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Noviembre 21, 2017, 05:31:58 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas Martianos.


                  José Martí. El sentido de la religiosidad más allá de las religiones.
                            Su apreciación sobre las tradiciones de Mesoamérica.
                                         Por. Dr. Alberto Roteta Dorado.



             


Naples. Estados Unidos.- En su ensayo “Las ruinas indias”, José Martí, el notable pensador cubano, menciona al Dios Quetzalcóatl, uno de los dioses de la cultura mesoamericana, considerada la Deidad principal del panteón de la América pre-colombina; Quetzalcóatl significa serpiente hermosa, aunque se le ha conocido mucho más como La Serpiente Emplumada,  de ahí que se le represente gráficamente como una serpiente ataviada de plumas. Es el símbolo de las polaridades opuestas de la condición humana: la serpiente es el cuerpo natural al que hace referencia el apóstol San Pablo, la naturaleza inferior del hombre con sus limitaciones, y el plumaje es la representación de los principios superiores espirituales. Su connotación fue tan enorme que ha sido además, el título de los sacerdotes supremos entre los antiguos toltecas.

De acuerdo con la Cosmogonía Náhuatl, el dios Quetzalcóatl es uno de los cuatro hijos de los dioses primordiales, lo que recuerda a los nacidos de la mente de Brahman, a los Rishis divinos del Hinduismo, representando en la creación del universo la esencia masculina y femenina de la creación, por lo que simboliza la vida, la luz, la sabiduría, la fertilidad y el conocimiento, como otros tantos dioses de las diversas religiones del mundo. Se le ha identificado además con Ce Ácatl Topiltzin, rey de Tula, quien vivió entre los años895y947de la era cristiana, lo que sugiere su dualidad de condición, la divina y la humana, y lo asemeja al Cristo, al Buda y a Krishna, todos redentores de la humanidad y fundadores de grandes religiones.
 
La cultura tolteca tomó la figura del Dios de la tradición religiosa de Teotihuacán, sitio donde se encuentra una pirámide dedicada a la serpiente emplumada, obra del siglo II de nuestra era. No obstante, estudios recientes demuestran que el Dios, en su condición humana se relaciona con la mitología olmeca y con su visión de la serpiente emplumada. Las obras de arte y la iconografía de los legendarios olmecas demuestran la importancia del Dios de la Serpiente Emplumada en todo Mesoamérica, así como en el arte olmeca.


           


Las religiones de origen Neotolteca incluyen en sus tradiciones y leyendas el renacimiento de este personaje, lo que han reflejado en el Códice de Quetzalcóatl. José Martí en este mismo escrito compara los sacrificios de las culturas mesoamericanas con los referidos en las escrituras cristianas, además de describir el Templo de la Cruz en territorio mexicano, en el que se encuentran dos cruces, que compara con sacerdotes, y precisa que no se trata de la cruz cristiana, sino “como la de los que creen en la religión de Buda, que también tiene su cruz”, con lo que reafirma su tendencia a comparar y hacer corresponder ciertos aspectos y conceptos de las diversas religiones, intentando demostrar su idea del tronco común que las enlaza. Esta cruz es la llamada esvástica o gamada, cuyo origen se remonta al período védico de la antigua India. Se le ha asociado a Brahman y sus brazos representan al sol.

En muchos templos no solo de la India, sino de Nepal, Bután y Japón está presente; aunque con variaciones mínimas de su estructura y forma de giro. En las puertas de las casas y en la cabeza de los hindúes es común aun en nuestros días. Es un símbolo sagrado para el hinduismo, el budismo y el jainismo. Las esvásticas aparecen sobre el pecho de algunas estatuas de Buda, como símbolo de la iniciación. También tienen una historia antigua en Europa, ya que aparecen en artefactos de culturas muy anteriores al cristianismo.

En la cultura mochicao moche, que floreciera entre los siglos II y VII de nuestra era y se desarrolló en gran parte del norte de Perú, la cruz esvástica es conocida como vencedor del desierto. En el museo de sitio Huaca Rajada de Sipán, ubicado en el distrito de Zaña, en el departamento costero de Lambayeque, al norte de Lima, se exhiben una serie de cerámicas, entre los que destaca una vasija con la figura de una esvástica o cruz gamada, objeto que fue encontrada por los arqueólogos cerca de la base de la pirámide mayor. La esvástica está dibujada con pintura de carbón en la cerámica. Para la cultura andina tuvo un significado, desde el punto de vista esotérico, asociado siempre a un elemento geométrico, el movimiento permanente de los ciclos de la vida, el movimiento que jamás puede cesar, ni aun durante las eternidades de la aparente quietud en la disolución del universo.

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