Cepeda:

“El “socialismo del siglo XXI” (al menos para Ecuador) es un sistema que combina capitalismo social (nivel económico) y Estado popular o ciudadano (nivel político); y que, por tanto, este “socialismo” es relativamente distinto al marxista (aunque tampoco es antimarxista, puesto que reconoce y valida a la teoría de Marx como fundamento histórico), pero también diferente a otros modelos de capitalismo social, como el europeo, el nórdico o el canadiense. El nuevo socialismo articula, en definitiva, empresa privada con inversión pública e intervencionismo económico y regulador del Estado, amplias políticas sociales y firmes medidas para redistribuir la riqueza; pero, además, se basa en la captación del Estado, para desplazar los intereses de las burguesías/oligarquías e imponer la hegemonía del poder de los ciudadanos y sectores populares, que con organización y movilización de base, sustentan la edificación de una nueva sociedad”.

             


¿Cómo creer aún en un modelo que ha llevado a estos países al caos total, no solo en sus economías, sino desde el punto de vista, ético y moral, intelectual y espiritual? ¿Por qué aferrarse a traer nuevas propuestas desde las concepciones marxistas después de haber pasado por la experiencia de la destrucción del comunismo europeo del siglo XX?

No hay nada que revisar para proponer nuevos modos socialistas. El llamado Socialismo del siglo XXI no es más que una justificación para el establecimiento de sistemas comunistas totalitarios y una posibilidad de perpetuarse en el poder para que una exigua minoría pueda  ejercer su prepotencia y enriquecerse a expensas de lo que extraen de las naciones bajo su dominio.

Jamás desparecieron las clases sociales ni los antagonismos clasistas en ninguno de los modelos aplicados en el mundo, ya sea el rígido esquema de los soviets en la extinta URSS e impuesto en Europa Oriental, el modelo de China, Corea y Vietnam, o los más recientes engendros del “socialismo de nuevo tipo” bajo el ropaje de Socialismo del siglo XXI practicado en varias naciones de Latinoamérica. La supresión de las diferencias de clases no deja de ser una utópica idea carente de sentido esbozada solamente como elemento teórico en las abstracciones que Marx pretendió imponer desde la sombra de sus aposentos.

Siempre la clase dominante terminó enriquecida a expensas de lo que extrajeron de los desposeídos a quienes supuestamente les garantizarían una vida digna, con salarios decorosos y toda posibilidad de “libertades”; mientras que los sumisos proletarios terminaron manipulados, adoctrinados y convertidos en instrumentos fieles y leales a la “causa” socialista. Los proletarios perdieron la capacidad de pensar libremente, en un inicio, para luego dejar de pensar en su totalidad y permanecer en estados de enajenación, lo que le permita a la clase dominante utilizarlos para sus vandálicos propósitos.

Esta es la verdadera razón de ser del socialismo, llámese Real, Clásico, Tradicional, Comunismo Científico, Socialismo del siglo XXI, o como se le quiera decir: de cualquier modo todas las variantes conducen a la misma condición de sumisión total de las multitudes desposeídas, que jamás dejan de ser desposeídas toda vez que los manipuladores de su pensamiento jamás cumplen sus promesas de elevarlos hasta un punto ideal en esa “dictadura del proletariado” jamás vista hasta el presente como acto consumado.

La propuesta de Marx debe verse como una manera más de interpretar los fenómenos sociales desde una perspectiva filosófica. Su legado no es la verdad en sí como intentan proclamar y defender los apologistas del marxismo,  aunque contenga verdades, como todos los sistemas filosóficos y corrientes de pensamiento; aunque en el caso del marxismo y del Comunismo Científico de Marx sus puntos débiles son mayores que sus escasos aciertos, si es que los tiene. Muchas de sus desacertadas propuestas están matizadas, y por lo tanto sesgadas, por esa sobrevaloración de su percepción de sus propias teorías, lo que le hizo caer en un sueño con ensueño, como dijo de los socialistas utópicos: “Continúan soñando con la experimentación de sus utopías sociales; con establecer falansterios aislados, crear homecolonies en sus países o fundar una pequeña Icaria”.

Es en esta absolutización excesiva de su propia enseñanza -la ciencia de las ciencias, la filosofía de las filosofías, el sentido de universalidad teórica más acabado de la historia, imposibilidad de cualquier interpretación ulterior de hechos concretos del devenir histórico, etc.- donde radica su principal error, lo que determina que su legado sea ciertamente delirante, como se cuestiona actualmente el investigador Jason Baker, de la Universidad Kyung Hee, de Corea del Sur, y como ha expresado el profesor Mauro Olmeda, filósofo y abogado español, al referirse al punto débil de los fundadores y promotores del marxismo. Según Olmeda el más grave error de Marx estriba en haber presentado su propuesta socialista: “como la expresión acabada de la verdad, válida universalmente en el tiempo y el espacio, sin atender a la exigencia de un desarrollo ulterior”.

Continuará.....

kenteehap

EL SOCIALISMO COMO GRAN DESTRUCTOR DE LA INDIVIDUALIDAD HUMANA Tercera Parte
« Respuesta #1 en: Septiembre 24, 2019, 12:43:42 pm »
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