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Mensajes - Dr. Alberto Roteta Dorado

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Noticias / José Martí y la filosofía clásica alemana.
« en: Julio 06, 2015, 12:40:11 am »
                                      José Martí y la filosofía clásica alemana.
                            Por: Dr. Alberto Roteta Dorado. Guayas. Ecuador.


José  Martí  sintetizó la esencia del pensamiento  de algunos de los representantes fundamentales de la filosofía clásica alemana. Se refirió a Fichte y nos dejó ciertos apuntes, en los que valoró la filosofía del legendario post-kantiano al afirmar: <acude a la lógica general para explicarse el misterioso desarrollo y aplicación de la facultad de adquirir  la certeza>.  Lo critica al afirmar que al estudiar al hombre en sí como sujeto de cuanto piensa,  se queda limitado al sujeto, dejando olvidado al objeto en sí y por tanto a la relación, no obstante, supo valorar la supremacía que dio este filósofo al lugar del hombre – <yo humano>-, por punto de partida de las ciencias, <examina el sujeto y se detiene en él>.  Negó  la existencia absoluta del principio de los conocimientos humanos que sostenía este filósofo,  y que Martí afirmó, que lo buscaba incesantemente en su <Doctrina de la Ciencia>.

Luego al  valorar a Schelling se percató que  veía al hombre análogo a lo que le rodeaba y <confunde el sujeto y el objeto>. Estudió detenidamente a este filósofo, y anotó en su segundo cuaderno que algunos filósofos buscan la verdad fundamental a través de la explicación por la identidad universal, y afirma que Schelling resume el sistema, y agrega:

Hay un  todo de ser que se desenvuelve y se precipita en seres, de los que cada uno es el todo de que nace. De lo uno se deriva lo múltiple, que en cada una de sus manifestaciones representa en sí todo lo uno. El yo es el universo mismo, y el universo mismo no es más que el yo (…)” Así el sistema. Relación absoluta entre un ser y otro ser, de tal manera que todos son idénticos y todos hacen la gran identidad”.

Resaltó la grandeza de Hegel, al comprender que éste ponía al sujeto y el objeto en relación; pero sobrevaloró a Krause cuando afirmó: <Krause, y esto es más grande y completo, estudia al sujeto, al objeto y a la manera con que se unen: relación>.  No obstante, antes había dicho que Krause no era todo verdad y calificó su lenguaje de simplificador y divisor.  De manera similar; pero más completa, en el mismo escrito sostiene que Krause estudia el fenómeno en el sujeto, en el objeto y <en la manera subjetiva individual a que la relación lleva el sujeto que examina al objeto examinado>

Donde podemos encontrar una verdadera similitud de pensamiento - que pudiéramos ver como una posible influencia -   es en la filosofía de Kant. En el período  crítico de Kant se destaca su concepción de los fenómenos y de las cosas en sí. Para Kant las cosas no podían llegar a ser conocidas en toda su magnitud, o sea en su esencia, solo el hombre conoce el efecto de las cosas, el modo como <las cosas en sí>  ejercen su acción sobre nosotros  - teoría del agnosticismo- . En correspondencia con esta idea kantiana el apóstol sostenía:

"No podemos conocer las causas de las cosas en sí mismas. Las causas no se revelan a nosotros directamente. Tenemos siempre delante la obra de la creación, y siempre el deseo de saber como obró".

Esta idea  de la obra de la creación que aparece  en Martí, también podemos encontrarla en Kant; pero en  su período pre-crítico. Admite que el desarrollo del mundo tuvo un comienzo creacional divino y posteriormente las leyes mecánicas naturales -no divinas-  se revelan en la materia, pero no derivan de ella y <la causa del mundo no es la  materia, sino Dios>. Pero el concepto de Dios en la filosofía de Kant no es antropomórfico, su dimensión es creacional, no interviene en los caprichos y juegos de los hombres, la Deidad es ley.  Martí considera esa misión creadora de Dios despojada de su antropomorfismo judío y cristiano: <Algo hace lo que existe, pero ¿podemos personificar este algo?>

Un comentario final sobre esta etapa merece hacerse en relación con el pensamiento del alemán Karl Christian Friedrich Krause, de quien Martí recibió una gran influencia durante su etapa en España. Recordemos que  las enseñanzas de Krause ejercieron mayor influencia en España y en los países bajos, que en su propia patria. Discípulo de los grandes de la filosofía alemana, quiso penetrar en lo profundo de la obra de su ídolo, Kant,  sin asumir la interpretación de sus maestros, lo que dio como resultado una visión auténtica de la filosofía kantiana y la formulación de un nuevo y complicado sistema de pensamiento: el racionalismo armónico. Fue el jurista y filósofo español Julián Sanz del Río (1814-1869) quien había estudiado en París y Alemania, en este último país llegó a ser discípulo del propio Krause, y desarrolló las  enseñanzas de su maestro desde la universidad madrileña,  surgiendo así, el llamado Krausismo español, como movimiento intelectual y filosófico limitado a España, el cual, más que importancia filosófica, ejerció su influencia en la renovación de la enseñanza y las teorías pedagógicas. El Krausismo se basaba en la interpretación de las obras de Krause, que defendía el panteísmo inspirado en el idealismo alemán y en Spinoza. Krause logró sintetizar desde el punto de vista metafísico la moral de los ideales humanitarios y las matizó del misticismo.

Es esencialmente la enseñanza de este sistema de Krause  la que ejerció notable influencia en el pensamiento filosófico martiano. El apóstol se refiere al filósofo alemán en sus “Juicios” sobre filosofía al hacer un análisis profundo de algunas de sus ideas: “Yo tuve gran placer cuando hallé en Krause esa filosofía intermedia, secreto de los dos extremos, que yo había pensado en llamar Filosofía de la relación.”  Luego considera que es más grande y completo lo que sostiene Krause acerca del sujeto y el objeto, por cuanto, los pone en relación a partir de la manera con que se unen, más allá de Hegel que los relaciona y más allá de Schelling que identifica al sujeto con el objeto y que Fichte que se detiene en el sujeto para examinarlo.

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Noticias / Martí: el hombre idealizado desde <La Mitad del Mundo>.
« en: Junio 30, 2015, 10:35:29 am »
                                  Martí: el hombre idealizado desde <La Mitad del Mundo>.
                                Por: Dr. Alberto Roteta Dorado. Quito, Ecuador. 30/6/2015.


La Ciudad Mitad del Mundo, amplio terreno propiedad de la prefectura de la provincia de Pichincha, Ecuador,  situada en la parroquia de San Antonio del Distrito Metropolitano de Quito, constituye un verdadero símbolo, no solo para Quito, sino para todo el Ecuador. La franja equinoccial que divide a los hemisferios norte y sur de nuestra Tierra es el móvil para la existencia de dicho centro.

Justo en esta ciudadela, envuelta en la curiosidad y el misterio, visitada por cientos de turistas cada día, se alza un monumento a José Martí,  el más grande entre los grandes, el Apóstol de América, el que mejor pudo y supo vislumbrar el sentido continental de los pueblos de esta <Nuestra América>. Haber estado en la latitud cero, pisar la simbólica línea divisoria, saber que estás a 2483 metros sobre el mar, es indudablemente interesante,   pero  estar junto al Bendito, <al mejor hombre de la raza>, al <Santo de América>, resulta algo más allá de lo descriptible, se experimenta esa sensación de recogimiento que solo se percibe cuando sientes la presencia de la Realidad Una desde lo más recóndito de tu alma.
 
La universalidad del mayor de los cubanos no admite discusión. A algunos líderes se les admira, a otros se les respeta, pero a Martí se le venera. Estemos o no de acuerdo con la idea de la veneración, es una realidad. Esto lo saca un tanto de su condición humana para convertirlo en divino. Se mistifica y mitifica así al gran hombre de Dos Ríos, que muchos quisieran solo ver en su condición de hombre continental, de héroe, de padre, de líder, de escritor y maestro, despojado de su aureola de santidad, de su estilo barroco y aristocrático en la escritura, de su enigmática espiritualidad y de sus visiones proféticas, pero resulta imposible asumirle como líder y hombre práctico, y dejar atrás al ser de prodigiosa mente especulativa que analizó postulados filosóficos establecidos, y cuestionó con acertado juicio crítico  aspectos del pensamiento de Descartes, Balmes y Pitágoras, o por el contrario, admirarle solo en su condición espiritual, de ejemplar ensayista, elocuente orador, traductor impecable, aislado de su contexto histórico, en el cual asumió su deber con un sentido sacramental.   

Algunos escritores, investigadores y admiradores lo asumieron como su referente, su patrón a seguir y solo lo idealizaron, al hacerlo sembraron inconscientemente, el germen que luego fructificó, y trajo consigo la idea de la separación del Martí idealizado del Martí hombre. Por eso al conocer de los amores del Martí-hombre, se le rechaza y critica, pues bajo la óptica de su aparente santidad no se admite la sensualidad humana. El desconocimiento de su vida ejemplar y de la grandeza de su obra por parte de algunos, ha dado lugar a que se ataque a la figura más representativa de la historia de Cuba y uno de los más importantes hombres del continente Americano.

La hipermodernidad de estos tiempos, tiempos de redes sociales, de excesiva comunicación, de posibilidades de colocar lo que pensamos y decimos en cualquier sitio, permite que todos, o la mayoría, podamos acceder a estos medios. Lo mismo encontramos grandes cosas que edifican y fortalecen nuestro espíritu, que aquellas trivialidades que embrutecen al hombre. Desde aquí también se elogia a algunos, pero se ataca a otros, y ver en días pasados ciertos comentarios contra el símbolo de una nación y de un continente, provoca en aquellos que le amamos una lógica reacción de rechazo hacia aquellos que despectivamente lo hicieron.   

En su extensa obra hay valoraciones y juicios que se extienden desde personajes célebres como Darwin, Emerson, Marx, Whitman, Mc Glynn,  hasta aspectos comunes del diario vivir como: el café, el tabaco y el licor, y no por esto se le debe relacionar con la idea un hombre consumidor de alcohol o tabacos. En sus versos encontramos referencias a la joven que <dicen que murió de frío, yo sé que murió de amor>, lo que no prueba en modo alguno, otro vínculo que no sea el del maestro admirado por la alumna adolescente,  la que sin duda,  que se sintió atraída por su maestro, al que idealizó, como muchos lo hicieron a través de los años.

Cuando se le ataca, estamos haciendo también una agresión a la nación cubana, por cuanto, José Martí es el símbolo de la identidad cubana y continental,  y de nuestra verdadera nacionalidad. El no conocerle, comprenderle o admirarle, no justifica que nos pronunciemos en su contra con frases absurdas, vulgaridades y ofensas. Si no compartimos sus ideas es preferible guardar silencio, como muchas veces hizo el propio maestro, que lanzar una carga de frases ofensivas e hirientes en su contra.

Aunque algunos solo quisieran ver al Martí hombre, al que lamentablemente, a veces humanizan demasiado, el Martí idealizado y venerado surge y se alza por doquier. Aquí en el norte de Quito, cerca de San Antonio se mantiene triunfante en la franja equinoccial, símbolo de la mitad del mundo, el cubano más querido y admirado de todos los tiempos, el <intérprete de América>, el <Santo> del continente americano, que es al propio tiempo el presidente, líder y guía, y hombre apasionado y enamorado.

El rayo de sol que lo irradia y le beatifica, cual símbolo de reafirmación del Ser Iluminado en cuya dimensión: <Tomará nueva carne cuando llegue el día de la desesperación y de la justa pobreza>, es uno de los  símbolos naturales que resaltan en su contexto. Su visión quasi profética y su excelsitud espiritual lo convierten en el verdadero paradigma, no solo de la nación cubana, sino de América. Solo en su Ser fue una realidad el Alibi, el misterioso rayo de Vida Una que emana del "Aquello". Es justo que sea venerado en el centro de la Tierra y se resalte una de sus tantas frases célebres, que demuestran su asimilación del rol de Latinoamérica ante el mundo: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo: pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”.

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Noticias / Del esoterismo a la vulgarización de la religión.
« en: Junio 27, 2015, 12:59:55 am »
                                   Del esoterismo a la vulgarización de la religión.
                                       Por: Dr. Alberto Roteta Dorado. Quito. Ecuador.


Hacia el año 530 antes de Cristo, el filósofo Pitágoras de Samos fundó una escuela de filosofía en Crotona, en la Magna Grecia, al sur de Italia, que fue más religiosa y mística que la escuela jónica. Pretendía conciliar la antigua visión mítica del mundo con el creciente interés por la explicación científica. El sistema de filosofía resultante,  conocido como pitagorismo, fue capaz de aunar las creencias éticas, sobrenaturales y matemáticas en una visión espiritual de la vida. Los pitagóricos enseñaron y practicaron un sistema de vida basado en la creencia de que el alma es prisionera del cuerpo, del cual se libera al morir y se reencarna en una forma de existencia, más elevada o no, en relación con el grado de virtud alcanzado. Se ha afirmado la idea de una influencia de las filosofías orientales respecto a esta posición reencarnacionista de su fundador, se ha especulado acerca del maestro Jonio que predicó en la India y que no era otro que Pitágoras. La mística rusa Blavatsky lo considera <el más célebre de los filósofos místicos y el sabio más versado en geometría de su tiempo>.

La doctrina de esta escuela es básicamente religiosa y está relacionada con la idea de su fundador acerca del carácter divino, transmitido por Dios, de su sabiduría y enseñanzas. Sus discípulos debían permanecer fieles  a las palabras de su maestro y guardar silencio de las enseñanzas de la escuela, de aquí su carácter secreto y su sentido esotérico. Los alumnos estaban sometidos a una rigurosa disciplina, a practicar el celibato, abstenerse de comer carnes y mantener secretas las enseñanzas. La práctica del silencio los distinguió también, no permitiéndose que se hablara durante las etapas iniciales de sus estudios. Esta es, tal vez, la primera referencia, al menos para el mundo occidental, de la existencia de una escuela de carácter esotérico, en la cual, las enseñanzas no solo debían guardarse bajo obligado secreto, sino que estas eran predicadas bajo claves y códigos que solo los más versados podían descifrar. 

Años más tarde, en el 387 antes de Cristo, Platón fundó en Atenas la Academia, institución a menudo considerada como la primera universidad europea, con un amplio plan de estudios, que incluía materias como Astronomía, Biología, Matemáticas, Teoría Política y Filosofía. Considerada por el propio Platón como una <comunidad de libre educación>. Adquirió forma jurídica, y se basaba en el modelo pitagórico de comunidad religiosa, estando influenciada por la enseñanza filosófico-religiosa de dicha escuela, lo que debe hacernos pensar en la continuidad de un esoterismo.

Platón era un verdadero iniciado en los misterios,  vinculó en su enseñanza los cálculos matemáticos, la geometría y las bellas artes. Considera a Dios como causa y como substancia, como Logos o el Verbo, que contiene las ideas eternas, prototipos de todas las cosas. Al igual que Pitágoras sostenía que el alma sale repetidas veces de esta vida, para volver a ella otras tantas.

Jesús, como iniciado y verdadero místico, también predicó a aquellos que le siguieron en parábolas, símbolos y símiles. Reservó las grandes abstracciones de los misterios del origen divino del Universo para unos pocos, pero el redentor que sanó a los enfermos e hizo milagros – recordemos las bodas de Caná y la multiplicación de los panes y peces, entre otros-  para demostrar su condición de Hijo de Dios a las multitudes, reservó para sus elegidos la esencia del misterio de su  Divinidad. <Nadie viene al Padre sino por mí>, por cuanto, es el propio Padre, la proyección o su emanación, su hipóstasis, el Logos, lo que el místico Juan llamó Verbo, y que magistralmente intentó enseñarnos en el prólogo de su Evangelio al expresar que  <en el principio era  el Verbo y el Verbo estaba con Dios, y la Verbo era Dios>, sintetizando así la esencia de la naturaleza Divina del Cristo, el Logos que los antiguos griegos interpretaron desde los tiempos de Heráclito, el Hijo Divino, la propia Vida Inmanente del Universo. Pero el misterio del Logos se mitificó a través de la figura de Jesús, el ser excepcional que <cargó con los pecados del mundo>, y que habitó entre los hombres de la antigua Palestina.

Las multitudes no están preparadas para comprender la doble naturaleza del Verbo, su condición Divina, el Logos que estaba y era en el principio, como Deidad Manifestada y emanada desde la Realidad Una, el Hijo unigénito del Padre, increado, emanado de su Ser,  y su condición humana a través de la figura de Jesús, el hombre histórico que negaron los Gnósticos y que no trataron los Neoplatónicos, pero si los Cristianos primitivos, para los que el Logos se humaniza bajo la óptica mística y mítica a través de la figura del redentor del mundo. Presentar a un hombre hijo de Dios, ha sido una de las más extraordinarias ideas filosóficas de todos los tiempos. Por un lado se nos enseña a un hombre hecho carne y habitando entre nosotros para ofrecernos su mensaje de amor, paz, reconciliación y perdón entre los hombres y por otro aparece como el verbo que ya estaba en los inicios de la creación y es dador de la vida – por su sentido inmanente – a todo el Universo, de ahí la idea que expresó San Juan en su Prólogo respecto a la Vida como <la luz de los hombres>.

