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Febrero 23, 2015, 01:11:44 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas Martianos.

El  sacrificio  y el sentido del deber  como ley  en José Martí.
Quito. Ecuador. Por: MSc. Alberto Roteta Dorado.

Una nueva apreciación  martiana corre el riesgo de poder quedar en el olvido, de ser ignorada o subvalorada, y en última instancia de ser escuchada solo por una exigua minoría que con sistematicidad acude a los encuentros del centro martiano considerado  un oasis;   pero aún siendo consciente de esto,  mi pasión  por todo lo relacionado con el Apóstol de la independencia cubana me lleva, de inmediato, a escribir con  humildad, y al propio tiempo sinceridad posibles, algunas ideas sobre el sentido del sacrificio y el deber en el legendario héroe cubano. No creo que sea pesimismo o falsa humildad;  pero cualquier valoración por un hombre que ha sido identificado con la ciencia, con el arte de sanar y sobre todo con el magisterio, sin duda estará en desventaja respecto a las apreciaciones hechas por historiadores, ensayistas, críticos y aquellos considerados “expertos” en el estudio de la vida y obra del apóstol, no obstante, una nueva valoración es válida y siempre resultará diferente y renovada, como cada aniversario de su nacimiento y de su muerte, que nos traen, a modo de ofrenda, una oleada de sensaciones y pensamientos nuevos, cual cíclicos renacimientos en virtud de la ley.

La figura del más grande, universal y simbólico de los cubanos de todos los tiempos ha sido analizada y valorada con exactitud y profundidad por grandes pensadores de diversas ramas del saber durante todo un siglo. “Martí: el apóstol”, de Mañach; “Martí: estudio biográfico”, de Manuel Isidro Méndez; “Martí: estudio integral”, de Medardo Vitier – premio del centenario- en la primera mitad del siglo pasado y más recientemente: “Introducción a José Martí”, del ensayista notable y querido poeta Fernández Retamar, “Vida y obra del apóstol José Martí”, del martiano profundo Cintio Vitier y “Cesto de llamas: Biografía de José Martí”, del investigador Toledo Sande, constituyen verdaderos paradigmas de estudios biográficos y valoraciones críticas de múltiples aspectos de la obra del autor de los “Versos Libres”.

El “Maestro” para todos, el Apóstol, no solo de Cuba; sino de Nuestra América, el más Universal y trascendente de los pensadores y políticos cubanos de todos los tiempos, el Presidente y  el Mayor General para sus compañeros en la contienda, el hombre continental e intérprete de América, según lo definiera Carpentier, la  voz y el santo de América, según Rodríguez Embil, nuestro gran fiador intelectual ante el mundo, para Marinello, el hombre mas puro de la raza, y el Adán culto, para la poetisa chilena Gabriela Mistral, el Arcángel para los letrados y también para los rústicos, el mago contador de fábulas, para los niños, el príncipe del castellano, para los que rigen el idioma, el primer “creador” de prosa que ha tenido el mundo hispánico, según Díaz-Plaja, el sabio insondable, para Fernández Retamar, y es que el hombre iluminado ha sido, es todo esto y mucho más, y permanecerá eternamente envuelto en lo que Lezama llamó <<el misterio que nos acompaña>>, por eso, ha sido fuente de inspiración para los más disímiles investigadores e intelectuales de todas partes del mundo, a la vez que ídolo al que se le venera desde siempre y por la eternidad.

No pretendo hacer un resumen biográfico de nuestro héroe, consúltese cualquiera de los textos citados anteriormente y podrá encontrar los pormenores de su intensa y corta vida. Me limitaré a tratar dos aspectos que me han resultado siempre atrayentes en la vida del maestro: el  sacrificio  y el sentido del deber. En carta  dirigida a Manuel Mercado, fechada el 18 de Mayo de 1895, conocida como testamento político, Martí expresó: “ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida  por mi país, y por mi deber” (…) Esta idea resume de manera colosal ese sentido de sacrificio en pos del deber, que desde muy temprana edad Martí logró interiorizar  y  llevar a un nivel de ideal. Siendo casi niño ya experimentaba el sacrificio al sufrir prisión y ser maltratado física y emocionalmente, al ser separado de sus padres y más tarde siendo aún adolescente tener que abandonar a sus padres queridos y a su amada patria durante su primera deportación a España; pero el deber del hombre, cual ideal de perfección, jamás se separó del joven que se sacrifica y lo conduce a desplegar una notable labor intelectual en España, lo que le abriría el camino posteriormente para ejercer el magisterio, el periodismo, la política y las relaciones públicas, hasta ocupar responsabilidades consulares destacadas en varios países de América.

