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Mayo 08, 2022, 02:08:44 pm por Dr. Alberto Roteta Dorado en Temas sociales y políticos.


                                       MOLDAVIA SE PREPARA PARA LO PEOR
                                                  Por: Jordi Joan Baños


El país está atrapado en una encrucijada que hace que muchos piensen que lo mejor sería unificarse con Rumanía



En Moldavia, los nervios están a flor de piel por el temor a verse arrastrados por la guerra en la vecina Ucrania. La pregunta más inocente –¿de dónde eres?– desata un llanto incontenible en la librería Cartego, en el centro de la capital, con música clásica de fondo. “Lo siento. No sabemos qué nos traerá la semana que viene”, se disculpa Rodica, la dependienta. “Aunque no tengo recuerdos de la guerra de 1992, porque tenía cinco años, mi pueblo está junto a Transnistria y murieron varios vecinos a los que mandaron a combatir”.

Hoy, la prácticamente independiente Transnistria* vuelve a ser un polvorín. Literalmente, pues alberga el mayor depósito de armas de Europa Oriental, a doscientos metros de Ucrania. Bajo custodia de mil quinientos soldados del lugar, con pasaporte ruso y de un estado inexistente.

El país se ha convertido en territorio puente para la entrega de material bélico a Ucrania

La tensión se palpa también en el Centro de Ciencia y Cultura Rusas, donde un apparatchik rechaza de plano las preguntas sobre el bilingüismo en Moldavia o, de hecho, sobre cualquier tema. “Tenemos mucho trabajo, preparando el Día de la Victoria (contra el nazismo), que es este lunes. Consulte usted las estadísticas oficiales”. Más amable, Evgeni, un administrativo del centro, accede a explicar su caso. "Yo soy de Murmansk (en el Ártico) y entre el 80% y el 90% de la gente de Chisinau habla ruso fluidamente. Así que llevo aquí veinte años sin aprender rumano.

La fotógrafa Victoria Viprada –que expone actualmente en el Museo de Arte– irrumpe hablando en ruso en Cartego para preparar una muestra en el sótano. Reconoce que el clima actual “hace muy difícil concentrarse”. Algunas embajadas, recuerda, “acaban de recomendar que se eviten las concentraciones”. Es palpable el temor a una provocación que acelere el deslizamiento hacia el desastre.

El gobierno moldavo, que ya no celebra el Día de la Victoria contra el nazismo, ha prohibido llevar la cinta naranja y negra de San Jorge este lunes. “Se la ha apropiado el nacionalismo ruso”, justifica Viprada. La propia presidenta moldava, Maia Sandu, ha defendido que ha pasado a ser “símbolo de una guerra inhumana, en lugar de recordar a los caídos por la paz”. Pero el líder de la oposición dice que la lucirá en la marcha al monumento al soldado desconocido. Mientras que el gobierno autónomo de Gagauzia ha autorizado explícitamente dicho símbolo. Los gagauzos, cuatro por ciento de los moldavos, son turcófonos rusificados –y a la postre, cristianos– que se han negado a derribar sus estatuas de Lenin.

Chisinau podría ser una fotogénica capital de provincias de arquitectura rusa, de una o dos plantas. En el periodo de entreguerras, la historia devolvió brevemente esta mitad de Moldavia a Rumanía (que mantiene una provincia con el mismo nombre). Luego la Unión Soviética convirtió su botín en Besarabia en la más pequeña de sus repúblicas, trufándola de grandes edificios de empaque socialista. Hoy el centro de Chisinau es una agradable colección de teatros, librerías, parques frondosos, cafés y locales de degustación de los reputados vinos moldavos. En todos los edificios oficiales ondea, como pura declaración de intenciones, la bandera de la Unión Europea, que acaba de admitir a trámite la solicitud de adhesión, lanzada casi como un SOS.

Pero no todo el mundo ve la bandera de la UE como una bandera blanca. A diferencia de la constitución de Ucrania, la de Moldova lleva inscrita la neutralidad del país. Sin embargo, la dirección que ha tomado el país es evidente desde que hace un año y medio la exprimera ministra liberal y prooccidental, Maia Sandu, derrotó a Igoro Dodon, socialista prorruso (él rechaza la etiqueta).