Lamentablemente, el Cristianismo actual se desprende cada vez más de su sentido místico y de su trasfondo filosófico. Sus seguidores desconocen la existencia de una filosofía cristiana, que es continuadora y heredera de lo mejor del pensamiento griego desde Platón y Aristóteles, hasta la grandeza de la enseñanza de Filón, Orígenes, Amonio y Plotino, los que se destacaron en los primeros dos siglos de la era cristiana, enriquecida más tarde por las apologías de los padres y pensadores de la escuela patrística y luego de la escolástica, pasando por los iluminados ascetas de la edad media, y aún durante los siglos  dieciocho y diecinueve se desarrollaba la gnosis cristiana que consolidaba su filosofía.

En nuestros días se ha tratado con mayor fervor al hombre histórico, con sus enseñanzas éticas y morales transmitidas a sus discípulos y a las multitudes, con sus hazañas y milagros, dejando prácticamente olvidado al misterio de misterios acerca del Hijo de los Padre-Madre coeternos. Las religiones que solo proclaman su parte exotérica tienden a desaparecer. La vulgarización de sus doctrinas las va alejando de su esencia interna, y las deja vacías al solo  poder mostrar su aspecto exterior.

El Cristianismo en nuestros días va quedando limitado al fanatismo extremo de las sectas protestantes, autoproclamados “cristianos”, con sus increíbles testimonios, sus repeticiones de versículos bíblicos y su marcado desprecio hacia sus hermanos de la iglesia católica y a los de otras religiones, y a la superficialidad de los católicos, que han convertido su solemne eucaristía en una celebración ordinaria y han sustituido el aprendizaje de la enseñanza de San Agustín y Santo Tomás por tareas medioambientalistas, cursos de matrimonios y catequesis superfluas.

En nuestros tiempos el hombre ha dejado de pensar y reflexionar acerca de los grandes misterios en torno a su origen, a la idea de una Divinidad como trasfondo de su creación, y de un Universo o varios Universos que expresan su propia Eternidad. Las religiones al ser cada vez más populares perdieron su esencia y su carácter místico, la vulgarización de la enseñanza y del misterio ha sido el peor de los males para la filosofía y la religión de estos tiempos.


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                            GNOSTICISMO. ¿FILOSOFÍA, RELIGIÓN O HEREJÍA?
                                                       (Segunda parte)
                                 Por: Dr. Alberto Roteta Dorado. Quito, Ecuador.

 
                La Doctrina.

El Gnosticismo pretendía basarse en el conocimiento, - gnosis- pero no en el sentido usual del término. El conocimiento para los gnósticos era en sí una sabiduría de carácter místico, con un fuerte elemento sobrenatural por la que los iniciados en esta corriente alcanzaban el verdadero conocimiento del Universo y sus misterios y lograban la salvación del mundo malo de la materia,  a la que veían como una degeneración del espíritu y por tanto, a todo el universo una depravación de la Deidad.

Desde el punto de vista doctrinal, el Gnosticismo parte del problema del mal, que intenta solucionar mediante la aceptación de un dualismo radical entre Dios y la materia. Filosóficamente esta dualidad va más allá, se trata de un Dios Trascendente que está más allá de todo conocimiento. Al principio estaba lo Profundo; la plenitud del ser; el Dios no-ser; el primer Padre, la Monada, el hombre; la primera fuente, el dios desconocido, Bythos pleroma, ouk on theos, propator, monas, anthropos, proarche, hagnostos theos, u otros tantos nombres. Este Infinito,  Dios Bueno, no era un dios personal, sino una Deidad dadora de todo, pero sin contacto directo con las cosas del mundo sensible, equivalente al  Brahma de los hindúes, “El Gran desconocido” del pensamiento moderno. El Dios Desconocido, sin embargo, eral al principio pura espiritualidad; aun no existía la materia.

En contraposición a este Dios, un ser pérfido, el Demiurgo, lo que contradice las concepciones platónicas acerca del Demiurgo creador del Universo, el equivalente al Logos de Heráclito y de los filósofos cristianos. Dios, que es un ser esencialmente espiritual, capaz de desenvolverse y desarrollarse, engendró los seres espirituales y eternos como él, los eones. Este origen de todos los seres causa emanaciones (proballei) de sí mismo, un cierto número de fuerzas- espíritus puros. En los diferentes sistemas, estas emanaciones llevan distintos nombres, clasificaciones y descripciones pero la teoría de la emanación en sí  es común a todas las formas de Gnosticismo.

La primera pareja de eones (sicigia), macho y hembra, procedieron directamente de Dios; las demás proceden la una de la otra por sucesiva evolución. Estos Eones pertenecen al mundo puramente ideal, noumenal, inteligible o suprasensible; son inmateriales, son ideas hipostáticas. Junto con la fuente de la que emanan, forman el pleroma. La transición de lo inmaterial a lo material, de lo noumenal a lo sensible, sucede por una falta o una pasión o un pecado, en uno de los Eones.
 
Durante el proceso evolutivo, los eones que conforme se iban alejando de Dios se hacían cada vez más imperfectos, un eón degeneró y fue excluido del pléroma, o sea, de la sociedad de todos los eones. Este, a su vez, prolificó dando origen a otros eones malvados como él, y creó el mundo y al hombre; fue adorado como Dios por los hebreos, los cuales le dieron el nombre de Jahvé, el Demiurgo. Pero un eón superior puso en el hombre, a escondidas, un germen divino, el cual se vio, de este modo, prisionero en la materia y comenzó a sufrir persecución por parte del Demiurgo.

Para el Gnosticismo Dios no es ni creador del mundo material ni tiene relación con él, puesto que dicha relación se efectúa mediante la emanación de una serie de seres intermedios, los eones, jerarquizados en órdenes descendientes hasta llegar al demiurgo, que representa el polo opuesto a la divinidad. Esto no contradice, excepto en la idea del Demiurgo pérfido, a las concepciones platónicas y neoplatónicas, ni a las filosofías orientales. El concepto de una Deidad Omnipotente, que todo lo idea, pero que no crea en sí, más allá de cualquier concepto o calificativo, incomprensible para el hombre promedio, distante y sin relación directa con lo expresado materialmente, y al propio tiempo, dadora de todo lo que está en su Universo, está presente en la enseñanza de Platón, quien predicó la idea de que solo lo universal es lo verdadero, lo inmutable, lo eterno, lo espiritual, lo real, y el objeto de la ciencia. Pero en el mundo sensible todos los objetos  son particularmente mudables, materiales y temporales. Para Platón las cosas sensibles no son la verdadera realidad, al verlas  nos parece que vemos a los verdaderos seres reales; pero es porque nunca hemos visto la verdadera realidad, según Platón, la de las formas ideales. Recordemos que en su Timeo expuso:

Es necesario que todo lo que ha nacido haya nacido por la acción de una causa determinada. Sin embargo, descubrir al autor y al padre de este Cosmos es una gran hazaña y, una vez se lo ha descubierto, es imposible divulgarlo de modo que llegue a todo el mundo”.

En la enseñanza de Plotino encontraremos que acentúa hasta el extremo la idea de la trascendencia de Dios, sobre la cual había ya insistido Plutarco, los neopitagóricos y Filón. Dios es la unidad absoluta que trasciende a toda cosa; es el ser, pero el ser que en su unidad es superior a toda forma o modo particular, y por eso no puede ser designado mediante ninguno de ellos. El trasciende el ser y la esencia de todo.

“Dios no tiene forma, ni aún inteligible, puesto que la naturaleza  del uno en cuanto engendra todas las cosas, no es ninguna de ellas. Él no es ninguna cosa determinada: no cualidad, ni cantidad, ni entendimiento, ni alma, ni móvil, ni inmóvil, ni en un lugar, ni en el tiempo, sino que existe en sí mismo uniforme, más aún informe, anterior a toda forma, movimiento o reposo”.

Para los gnósticos el Demiurgo es el Eón más imperfecto, que a pesar de su imperfección es el creador de la materia, razón por la cual algunos autores lo identificaron con el Yahvé bíblico. Dicho Eón inferior e imperfecto, incluso maligno, se presenta al mundo sensible como Dios único, pero es imperfecto y engañador y, por eso, la materia  como mundo de apariencias también es mala y principio del mal. En este sentido es donde pudiera percibirse, hasta cierto punto, la influencia de corrientes de pensamiento oriental, sobre todo de la filosofía de la escuela Vedanta – el principal sistema filosófico de la India- que propone que existe una Realidad y que todo el Universo es pura ilusión, o sea tiene un carácter transitorio, efímero. Solo es real lo que se esconde detrás de lo expresado, pero en su parte espiritual, lo que no quiere decir que se trate de una materialidad maligna, como al parecer, sostuvieron los gnósticos, sino de un estado aparente, temporal y hasta ilusorio, según la Vedanta-Advaita, pero no maligno.

El cosmos aparece así para los gnósticos como este espacio dual a medio camino entre el bien y el mal, aunque con predominio de este último. El conjunto de los eones forma el Pleroma. Pero Cristo, que es verdaderamente un Eón divino, - aunque tome la apariencia humana, cuya encarnación debe entenderse de manera meramente simbólica, pues los gnósticos negaron la verdadera humanidad de Cristo, considerando irreal su vida terrenal, y de manera especial su sufrimiento en la cruz, como ya comenté en el artículo anterior,  está contrapuesto a aquél ser malvado y habría comunicado a sus discípulos directos la posibilidad de acceder a la gnosis y de obtener la salvación. Los hombres, también de naturaleza dual, tienen espíritu (pneuma), pero están presos en la materia de la que pueden ser salvados por este Eón intermedio, que es Cristo, a través de la redención, a la que entienden como una lucha trágica entre los principios del bien y del mal en la que vence el primero.

Las opiniones negativas que sobre el Gnosticismo se hacen, son el resultado de los juicios realizados a través de los años por la Iglesia Católica, la que se vio fuertemente amenazada por al auge del Gnosticismo, y en una posición difícil en sus inicios, ante las contrariedades en el orden doctrinal respecto a los gnósticos. Independientemente de que estemos o no de acuerdo con las principales enseñanzas de este movimiento filosófico-religioso, en primer lugar, con la idea del Demiurgo pérfido, no podemos ocultar el hecho de que ejerciera una extraordinaria influencia durante el siglo segundo de la era cristiana, y aún en etapa posterior. Sus doctrinas, lejos de tener un carácter sincrético, son el resultado de la asimilación de aspectos esenciales de varias filosofías y religiones tanto del oriente como del occidente. Una relectura y reinterpretación de la filosofía gnóstica resultan necesarias en nuestros días. El nacimiento, esplendor y decadencia del Gnosticismo, es el resultado de las circunstancias históricas en el contexto de los primeros siglos de nuestra era.   

 

1055
 GNOSTICISMO. ¿FILOSOFÍA, RELIGIÓN O HEREJÍA?
                                                     Primera parte.                   
                            Por: Dr. Alberto Roteta Dorado. Quito, Ecuador.


La definición conceptual y caracterización.

El Gnosticismo, es la doctrina filosófico-religiosa de los gnósticos, es la enseñanza basada en la gnosis, término griego que significa literalmente conocimiento, aunque realmente es el conocimiento sagrado o Sophia. Considerando la propia diversidad de lo que se ha llamado Gnosticismo, es lógico que las referencias y estudios sobre dicho movimiento, sean igualmente diversas y hasta imprecisas. Si se consultan fuentes católicas oficiales  pudiéramos tener la  idea de una doctrina, o conjunto de ellas, de fuerte sentido herético.  De esta forma, aparece esta definición conceptual, en la que se destaca el carácter de herejía que ha envuelto al gnosticismo a través del tiempo:

Bajo este nombre se comprende todo un complejo de sistemas heréticos que tomaron este nombre en el siglo II y III (continuando bajo formas veladas pero con los mismos principios aún hasta nuestros días), los cuales, mediante un sincretismo filosófico-religioso, intentaron dar una explicación racional a los misterios del cristianismo”

Definición con varios errores conceptuales, pero demuestra la idea de la consideración herética a dicho movimiento. Gnosticismo es un término relativamente  moderno que aparece en el vocabulario religioso europeo en el siglo XVII, por lo tanto el término no se utilizó en los tiempos de florecimiento del Gnosticismo, sino muy posterior. Por otra parte, no es correcto hablar de un sincretismo religioso-filosófico, sino de una asimilación de enseñanzas de diversas tendencias y corrientes, no solo de los primeros siglos de la era cristiana, sino desde mucho antes.

En un pequeño artículo informativo que recuerda una lección de catequesis, encontré  al menos, una frase digna de ser considerada para este análisis. Aquí se nos muestra una definición sin que se ataque al gnosticismo, aunque resulta vaga e imprecisa:

“El gnosticismo fue una de las lecturas que de la doctrina cristiana hizo cierto grupo de creyentes, discrepante con la que acabaría imponiéndose como canónica”. 

La idea de ser una de las lecturas resulta correcta en cierto sentido. Los gnósticos asumieron enseñanzas del cristianismo primitivo, utilizaron la terminología cristiana, proclamaron la idea del salvador-redentor, aunque no visto desde su ropaje terrenal y habitando entre los hombres, pero no podemos limitar al gnosticismo a la idea de una lectura de la enseñanza cristiana, pues  <cuanto más se estudian sus orígenes tanto más parece retrocederse en el pasado>. Investigaciones actuales sugieren que los cimientes de los sistemas gnósticos se remontan a varios siglos antes de la era cristiana. La tendencia de los investigadores del final del siglo XIX y principios del XX, ha estado orientada hacia la búsqueda de pruebas del origen pre-cristiano del Gnosticismo. Hoy se afirma, sin duda,  la existencia del Gnosticismo pre-cristiano, mucho antes de que el cristianismo viniera al mundo, por  lo tanto, afirmar que es una de las lecturas que de la fe cristiana hizo determinado grupo es limitarle a los inicios del cristianismo.

Lo que se ha intentado mostrar como una secta herética derivada del Cristianismo, ha sido modificado a la luz de las investigaciones históricas más recientes. Con el desarrollo de la Historia de las Religiones, se ha precisado que el Gnosticismo es un fenómeno precristiano y un movimiento religioso independiente al Cristianismo. La idea de Wilhelm Bousset acerca del origen precristiano y de las raíces propias y particulares del Gnosticismo, cambió las concepciones en torno al origen de dicho movimiento.

Una definición que expresa con mayor precisión, - y ante todo,  despojada de la calificación de herejía-  lo que es el Gnosticismo, es la siguiente:

“Más particularmente, el término se aplica a la corriente de pensamiento teológico-filosófico que, a partir de elementos procedentes de diversas religiones mistéricas orientales, del hermetismo, y de las filosofías helenísticas, entre otras, alcanza gran difusión en el siglo II, a menudo en relación con el desarrollo del cristianismo, del que tomará igualmente algunos   elementos”.

Ahora aparece como corriente filosófico-religiosa y no como complejo de sistemas heréticos.  No se le puede considerar una filosofía en sí, pues posee un fuerte componente religioso que le envuelve en el misterio, aunque para los gnósticos, la razón se superpone a la fe, esa razón va más allá de las concepciones de la filosofía, por cuanto, el conocimiento se vincula al encantamiento, a fórmulas mágicas y a un fuerte ascetismo. Se hace referencia a una asunción de elementos diversos de varias tendencias y religiones, pero no se le acusa de forma despectiva  de sincretismo. Se destaca con sumo cuidado la idea de su esplendor en el segundo siglo de la era cristiana, pero no se limita su existencia a dicho siglo, recordemos que el Gnosticismo alcanzó la cúspide de su influencia entre los años 135 y 160, aunque su influencia prevaleció mucho después y sus orígenes se dispersan hasta tiempos muy remotos, como dije antes, en etapa anterior a la era de Cristo.

Otros conceptos siguen la línea de atacarle como herejía y de presentarle como algo sincrético. Esta definición tomada del servicio evangélico de documentación e información -de la que solo cito lo esencial para evitar la reiteración-  es precisa, y le ha llamado complejo movimiento religioso-filosófico, lo que resulta más generalizador que la antes analizada, que lo define como corriente de pensamiento:

“Mezcla de conceptos zoroastras, platónicos, y judeo-cristianos, constituyó una fuerte amenaza para el cristianismo. Sus primeras manifestaciones fueron ya tratadas y combatidas por los apóstoles Pablo y Juan en varias de sus epístolas y en el Evangelio de Juan”. 

