Forofilo
Julio 11, 2015, 01:29:29 am por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas Martianos.


                              Del pensamiento del Apóstol.
                                  Religión y religiosidad.
           Selección y comentario. Dr. Alberto Roteta Dorado. Cotopaxi. Ecuador.


José Martí, el más colosal de los cubanos, el excelso ser mezcla de poesía y misticismo, de abstracción filosófica y sentido práctico de la vida, de romanticismo e ideas liberales, de aristocracia, por su estilo  y humildad, por su procedencia, de comprensión de la praxis latinoamericana y asunción del deber patrio, dejó sendas reflexiones sobre la religión y la religiosidad.

El tema de la religiosidad martiana, se convirtió en algo polémico a partir de la declaración del carácter socialista de la revolución cubana. Con la determinación absolutista del dictador Dr. F. Castro se implantaba un nuevo orden en el pensar y el actuar del pueblo cubano. Las tradiciones religiosas de todo un pueblo serían eclipsadas por la ideología marxista-leninista, asumida del fracasado socialismo de los soviets. Se rompieron las relaciones con el Vaticano, comenzó la persecución a los clérigos y laicos de la iglesia católica, no se construyeron nuevos templos, se apropiaron de numerosas propiedades de la iglesia - incluidos templos-, se prohibió la enseñanza religiosa y se limitó la entrada de religiosos a centros de enseñanza superior.

¿Qué hacer pues con las ideas de José Martí sobre la religión y el sentido de la religiosidad? Era muy contradictorio que el símbolo de la nación cubana fuera profundamente religioso en un país declarado ateo, marxista y leninista. La solución fue no difundir jamás su pensamiento filosófico y religioso. De esta forma, se sustituyó la idea del <Santo de América> propuesta por Luis Rodríguez-Embil, en su estudio crítico-biográfico, o la sentencia del <hombre más puro de la raza>, de la Nobel de literatura Gabriela Mistral, por la idea del enérgico hombre antimperialista que conoció las entrañas del monstruo y que el propio Dr. F. Castro asoció con su fracasado asalto al Moncada.

Se suprimía así de la enseñanza una parte del héroe de <Dos Ríos> que no era conveniente mostrar a las <nuevas generaciones>, al <hombre nuevo> que se pretendía edificar desde un brutal materialismo desprovisto de los códigos éticos y morales que proclaman las religiones.

Las citas que a continuación os presento están seleccionadas de sus obras completas. Muestran esa parte del Martí desconocido por muchos y tienen como finalidad que comprendáis íntegramente  a la figura cimera de nuestra nación y a uno de los grandes del Continente Americano.

Todo pueblo necesita ser religioso.  No solo lo es  esencialmente, sino que por su propia utilidad debe serlo. Es innata  la reflexión del espíritu en un ser superior, aunque no hubiera ninguna religión todo hombre sería capaz de inventar una, porque todo hombre la siente. Es útil concebir un gran ser alto; porque así procuramos llegar, por natural ambición, a su perfección, y para los pueblos es imprescindible afirmar la creencia natural en los premios y los castigos y en la existencia de otra vida, porque esto sirve de estímulo a nuestras buenas obras, y de freno a las malas. La moral es la base de una buena religión. La religión es la forma de la creencia natural en Dios y la tendencia natural a investigarlo y reverenciarlo. El ser religioso está entrañado en el ser humano. Un pueblo irreligioso morirá, porque nada en el alimenta la virtud. Las injusticias humanas disgustan en ella; es necesario que la justicia celeste la garantice”.

“¡Ah¡ La religión, falsa siempre como dogma a la luz de un alto juicio, es eternamente verdadera como poesía: ¿Qué son en suma los dogmas religiosos, sino la infancia de las verdades naturales?  Su rudeza y candor mismos enamoran, como en los poemas. Por eso, porque son gérmenes inefables de certidumbre, cautivan tan dulcemente a las almas poéticas, que no se bajan de buen grado al estudio concreto de lo cierto”. 

Hay en el hombre un conocimiento íntimo, vago, pero constante e imponente, de un gran ser creador: este conocimiento es el sentimiento religioso, y su forma, su expresión, la manera con que cada agrupación de hombres concibe este Dios y  lo adora, es lo que se llama religión. Por eso en lo antiguo, hubo tantas religiones como pueblos originales hubo; pero ni un solo pueblo dejó de sentir a Dios y tributarle culto, la religión está pues en la esencia de nuestra naturaleza. Aunque las formas varíen, el gran sentimiento de amor, de firme creencia y de respeto, es siempre el mismo. Dios existe y se le adora”. 

“Las religiones se funden en la religión, surge la apoteosis tranquila y radiante del polvo de las iglesias, ya no cabe en los templos, ni en éstos ni en aquellos, el hombre crecido; la salud de la libertad prepara la dicha de la muerte. Cuando se ha vivido para el hombre, ¿quién nos podrá hacer mal, ni querer mal?. La vida se ha de llevar con bravura y a la muerte se la ha de esperar con un beso”.
 
 “Catedrales debieran hacerse, porque los edificios grandiosos entusiasman, conservan y educan, pero no catedrales de ritos, a que los hombres solo se apegan para salvar su hacienda y privilegios en esta hora obscura, y son, más que catedrales murallas, y más que altares, parapetos; sino una arquitectura nunca vista, donde se consagrara la redención del pensamiento humano y fuese al entrar en ella como  en la majestad, y sublimarse en la compañía de los héroes, vaciados en bronce; ¡y las puertas siempre abiertas¡” .

"Dios existe, sin embargo, en la idea del  bien, que vela el nacimiento de cada ser y deja en el alma que se encarna en el una lágrima pura. El bien es Dios. La lágrima  es la fuente del sentimiento eterno".

“Se necesita ser un ignorante cabal, como salen tantos de universidades y academias, para no reconocer la identidad del mundo. Las religiones todas han nacido de las mismas raíces, han adorado las mismas imágenes, han prosperado por las mismas virtudes y se han corrompido por los mismos vicios. Las religiones, que en su primer estado son una necesidad de los pueblos débiles, perduran luego como anticipo, en que el hombre se goza, del bienestar final poético que confusa y tenazmente desea. Las religiones, en lo que tienen de durable y puro, son formas de la poesía que el hombre presiente; fuera de la vida, son la poesía del mundo venidero: ¡por sueños y por alas los mundos se enlazan!: giran los  mundos en el espacio unidos, como un coro de doncellas, por estos lazos de alas. Por eso  la religión no muere, sino se ensancha y acrisola, se engrandece y explica con la verdad de la naturaleza y tiende a su estado definitivo de colosal poesía.”

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