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ELECCIONES DEL 2018 EN CUBA Y LATINOAMÉRICA: TERCERA Y ÚLTIMA PARTE (III)


                            ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                            Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

 ELECCIONES DEL 2018 EN CUBA Y LATINOAMÉRICA: TERCERA Y ÚLTIMA PARTE (III)



           


Maduro podrá llegar “hasta dónde llegaron Castro, Mao o Stalin. Estas personas no tienen medida, ellos pueden acabar con un país entero”.

Lo ha afirmado en reciente entrevista Leopoldo López Gil, y lo ha hecho con conocimiento de causa y de un modo muy pragmático, sin adornos ni excesos hipotéticos. Con lo que reafirma la idea de que Nicolás Maduro a pesar del rechazo total de la comunidad internacional permanece en el poder, y lo peor, pretende continuar  por un nuevo período al ser candidato a la presidencia nuevamente y tener preparados todos los mecanismos que lo conducirán a un “triunfo” que garantice el continuismo político chavista.

Pero el problema no es reconocer en la figura de Maduro a un Castro o un Stalin, sino impedir que llegue a adquirir las dimensiones de sus predecesores comunistas que llevaron a sus naciones a la debacle total y fueron una fuerte amenaza para el mundo.

En este sentido vale destacar la labor que han hecho últimamente ciertas instancias internacionales, entre las que se destaca sobremanera  -en mi opinión sus proyecciones están por encima de las propuestas de la OEA- el Grupo de Lima, cuya postura es digna de admirar. No obstante, independientemente de las buenas intenciones del grupo, de la disciplina y la lealtad demostrada hasta el presente, así como de su firmeza en pos de la restauración del orden democrático en la nación suramericana, su accionar no logra consumar como acto sus propósitos, lo mismo que ha ocurrido con el discurso de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de modo especial de su Secretario General Luis Almagro, que desde hace alrededor de dos años se ha estado pronunciado enérgicamente contra el régimen chavista sin resultado alguno, al menos en el orden práctico.

No hago mención a las declaraciones de Donald Trump y al Gobierno de Estados Unidos porque desconozca la postura de dicho presidente y sus reiteradas declaraciones, sino porque considero que un solo mandatario o un solo gobierno de manera aislada no deben intervenir en el intento de solucionar el grave conflicto venezolano -aunque otros crean lo contrario. No se trata de algo personal contra el controversial mandatario estadounidense; tampoco hago mención a las fuertes declaraciones de Juan Manuel Santos, el presidente colombiano -el líder regional que con mayor fuerza se ha enfrentado a Maduro, algo que nadie podrá cuestionar a pesar de la opinión de sus múltiples detractores, y de ser, como ya he dicho antes, no el peor líder de la región, pero sí el más contradictorio-, quien al fin de cuentas, es latinoamericano y ha tenido que enfrentar directamente el gran conflicto migratorio de miles de venezolanos que pasan cada día la frontera colombiana, ya sea para establecerse en este país, como vía de paso rumbo a otros sitios como Ecuador, o de modo fugaz tan solo en busca de alimentos y medicinas.

Creo que las acciones de la Unión Europea y del Grupo de Lima son las que pueden contribuir a continuar ejerciendo una presión capaz de, en primer lugar, seguir despertando el interés de otras naciones por el grave conflicto venezolano y se pronuncien con acciones concretas para lograr una inminente solución, y en segundo lugar, mantener al madurismo en un total aislamiento que lo conduzca a su autoaniquilación; aunque hemos de admitir que hoy Venezuela está más lejos que nunca de un entendimiento, por lo que la comunidad internacional debe replantearse sus estrategias negociadoras a partir de la adopción de medidas más firmes, toda vez que los diálogos han ido de fracaso en fracaso, y las sanciones económicas solo han contribuido a incrementar el aislamiento que tiende a hundir al gobierno pero no a aniquilarlo.