El gnosticismo colocó a la iglesia cristiana frente a la crisis más grave desde la batalla paulina por la libertad de la ley. Dicha amenaza no solo estuvo determinada por el sinnúmero de seguidores de este movimiento, sino por lo contradictorio que resultaban ciertos aspectos de sus doctrinas, en primer lugar hemos de considerar que  la figura de Cristo, era para los gnósticos un mito más en su visión del mundo. Cristo, que es verdaderamente un Eón divino, según los gnósticos,  aunque tome la apariencia humana, cuya encarnación debe entenderse de manera meramente simbólica, por cuanto, negaron la verdadera humanidad de Cristo, considerando irreal su vida terrenal, y de manera especial su sufrimiento en la cruz. Cristo no pudo haber tenido una encarnación real, los gnósticos explicaban su aparición bien como docética y fantasmal, bien como habitación temporal en el cuerpo de Jesús, bien como un aparente nacimiento de una madre-virgen sin que participara de la naturaleza material.

Finalmente Williston Walker en su Historia de la Iglesia Cristiana, afirma que el Gnosticismo “no era sino el cumplimiento más cabal de esa amalgama de especulaciones filosóficas helénicas y orientales con las primitivas creencias cristianas, que estaba efectuándose, en mayor o menor grado, en todo el pensamiento cristiano.”

Todas las fuentes consultadas coinciden en un aspecto: la inmensa variedad de sectas y movimientos, los que a pesar de tener ciertos elementos en comunión presentan otros que se contraponen. No obstante, podemos distinguir como características comunes al Gnosticismo, la pretensión de la posesión de un conocimiento particular de la Verdad, lo que se superpone a la fe y que solo está reservado a los iniciados. Esto, sin duda, le asemeja a las tendencias místico-mistéricas procedentes de la antigua Grecia y de las llamadas corrientes orientalistas, que insisten en los conceptos de la iniciación, y del alcance de la verdad suprema a partir del cultivo del intelecto. 

Otro rasgo esencial definitorio de los gnósticos, fue el hecho de que proclamaran una combinación de dualismo a través de la doctrina de una esfera espiritual perfecta y pura en contraposición a un universo material malo del cual surge toda la maldad, lo que se ha confundido por los desconocedores de las escuelas de filosofía del oriente, especialmente de la India, por el hecho de sostener la idea de un universo manifestado de carácter ilusorio -  maya-. Para la Vedanta-Advaita, una de las grandes escuelas filosóficas de la India, solo la única realidad es el Aquello Absoluto y todo lo que dicha Realidad ha expresado materialmente es de carácter ilusorio o mayábico, que en realidad significa que es transitorio, efímero y temporal, y no precisamente maligno como al parecer sostuvieron los gnósticos.

La Escuela de Filosofía Vedanta niega la existencia real de cualquier cosa diferente del Ser Absoluto e Inefable, lo sin-atributos, la esencia del hombre y del universo no es otra que el Ser. Todo el contenido del mundo fenoménico no es más que un espejismo ontológico. Al no ser permanentes, tuvieron un comienzo y por tanto tendrán un final, por lo que no se le puede atribuir la cualidad de ''ser'' y por tanto, su existencia es solo aparente.

Otros filósofos de los primeros siglos de la era cristiana fueron defensores de esta idea acerca de la realidad del mundo manifestado solo cuando se le ve desde su contrapartida, es decir, desde su lado espiritual, tal es el caso de Orígenes, que influenciado por la enseñanza de Platón, sostuvo que el Universo real es solo la realidad espiritual que subyace recóndita detrás del mundo material, lo que le aproxima al pensamiento de la Vedanta, y si se llegara a comprender y a analizar desde otra perspectiva, a las concepciones gnósticas, excepto en el tratamiento tan radical que asumieron respecto a la maldad y corrupción de todo lo material.

Para los gnósticos, Dios no puede actuar directamente sobre el mundo material, sino por medio de un Demiurgo o Creador Artífice de inferior rango, diferente a la Suprema Deidad. Además se relacionaría a través de sus emanaciones o eones mediadores, los que se extienden de manera gradual entre Dios y el universo material. Los eones, fruto de las emanaciones de Dios, van desde los más cercanos a la Divinidad, con una naturaleza espiritual hasta los de naturaleza más cercana a lo material. Este emanatismo resulta inferior, si se le compara con la enseñanza de Platón y el sistema emanatista de Plotino, en sí parece ser una justificación para destacar la grandeza de la Suprema Deidad y la malignidad de los eones inferiores por el emanados, y no un intento de explicar el caos de la diversidad desde el Aquello Absoluto a través de sus emanaciones, única posibilidad de expresar lo variado desde sí, sin perder su sentido de Absolutidad en sí. Luego al tratar la doctrina dentro del Gnosticismo precisaré que el Demiurgo para los gnósticos tenía una connotación muy diferente a la idea de Platón. El Demiurgo, verdadero creador del Universo o Artífice de todo lo expresado en él, es el propio Logos referido por Heráclito, es el Hijo eternamente generado  por el Espíritu Increado y mediador entre Dios y sus criaturas al que se refirió Orígenes, equivalente al Nous del emanatismo neoplatonista, que difiere grandemente del pérfido Demiurgo de los Gnósticos.

Otro de sus rasgos es la negación de la humanidad de Cristo y de manera especial el sufrimiento en la cruz, lo que contradecía la enseñanza cristiana del Cristo redentor que carga con los pecados del mundo y que sufrió su martirio en la cruz, idea bien arraigada desde los inicios del Cristianismo. Para el Cristianismo este aspecto no es necesariamente un símbolo, sino algo histórico, devenido en simbólico, pero a partir de un hecho real. Ya lo había expresado Justino en su monumental Apología: “nuestro Maestro, quien es a la vez Hijo y Apóstol del Dios Padre”. Justino defendió enérgicamente en los tiempos iniciales del Cristianismo el concepto del Logos Divino – el Cristo-  subordinado al Dios Padre, pero al propio tiempo Hijo suyo, su Agente, y uno con él, aunque en algún aspecto real pero no bien definido. Este énfasis es a expensas del Jesús histórico, no obstante la naturaleza humana de Jesús, no era sobredimensionada por Justino, excepto en el aspecto ejemplar de la encarnación del  Logos y la revelación de la Sabiduría Divina en Cristo-Jesús. Entre todas las contradicciones de los gnósticos con los cristianos primitivos, esta es una de las principales, lo que determinó, tal vez, más que otras, que se le considerara una herejía y se le condenara. Esto demuestra el grado de conocimiento y de desarrollo intelectual y espiritual de los gnósticos. Recordemos que la agonía de la cruz no es un hecho aislado y distintivo del Cristianismo. Krishna, muy anterior a la era cristiana padeció crucificado, lo que sugiere un mismo origen que mitifica a los avatares de la Divinidad.

La fusión de las enseñanzas cristianas con ciertas doctrinas de contenidos filosóficos, místicos y hasta mágicos atribuidos al oriente, es otro de los rasgos del Gnosticismo. Esto fue decisivo para que le atribuyeran un carácter sincrético, al igual que a los neoplatónicos. Pero esta variedad de tendencias e influencias fue algo propio de los primeros siglos de nuestra era.

Así se extendió el Gnosticismo, que como conjunto de corrientes ejercieron su impronta  a lo largo del siglo II. Puede considerarse como uno de los primeros intentos de crear una filosofía cristiana; aunque solo fue un intento sin éxito en este sentido, pues su carácter tan abarcador los condujo a lo que se ha llamado un sincretismo, que ganó el rechazo de los autores defensores del naciente cristianismo.

                             (Continuará)

Sobre el autor:
Dr. Alberto Roteta Dorado. Cienfuegos, Cuba. Nace en la sexta década del siglo pasado. Graduado de doctor en medicina, especialista en medicina general integral y pediatría por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara y de Máster en Ciencias y especialista de segundo grado en endocrinología y M.G.I. por la Universidad Médica de Cienfuegos. Licenciado en Medicina por Universidad Médica de Madrid. Ejerció su profesión de médico por más de veinticinco años en Cuba. Profesor auxiliar de pediatría y endocrinología, se dedicó al magisterio por más de veinte años. Actualmente radicado en Quito, Ecuador, continúa ejerciendo su profesión. Ha realizado estudios de filosofía, antropología y teosofía. Presidió en su ciudad natal la Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano”, desde 1993 hasta su salida de Cuba en 2014. Presidente de honor de dicha institución. Dictó conferencias sobre temas martianos y filosóficos en diferentes instituciones cubanas como: Fundación Cultural “Oasis Martiano”, de Cienfuegos, “Memorial Presidente Salvador Allende”, de La Habana, entre otras. Tiene inéditos dos libros de ensayos sobre el sentido de la religiosidad y el pensamiento filosófico de José Martí. Actualmente colabora con temas de corte social en varias publicaciones, de manera especial Cubanet, así como, para el Foro Noticias de Filosofía del sitio Forofilo.net, con artículos de temática filosófica y martiana. Su blog personal aparece en el sitio Forofilo.net.

Fuente:
Del autor.

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Noticias / Introducción a: “Emanación, Creación, Criación".
« en: Junio 22, 2015, 01:00:49 am »
 Introducción a: “Emanación, Creación, Criación: Cual es el sentido último de estas palabras”.
                                              Por: Dr. Alberto Roteta Dorado. Quito, Ecuador.


En el tomo XV de las obras de Manuel Martínez Méndez, aparece precediendo a este ensayo un pequeño artículo de solo dos cuartillas titulado: “Emanación, Creación, Criación: Cual es el sentido último de estas palabras”, dicho artículo debe ser consultado antes de estudiar el presente trabajo. Martínez comienza diciendo que “La Seidad Absoluta es la única que puede emanar o sacar de sí misma, o de la Nada, los eternos arquetipos o mónadas”. Esta idea inicial nos podrá situar en el eje del presente ensayo, es decir, el intentar llevarnos a la comprensión del proceso de la creación en su verdadero sentido. Toda creación, necesita de una ideación previa. Recordemos los conceptos de algunas filosofías orientales acerca de la Ideación Cósmica y de la Ideación Divina. Pero según la enseñanza de Manuel Martínez, la idea ha de ser emanada, es decir, sacada o proyectada de la aparente Nada, que en realidad lo es Todo, y la única que puede hacer esto es la Ultérrima Realidad de lo Absoluto, que Martínez llama siempre en este ensayo, la Seidad Absoluta, de ahí la constante reiteración en este artículo, así como, en el ensayo que analizamos de la idea de la función emanadora de la Seidad Absoluta. Así, nos afirma en este trabajo que la  Seidad Absoluta es “la única que emana las unidades de vida-conciencia que son las mónadas”. Al distinguir entre Emanación y Creación Martínez precisa que el que emana extrae de sí mismo lo que ha de emanar, esta es la idea determinante para toda la ulterior comprensión conceptual de estos abstractos procesos, es decir, la posibilidad de sacar de sí.

Esta concepción de Martínez respecto a la idea de la emanación desde la Realidad Una, recuerda en gran medida las enseñanzas de Plotino en relación con su Cosmogénesis. Plotino y más tarde sus seguidores establecieron tres hipóstasis, de la primera de estas surgía como Emanación Divina el Nous o Intelecto, es decir,  la segunda de las hipóstasis que adquiere la dimensión de Logos Creador. Para Manuel Martínez el Logos y todo cuanto existe en la manifestación de nuestro Universo, ha sido emanado también desde el seno de la Ultérrima Realidad de lo Absoluto. Esta expansión o emanación – planteada en los primeros siglos de la era Cristiana por Plotino y los Neoplatónicos, no es pues, en nada, semejante a la noción judeo-cristiana de creación, sino que la concibe como irradiación o proyección – Emanación - necesaria del Uno, entendido como único principio de realidad. De este Uno emanan varios planos de la realidad, siendo el nous o la inteligencia más pura – el Logos Creador - el más elevado de dichos planos, lo que Martínez interpreta como la máxima conciencia que rige los designios de nuestro sistema solar.

Otro aspecto que debo  aclarar antes de la lectura del trabajo de Martínez,  es el referente al concepto del lugar en el cual se hallan depositados los elementos ideales antes de ser emanados por la Seidad Absoluta. En este sentido nos expresa que los arquetipos tienen su existencia dentro de la sustancia primordial o madre cósmica, o sea, en el aspecto No-Ser en sí del Absoluto, que representa el lado o aspecto femenino de la Realidad, en cuyo regazo son depositados los gérmenes por la acción desde el aspecto Ser o lado Positivo o Masculino de la Realidad. Es este aspecto Ser, el que tiene la función Ideadora dentro de la Realidad Ultérrima; pero para que la idea pueda ser proyectada necesita ser cobijada en el seno del aspecto No-Ser de dicha Realidad, y desde aquí ser proyectada o emanada; no obstante en última instancia debe quedar bien claro que el poder emanador es inherente a la Ultérrima Realidad de lo Absoluto o Seidad Cósmica y no a ninguna otra entidad.

Manuel Martínez establece muy bien la distinción entre Emanación y Creación al precisar que la actividad emanadora corresponde a la Seidad Cósmica y la creadora a la Deidad Solar o Logos. El Logos no emana, esta función es solo de la Seidad, el Logos utiliza lo emanado por la Seidad – las unidades de vida-conciencia o mónadas-  para su creación, es decir, las reviste de materia atómica en su devenir a través de los diversos planos y mundos del existir en el nivel de la manifestación. Se refiere además en este ensayo a la construcción de los diversos planos de materia atómica que son el campo de evolución de las diversas clases de mónadas en su diferente desenvolvimiento evolutivo o desarrollo espiritual. Esta idea de la adquisición de lo emanado desde la Realidad por el Logos está presente en el pensamiento de Platón, de hecho Martínez lo ha citado en este trabajo.

Para Platón existe un creador, que lo ha llamado el Demiurgo, pero el Demiurgo no ha creado las cosas, sino las ha tomado, hay un fenómeno de adopción de cosas ya existentes por necesidad para la producción ulterior de las cosas en el mundo manifestado y no en el mundo arquetípico; por cuanto las del mundo arquetípico pertenecen al mundo o nivel de la Ideación y no de la creación. Para Platón estas cosas ideales pertenecen a la esfera del Bien Ideal. Platón al  referirse a la formación y ordenación del  mundo sensible parte del mundo de las ideas, de formas, de las que también surge el Demiurgo, entidad intermedia entre la idea del bien y el mundo, que es quien ordena la materia en función de las ideas y de complejas relaciones matemáticas- de acuerdo a los cinco poliedros regulares conocidos, y en base a una concepción místico-pitagórica, como un gran arquitecto, que a partir de las ideas, que son como los planos del mundo sensible , ordena la materia a imagen y semejanza del mundo de las ideas. El Demiurgo  tomando como modelo las ideas pone orden en el substrato material que da lugar al mundo sensible, lo que hoy llamamos el mundo manifestado. Este mundo sensible, así ordenado tomando como modelo las ideas, se convierte propiamente en un cosmos u orden universal – idea del orden desde el caos, de lo manifestado desde lo inmanifestado-, y por ello encontramos en dicho cosmos una inteligibilidad o racionalidad, inherentes en la bondad de la entidad creadora, en este caso, el Demiurgo Creador. Esta inteligencia y poder racional del Demiurgo expresada por Platón la encontramos claramente en el pensamiento de Martínez cuando se refiere al grado de evolución espiritual y al poder de la Deidad Solar o Logos como la más genuina representación de la evolución de nuestro sistema solar.

El hecho de que en el sistema de Platón se aprecie una aparente negación del proceso creacional por parte del Demiurgo, no distancia en modo alguno la enseñanza de Martínez en este sentido. Se trata tan solo de términos e interpretación de términos. Al interpretarse que este Demiurgo, es un Dios ordenador del mundo, que propiamente no crea, sino que, como hacían los dioses de las cosmogonías, impone el orden a partir del caos, se pudiera caer en el error conceptual de la negación de la creación por el Logos o Demiurgo. Se ha querido decir que esta máxima conciencia o Demiurgo no crea de sí mismo, es decir, no emana – término no empleado en este aspecto en la enseñanza de Platón - , sino que toma o asume, de lo que ya preexistía – al menos como idea en la gran idea del bien-, es decir,  lo que está como idea emanada. El demiurgo platónico no crea de la nada, sino que dispone de un material preexistente, - tomado de las ideas - la materia y el receptáculo, y con ellos él, «la más perfecta y mejor de las causas», construye el universo a semejanza de las ideas;  por esto el universo ha de ser forzosamente bello y bueno, según expresa en su obra Timeo. Martínez ha resumido esta enseñanza en la siguiente frase tomada de su ensayo: “Pero este Logos Solar no emana, solo crea valiéndose de lo que emanó la Seidad Absoluta". Deja bien definido el papel emanador de la Seidad y el papel creador del Logos, cuya creación es a expensas de lo que ha tomado desde la emanación de la Seidad.

Cuando nos referimos a la Deidad Solar o al Logos Solar hemos de precisar además, su función creadora. Recordemos que la Seidad Absoluta idea y emana. En este nivel hablamos de un proceso de Ideación Cósmica con su consiguiente Emanación de todo lo ideado de manera arquetípica. Pero en la Deidad Solar tiene lugar un proceso de Ideación Divina, que constituye la creación en el sentido que nosotros más o menos comprendemos. Las ideaciones que previamente han tenido lugar en el seno de la Realidad Absoluta a través de su poder Ideador, son asumidas por la Máxima Consciencia que llamamos Logos, desde su nivel y su condición manifestada, es por esto que no podemos hablar de una creación en el sentido ideal cuando nos referimos a la creación del Logos Solar; pero sí cuando lo hacemos desde la perspectiva del Absoluto en Sí.