En una triste carta a su madre desde Montecristi el 25 de Marzo de 1895 expresó: “El deber de un hombre está allí donde es más útil”, por eso Martí,  con esta convicción del deber como ideal y como ley aparece en su corta vida allí <<donde es más útil>> asumiendo  su rol,  en lugares tan distintos y distantes de su amada patria como: España, México, Venezuela, Guatemala, Estados Unidos, Costa Rica y Santo Domingo.

Otros acontecimientos en la vida del apóstol que nos dan la medida de este sentido  del sacrificio podemos apreciarlos si analizamos la separación de su hijo y el fracaso de su matrimonio con Carmen Zayas Bazán. Alejarse  de su hijo lo marcó profundamente, deprimido brotaron de lo más recóndito de su alma  los hermosos y tiernos versos del “Ismaelillo”, que junto a sus “Versos Libres”, renovarían las letras hispanoamericanas en la poesía, sin que su autor se lo propusiera. Más tarde en una conmovedora nota, donde podemos apreciar la nostalgia del padre incomprendido superada  por el estricto sentido del deber patrio como ideal, Martí expresó: “Hijo: Esta noche salgo para Cuba: salgo sin ti, cuando debieras estar a mi lado: al salir pienso en ti” (…) ¿Acaso es el reclamo del padre incomprendido a un hijo que no se aproximó a la grandeza y genialidad  inherentes en él? Aún cuando es justamente un reclamo y una sentencia <debieras estar a mi lado>, va matizado de la ternura y del amor que el héroe siempre profesó por su hijo <al salir pienso en ti >. Su renuncia en 1891 a los consulados de Argentina, Uruguay y Paraguay, así como a la presidencia de la  Sociedad  Literaria Hispanoamericana, para dedicarse completamente a la labor patriótica son otros dos ejemplos de ese sentido del sacrificio en pos del deber al que hice  referencia. La entrega total a la gesta independentista del noventa y cinco y a su preparación necesaria dentro y fuera del país es asumida por Martí con verdadera pasión a partir de su visión sacra del sentido del deber.

Si analizamos su producción literaria, resumida en sus grandes poemarios: “Ismaelillo”, “Versos libres” y “Versos sencillos”, su única novela “Lucía Jerez” o “Amistad funesta”, sus obras para teatro: “Amor con amor se paga”, “Abdala” y el drama “Adúltera”, concluiremos que es, sin duda, escasa;  hubiera podido ser mucho más extensa y diversa,  sin embargo, se sacrifica el poeta de vanguardia, introductor junto al cubano Julián del Casal, el colombiano José Asunción Silva y el mexicano Gutiérrez Nájera del modernismo en las letras hispanoamericanas, se sacrifica el novelista, que no fue notable, pero si sincero y medido, se sacrifica el dramaturgo que vio representadas sus obras en importantes escenarios de América; y ese sacrificio – cual verdadera ley con sentido sacramental-, lo hace Martí por el deber patrio, y esto  lo hace mejor escritor, lo que advirtió sabiamente Henríquez Ureña al afirmar:

“Pero el escritor, que se encogía para ceder paso al hombre de amor y deber, reaparecía aumentado, transfigurado por el amor y por el deber: la vibración amorosa hace temblar cada línea suya, el calor del deber le da transparencia”.

Atrás quedarían sus ambiciones literarias, sus múltiples proyectos, sus posibles textos dedicados a “Rafael, Miguel Ángel, Voltaire, Rousseau”;  pero se alzaba triunfante el enérgico gestor de la emancipación cubana, aquel que supo vislumbrar que: “En la tierra, el único placer es el cumplimiento del deber: la única fuerza enérgica- el amor.- De aquel hasta las penas son placeres.-De éste hasta los dolores son impulsos: - en bien o en mal ciertamente: ¡dichoso el que ama a aquella de quien es amado! Porque ni el amor basta ni el cumplimiento del deber basta.”