Según Leopoldo López Gil las sanciones mundiales aún son muy leves; aunque sí son “un instrumento muy útil para recuperar la democracia en Venezuela”. (…) “Mi llamado a la UE es que se profundicen porque no es necesario que las sociedades lleguen a la tragedia que han llegado países como Siria para que el mundo se ocupe de recuperar la libertad y la justicia para los pueblos”.

La posibilidad de una intervención militar propiamente dicha es un hecho que no puede descartarse en su totalidad, independientemente de que las proyecciones del gobierno estadounidense que encabeza Donald Trump no han pasado de ser simples propuestas fugaces -“tenemos muchas opciones para Venezuela, incluyendo, posiblemente, una opción militar si es necesario”, declaró Trump el 11 de agosto de 2017- que luego se disipan en la medida que otros asuntos, tanto verdaderamente trascendentes como es el caso del conflicto con Corea del Norte, o de otros que a modo de un despiadado amarillismo pesan sobre la moral de Trump al contar con miles de detractores pendientes de todos sus movimientos capaces de armar una “historia” de cualquier suceso intrascendente.

Pero esta posible acción militar me pareció siempre demasiado distante, por lo que al día siguiente de la idea que Trump mencionaba como opción me referí a esa distancia que yo percibía donde el polémico presidente estadounidense vio “cercanías”. De igual modo insistí en que “una opción sería que las cosas terminaran en un verdadero mar de sangre originado por un enfrentamiento de una sección del propio ejército contra el gobierno y sus fuerzas represivas, en este caso el ilegítimo presidente resultaría eliminado de la forma en que las multitudes quisieran”; pero ya todos conocen como terminó la historia del joven piloto que valientemente se enfrentó al régimen y que hubiera sido quien se habría encargado de poner cierto orden en medio del profundo caos. 

De modo que, aunque resulte controversial, el enfrentamiento armado entre un segmento sublevado del ejército venezolano es un paso necesario -las acciones pacifistas según la escuela de Sharp no han dado resultado alguno-, que pudiera sacar a Venezuela de su condición; pero el nivel de represión de la dictadura  -que cuenta con refuerzos asesores de los represores del castrismo- es demasiado fuerte para impedir cualquier sublevación.

Por lo que la hipótesis de una intervención militar con un fin específico cobra mayor relevancia en estos días en que miles de soldados se desplazan y se mantienen en las fronteras entre Venezuela y Brasil, y entre Venezuela y Colombia, y aunque se ha negado por parte de Juan Manuel Santos toda posibilidad de un ataque por parte de su gobierno, no puede descartarse esta opción en medio de una situación muy compleja que se ha incrementado a partir del adelanto inesperado de unos comicios fantasmales, así como de un incremento extraordinario de la migración hacia estos países.

Por otra parte es llamativa la aparición en Colombia del presidente ecuatoriano Lenín Moreno bajo la idea de negociaciones sobre el tema migratorio toda vez que Ecuador se ha convertido en un punto de extrema vulnerabilidad para el fenómeno migratorio venezolano; aunque el gobierno de Ecuador hasta el presente se ha mantenido al margen en el delicado tema venezolano al limitarse a exponer la reiterada idea de la no injerencia en los asuntos internos de esta nación, así como en defensa de que Nicolás Maduro participe en la Cumbre de Las Américas, al menos fue lo que expresó la vicepresidenta de Ecuador María Alejandra Vicuña. 

Se ha estado insistiendo también en la presencia del jefe del Comando Sur de Estados Unidos en Tumaco, Colombia, así como de la participación militar estadounidense en territorio panameño y la consiguiente preparación del ejército venezolano ante lo que han interpretado como una invasión inminente; tal vez lo único que pudiera sacar definitivamente el remanente comunista de la perdida nación suramericana e impedir que llegue a donde Castro, Mao o Stalin.