Se sabe que el Logos Solar o la Deidad Solar es una conciencia condicionada; pero la de mayor desarrollo evolutivo desde el punto de vista espiritual de nuestro sistema solar, por cuanto, se ha desenvuelto en su evolución monádica a través de los diversos planos y mundos del existir y ha ido capaz de desarrollar su autoconciencia hasta niveles incomprensibles para nosotros. Este desenvolvimiento espiritual le ha permitido situarse en la cima de nuestra actual evolución y desde su nivel de conciencia regir toda la actividad de nuestro sistema solar, no por gusto se le ha llamado por algunos filósofos la gran mónada de las mónadas y por los líderes y redentores espirituales nuestro Padre Celestial. Manuel Martínez en su ensayo “Una exploración del Universo desde el punto de vista de sus arquetipo y atributos” nos expresa que “La Deidad o Logos Solar es un arquetipo en el cual se realizó plenamente los designios de la Seidad Absoluta”, lo que no deja duda alguna respecto a la grandeza espiritual y al nivel de desenvolvimiento de dicha Deidad. En dicho ensayo resume la definición conceptual de la Deidad Solar como la gran mónada universal o “la máxima conciencia de nuestro sistema solar”.

Ante ustedes un ensayo metafísico del señor Manuel Martínez Méndez que merece ser estudiado detenidamente, meditado con profundidad y podrá facilitarnos la comprensión de numerosas interrogantes que van surgiendo en el camino del estudio de la Filosofía en general y particularmente de la Metafísica.

                 Cienfuegos, Cuba. 28-29  de Octubre de 2011.

1057
                                               LA ULTÉRRIMA REALIDAD DE LO ABSOLUTO
                                         SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE MANUEL MARTÍNEZ MÉNDEZ:
                                                       Primera Conferencia. (Segunda Parte)


             Por: Dr. Alberto Roteta Dorado. Quito, Ecuador.

“Tengo la completa seguridad de que lo que dejo expuesto es hijo de mi propia experiencia y de mis mismo, pues el concepto de cómo surge la vida en tanto que la revelación del Ser, es una visión y una experiencia, vivida y experimentada por mí mismo. Ha sido una dádiva de lo Divino a lo humano, del cielo a la tierra.”

Manuel Martínez Méndez.
26 de Junio de 1966.
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La siguiente enseñanza nos introduce en el tema desarrollado por Martínez sobre la ley de Analogía y Correspondencia, de la que  asume su esencia y la explica como Teoría de Reflejos de Reflejos:

“La Seidad Absoluta se nos revela por medio de la Deidad, y la Deidad se nos revela por medio de la mónada humana; pues lo cósmico, lo universal y lo individual son reflejos de reflejos, son proyecciones de proyecciones.”

La teoría de los Reflejos de reflejos está en relación con la llamada “Ley de Analogía y Correspondencia”. Martínez, que solía emplear un lenguaje muy característico y propio, ha utilizado el término reflejo para que podamos comprender la complejidad del universo, tanto desde el punto de vista de lo inmanifestado como de lo manifestado. La Realidad Primaria o Absoluto emplea mecanismos para dar lugar a todo lo relativo, ya nos ha explicado reiteradamente las facultades ideadoras y emanadotas inherentes a esta Realidad, así como el papel de la Ley Télica para que esa Realidad pueda dar lugar a todo  lo relativo. De esta forma la Seidad, sin perder su sentido de Absolutidad, ni sus condiciones de Ser incondicionado e inmanifestado, se expresa a través de la Deidad o Logos Solar, esta expresión trae consigo la revelación de la Seidad, es decir, la expresión en acto de todo lo que la Seidad posee en potencia y que deposita con su virtud emanadora en la Deidad. De igual forma y cual reflejo de reflejos, la Deidad Solar se expresa y proyecta todo de sí a través de la mónada humana, la que se encuentra más distante de la Seidad Absoluta, a pesar de mantener sus raíces en dicha Seidad; pero su desenvolvimiento tiene lugar en otros niveles de conciencia para poder pasar por las experiencias formadoras que le despertarán lo que potencialmente trae depositado como idea.

Recordemos que el hombre es por analogía una copia o reproducción del Universo. Si tenemos en cuenta los diversos planos o niveles que conforman  nuestro sistema solar,  veremos que todos se reflejan de una u otra forma en mayor o menor medida en el hombre, al poseer éste, una constitución septenaria expresada trinamente a través de la personalidad, la individualidad y la espiritualidad. De esta forma vemos como la teoría de los Reflejos de reflejos es aplicable a diversas escalas o niveles. Martínez nos la ha presentado en este fragmento desde el nivel de la Seidad hasta la mónada, pasando por la Deidad Solar. De esta forma comprenderemos que la Deidad Solar es una analogía en los niveles de la manifestación de la gran conciencia incondicionada que es la Seidad Absoluta en los planos o niveles no manifestados y que la mónada humana por reflejo de reflejos expresa en menor escala “los designios” de la Deidad Solar, que al mismo tiempo es el reflejo de reflejo de la Seidad Absoluta.

Esto es solo un ejemplo a gran escala de todas las analogías existentes en todo lo que está expresado y evolucionando en nuestro sistema solar y en nuestro Universo. También nuestro propio sistema solar es un reflejo o analogía de nuestro Universo. Esta enseñanza se puede aplicar al desenvolvimiento monádico a través de las relaciones existentes entre la personalidad, la individualidad y la espiritualidad humanas. De manera análoga y en correspondencia, se proyecta o refleja la mónada o acorde monádico o espiritual humano en la individualidad, como ésta se expresa en la personalidad a través de sus elementos: físico, emocional y mental.

La siguiente enseñanza tomada de sus obras, nos demuestra la aplicación de esa teoría de reflejos de reflejos cuando expresa que lo objetivo y lo subjetivo tienen una misma naturaleza:

“Los fenómenos externos, objetivos y materiales, así como los internos, subjetivos, ideales y espirituales son de la misma naturaleza y en diferentes aspectos de su propio proceso iguales, pero en última instancia una sola cosa es la que perdura a través de todos los cambios en el proceso de la involución y evolución, pues lo que involuciona y evoluciona son los eternos arquetipos, en tanto que ideas, pues en el nivel de lo relativo, en el nivel de lo emanado, toda individualidad, toda mónada, es solamente una idea, porque la Ultérrima Realidad o la Aseidad Absoluta solamente emana los arquetipos en tanto que ideas, arquetipos que cuando son emanados contienen en potencia todo su ulterior desarrollo, el proceso por medio del cual se ha de cultivar lo que se recibió en potencia de la Aseidad, más todos los designios que la Aseidad puso en ellos, en tanto que ideas, al emanarlos y traerlos a la existencia relativa, individual, limitada y condicionada.”

Así, las cosas del mundo externo son un reflejo de las cosas del mundo interno, todo lo que ha sido expresado en los niveles de la manifestación ha tenido un origen en lo inmanifestado, claro un origen ideal, un concepto arquetípico que se ha de manifestar en virtud de esta ley de analogía o teoría de reflejos.

Martínez nos reafirma en este fragmento también, la idea de que lo que evoluciona y por tanto cambia, son los eternos arquetipos emanados por la Seidad Absoluta. Dichos arquetipos al ser emanados por la Aseidad Absoluta poseen; aunque de manera potencial y no en acto, todo lo que la Seidad ha depositado en ellos: “todos los designios” (…), “en tanto que ideas”.

En el siguiente fragmento tomado de su ensayo: “Qué son los eternos arquetipos en tanto que ideas”, redactado el 27 de Febrero de 1972, nos presenta una trascendental enseñanza en toda la obra de Martínez, me refiero a su modo de abordarnos los modos o aspectos inherentes de la Ultérrima Realidad de lo Absoluto, es decir, la Trascendencia de la Seidad y  su sentido Inmanente. Para Martínez la trascendencia está en relación y es el propio aspecto Ser de la Realidad, mientras que lo Inmanente es su revelación.

“La Seidad expresa su trascendencia, por medio de su otro aspecto, lo inmanente, y esa inmanencia es  lo que anima a todo cuanto llega a tener existencia  relativa e individual. Por lo tanto, en lo relativo se expresa planamente la Seidad Absoluta por medio de lo inmanente, pudiendo afirmarse que en lo inmanente, se refleja lo absoluto, y de cómo lo relativo es el otro aspecto  de lo Absoluto; su propio complemento, porque es en lo relativo, que la Seidad Absoluta realiza sus propios fines y su propia perfección porque la Seidad es un absoluto que en sí misma, no tiene mecanismos para la autoconciencia individual y tiene que emanar y sacar de sí mismo los mecanismos por medio de los cuales adquirir la autoconciencia, que no puede tener en sí misma.”

Martínez nos expresa claramente que la Inmanencia está dada a través de su Emanación, es decir, de su gran expresión en el devenir evolutivo y en los mundos de la manifestación. Pero la emanación de la Seidad no puede verse aislada de su poder inseparable: la Ideación.  Este poder ideador, es la facultad inherente a la Seidad para originar todo lo relativo; pero no se trata de una creación en el sentido en que nosotros la entendemos desde nuestra perspectiva común. Se trata de una creación en niveles ideales, la Ultérrima Realidad construye una imagen o idea arquetípica, cuya idea es lanzada o emanada, en virtud del poder Emanador. Así, Ideación y Emanación están actuando desde la Seidad misma para que pueda dar lugar a todo lo relativo sin dejar de ser jamás una Eterna Absolutidad. Manuel insiste en que: 

“lo relativo no es un fragmento de lo Absoluto, porque este no se puede fragmentar, pero sí puede emanar lo relativo sacándolo de sí misma por su poder ideador.”

La emanación, lleva implícito el hecho de que las ideas emanadas por la Seidad, contengan en estado potencial todo su ulterior desarrollo,  lo que Martínez ha definido como:

(…) “el proceso por medio del cual se ha de cultivar lo que se recibió en potencia, más los designios que la Seidad Absoluta puso en los arquetipos en tanto que ideas, al emanarlos y traerlos a la existencia”.

En su artículo: “Una nueva concepción del Universo” del 28 de Junio de 1973, nos plantea:

“A esta Aseidad, también se la puede definir diciendo que ella se nos presenta con dos aspectos distintos: el trascendente y el inmanente, siendo lo trascendente aquello que es más invisible y existe mas allá de ninguna otra cosa, y el aspecto inmanente es un reflejo de lo trascendente”

Pero aquí en realidad no nos llega a definir que es lo trascendente, y si no se ha definido, el lector o estudiante no  podrá comprender qué es en sí lo trascendente; es lógico suponer que si lo inmanente es un reflejo de lo trascendente y lo trascendente no se ha comprendido, por cuanto, no ha sido definido, tampoco se comprenderá qué es lo inmanente. Al decirnos que lo trascendente existe más allá de ninguna otra cosa, hemos de relacionar lo trascendente con la Realidad Ultérrima misma, ya que más allá de la Realidad Ultérrima no puede haber nada; pero hemos de considerar que en la Realidad Ultérrima está contenido su Ser en sí, más su No-Ser en sí, y el movimiento o acción a través del cual se relacionan los dos primarios símbolos de dicha realidad. En un ensayo escrito sólo unos días antes, es decir, el 3 de Junio de 1973, titulado: “Profundos secretos de la existencia de la Aseidad Absoluta y de sus emanaciones o de las existencias individuales y relativas”, nos afirma categóricamente que el Ser en sí es el aspecto trascendente de la Seidad. Cito a continuación:

Este Ser en sí es el aspecto trascendente de toda existencia y el No-Ser es la sustancia o parte negativa del Ser dentro del cual el Ser realiza todas las operaciones dentro del No-Ser y que Ser y No-Ser constituyen el Padre-Madre de todo modo de existencia y la esencia y la substancia constituyen los dos aspectos o atributos de la Aseidad Absoluta. Pero el aspecto trascendente de la Aseidad Absoluta se complementa con el aspecto inmanente, cuya inmanencia anima a todo modo de existencia, tanto absoluta como relativa, tanto en la Aseidad Absoluta o en lo relativo y en este caso, lo superior de lo relativo, es el hombre y los superhombres, y los Dioses menores y mayores como lo son en este caso, los dioses o logos menores que son el Ser de los planetas y también el Logos o Deidad Solar.”

De esta forma, Martínez nos intenta adentrar en el mundo de los arquetipos, de las ideas, de lo emanado de la Realidad, en los misterios de los modos a través de los cuales, dicha Seidad de expresa desde su nivel de consciencia en los diversos planos y mundos del existir relativo y condicionado. Estamos ante una obra digna de ser revisada y estudiada con profundidad. Su complejidad y abstracción  hacen que sea solo para una exigua minoría, como en los tiempos de Pitágoras en su escuela de Crotona, o en los de Platón con  su academia, en los que asistían unos pocos y de esos solo llegaban a develar los misterios muy pocos, hoy, en nuestros tiempos, tiempos de máquinas, de ciencia, de rapidez, de extraordinario sentido práctico y de gran consumo, una pequeña dosis de filosofía, pero de la verdadera filosofía y de la metafísica harían muy bien al hombre. La enseñanza de Manuel Martínez Méndez constituye una verdadera fuente de motivación y de inspiración que podrá contribuir al desarrollo espiritual humano. 

                                                         Dr. Alberto Roteta Dorado.
                                                 Cienfuegos, Cuba, 19 de Agosto de 2011.

                                                     (Fin de la primera conferencia).

1058
                                                LA ULTÉRRIMA REALIDAD DE LO ABSOLUTO
                                         SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE MANUEL MARTÍNEZ MÉNDEZ:
                                                       Primera Conferencia. (Primera Parte)


             Por: Dr. Alberto Roteta Dorado. Quito, Ecuador.

“Tengo la completa seguridad de que lo que dejo expuesto es hijo de mi propia experiencia y de mis mismo, pues el concepto de cómo surge la vida en tanto que la revelación del Ser, es una visión y una experiencia, vivida y experimentada por mí mismo. Ha sido una dádiva de lo Divino a lo humano, del cielo a la tierra.”

Manuel Martínez Méndez.
26 de Junio de 1966.

Desde que conocí por vez primera los escritos de Manuel Martínez, entre 1989 y 1990, surgió la curiosidad – algo común en los jóvenes, y cuando aquello, yo era muy joven -por conocer de que trataban sus artículos. Luego me aproximé a algunos de ellos, e inmediatamente la curiosidad quedó transmutada en admiración. ¿Cómo era posible que tuviera en mis manos las obras de este ser de tan elevada espiritualidad? ¿Cómo habíamos tenido los cubanos y los cienfuegueros a un hombre de tales dimensiones sin habernos dado cuenta de ello? ¿Cómo es posible que los que se acercan a enseñanzas espirituales se dispersen entre cosas menores, sin trascendencia alguna y desconozcan por completo el legado del más grande de los pensadores de la ciudad de Cienfuegos?

Manuel Martínez Méndez, de origen asturiano se radicó en Cienfuegos, como otros españoles de su tiempo, supo entrar en la vida del comercio llegando a tener propiedades y hasta una tienda que tenía por nombre “La Filosofía”. Pero su mejor inversión fue, sin duda, la creación de la Fundación Cultural Oasis Teosófico-Martiano en el año 1950. Perteneció a la Sociedad Teosófica hasta su muerte, ocurrida en Mayo de 1976; así como a otras instituciones y organizaciones que le permitieron ocupar lugares destacados en el ámbito de la intelectualidad de su tiempo. Lamentablemente, hace pocos años, las autoridades del gobierno cubano actual pretendieron cerrar la sede de la Fundación por él creada, así como callar a todo aquel que presente su enseñanza; recordemos que su obra no sigue los patrones de la llamada filosofía marxista-leninista, que es la forma oficial de pensamiento filosófico impuesta en la Cuba de la segunda mitad del siglo veinte hasta nuestros días. Pero tengo la convicción de que un día su obra será reconocida y se le considerará en el justo lugar que le corresponde por derecho propio. Dudo que los interesados en la historia de nuestra localidad puedan adentrarse en su inmensa obra ya que carecen de la formación adecuada para poder comprender sus enseñanzas y además cualquier valoración que se haga desde la perspectiva del marxismo solo contribuirá a destruir la colosal obra de Manuel.

Toda la enseñanza de Martínez gira en torno a un eje fundamental: la reflexión acerca de la Ultérrima Realidad de lo Absoluto. Sostuvo la premisa de que todo análisis o reflexión de cualquier problema filosófico o antropológico debe partir de una comprensión de esta Ultérrima Realidad, en este sentido afirmó: 

“La Seidad Absoluta es la unidad primaria. En esta unidad primaria yace todo el Universo en estado potencial –arquetipos en tanto que ideas - . De ahí la necesidad de partir de esta unidad primaria para cualquier concepción ulterior del universo.”