No todo el mundo aprueba el golpe de timón de Sandu, que fue asesora del Banco Mundial en Washington. El miércoles recibió al presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, que prometió más apoyo militar a Moldavia, un país con apenas 6.000 soldados y escasamente armado, lo que acaso haya sido su mejor defensa.

Rodica, la librera del principio, opina que “lo mejor sería volver a formar parte de Rumanía”. Ni siquiera haría falta cambiar de bandera, bastaría con renunciar al escudo. Además de a Transnistria y quizás a Gagauzia, ambas en el mapa del imperialismo ruso irredentista. Pero es una jugada arriesgada por la pertenencia de Rumanía a la OTAN.

“Ya no se piensa en términos políticos, sino en lo que pueda ocurrirle a tu familia. Al final, el peligro de Rusia es mayor que la amistad de Rumanía”, concluye Rodica. A ello se une un cierto complejo de inferioridad cultural de los moldavos de lengua materna rumana, que son la inmensa mayoría, frente a sus conciudadanos de lengua materna rusa.

La comidilla en los fastuosos parques de Chisinau es la controvertida venta a Estados Unidos del céntrico terreno de más de cinco hectáreas del antiguo estadio monumental, para que levante su nueva embajada. Acaba de ser ratificado con escasa información pública.

Algo que no gusta a Anya, una transnistria con pasaporte moldavo que se acerca a un miniconcierto al aire libre frente al Teatro Chéjov. A pesar de su pasaporte, a Anya debería contársela entre el medio millón de refugiados ucranianos que han cruzado el país, cien mil de los cuales siguen aquí. “Llevaba trece años viviendo en Odesa, donde todo el mundo habla ruso, pero me marché porque el control se ha vuelto insoportable. Me tuvieron en comisaría una hora y revisaron mis redes sociales solo porque había telefoneado a mi hermana en Moldavia. ¡Decían que era una espía!”

En un parque cercano a la catedral, mientras alguien interpreta el Bella Ciao, estira las piernas Marco. Un italiano casado con una moldava y con seis años de residencia en el país, ahora inquieto. “La actual presidenta ganó las elecciones gracias a los emigrantes en Italia, España y otros países occidentales, que no son conscientes de la situación sobre el terreno”, opina.

Efectivamente, Sandu habría obtenido más del 90% de las papeletas del voto exterior. “Pero este país no puede convertirse en un puente para las armas que mandan a Ucrania porque esto es una guerra y, en la guerra, a los puentes los vuelan. Creo que no son del todo conscientes de lo que les puede venir encima”.

Que Moldavia está en el ojo del huracán lo confirma la visita de mañana de António Guterres, la primera de un Secretario General de la ONU. Y los moldavos cruzan los dedos a la espera de bomberos de los que apagan incendios.

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* Tras la disolución de la Unión Soviética, las tensiones entre el gobierno moldavo y las autoridades del Estado separatista de Transnistria culminaron en la guerra de Transnistria, que concluyó en un alto el fuego en julio de 1992. Como parte de ese acuerdo, una comisión de control conjunta tripartita (Rusia, Moldavia y Transnistria) supervisó las medidas de seguridad en la zona desmilitarizada, comprendiendo 20 localidades a ambos lados del río. Pero, aunque se haya mantenido el alto el fuego, el Estatus político de Transnistria continúa sin resolverse, ya que aunque Transnistria no es reconocida internacionalmente, es de facto un Estado independiente, organizado en régimen de república presidencialista, con su propio gobierno, Parlamento, ejército, policía, sistema postal y moneda (el rublo transnistrio). Sus autoridades también adoptaron una Constitución, bandera, himno nacional y un escudo. La mayoría de los transnistrios son ciudadanos de nacionalidad moldava, pero también hay muchos con ciudadanías rusa y ucraniana.

Tomado de:
https://www.lavanguardia.com/rsc/images/lv-logo.svg

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