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Julio 23, 2015, 12:46:43 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas Martianos.

                      JOSÉ MARTÍ. Algunas de sus reflexiones filosóficas en sus cuadernos de apuntes. Segunda parte.                                                             
                             Por: Dr. Alberto Roteta Dorado. El Puyo, capital de la provincia de Pastaza, Ecuador.


La filosofía llega en su especulación a los recónditos misterios de la evolución de la vida, en tanto que el espíritu; pero continuamente  vela un conocimiento que en mentes no versadas se puede malinterpretar, y ante esta limitación, es preferible reservar el misterio y guardar el silencio, como exigieron Pitágoras y Platón a sus discípulos, y un tanto después Ammonio Saccas y Plotino. Recordemos la enseñanza martiana  sobre la existencia de <hechos en el mundo del espíritu>,  y la imposibilidad de los objetos externos del mundo material para llevarnos a la <cognoscencia de una verdad creadora eminentemente subjetiva>,   y ante todo su genial sentencia respecto a la ciencia y el espíritu que nos entrega en su ensayo Emerson, de 1882:

“Las ciencias confirman lo que el espíritu posee: la analogía de todas las fuerzas de la naturaleza; la semejanza de todos los seres vivos; la igualdad de la composición de todos los elementos del Universo; la soberanía del hombre, de quien se conocen inferiores, mas a quien no se conocen superiores”.

¿Qué nos propone Martí para poder alcanzar el verdadero conocimiento y aproximarnos a la verdad, respecto al gran misterio de la vida humana?  En su noveno cuaderno, hace alusión al antiquísimo texto sagrado de la filosofía hindú conocido como Hammathana,  y elogia el método oriental de poder llegar al conocimiento de las cosas, a partir de un objeto determinado, tratando de desentrañar todas sus características, sus partes constituyentes, su textura, su dimensión, color, etc. hasta llegar a fundirse por completo en este objeto de meditación y poder llegar a sus cualidades, más allá de la apariencia - entonces el hombre queda establecido mediante el objeto, en su propia naturaleza esencial. Como podrá apreciarse, Martí destaca el sentido racional y preciso de esta modalidad tan conocida desde tiempos inmemoriales en los pueblos del lejano oriente, sobre todo de la India, país en el que se han desarrollado múltiples sistemas de filosofía, entre las cuales se destacan la Vedanta y la Yoga. Este método elogiado por el apóstol, pertenece a las enseñanzas de esta última escuela filosófica fundada por Patanjali unos seis siglos antes de Cristo. Las palabras del Apóstol son las siguientes: 

¡Qué método tan cierto, tan racional, de dar con la verdad! fijar la atención sobre un objeto, de modo de investigar plenamente las partes que lo constituyen, el principio y el origen, la existencia y la destrucción final; la naturaleza de las partes que lo componen; lo que hay en él de esencial y de accidental”. [/b]

Esta imposibilidad de llegar a la verdad, a la esencia de las cosas, había sido tratada por Blas Pascal (1623-1662) cuando pone límites a la razón humana, contrariando los conceptos de Descartes (1596-1650) que abrían todos los caminos al racionalismo.  Pascal determinó una dualidad de límites en la razón del hombre: el primer límite está en relación con la experiencia  y el segundo está determinado por la imposibilidad de deducir los primeros principios; los principios que son el fundamento del razonamiento y que según Pascal, están fuera del razonamiento, el cual no puede refutarlos; pero tampoco demostrarlos. Años más tarde el gran genio de la filosofía alemana de todos los tiempos: Enmanuel Kant (1724-1804) con su teoría de las cosas en sí y la imposibilidad de que el hombre llegara a las cosas en sí, también estableció pautas acerca de la limitación del total conocimiento de las cosas. En su <Crítica de la razón pura>, Kant defendió la idea de que el hombre tenía el conocimiento del fenómeno o del efecto de las cosas; pero no de las cosas en sí. Para llegar a entender la experiencia, -conocimiento posteriori-, es necesario tener conocimientos que no provengan de la experiencia, - juicios a priori-,  y señala : <aunque todo nuestro conocimiento empiece con la experiencia, no por eso procede todo él de la experiencia>.   

En sus intentos de encauzar la metafísica por caminos de las ciencias físico-matemáticas, y así hallar una certeza para la filosofía, se encontró con la interrogante respecto al aislamiento de la experiencia de los conceptos de la metafísica. Solo el conocimiento a través de la experiencia puede llegar a adquirir la dimensión del verdadero conocimiento con su Universalidad y su necesidad. En correspondencia con esta idea de la filosofía kantiana Martí sostiene: <No podemos conocer las causas de las cosas en sí mismas. Las causas no se revelan a nosotros directamente>,   y sin el conocimiento de la causa, de la esencia que determina un efecto, no se llegará al conocimiento real de las cosas, lo que el Apóstol asoció al hecho de que <la vida humana es una ciencia>, pero precisó con seguridad que <a cuyo conocimiento exacto no se llegará jamás>

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