Desde esta concepción, fue capaz de hacer los análisis más profundos de diversas categorías y leyes desde la óptica de la comprensión inicial de la Realidad Primaria. Pero ¿cómo esta Realidad Absoluta puede originar todo lo relativo sin fraccionarse y poder continuar siendo una Absolutidad? En su ensayo metafísico: “La Aseidad Absoluta o la Ultérrima Realidad de lo Absoluto y sus tres atributos por medio de los cuales se expresa y actúa”, escrito el  7 de Enero de 1971, se cuestiona esto y nos ofrece la siguiente sentencia:

“La idea de que lo uno se exprese como múltiples sin que lo uno tenga que fragmentarse para dar existencia a lo múltiple constituye uno de los más profundos problemas metafísicos”.

Esta Seidad permanece eternamente en su condición de Absolutidad. Jamás pierde nada de sí, es plenamente incondicionada, no se fragmenta para dar origen a lo relativo, y sin embargo es el Padre-Madre de todo lo existente en los niveles de la manifestación en condiciones limitadas, temporales y más o menos fugaces. Esto de debe a lo que Martínez ha definido como el poder emanador de la Seidad. Esta Seidad lanza a la manifestación todo de manera ideal, de ahí que en las tradiciones esotéricas del oriente se diga que el Gran Aliento asuma el carácter de Ideación Pre-Cósmica, cuya ideación tiene lugar, como es lógico, en el seno de la Realidad misma, en niveles inmanifestados.

Cuando Manuel nos dice que la Seidad Absoluta “es el corazón de todo modo de existencia”, se está refiriendo a que todas las cosas expresadas en lo relativo, al haber sido emanadas por la Seidad Absoluta, tienen su origen en el seno de esa Realidad, claro, un origen ideal, como la formulación de una idea o concepto que no se llega a objetivar o a plasmar en niveles de materia atómica, hasta que la Deidad Solar o Logos , no las asume como suyas desde el centro de esa Realidad, que las idea y las emana. De ahí que, Martínez insista en que todo lo relacionado con el hombre, con las unidades de vida-conciencia o mónadas, con las diversas Deidades o Logos menores, así como con la Deidad Solar debe ser analizado desde el punto de vista de la Seidad Absoluta y desde la óptica tanto de lo Absoluto en sí, como de lo relativo, que constituye su aparente contrapartida; pero que en realidad no es más que su expresión.

La emanación de  lo ideado implica que dichas ideas contengan en estado potencial todo cuanto han de expresar luego en el devenir de la evolución cósmica, universal e individual a través de lo que Martínez ha llamado el dual proceso de la involución y evolución. Pero todo parte de la Absolutidad que es solo donde  existe la posibilidad de ideación y emanación:

“Todo punto de partida radica en lo que designamos como  la Ultérrima Realidad de lo Absoluto o de Aquello en lo cual existe toda posibilidad, pero solo en potencia y por medio de lo relativo, lo emanado y lo creado, por lo Absoluto, por el Padre-Madre coeternos, que son los únicos que pueden emanar lo relativo e individual, que son las mónadas evolucionantes o los arquetipos en tanto que ideas o emanaciones de la Seidad Absoluta”.

En un análisis de la Seidad Absoluta o Cósmica no puede dejar de tratarse el tema de los atributos o modos elementales de su expresión, cuyos modos le permiten la expresión en lo relativo. De ahí que Manuel insista en esta capital idea cuando expresa: 

“La Aseidad es la más primaria unidad; pero de ella se derivan sus eternos atributos, por medio de los cuales puede dar existencia a lo relativo”.

Estos eternos atributos de la Seidad o Aseidad constituyen los tres modos o aspectos a través de los cuales la Seidad Cósmica se nos puede revelar, y con esta revelación que tiene lugar gracias a su poder emanador puede expresarse en lo relativo, o lo que es lo mismo, todo lo relativo es una expresión de la revelación de la Aseidad Absoluta. Estos atributos son: el aspecto o atributo Ser, que para Martínez es Sentido o Conciencia; aunque es preferible  utilizar el término Raíz de la Conciencia, al expresarnos mejor su verdadero significado. Por otra parte el atributo No-Ser, o Substancia Primordial, visto por Martínez como la Madre Cósmica, equivalente a  Mulaprakriti  , la raíz del poder, aquel elemento del Absoluto que sirve de base o de fundamento a todos los futuros planos objetivos del Universo y por último la Eterna Actividad o la Eterna Acción. Para  Manuel Martínez no hay diferencias respecto a la supremacía de uno u otro aspecto. En sus numerosos artículos podemos encontrar algunos dedicados casi por completo a destacar el papel  del segundo de los atributos o No-Ser, al considerar que se ha especulado demasiado sobre el Ser, dejando a un segundo plano el aspecto No-Ser.

Para la comprensión de la Ideación Pre-Cósmica se basa en el  aspecto Acción y en su papel determinante para la relación necesaria entre Ser y No- Ser. Esta Acción o Eterna actividad, representa al Movimiento Intracósmico o la Acción Ideadora de la Realidad, gracias a la cual, el Ser deposita los gérmenes eternos o semillas arquetípicas en el seno del No-Ser, que es donde se lleva a efecto el proceso de ideación para la futura emanación de todo arquetipo o idea. Martínez nos presenta al Movimiento, influenciado tal vez por las doctrinas esotéricas del antiguo oriente, cuyas enseñanzas han sido expuestas magistralmente por la mística rusa Blavatsky en su Doctrina Secreta. Manuel Martínez no le llama precisamente Movimiento en muchos de sus artículos; sin embargo al conceptuarlo podemos inferir que se trata de esta condición: “más la acción o poder que le permite actuar y relacionarse con el No-Ser”. Dicho movimiento sirve como puente de unión entre los dos modos elementales de la Seidad Absoluta; pero no solo un lazo de unión, sino una posibilidad de accionar de estos dos aspectos. Así, el aspecto Ser del Absoluto “siembra los gérmenes o semillas de los arquetipos en tanto que ideas” en el seno más recóndito de su contrapartida: el No-Ser. De esta forma este accionar pasa a ser  el tercer elemento primordial de la Eterna Realidad o Seidad Cósmica. De esta forma todo lo expresado en la manifestación, todo lo relativo, temporal, condicionado es la consecuencia de todo este poder ideador y emanador de la Realidad y del accionar de estos tres modos elementales de expresión de la Realidad Una. Esto permite que lo Absoluto se refleje como relativo y múltiple.

He de detenerme, antes de continuar con cualquier otra aclaración o comentario sobre las ideas expuestas por Manuel Martínez en su constante reflexionar sobre la Realidad Primaria o Última, en los términos utilizados por él para referirse al Absoluto. Nos encontramos así, como el más usado, es el de Seidad, con frecuencia agrega el término Cósmica a Seidad y la llama entonces la Seidad Cósmica, suele emplear también los términos Padre-Madre coeternos, la Ultérrima Realidad de lo Absoluto y con menos frecuencia el Absoluto. En su última etapa de creación decidió referirse a la Seidad Cósmica con el término Aseidad, y en este sentido merece citarse el siguiente comentario tomado de su ensayo: “La Aseidad Absoluta o la Ultérrima Realidad de lo Absoluto y sus tres atributos por medio de los cuales se expresa y actúa”

“El nombre Aseidad contiene al Ser, al No-Ser, más la acción o actividad sin cuyo poder al ser no le sería posible poder actuar sobre el No-Ser, es decir, sin el movimiento no puede existir ninguna otra actividad, que es el proceso o devenir cósmico, el universal y el individual”.

Esta postura filosófica asumida con valentía, por cuanto, crea un término o al menos lo aplica a un concepto extremadamente estudiado por los filósofos de todo tiempo y lugar, nos da la medida del alcance de este hombre, que desde el silencio de su querida ciudad, inmerso en sus meditaciones filosóficas desde el Oasis Martiano, era capaz de rectificar un vocablo o término. Además de la idea expresada antes respecto al por qué del uso del término Aseidad, hemos de estudiar la idea aparecida en dicho artículo, que cito a continuación:

“Cuando nos referimos a esta Ultérrima Realidad lo hemos hecho con diferentes nombres, siendo el más usado el de Seidad Absoluta, el cual no es del todo adecuado, pues Seidad se refiere a algo que es un Ser y esta Ultérrima Realidad es más que Ser, pues el ser es un atributo de la misma.”

(Continuará).

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                              Reflexiones martianas sobre Filosofía e Historia de la Filosofía.
                              Por: Dr. Alberto Roteta Dorado. Quinsaloma, Los Ríos. Ecuador.


José Martí se graduó de licenciado en filosofía y letras en la Universidad de Zaragoza, ejerció el magisterio en colegios y universidades de Guatemala y Venezuela y nos dejó notas y algunos ensayos, a través de los cuales podemos acercarnos a su pensamiento filosófico. Sus cuadernos de apuntes, sus juicios, sus múltiples ensayos dedicados a figuras de la historia, en relación con la filosofía, la ciencia y la religión, resultan imprescindibles para comprender su pensamiento  desde el punto de vista filosófico, y valorar las apreciaciones que hizo de notables figuras y de diversas tendencias filosóficas de todos los tiempos, desde la filosofía antigua griega hasta el evolucionismo antropológico de Spencer. 

Son múltiples las definiciones sobre filosofía. Desde sus orígenes mismos en el mundo occidental, en territorios jónicos y de la Magna Grecia hasta nuestros días con las ediciones de numerosos manuales y tratados, el concepto de filosofía ha evolucionado y adquirido matices a través del tiempo; sin embargo nos detenemos muy poco en las consideraciones que han hecho nuestros pensadores acerca de esta antigua rama del saber. Nuestro José Martí hace una definición conceptual muy precisa y con un extraordinario sentido científico, así, en sus “Juicios”, sobre filosofía nos expresa:

"Filosofía es la ciencia de las causas. Conocer las causas posibles, y usar los medios libres y correctos para investigar las no conocidas, es ser filósofo".

Dentro de estas valoraciones martianas, merece ser destacada también su constante recurrir a la idea de las relaciones y de las analogías, así nos expresa: "Filosofía es el conocimiento de las causas de los seres, de sus distinciones, de sus analogías y de sus relaciones".  Con esta definición, podemos valorar el profundo conocimiento del apóstol, fruto de su formación académica y de su sentido intuitivo al conducirnos al origen mismo del surgimiento de la vida, en tanto que de la forma, con la aparición de seres diversos, expresados en la multiplicidad y al propio tiempo con elementos comunes, que los enlazan y relacionan a través de la correspondencia, lo que sugiere un mismo punto de partida, un sentido unitario, una comunión de todas las almas, idea expresada desde siglos atrás por Plotino y Platón, y luego sistematizada más reciente por la rusa Blavatsky.  Investigar esta comunión de rasgos o elementos esenciales en la gran diversidad es tarea del filósofo, la búsqueda a través de la analogía y correspondencia, analogía convertida  en verdadera ley  y asumida por las doctrinas orientales desde tiempos inmemoriales y renacida para el mundo del occidente en el siglo diecinueve. Esta idea de las relaciones que se establecen entre los seres la resalta de nuevo Martí en su prólogo al “poema del Niágara” de Juan Antonio Pérez cuando expresa: "La filosofía no es más que el secreto de la relación de las varias formas de existencia". 

Si continuamos analizando sus valoraciones en torno a la filosofía podemos encontrar en “Juicios” - acápite dedicado a la filosofía- una distinción entre filosofía física y metafísica y critica la metafísica por considerarla irracional: “Es irracional puesto que las leyes de las cosas deben deducirse de la observación de las cosas: he aquí el error de la metafísica.”   Sin embargo, precediendo a esta afirmación sostuvo:

"Al estudio del mundo tangible; se ha llamado física; y al estudio del mundo intangible, metafísica. La exageración de aquella escuela se llama materialismo; y corre con el nombre de espiritualismo, aunque no debe llamarse así, la exageración de la segunda".

Pero Martí, en etapa anterior de su vida, mientras estudiaba en España, se había identificado con la metafísica cuando la definió como: "el conjunto de verdades absolutas que sirven de leyes explicativas y fundamentales a todos los conocimientos humanos" . De ahí que podamos afirmar que independientemente de una aparente crítica, nuestro Apóstol hace una valoración precisa de lo que es la metafísica y la sitúa en el justo lugar que le corresponde, es decir, como la base de todo el saber ulterior humano; por cuanto, parte de verdades absolutas expresadas como las más grandes abstracciones filosóficas. Por otra parte, considera a la filosofía como todo un sistema de integración y no como una simple sumatoria de observaciones y cuestionamientos. Para Martí existía la filosofía, como también existía la religión, y la filosofía no puede ser dependiente y sierva de la religión:

“No puede haber una filosofía, como no puede haber una religión: hay la filosofía y la religión. Aquella es el volver constante de los ojos del hombre hacia las causas de lo que en sí siente y en torno suyo y más lejos muévese y ve; esta es la aspiración de todos los seres, idéntica en todos los pueblos, común a  existencia en que sea cosa real lo que allí vagamente te concibe, poéticamente te exagera e inflexiblemente te necesita”. 

Estas definiciones martianas  nos demuestran su condición de filósofo, de pensador extraordinario y no de un escritor filosófico, idea un tanto vaga a la cual se acude en ocasiones al intentar definir la postura filosófica de Martí. Un escritor filosófico toma elementos referenciales, recrea una idea y puede hacer una valoración. José Martí  asume una actitud de crítica a partir de conceptos suyos, los cuales son de una gran profundidad y demuestran no solo su saber enciclopédico, sino su sentido visionario y su intuición creadora, que se evidencia cuando nos ofrece su definición conceptual del Universo, al  asumir aspectos esenciales de la filosofía de varios  sistemas o tendencias y refuta con seguridad y precisión lo que considera errores filosóficos.

Analizado el concepto de filosofía según la enseñanza de Martí y precisando su condición de filósofo, hemos de detenernos ahora en sus valoraciones acerca de la historia de la filosofía.  Las definiciones que hace sobre historia de la filosofía pueden considerarse  muy adelantadas a su tiempo, no copiadas de los tratados tradicionales de esta materia, sino fruto de sus reflexiones. Estas enseñanzas corresponden a la etapa de su vida en que ejercía el magisterio en Guatemala. Analizando fragmentos de sus “Juicios” sobre filosofía, he encontrado una frase determinante para poder afirmar que esta definición fue hecha por Martí mientras desempeñaba el cargo de catedrático de la Universidad Central de Guatemala, así como profesor de su Escuela Normal.  Precediendo al concepto que a continuación cito, aparece la frase: <Comentando esta acepción de la Historia a mi misión en esta cátedra>. Y luego es que nos encontramos este análisis conceptual sobre historia de la filosofía:

“Historia de la filosofía no querrá decir exposición de los diversos sistemas filosóficos, porque eso, dicho de ésta, lleva exposición y no es historia. Quiere decir estudio de los orígenes, desarrollo, estado actual, porque el probable venidero no me compete, de los conocimientos filosóficos, enumerando sus accidentes, sus adelantos, sus reacciones, las razones que ha habido para cada una de estas variantes y el espíritu sucesivo que los ha ido determinando y modificando“.

José Martí no ofrece una visión de la historia de la filosofía como una simple presentación estática de figuras y tendencias a través de los siglos de pensamiento filosófico. Para Martí la historia de la Filosofía es mucho más que esta serie secuencial de sistemas, para él hay que acudir a los hechos que determinan la existencia de dichas tendencias o movimientos filosóficos a través de las edades, es decir, las causas mismas, los elementos que se distinguen dentro de una escuela, y que serán asumidos en su esencia,  por la escuela siguiente, lo que algunos han llamado  principio del historicismo, y que el apóstol lo deja muy bien definido cuando expresó:  "las razones que ha habido para cada una de estas variantes y el espíritu sucesivo que los ha ido determinando y modificando".    Así, el Maestro nos presenta un concepto dinámico, carente de estaticismo, como suele percibirse con frecuencia cuando se revisan definiciones conceptuales de historia de la filosofía.

"¿Qué será pues, Historia de la Filosofía? Ciencia moderna debe conformarse a la acepción moderna de la historia. Antes se asignaban hechos; ahora se encadenan y razonan. Antes se narraba. Ahora se traba, se funde, se engranan los sucesos y  explican".   

Finalmente, en relación con esta definición, sabiamente expone: "Historia   de  la Filosofía es pues el examen crítico del origen, estados distintos y estados transitorios que ha tenido, porque ha llegado la filosofía a su estado actual".

Sobre el autor.