El maestro que enseñaba las grandezas de Platón, la humildad y sinceridad de Sócrates, el misticismo de Balmes, o que percibiera que “hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí”,  aquel que ejerciera con dignidad en colegios de Venezuela y Guatemala, donde resultó admirado y querido como orador y como profesor de Historia de la Filosofía y de literatura  francesa, inglesa, italiana y alemana, el defensor de los maestros ambulantes, el que pretendió escribir un texto didáctico y ameno de Historia de la Filosofía para complacer a sus alumnos guatemaltecos, se sacrifica también por el deber, deber que ha de asumir en la contienda; y esto lo hace un verdadero maestro, lo que sintetizó magistralmente en su libro Guatemala:  “Sin perturbar mi decoro, sin doblegar mi fiereza, el pueblo aquel, sincero y generoso, ha dado abrigo al peregrino humilde. Lo hizo maestro, que es hacerlo creador”.

El traductor preciso y certero, que pretendió que el lector no percibiera que las obras fueron escritas en otro idioma; por cuanto, traducir era para el un acto más allá del cambio de palabras, era <<transpensar>>, “traducir es estudiar, analizar, ahondar”.  Por eso nos entregó verdaderas obras maestras. Del  francés Víctor Hugo “Mis Hijos”, obra de un especial significado para Martí, recordemos que lo admiró y estudió a fondo no solo su obra; sino los motivos contextuales desde el punto de vista histórico y social que las determinaron. Para el Apóstol traducirlo fue un verdadero deleite: “de él, traducir es pensar en la mayor cantidad de castellano posible lo que él pensó, de la manera y en la forma en que lo pensó él,  porque en Víctor Hugo la idea es una idea, y la forma otra. Su forma es una parte de su obra, y un verdadero pensamiento: puesto que el crea allí, o la traducción no sería una verdad, o en ella es preciso crear también.- Yo no lo he traducido,  lo he copiado”.   Tradujo además de Hugh Conway su novela “Misterio” y esa joya de la norteamericana Helen Hunt Jackson: “Ramona”, obra en la que depositó su atención y cuidado, considerada su mejor traducción, amén de las obras didácticas sobre lógica y antigüedades griegas y romanas; con las que ganaba para el sustento.  Hubiera podido dedicarse a la traducción de las obras más sobresalientes de su tiempo, pero solo nos dejó las citadas antes porque también se sacrifica el buen traductor por el deber patrio.

El filósofo que si mantuvo cátedra; aunque por breve tiempo, que no escribió textos sobre estas materias; pero pudiéramos conformar sendos tratados al unificar su enseñanza filosófica, inherente; aunque muy dispersa en toda su obra, aquel que definiera a la filosofía como  <<la ciencia de las causas>>, el que pretendía establecer la filosofía de las relaciones y se detuvo al descubrir que Krause se le había adelantado, el genial pensador que percibió que “todos los mundos van, en el universal sublime armónico sintético conjunto, a Dios”,  el que ejerció como profesor de historia de la filosofía, y que profundizó en las doctrinas de Hegel, Kant, Fishte, y sobre todo en Balmes y Krause, se sacrifica y solo deja anotaciones al respecto;  también por el ideal del deber.

El crítico de arte y literatura que se refirió acertadamente a la trascendencia de los pintores impresionistas de su tiempo, o a los novelistas y poetas que hoy día han perdurado,  que nos dejó páginas antológicas en este sentido, se sacrificó al asimilar el deber como ley.   El periodista y cronista eficaz que llegó a ser publicado en más de veinte diarios de América Latina y que mantuvo columnas y secciones en prestigiosas publicaciones como: El Partido Liberal  de México, La Opinión Nacional y la Revista Venezolana de Venezuela, La Ofrenda de Oro de New York, La Pluma de Colombia, La Nación de Argentina, La República, de Honduras y por supuesto la emblemática Edad de Oro,  que mantuvo al día en varios países de América los adelantos científicos de su tiempo, los sucesos históricos, sociales o políticos también hubiera sido mucho más prolífico en este sentido; pero el deber es un llamado, por cuanto, es ley, es Dharma. Así, ese hombre que hizo del periodismo un verdadero arte; por cuanto, según Henríquez Ureña, fue un <<periodismo elevado a un nivel artístico como jamás se ha visto en español, y probablemente en ningún otro idioma>> , se detuvo en su labor al interiorizar que su misión era otra.