No obstante, en medio de la especulación con o sin sentido, matizada o no por el amarillismo, no hay otro asunto de mayor complejidad que la dramática situación política de Venezuela y de una posible invasión. Considero que las declaraciones de Leopoldo López Gil en este sentido son de extraordinario valor: “Es preocupar a la gente en asuntos irreales” -refiriéndose a la hipotética invasión estadounidense y colombiana-. “Todos sabemos muy bien que las invasiones no se anuncian, se ejecutan. Nadie está hablando de una solución militar en este momento. Lo que sí es evidente es que están saliendo por miles de millares los venezolanos por la frontera y que hay que organizar esa frontera. Es por protección a la salida de los venezolanos. Solamente por el puente internacional de Cúcuta salen por el orden de 20.000 a 30.000 personas diarias”.

Por el momento nada concreto respecto al tema de una posible intervención militar. Las palabras de Donald Trump quedaron como eso, es decir, como palabras, como opción posible. Juan Manuel Santos negó categóricamente la idea -es lógico que no declare verbalmente en público una posible intervención. Hasta ahora ha sido Nicolás Maduro quien único se empeña en ver la fantasmal sombra del imperio sobre su ejército y de poner mensajes tontos en las redes sociales, algo que va más allá de la paranoia característica de los líderes de la izquierda regional, toda vez que se trata de un elemento distractor en medio de su enorme crisis política, y esto no solo lo afirma quien escribe este extenso artículo, sino que el destacado académico Joseph M. Humire, experto en seguridad global, especializado en amenazas trasnacionales en el hemisferio occidental y director ejecutivo del Center for a Secure Free Society, hace solo unas horas ha declarado que “hay una alta posibilidad de que cualquier información que presenta el gobierno venezolano sobre una posible incursión militar en su territorio solo tenga el propósito estratégico de propagandear un conflicto”.[/i]

Así las cosas, y como ya expresé antes, las palabras de Leopoldo López son de extraordinario valor, aunque ahora añado la idea de que no son proféticas; y ante este panorama tan sombrío hemos de poner en duda la realización de los comicios, por cuanto, todo puede ocurrir y lo cierto es que hay varios países seriamente perjudicados por el fenómeno migratorio venezolano, cuyos ejércitos pudieran ir más allá de una simple organización de la migración regional o como dijera Humire de “propagandear un conflicto” (el término, aunque inusual es correcto).

La OEA exhorta a Venezuela a postergar elecciones previstas para abril. Naciones cuyos gobiernos antes se mostraban como aliadas al chavismo ahora se abstienen

La Organización de los Estados Americanos (OEA) instó a Venezuela este viernes 23 de febrero a postergar los comicios presidenciales previstos para el 22 de abril, aunque esa fecha fue reconfirmada el mismo viernes por la autoridad electoral venezolana. Por 19 votos contra 5, con 8 abstenciones, el Consejo Permanente de la OEA aprobó en reunión extraordinaria una resolución en la que llamó a Venezuela a que "reconsidere la convocatoria de las elecciones presidenciales y presente un nuevo calendario electoral".

Pero no es la resolución en sí -a la que Venezuela no prestará atención alguna- lo que resulta significativo, sino la actitud de algunas naciones, cuyos gobiernos habían sido hasta el momento aliados a la causa venezolana y ahora, al menos, se abstuvieron en la votación, destacándose en este sentido Nicaragua, El Salvador, y de modo particular Ecuador, cuyo nuevo gobierno sigue dando pasos muy firmes que lo siguen apartando de la ya raquítica izquierda latinoamericana; y esto, aunque en el orden práctico  -como ya ha sucedido otras veces- no resolverá nada, constituye un logro en el que la labor del Grupo de Lima ha sido determinante.   

CONTINUARÁ.

FUENTE:
http://www.cubanalisis.com/ART%C3%8DCULOS/ROTETA%20DELGADO%20-%20ELECCIONES%20EN%20CUBA%20Y%20-%20TERCERA%20PARTE.htm