Dr. Alberto Roteta Dorado. Cienfuegos, Cuba. Nace en la sexta década del siglo pasado. Graduado de doctor en medicina, especialista en medicina general integral y pediatría por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara y de Máster en Ciencias y especialista de segundo grado en endocrinología y M.G.I. por la Universidad Médica de Cienfuegos. Licenciado en Medicina por Universidad Médica de Madrid. Ejerció su profesión de médico por más de veinticinco años en Cuba. Profesor auxiliar de pediatría y endocrinología, se dedicó al magisterio por más de veinte años. Actualmente radicado en Quito, Ecuador, continúa ejerciendo su profesión. Ha realizado estudios de filosofía, antropología y teosofía. Presidió en su ciudad natal la Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano”, desde 1993 hasta su salida de Cuba en 2014. Presidente de honor de dicha institución. Dictó conferencias sobre temas martianos y filosóficos en diferentes instituciones cubanas como: Fundación Cultural “Oasis Martiano”, de Cienfuegos, “Memorial Presidente Salvador Allende”, de La Habana, entre otras. Tiene inéditos dos libros de ensayos sobre el sentido de la religiosidad y el pensamiento filosófico de José Martí. Actualmente colabora con temas de corte social en varias publicaciones, de manera especial Cubanet, así como, para el Foro de Filosofía del sitio Forofilo.net, con artículos de temática filosófica y martiana. Su Blog personal aparece en el sitio Forofilo.net.

Fuente.
Archivos del autor. De la serie dedicada al pensamiento filosófico de José Martí.

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                         El Neoplatonismo. Síntesis y esencia del conocimiento filosófico.
                                                             (Segunda parte)
                                                 Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.

            Las Hipóstasis de Plotino. Teoría de las Emanaciones como eje fundamental de la enseñanza de Plotino.

Para el Neoplatonismo la Realidad Última del universo era lo Uno, lo perfecto, lo incognoscible e infinito, del  Uno emanan varios planos de realidad, siendo el Nous o Inteligencia Divina, el más elevado. Del Nous deriva el alma universal, cuya actividad creadora origina las almas inferiores de los seres humanos. El alma universal se concibe como una imagen del Nous, del mismo modo que el Nous es una imagen de lo Uno; de esta forma, tanto el Nous como el alma universal, a pesar de su diferenciación, son de la misma substancia, es decir,  consubstanciales con lo Uno. Dichas sucesivas emanaciones a partir de lo Uno han sido denominadas Hipóstasis, constituyen la esencia de la enseñanza del Neoplatonismo desde el punto de vista de su concepción cosmológico-religiosa.

Más allá del mundo sensible, Plotino afirma la existencia de tres hipóstasis. Por encima de todo, incluso por encima del ser y de toda idea, está el Uno Absoluto, inspirado en la idea del Bien platónico y bajo la influencia de las filosofías orientales, las que conoció directamente durante su estancia en territorios persas. Lo Uno tiene un carácter trascendente a todo ser del que tengamos experiencia. En esta Realidad Una resulta imposible concebir cualidades o atributos, como diría en nuestros días Martínez Méndez, es algo que no puede predicarse, conceptuarse y solo puede ser sentido, intuido y experimentado. Desde el momento en que lo definimos o conceptualizamos lo estamos convirtiendo en algo particular, cuando realmente es Universal y va más allá de toda definición o atribución. A diferencia del Logos, su emanación, no podemos atribuirle el pensar, la voluntad o la actividad, sin embargo reúne en sí mismo como Absolutidad toda actividad, voluntad y pensamiento de forma ideal o arquetípica.

El Absoluto es pues para Plotino, la primera de las tres hipóstasis de su sistema emanatista, el punto de partida de la «procesión» de las otras dos hipóstasis que emanan de su propia superabundancia. Es el Dios Uno, que no admite ningún otro calificativo que no sea la idea de lo Uno, desde aquí proceden varios escalones del ser en un sentido descendente, que desde el centro se dirigen hacia la imperfección, pero como emanación, es decir,  saliendo desde su propio Ser, como idea arquetípica que lleva la esencia de Aquello que le ha emanado.

Esta idea de la  emanación neoplatónica difiere completamente de los conceptos judeo-cristianos acerca de la creación del mundo. Téngase presente que históricamente, esta filosofía se desarrolla conjuntamente con el Judaísmo, con sus conceptos antropomórficos de Dios y sus cualidades de voluntad de castigo y temor infundido a los hombres, y por otro lado con el Cristianismo naciente que fue – al menos en sus inicios- más judaico que cristiano, al heredar las tradiciones, costumbres y dogmas de su predecesora religión. Para el Neoplatonismo, lo Uno tiende a expandir su propio ser, que irradia como una fuente de luz o de calor. Esta expansión o emanación no es, pues, en nada semejante a la noción judeo-cristiana de creación, sino que la concibe como irradiación necesaria del Uno, entendido como único principio de realidad.

“Podemos hablar de él, pero no expresarlo”. – Afirma Plotino en su “El uno y la teología negativa”, de las Enéadas – “No tenemos de él ni conocimiento ni pensamiento. --¿Cómo podemos hablar de él si no lo conocemos? --Porque sin aprehenderlo por el conocimiento, no nos quedamos del todo sin aprehenderlo. Lo aprehendemos lo suficiente para hablar de él, pero sin que nuestras palabras lo expresen en sí mismo. No decimos lo que es, sino que decimos lo que no es. Hablamos de él al hablar de las cosas que le son inferiores. Pero nada impide que lo aprehendamos sin expresarlo con palabras. Igual que los inspirados y los posesos ven hasta un cierto punto que tienen en sí algo más grande que ellos; no ven lo que es, pero de sus movimientos y de sus palabras sacan un cierto sentimiento de lo que los mueve, aunque estos movimientos sean distintos de lo que los mueve. Y parece que nosotros tenemos una relación análoga con él. Cuando alcanzamos la inteligencia pura y podemos usarla, vemos que él es la intimidad misma de la inteligencia, el que da la esencia y sus elementos. Él no es nada de todo esto, es superior a lo que nosotros llamamos el ser, es demasiado alto y demasiado grande para ser llamado ser. Superior al verbo, a la inteligencia y a la sensación, puesto que él las ha dado, no es ninguno de ellos.” *

Este Uno perfecto, es inefable e indefinible, porque es tanto No-Ser como Ser, más allá del Ser, y carente de toda determinación finita. En cuanto que no puede tener determinaciones. Es Eterno, sin límites e inmutable.  “Más allá del espacio y el tiempo y los centros de experiencia”, según el “Viveka-Suda- Mani”.  Tampoco puede pensarse, ya que el pensar supone una dualidad entre lo pensado y el pensamiento.

De esta primera hipóstasis surge, como emanación divina, no como creado, sino como emanado, el Nous o Intelecto, la segunda de las Hipóstasis, que representa al Logos, y que Plotino lo asocia al Demiurgo Creador propuesto por Platón. Este intelecto, como el Logos  o el Verbo de Filón, es la sede de las ideas platónicas. El hecho de haber sido emanado desde el seno de lo que representa la Primera de las hipóstasis, es decir, el Uno Absoluto, constituye el eje fundamental de la enseñanza de Plotino y del Neoplatonismo. Emanar significa sacar de sí mismo, pero como Idea, como pura abstracción, significa pues que la Realidad no ha creado en sí, sino proyectado desde sí misma sin perder su absolutidad, lo que Plotino trata de explicar a través del símil del Sol, el Sol ilumina y solo muestra algo de sí, sin que por ello, cambie, sufra modificaciones.  Esta segunda hipóstasis o segunda emanación, se corresponde con El Tercer Logos de la filosofía esotérica expuesta por madame Blavatsky en su <Doctrina Secreta>, es decir, la Ideación Cósmica, Mahat o Inteligencia, el Alma Universal del Mundo; el Nóumeno Cósmico de la Materia, cuya principal característica es conocerse a sí mismo y, en este sentido, ya no es lo Uno, sino que supone la dualidad entre lo inteligible y la inteligencia. Es el Logos mediador entre Dios y el mundo, que ya había expuesto Filón, y puede ser comprendido como el <discurso de Dios o la sabiduría divina que es inmanente al mundo>.

A diferencia de Platón, Plotino afirma que las Ideas, lo inteligible, no le son superiores, ni tampoco exteriores a este Nous. En efecto, las Ideas forman una unidad con el intelecto, que se autodescubre y desarrolla examinándolas, siendo radicalmente uno-múltiple. Plotino dio a esta segunda Hipóstasis otra connotación, una forma de inteligencia en estado puro, una especie de mundo platónico de las ideas en que todas las nociones son preexistentes. Es precisamente, en este nivel de realización donde se encuentran todo el saber y todo el conocimiento.

A su vez, el Alma del mundo es la tercera hipóstasis que procede del Nous y engendra las diversas almas individuales. El Alma es primariamente el Alma del mundo, que mantiene una unión entre todas las cosas mediante un proceso de atracción, se correspondería con el Alma Cósmica de la que habla Platón en el Timeo, aunque a diferencia de Platón que solo concibe un Alma, Plotino se refiere a dos, o al menos a una dualidad, una superior y otra inferior. La primera estaría más cerca del Nous y no en contacto directo con el mundo material, reside en lo eterno, mientras que la segunda, engendro del alma primera, sería el alma real del mundo fenoménico, es la que genera las cosas sensibles.  Esta alma es incorpórea e indivisible y constituye el vínculo entre el mundo suprasensible y el mundo de los sentidos, está orientada no solamente hacia lo superior, hacia el Nous, sino hacia lo inferior, hacia el mundo de la naturaleza. Es en el Alma donde la eternidad se transforma en tiempo.  El Alma transmite lo inteligible, propio del dominio lógico-dialéctico de la segunda hipóstasis, a lo sensible y, a su vez, vincula lo sensible no sólo con lo inteligible, sino con lo Uno.

En esta vinculación con lo sensible Plotino insiste en la noción de materia inteligible, ya que para él la materia no se limita a formar el mundo sensible, sino que es el principio que permite la introducción de la multiplicidad en la unidad. Téngase presente no solo la influencia de las enseñanzas de Platón, sino de las filosofías orientalistas, que se refieren a <una identidad fundamental de todas las almas con el Alma Suprema y Universal>, de la que son un reflejo y por lo tanto, proyectan la esencia de su naturaleza.

En el Neoplatonismo, el mundo fenoménico debe toda la realidad que posee en los planos materiales de la manifestación a su participación en el mundo de las ideas que están en el Nous  Verbo o Logos, pero estas ideas no operan en el mundo sensible y no tienen ningún tipo de relación directa con él, de tal modo que Plotino llegó a esbozar la teoría de “reflejos de reflejos", con la explica que cada una de las emanaciones es un reflejo o proyección, pero no una creación, de la que la precede. Las ideas están contenidas en el Logos, que es propiamente el agente creador, concebido por Filón como el <pensamiento y la palabra divina> y el medio a través del que se puede relacionar el Uno con el mundo material. Para compaginar esta doctrina,  con su concepción de las dos almas del mundo, Plotino, distinguía entre el "protoi logoi" presente en el alma superior y los "logoi derivados" comprendidos en el alma inferior.

El alma universal, no obstante, al constituirse como un puente entre el Nous y el mundo material, tiene la opción de preservar su integridad e imagen de perfección o bien de ser sensual y corrupta por entero. La misma elección está abierta a cada una de las almas inferiores. Cuando, por la ignorancia de su verdadera naturaleza e identidad, el alma humana experimenta un falso sentido de distancia e independencia, se vuelve presumida de un modo manifiesto y cae en hábitos sensuales y depravados, evidenciándose aquí el fuerte matiz religioso, lo que origina todo un código moral y de enseñanza ética, junto a la abstracción filosófica heredada de la antigua filosofía griega.

El Neoplatonismo mantiene que la salvación de esa alma es posible gracias a la virtud de la libertad de la voluntad, que le permitió elegir su camino de pecado. El alma debe invertir ese curso, trazando en sentido contrario los sucesivos pasos de su degeneración, hasta unirse otra vez con el origen de su ser. La reunión verdadera se consuma a través de una experiencia mística en la que el alma conoce un éxtasis total, para lo cual, resulta necesario una vida de dedicación, de ascetismo y misticismo y no solo una especulación constante en las abstracciones que tratan de los aspectos más profundos de la vida, de Dios y el Universo. Ya desde los tiempos de Pitágoras se había predicado una vida de pureza y ascetismo para alcanzar dichos fines, luego Platón en su academia ofreció enseñanzas básicas a  todos, pero reservó el conocimiento esotérico a unos pocos. Plotino, que asume lo mejor de ambas figuras no podía dejar a un lado, la parte místico-religiosa, que distingue, junto a las abstracciones emanatistas,  su sistema y que le dio al Neoplatonismo su sello de distinción.

Lamentablemente, el Cristianismo actual se desprende cada vez más de su sentido místico y de la filosofía cristiana, que conformaron y predicaron los padres primitivos y luego sus seguidores.  Las religiones que solo proclaman su parte exotérica tienden a desaparecer. Los seguidores de cualquiera de ellas deben ser motivados a descubrir la verdad esencial que se esconde detrás de cualquier símbolo, emblema, metáforas, parábolas, sentencias, aforismos, o cualquier otra expresión aparentemente externa. No basta con predicar algunas lecciones de carácter moral, confesar pecados y asistir a un ceremonial o culto, esto puede ser útil, pero no es el eje esencial que pueda llevar a la unión con lo Divino y explorar y conocer las grandezas del mundo del espíritu. Las enseñanzas del Neoplatonismo son esenciales para emprender el camino hacia la liberación espiritual.     

La doctrina emanantista del Neoplatonismo, es una presentación muy acabada, coherente y lógica de la manifestación y de la existencia, libre del antropomorfismo y de la idea de un Ser creador mágico de todo y de todos, asumida literalmente por ciertos sectores de los cristianos actuales. Aquí no está la Verdad Absoluta, pero si lo que más se le aproxima. La idea de presentar al “Aquello” sacando de sí de forma ideal, emanando arquetípicamente todo lo que cobrará forma ulterior en su devenir por los diversos planos de la manifestación, y al propio tiempo, conservando su condición de Absolutidad, sin descender jamás desde su nivel de realización, ha sido el concepto más trascendental  desde el punto de vista filosófico aportado por esta corriente. Ya Amonio Sacas había defendido la idea de la existencia de una Deidad Absoluta, impenetrable y suprema, o esencia infinita, que es la raíz de toda la naturaleza y de todo aquello que es, visible e invisible. Filón, se había anticipado a Plotino al esbozar la naturaleza trascendente de Dios, que supera el entendimiento y por lo tanto resulta indescriptible para los mortales, y al describir el mundo natural como una serie de etapas descendentes desde Dios y terminando en la materia como origen del mal. Platón, había expuesto la idea del Demiurgo como Dios ordenador del mundo, que propiamente no crea, sino que, como hacían los dioses de las cosmogonías, impone el orden a partir del caos, de lo que ya preexistía, al menos como idea, en la gran idea del Bien, o sea, lo asume desde la Realidad Absoluta, que es en última instancia, quien ofrece las ideas o arquetipos, lo que Plotino nos presenta como Emanación. El Logos o Demiurgo geometriza lo ya existente, aunque aún no expresado. Plotino encontró pues, las cimientes para desarrollar su genial emanatismo, la doctrina que de forma más lógica nos explica la idea de la multiplicidad, lo efímero, limitado y transitorio, surgiendo – siendo emanado- desde lo Uno, lo Eterno, lo Ilimitado y verdaderamente trascendente.

* Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996-99. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.

Acerca del autor:
Dr. Alberto Roteta Dorado. Cienfuegos, Cuba. Nace en la sexta década del siglo pasado. Graduado de doctor en medicina, especialista en medicina general integral y pediatría por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara y de Máster en Ciencias y especialista de segundo grado en endocrinología y M.G.I. por la Universidad Médica de Cienfuegos. Licenciado en Medicina por Universidad Médica de Madrird. Ejerció su profesión de médico por más de veinticinco años en Cuba. Profesor auxiliar de pediatría y endocrinología, se dedicó al magisterio por más de veinte años. Actualmente radicado en Quito, Ecuador, continúa ejerciendo su profesión. Ha realizado estudios de filosofía, antropología y teosofía. Presidió en su ciudad natal la Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano”, desde 1993 hasta su salida de Cuba en 2014. Presidente de honor de dicha institución. Dictó conferencias sobre temas martianos y filosóficos en diferentes instituciones cubanas como: Fundación Cultural “Oasis Martiano”, de Cienfuegos, “Memorial Presidente Salvador Allende”, de La Habana, entre otras. Tiene inéditos dos libros de ensayos sobre el sentido de la religiosidad y el pensamiento filosófico de José Martí. Actualmente colabora con temas de corte social en varias publicaciones, de manera especial Cubanet, así como, para el Foro de Filosofía del sitio Forofilo.net, con artículos de temática filosófica y martiana. Su Blog personal aparece en el sitio Forofilo.net.

Fuente.
Publicado en su Blog de este propio sitio.

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               El Neoplatonismo. Síntesis y esencia del conocimiento filosófico.
                                     (Primera parte)
                          Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


                El Neoplatonismo. Algo de sus orígenes e historia.
 