El genial ensayista que nos dejó verdaderas joyas para las letras hispanoamericanas se aparta del camino para consagrarse por completo a ese noble ideal, en un acto de sacrificio. Recordemos sus enormes ensayos dedicados a figuras de la ciencia, de las letras o de la filosofía: Darwin, Whitman y especialmente Emerson, amén de los artículos: “Ruinas Indias”, “El Padre Las Casas”, “Tres héroes” y “Un paseo por la tierra de los anamitas”, pertenecientes a “La Edad de Oro”, y por supuesto, “Nuestra América”, y  “Lectura en Steck Hall”, considerados verdaderos paradigmas de este género.

El elocuente orador que estremecía a todos, que alentaba a los cubanos dispersos en pos de la emancipación cubana, aquel que conmovió a los humildes trabajadores de Tampa y Cayo Hueso con sus alocuciones ejemplares: “Con todos y para el bien de todos”, y “Los pinos nuevos”, o a los representantes de Hispanoamérica durante la Conferencia Internacional Americana, celebrada en Washington, en 1889-90, para los que pronunció su excepcional: “Madre América”, o para los emigrados cubanos en Steck Hall, Nueva York,  y los cubanos exiliados en los Estados Unidos de Norteamérica, a los que se dirigía frecuentemente desde el Masonic Temple o el Hardman Hall, de Nueva York, también hubiera sido más fecundo; aunque aquí, al igual que en el periodismo diverso, su obra es más extensa. El hijo noble, el buen esposo y el tierno padre también se sacrificó por su deber, deber enfrentado con deleite y pasión por la noble causa de la independencia cuba.

Estas nobles virtudes martianas – sacrificio y deber-, engrandecen la excelsitud del genial hombre de visión profética, del maestro entre los maestros, del  apóstol de la independencia de Cuba.  Hombre escogido entre tantos, para dar el mensaje de la asunción de una virtud, el deber,  expresado como ideal e interiorizado y asumido como ley, deber inseparable del sentido del sacrificio, sacrificio transmutado en bienaventuranza. Los cristianos recuerdan a su Jesús crucificado, que también se sacrificó por un ideal, durante la Pascua,  o los Budistas esperan el plenilunio de Mayo para recordar la muerte de su iluminado redentor y Bodhisattva, de igual forma, los martianos verdaderos, los que desde nuestros hogares en silencio lo amamos y lo recordamos siempre;  aunque de manera especial en su navidad y su muerte,  hemos de interiorizar estas nobles virtudes que realzan su universalidad y su carácter sacramental. Cada 19 de mayo o cada 28 de enero es una oportunidad especial; por cuanto, cíclicamente nos llega a lo más recóndito de nuestras vidas, no importa como llega, ni desde donde llega; su presencia es un hecho innegable, como lo es la sombra – el Chhaya- para los budistas o la presencia mística a través del sacramento para los cristianos.

                    MsC. Alberto Roteta Dorado. Cienfuegos, Cuba. 19-20 de Mayo 2010.

Se revisó e hicieron correcciones el 13 de diciembre de 2013.
En la primera versión puse: autor del “Ismaelillo”. Al realizar al relectura del trabajo decidí sustituirlo por: autor de los “Versos Libres”, considerando la importancia de estos versos desde el punto de vista literario, me refiero al aspecto puramente formal, o sea no necesariamente al “contenido”, lo que Martí llamaría esencia. Estudiando detenidamente en estos días algunos trabajos martianos recogidos en uno de sus tomos dedicados a Nuestra América, pude apreciar – en el “Prólogo a los Versos Sencillos”- lo importante que fueron para su autor los ”Versos Libres”, a los que llamó <<mis encrespados Versos Libres>>, mis endecasílabos hirsutos, nacidos de grandes miedos, o de grandes esperanzas, o de indómito amor de libertad, o de amor doloroso a la hermosura>>. 
Se agregaron los comentarios sobre la oratoria martiana; así como la cita de Pedro Henríquez Ureña.

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