El Neoplatonismo, corriente místico-religiosa considerada la última gran escuela de pensamiento filosófico pagano de la antigüedad, ejerció una gran influencia durante los dos primeros siglos de la era Cristiana y posteriormente en el desarrollo de la filosofía cristiana primitiva. Como corriente filosófica, tiene sus orígenes a partir de un renacer de elementos de las tradiciones filosóficas griegas, fundamentalmente de Platón y de Pitágoras, los místicos por excelencia, que se mezclaron con la influencia de la filosofía mística del oriente y de la escuela judía de Alejandría. Esta fusión de elementos tan universales, que habían tenido su esplendor siglos atrás unos, mientras otros lograban mantener su vigencia, le dio un peculiar sentido a esta nueva tendencia, lo que no debe ser malinterpretado, pues la unificación de elementos de carácter esencial, no es un ecumenismo filosófico o un sincretismo religioso.

Los primeros Neoplatónicos intentaron a través de sus doctrinas filosóficas y religiosas, desarrollar y sintetizar las ideas metafísicas de Platón, sobre todo en lo relacionado con su teoría de las ideas. Esta síntesis se produjo de modo especial en Alejandría con el judaísmo helenista. De manera especial, el filósofo judeo-helenista Filón de Alejandría (entre 13 y 20 a.J.C. - id., hacia 50 d.J.C.) fue capaz de asumir lo esencial de la filosofía griega, en especial las ideas platónicas y pitagóricas y llevarlas a la religión judaica en un amplio sistema que anticipó el neoplatonismo y el misticismo judío, cristiano y musulmán, lo que, sin duda, preparó el camino para el nacimiento del Neoplatonismo. Las nuevas doctrinas proclamadas por Filón conservaron en esencia su carácter griego. Desde Alejandría, Egipto, Filón llevó la doctrina neoplatónica a Roma, donde creó una escuela y divulgó su obra más importante Enéadas, en la que expone la nueva metafísica neoplatónica. Desarrolló una doctrina del logos y su influencia llegó, a través de Clemente de Alejandría y de Orígenes, a la patrística, de la filosofía cristiana.

Con estas condiciones que prepara Filón, se consolida a partir del siglo segundo de la era Cristiana, el Neoplatonismo, cuyo verdadero fundador fue Amonio Sacas, (175-242), desarrollándose y llegando a su esplendor en el siglo III, gracias a su discípulo más conocido, Plotino (205-270d.C.) quien ofreció la sistematización más orgánica y coherente del Neoplatonismo, al lograr una verdadera síntesis que superó lo que algunos consideran puntos aporéticos del platonismo inicial.

Amonio Sacas, de padres cristianos, predicó influenciado por la enseñanza de Platón y Aristóteles;  aunque se dice que le fue revelada la sabiduría divina en sueños y visiones místicas.  Lamentablemente no nos dejó obra alguna, y al parecer exigió a sus alumnos guardar el secreto de sus enseñanzas. Además de Plotino, entre sus discípulos se encontraban los dos Orígenes: el pagano y el cristiano, y Longino, integrantes junto a Amonio, del llamado Sistema Ecléctico Teosófico o Analogistas. Defendieron la idea de la existencia de una Deidad Absoluta, impenetrable y suprema, o esencia infinita, que es la raíz de toda la naturaleza y de todo aquello que es, visible e invisible. Expusieron además el concepto de eternidad e inmortalidad del hombre al ser éste una irradiación del  Alma Universal, ha de ser  idéntico a ella.

Plotino basó sus ideas en los escritos místicos y poéticos de Platón, los pensadores pitagóricos y Filón. Para Plotino, la principal razón de ser de la filosofía era educar a los individuos para la experiencia del éxtasis, en la que se hacen uno con Dios, lo que según él, había logrado reiteradamente en su vida.  Para Plotino, Dios, lo Uno está más allá del entendimiento racional y es la fuente originaria de toda realidad. El Universo emana de lo Uno por un proceso misterioso de comunicación de energía divina en planos sucesivos, lo que recuerda ciertas escuelas filosóficas de la antigua India. Los niveles más altos forman lo Uno, el Logos, que contiene las ideas platónicas, y el Alma cósmica, que da lugar a las almas humanas y a las fuerzas de la naturaleza. Las demás cosas que emanan de lo Uno, según Plotino, cuanto más imperfectas y malas son, más cerca están del límite de la materia en su estado original. El fin más elevado de la vida es depurarse uno mismo de la dependencia de la conformidad física y, a través de la meditación filosófica, disponerse para una reunión extática con lo Uno.

Fue capaz de  desarrollar  la doctrina de la emanación, la que supone la transmisión constante de fuerzas del Ser Absoluto en sí, o lo Uno, a la creación por medio de distintos agentes; el primero de ellos es el Nous, o inteligencia pura, de la cual emana el alma del mundo; de ésta, a su vez, emanan las almas de los seres humanos y los animales, y por último la materia. Los seres humanos, en consecuencia, pertenecen a dos mundos, al de los sentidos y al de la inteligencia pura. Puesto que la materia es la causa de todo mal, el objeto de la vida debería ser escapar del mundo material de los sentidos, y de aquí que las personas abandonaran todos los intereses terrenales por los de la meditación intelectual; mediante la purificación y el ejercicio del pensamiento, las personas pueden elevarse a sí mismas hasta la intuición del Nous, y por último, a una completa y extática unión con lo Uno, que es Dios. Plotino intenta salvaguardar la continuidad del universo, trazando un puente entre el Uno trascendente y la realidad sensible a través de una serie de hipóstasis. La doctrina de la emanación se convierte de este modo en el eje central de todo el sistema, y las relaciones entre el Uno, el Entendimiento y el Alma del mundo definen la estructura metafísica del cosmos.

                                  (Continuará)
Sobre el autor.

Dr. Alberto Roteta Dorado. Cienfuegos, Cuba. Nace en la sexta década del siglo pasado. Graduado de doctor en medicina, especialista en medicina general integral y pediatría por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara y de Máster en Ciencias y especialista de segundo grado en endocrinología y M.G.I. por la Universidad Médica de Cienfuegos. Licenciado en Medicina por la Universidad Médica de Madrird. Ejerció su profesión de médico por más de veinticinco años en Cuba. Profesor auxiliar de pediatría y endocrinología, se dedicó al magisterio por más de veinte años. Actualmente radicado en Quito, Ecuador, continúa ejerciendo su profesión. Ha realizado estudios de filosofía, antropología y teosofía. Presidió en su ciudad natal la Fundación Cultural “Oasis Teosófico-Martiano”, desde 1993 hasta su salida de Cuba en 2014. Presidente de honor de dicha institución. Dictó conferencias sobre temas martianos y filosóficos en diferentes instituciones cubanas como: Fundación Cultural “Oasis Martiano”, de Cienfuegos, “Memorial Presidente Salvador Allende”, de La Habana, entre otras. Tiene inéditos dos libros de ensayos sobre el sentido de la religiosidad y el pensamiento filosófico de José Martí. Actualmente colabora con temas de corte social en varias publicaciones, de manera especial Cubanet, así como, para el Foro de Filosofía del sitio Forofilo.net, con artículos de temática filosófica y martiana. Su Blog personal aparece en el sitio Forofilo.net.

Fuente:

Publicado en el Blog del autor. 

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Noticias / La filosofía de las relaciones que soñó Martí.
« en: Mayo 22, 2015, 07:16:46 pm »
                             La filosofía de las relaciones que soñó Martí.
                          Por: Dr. Alberto Roteta Dorado. Quito. Ecuador.

He estado presentando en estos días cercanos al 19 de mayo, día de la muerte de José Martí, algunos artículos dedicados a resaltar aspectos de su singular y efímera vida, así como de su grandiosa obra. Ya se publicó: “La filosofía en la obra de José Martí”, “El sacrificio y el deber como ley en José Martí” y de manera especial, el propio 19 de mayo: “El mejor hombre de nuestra raza”. Además con cierta frecuencia he estado presentando selecciones de su obra de contenido filosófico,  que a través del tiempo he ido agrupando.

El artículo que os presento ahora es una reflexión sobre la idea de José Martí acerca de la teoría de la filosofía de las relaciones.

En su segundo cuaderno de apuntes escribió: “Lo común es la síntesis de lo vario, y a Lo Uno han de ir las síntesis de todo lo común: todo se simplifica al ascender”.    Desde muy joven Martí se sintió motivado a conformar una doctrina, que fuera capaz de unificar en su sentido esencial las diversidades que han expresado los múltiples sistemas filosóficos y religiosos a través de los años. En los primeros siglos de la era cristiana, un venerable maestro que predicaba su enseñanza a un reducido grupo de discípulos, a los que exigió guardar el secreto del conocimiento, intentó unificar la verdad que subyace en lo más recóndito de cada sistema de enseñanza, es decir, el conocimiento esotérico, el que se reserva solo para los elegidos capaces de descifrar y desentrañar la verdad detrás del misterio, de interpretar lo que se oculta detrás de cada leyenda, fábula o mito, lo que ha permanecido guardado y protegido, reservado a unos pocos que sean capaces de <atravesar desde la otra orilla>. Este místico fue  Ammonio Saccas, y sus discípulos más eminentes: Orígenes, Plotino y Longino, quienes, junto a su gran maestro, integraron el llamado “Sistema Ecléctico Teosófico”, conocidos después como los Analogistas, pues sus doctrinas estaban fundamentadas en las analogías y correspondencias entre las enseñanzas, y desde esa perspectiva se encaminaba la síntesis, y no en una simple  sumatoria generalizadora  de todas ellas. Este grupo de místicos defendieron la idea de la existencia de una Deidad Absoluta, impenetrable y suprema., o esencia infinita, raíz de toda la naturaleza y de todo aquello que es, visible e invisible.                                                                                                                                       

Con frecuencia, se hace una interpretación errónea de la idea esencial de estos intentos especulativos, matizados por el misticismo religioso, y que culminaron con el esplendor del Neoplatonismo,  a partir de la fuerza espiritual y de la profundidad filosófica que le distingue en años posteriores, con el protagonismo de Plotino.  Se trata de un sistema de síntesis y no de unificación de hechos aislados, no puede verse sincretismo, sino rasgos disimiles procedentes de enseñanzas tan distantes en tiempo y aun geográficamente, que parten de elementos neopitagóricos y de otros procedentes del pensamiento de Filón de Alejandría, hasta aspectos del aristotelismo y del estoicismo.

Este sistema que  había ideado el Apóstol, y que llamó filosofía de las relaciones, se basa en las relaciones de todos los sistemas y tendencias entre sí, y aún los vínculos entre figuras cimeras de la filosofía, está fundamentado en un concepto de síntesis, que percibió Martí con su sentido visionario desde siempre; pero que llegó a comprender en su profundidad con el estudio y la interiorización de lo mejor del pensamiento filosófico de todas las épocas y lugares, desde el esoterismo oriental, hasta el misticismo cristiano, desde la teoría de las ideas de Platón, hasta las hipóstasis emanatistas de Plotino, desde el idealismo de la filosofía clásica alemana, hasta el librepensamiento de la ilustración francesa, sin olvidar sus preferencias de juventud: Krause y  Balmes, así como la asimilación del Krausismo español predicado por Julián Sanz del Río,*  lo que fue determinante en sus concepciones filosóficas; aunque ya la idea de la filosofía de la síntesis estaba arraigada en él, al comprender que: "en esta inmensa suma de analogías que componen el sistema universal, en cada hecho pequeño está un resumen, ya futuro o pasado; un hecho grande".

De esta forma, en esta filosofía de las relaciones, concebida por Martí, aún  antes ponerse en contacto con el Krausismo español y con la enseñanza de Karl Krause, las  relaciones sujeto-objeto como eje de la asimilación y formulación conceptual conducen de manera subjetiva e individual, necesariamente a una relación  que lleva al sujeto que examina hacia el objeto examinado, y por lo tanto, los relaciona y los une en la síntesis. 

Sostuvo también el Apóstol, que de la relación absoluta entre los seres surge el sentido de la identidad, y de la identidad de todos ellos se hace la gran identidad, lo que le aproxima en cierta medida, a la idea de identidad universal sostenida por Schelling; y que el Apóstol sintetiza en el segundo cuaderno de apuntes así:

“Hay un Todo de ser que se desenvuelve y se precipita en seres, de los que cada uno es el todo de que nace. De lo uno se deriva lo múltiple, que en cada una de sus manifestaciones representa en sí todo lo uno. El yo es el universo mismo, y el universo mismo no es más que el yo. En lo más pequeño, el todo, y en el todo lo mas pequeño. Así el sistema. Relación absoluta entre un ser y otro ser, de tal manera que todos son idénticos y todos hacen la gran identidad”. 

En las valoraciones que hace acerca de la ciencia trascendental, considerando la enseñanza de Balmes, logra, la más acabada de sus profundas reflexiones al afirmar:

“Todo va a la unidad, todo a la síntesis, las esencias van a un ser; los existentes a lo existente: un padre es padre de muchos hijos: un tronco es asiento de infinitas ramas: un sol se vierte en innúmeros rayos: de lo uno sale en todo lo múltiple, y lo múltiple se refunde y se simplifica en todo en lo uno.” 

Pero la brevedad de su paso por la tierra y su dedicación total a la organización de la gesta independentista cubana del final de siglo diecinueve, limitaron la consumación de su idea. Todo quedó disperso, algunas anotaciones demuestran su condición de hombre de mente especulativa, de pensamiento prolífico y profundo que analizó detenidamente todo lo que le rodeó, todo lo que le preocupó, todo lo que asimiló desde la experiencia demostrada y también desde lo intuitivo  e imperceptible que solo seres como él han podido asimilar. 

La filosofía de las relaciones desde la perspectiva de la síntesis es una constante en la enseñanza martiana. A pesar de no dejarnos textos filosóficos, aunque se aparta aparentemente de su idea de relación y síntesis, luego de conocer la obra de Krause y comprender que ya estaba tratado por este filósofo, no podemos dejar de admirar su condición de filósofo y de defenderle y sentirlo nuestro siempre,  especialmente en días como estos.   

*Julián Sanz del Río (1814-1869) fue en gran  medida el promotor del Krausismo español. Este movimiento filosófico se desarrolló en España a partir de las ideas de Krause, que si bien, no tuvieron una gran influencia en Alemania, su patria, en tierra española tuvieron una gran resonancia. Julián Sanz desarrolló sus enseñanzas y surgió el llamado Krausismo como movimiento filosófico limitado a España. Más que importancia filosófica, ejerció su influencia en la renovación de la enseñanza y las teorías pedagógicas. El Krausismo se basaba en la interpretación de las obras de Krause, que defendía el panteísmo inspirado en el idealismo alemán y en Spinoza. Krause logró sintetizar desde el punto de vista metafísico la moral de los ideales humanitarios y las matizó del misticismo.

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Noticias / Re: DEL PENSAMIENTO DEL APÓSTOL.
« en: Mayo 22, 2015, 09:35:40 am »
                                         DEL PENSAMIENTO DEL APÓSTOL.
                            Selección y comentarios por: Dr. Alberto Roteta Dorado. Quito. Ecuador.

En días como estos,  aún envueltos en el recuerdo del 120 aniversario de la muerte del más grande de los cubanos, días de sentimientos de misterio y misticismo, al saber que su prematura muerte fue decisiva para lograr su trascendencia, cual resurrección y asunción verdaderas. La perdurabilidad de su enseñanza por más de un siglo constituye la mayor prueba de una bien ganada universalidad y siempre será bien recibido un artículo que trate de mostrar la grandeza del hombre de "Dos Ríos".   

Sobre su condición de filósofo se ha especulado y no siempre con justicia. Algunos han preferido llamarle <gran pensador>, que sin duda, fue, pero la idea se dispersa y resulta imprecisa. Graduado de filosofía y letras por la Universidad de Zaragoza. Ejerció el magisterio y enseñó Historia de la Filosofía, aunque por breve tiempo. Su enseñanza filosófica se encuentra dispersa a través de su grandiosa obra, de la que he seleccionado algunas ideas para compartir con ustedes.

El Apóstol cubano nos da una verdadera lección filosófica acerca de la perdurabilidad de lo que se esconde siempre tras la apariencia, lo ha definido como triunfo esencial, invisible y perdurable. Sin entrar en tecnicismos académicos, lo que al parecer no le interesó, nos conduce a reflexionar en las categorías de lo temporal e intemporal, de lo transitorio y lo perdurable. Lo hace desde la abstracción, sin apartarse del sentido práctico de la vida y sin abandonar al hombre poeta que lleva siempre.

Se enfrenta al materialismo que limita al hombre a una sumatoria de aspectos perceptibles, dejando a un lado su naturaleza espiritual, la que siempre resaltó el autor de "Versos Libres", aunque algunos se empeñen en seguir negándolo. La reiteración de la idea de lo ilimitado es expresada ahora llevada al plano de la individualidad humana, el hombre puede percibir,  a pesar de su sentido limitado lo ilímite, concepto que había abordado ya en sus segundo cuaderno de apuntes, en el que sostuvo que para la concepción de la categoría de lo Infinito es necesario conformarse dos ideas: “la de conjunto de seres y la negación de límite.” Y llega a sostener la sentencia de que “lo condicional no puede ser infinito", lo que recuerda sobremanera  la enseñanza de Giordano Bruno respecto a su cosmovisión, con un sentido de infinitud y una visión de conjunto. Recordemos que el naturalista renacentista había afirmado la infinitud del universo y la infinitud de todos los mundos contenidos en él, lo que Martí proclama como negación del límite.

En su concepción cosmogónica, Martí no pone  límites al universo, lo que halla su similitud con la afirmación de Giordano Bruno respecto a la Infinitud del Universo. Para Giordano Bruno la <mente en cada cosa>  representa la Deidad expresada en todo el universo, Dios en todo el Universo y en cada una de sus partes: principio de la Inmanencia Divina,  lo que apreciamos en Martí, a través de la contemplación de un Universo "blando y sumiso, y a todo lo vivo surgiendo de un seno y yendo al seno, y sobre todo lo que vive, al Espíritu que vivirá, y al hombre en sus brazos".    Cuando Martí aborda el abstracto concepto de la infinitud parte de la premisa de la negación de límite.

Schelling (1775-1854) y Fichte (1762-1814) fueron capaces de llevar este concepto de infinitud universal al caso particular del hombre, llegando a proclamar el primero - Schelling- que <el mundo infinito no es más que nuestro espíritu creador en sus infinitas producciones y reproducciones.> De esta forma el gran idealista alemán, que fue desde el idealismo trascendental hasta la filosofía de la Naturaleza, llega a resumir,  - según el propio Martí-, la identidad de la naturaleza, a la que veía como historia del espíritu. Fishte en la última etapa de su orientación filosófica reserva la categoría de Absoluto para Dios,  y por tanto infinito, mientras que al hombre lo ve entonces, como una mera existencia, lo que recuerda la idea martiana de que lo condicional no puede ser infinito, expresada también en las enseñanzas que presentamos. Martí distingue entonces las categorías de lo Eterno y lo perecedero. Lo condicional se corresponde con lo perecedero, lo transitorio, todo lo que se pierde en el transcurso del paso por la  manifestación en los planos de la existencia de nuestro sistema. Lo eterno es aquello que sobrevive o perdura a través de la evolución hominal en sus diversas vertientes - esa supervivencia de los principios espirituales -a los que se refirió la rusa Blavatsky- que forman la triada superior imperecedera humana: Atma o principio espiritual propiamente dicho, Buddhi o principio Intuicional y Manas o principio mental en su aspecto superior, principios que unifican al cuerpo espiritual descrito por San Pablo, con los niveles divinos de la existencia - Adi, Anupadaka y  Atma Superior. Otros prefieren mantener la categoría de lo Eterno de forma exclusiva, para el Aquello o la Gran Realidad Eternal y todo lo expresado y manifestado en el universo, en la condición de temporal, transitorio y perecedero.

Reflexionemos pues con estas enseñanzas del gran hombre que fue José Martí, cuando solo nos separan horas del 120 aniversario de su histórica muerte.

“Hay dos clases de triunfo: el uno aparente, brillante y temporal: el otro esencial, invisible y perdurable. La virtud, vencida siempre en apariencia, triunfa permanentemente de este segundo modo. El que la lleva a cuestas, es verdad, tiene que apretarse el corazón con las dos manos para que de puro herido no se le venga al suelo: que tan roto le ponen los hombres el corazón al virtuoso, que si no lo corcose y recomienda con la voluntad, saltará desecho en pedazos más menudos que las gotas de lluvia”.

“Nuevas pruebas amontona la experiencia contra los que mantienen que todo en  el hombre es producido por el choque de una acción externa; que el hombre no es más que un pedernal que al ser herido por el eslabón produce chispas; que no es más, en suma, el hombre que un receptor de impresiones, que tiene el poder de ordenarlas y contarlas, o un haz de nervios, que los actos exteriores sacuden caprichosamente, sin reconocer en las facultades espirituales del hombre, que niegan la capacidad de reproducir actos que no necesitan de nuestro juicio o el calor de nuestra imaginación”. 

“Tan aceptada por los hombres civilizados como la teoría de la gravitación es hoy la teoría de que el orden del Universo es el de una mente suprema trabajando silenciosa y regularmente a través de las edades, y no espasmódicamente.”

“A lo que se ha de estar no es a la forma de las cosas, sino a su espíritu. Lo real es lo que importa, no lo aparente”. 

“Hemos establecido leyes para nuestro ser; pero es indudable que sin nuestro ser, no hubiéramos podido deducir las leyes. Siempre el ser inexplicable es lo primero. Aquí está lo vago: la metafísica hace mal en sujetar lo vago a estas reglas: la presunción haría mal en negar lo vago, porque no  puede explicarlo”.

“Se siente bien lo ilímite, dentro del cuerpo limitado: como se ven cosas extrañas cerrando los ojos. Con los ojos cerrados veo; y, encerrado en mí, concibo lo que no se cierra. ¿Puedo fijar sus leyes? No. ¿Tengo derecho para decir que existe? Sí, puesto que existe en mí? 

“¿Puedo explicármelo todo? No puedo. ¿Negaré lo que no me explico? No tengo el derecho de negarlo, como no tengo el derecho de asentar un sistema metafísico sobre imaginaciones.”

“La inteligencia es esencialmente activa. ¿La obligaré a no pensar en lo que no ve claro? No: todo debe hacer su obra; y la de la inteligencia, de intelligo, es procurar entender. La conjetura es uno de los medios del conocimiento: la lógica natural dirige bien la conjetura: ésta, guiada por la lógica, se llama raciocinio.- Pues tengo la facultad de conjeturar, la ejercito. Deduzco pues, que no debo oponerme a la obra natural de la inteligencia, y que tengo el derecho de buscar la razón de lo vago por un camino racional. No fijaré lo que no sepa, pero investigaré lo que no sé. La razón buena no  conoce la cobardía filosófica: analiza todo lo que siente: estudia todo lo que ve”. 

“Hay límite para la razón: tiene el hombre imaginación e inteligencia, y aquella comienza su obra donde esta la acaba. No es que no haya más allá: es que no podemos ir. ¿Y por qué, si concebimos lo vago, o nos detenemos cobardemente ante ello, o queremos sujetarlo a una potencia de razón que precisamente allí termina? No se asiente lo dudoso; pero confiésese que existe”.

Sobre el autor.

Dr. Alberto Roteta Dorado. Cienfuegos, Cuba, 11 de enero de 1965. Graduado de doctor en medicina, especialista en medicina general integral y pediatría por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara y de Máster en Ciencias y especialista de segundo grado en endocrinología por la Universidad Médica de Cienfuegos. Ejerció su profesión de médico por más de veinticinco años en Cuba. Profesor auxiliar de pediatría y endocrinología, se dedicó al magisterio por más de veinte años. Actualmente radicado en Quito, Ecuador, continúa ejerciendo su profesión y colaborando en varias publicaciones.  Ha realizado estudios de filosofía, antropología y teosofía. Presidió en su ciudad natal la Fundación Cultural “Oasis Martiano” desde 1993 hasta su salida de Cuba en 2014. Presidente de honor de dicha institución. Dictó conferencias sobre temas martianos y filosóficos en diferentes instituciones cubanas como: Fundación Cultural “Oasis Martiano”, de Cienfuegos, “Memorial Presidente Salvador Allende”,  de La Habana, entre otras.  Tiene inéditos dos libros de ensayos sobre el sentido de la religiosidad y el pensamiento filosófico de José Martí.

Fuente: Blog personal del autor en el sitio Forofilo.

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Noticias / DEL PENSAMIENTO DEL APÓSTOL.
« en: Mayo 21, 2015, 08:31:13 pm »
                                         DEL PENSAMIENTO DEL APÓSTOL.
                            Selección y comentarios por: Dr. Alberto Roteta Dorado. Quito. Ecuador.

En días como estos,  aún envueltos en el recuerdo del 120 aniversario de la muerte del más grande de los cubanos, días de sentimientos de misterio y misticismo, al saber que su prematura muerte fue decisiva para lograr su trascendencia, cual resurrección y asunción verdaderas. La perdurabilidad de su enseñanza por más de un siglo constituye la mayor prueba de una bien ganada universalidad y siempre será bien recibido un artículo que trate de mostrar la grandeza del hombre de "Dos Ríos".   

Sobre su condición de filósofo se ha especulado y no siempre con justicia. Algunos han preferido llamarle <gran pensador>, que sin duda, fue, pero la idea se dispersa y resulta imprecisa. Graduado de filosofía y letras por la Universidad de Zaragoza. Ejerció el magisterio y enseñó Historia de la Filosofía, aunque por breve tiempo. Su enseñanza filosófica se encuentra dispersa a través de su grandiosa obra, de la que he seleccionado algunas ideas para compartir con ustedes.

El Apóstol cubano nos da una verdadera lección filosófica acerca de la perdurabilidad de lo que se esconde siempre tras la apariencia, lo ha definido como triunfo esencial, invisible y perdurable. Sin entrar en tecnicismos académicos, lo que al parecer no le interesó, nos conduce a reflexionar en las categorías de lo temporal e intemporal, de lo transitorio y lo perdurable. Lo hace desde la abstracción, sin apartarse del sentido práctico de la vida y sin abandonar al hombre poeta que lleva siempre.

Se enfrenta al materialismo que limita al hombre a una sumatoria de aspectos perceptibles, dejando a un lado su naturaleza espiritual, la que siempre resaltó el autor de "Versos Libres", aunque algunos se empeñen en seguir negándolo. La reiteración de la idea de lo ilimitado es expresada ahora llevada al plano de la individualidad humana, el hombre puede percibir,  a pesar de su sentido limitado lo ilímite, concepto que había abordado ya en sus segundo cuaderno de apuntes, en el que sostuvo que para la concepción de la categoría de lo Infinito es necesario conformarse dos ideas: “la de conjunto de seres y la negación de límite.” Y llega a sostener la sentencia de que “lo condicional no puede ser infinito", lo que recuerda sobremanera  la enseñanza de Giordano Bruno respecto a su cosmovisión, con un sentido de infinitud y una visión de conjunto. Recordemos que el naturalista renacentista había afirmado la infinitud del universo y la infinitud de todos los mundos contenidos en él, lo que Martí proclama como negación del límite.

En su concepción cosmogónica, Martí no pone  límites al universo, lo que halla su similitud con la afirmación de Giordano Bruno respecto a la Infinitud del Universo. Para Giordano Bruno la <mente en cada cosa>  representa la Deidad expresada en todo el universo, Dios en todo el Universo y en cada una de sus partes: principio de la Inmanencia Divina,  lo que apreciamos en Martí, a través de la contemplación de un Universo "blando y sumiso, y a todo lo vivo surgiendo de un seno y yendo al seno, y sobre todo lo que vive, al Espíritu que vivirá, y al hombre en sus brazos".    Cuando Martí aborda el abstracto concepto de la infinitud parte de la premisa de la negación de límite.

Schelling (1775-1854) y Fichte (1762-1814) fueron capaces de llevar este concepto de infinitud universal al caso particular del hombre, llegando a proclamar el primero - Schelling- que <el mundo infinito no es más que nuestro espíritu creador en sus infinitas producciones y reproducciones.> De esta forma el gran idealista alemán, que fue desde el idealismo trascendental hasta la filosofía de la Naturaleza, llega a resumir,  - según el propio Martí-, la identidad de la naturaleza, a la que veía como historia del espíritu. Fishte en la última etapa de su orientación filosófica reserva la categoría de Absoluto para Dios,  y por tanto infinito, mientras que al hombre lo ve entonces, como una mera existencia, lo que recuerda la idea martiana de que lo condicional no puede ser infinito, expresada también en las enseñanzas que presentamos. Martí distingue entonces las categorías de lo Eterno y lo perecedero. Lo condicional se corresponde con lo perecedero, lo transitorio, todo lo que se pierde en el transcurso del paso por la  manifestación en los planos de la existencia de nuestro sistema. Lo eterno es aquello que sobrevive o perdura a través de la evolución hominal en sus diversas vertientes - esa supervivencia de los principios espirituales -a los que se refirió la rusa Blavatsky- que forman la tríada superior imperecedera humana: Atma o principio espiritual propiamente dicho, Buddhi o principio Intuicional y Manas o principio mental en su aspecto superior, principios que unifican al cuerpo espiritual descrito por San Pablo, con los niveles divinos de la existencia - Adi, Anupadaka y  Atma Superior. Otros prefieren mantener la categoría de lo Eterno de forma exclusiva, para el Aquello o la Gran Realidad Eternal y todo lo expresado y manifestado en el universo, en la condición de temporal, transitorio y perecedero.

Reflexionemos pues con estas enseñanzas del gran hombre que fue José Martí, cuando solo nos separan horas del 120 aniversario de su histórica muerte.

“Hay dos clases de triunfo: el uno aparente, brillante y temporal: el otro esencial, invisible y perdurable. La virtud, vencida siempre en apariencia, triunfa permanentemente de este segundo modo. El que la lleva a cuestas, es verdad, tiene que apretarse el corazón con las dos manos para que de puro herido no se le venga al suelo: que tan roto le ponen los hombres el corazón al virtuoso, que si no lo corcose y recomienda con la voluntad, saltará desecho en pedazos más menudos que las gotas de lluvia”.

“Nuevas pruebas amontona la experiencia contra los que mantienen que todo en  el hombre es producido por el choque de una acción externa; que el hombre no es más que un pedernal que al ser herido por el eslabón produce chispas; que no es más, en suma, el hombre que un receptor de impresiones, que tiene el poder de ordenarlas y contarlas, o un haz de nervios, que los actos exteriores sacuden caprichosamente, sin reconocer en las facultades espirituales del hombre, que niegan la capacidad de reproducir actos que no necesitan de nuestro juicio o el calor de nuestra imaginación”. 

“Tan aceptada por los hombres civilizados como la teoría de la gravitación es hoy la teoría de que el orden del Universo es el de una mente suprema trabajando silenciosa y regularmente a través de las edades, y no espasmódicamente.”

“A lo que se ha de estar no es a la forma de las cosas, sino a su espíritu. Lo real es lo que importa, no lo aparente”. 

“Hemos establecido leyes para nuestro ser; pero es indudable que sin nuestro ser, no hubiéramos podido deducir las leyes. Siempre el ser inexplicable es lo primero. Aquí está lo vago: la metafísica hace mal en sujetar lo vago a estas reglas: la presunción haría mal en negar lo vago, porque no  puede explicarlo”.

“Se siente bien lo ilímite, dentro del cuerpo limitado: como se ven cosas extrañas cerrando los ojos. Con los ojos cerrados veo; y, encerrado en mí, concibo lo que no se cierra. ¿Puedo fijar sus leyes? No. ¿Tengo derecho para decir que existe? Sí, puesto que existe en mí? 

“¿Puedo explicármelo todo? No puedo. ¿Negaré lo que no me explico? No tengo el derecho de negarlo, como no tengo el derecho de asentar un sistema metafísico sobre imaginaciones.”

“La inteligencia es esencialmente activa. ¿La obligaré a no pensar en lo que no ve claro? No: todo debe hacer su obra; y la de la inteligencia, de intelligo, es procurar entender. La conjetura es uno de los medios del conocimiento: la lógica natural dirige bien la conjetura: ésta, guiada por la lógica, se llama raciocinio.- Pues tengo la facultad de conjeturar, la ejercito. Deduzco pues, que no debo oponerme a la obra natural de la inteligencia, y que tengo el derecho de buscar la razón de lo vago por un camino racional. No fijaré lo que no sepa, pero investigaré lo que no sé. La razón buena no  conoce la cobardía filosófica: analiza todo lo que siente: estudia todo lo que ve”. 

“Hay límite para la razón: tiene el hombre imaginación e inteligencia, y aquella comienza su obra donde esta la acaba. No es que no haya más allá: es que no podemos ir. ¿Y por qué, si concebimos lo vago, o nos detenemos cobardemente ante ello, o queremos sujetarlo a una potencia de razón que precisamente allí termina? No se asiente lo dudoso; pero confiésese que existe”.

Sobre el autor.

Dr. Alberto Roteta Dorado. Cienfuegos, Cuba, 11 de enero de 1965. Graduado de doctor en medicina, especialista en medicina general integral y pediatría por el Instituto Superior de Ciencias Médicas de Villa Clara y de Máster en Ciencias y especialista de segundo grado en endocrinología por la Universidad Médica de Cienfuegos. Ejerció su profesión de médico por más de veinticinco años en Cuba. Profesor auxiliar de pediatría y endocrinología, se dedicó al magisterio por más de veinte años. Actualmente radicado en Quito, Ecuador, continúa ejerciendo su profesión y colaborando en varias publicaciones.  Ha realizado estudios de filosofía, antropología y teosofía. Presidió en su ciudad natal la Fundación Cultural “Oasis Martiano” desde 1993 hasta su salida de Cuba en 2014. Presidente de honor de dicha institución. Dictó conferencias sobre temas martianos y filosóficos en diferentes instituciones cubanas como: Fundación Cultural “Oasis Martiano”, de Cienfuegos, “Memorial Presidente Salvador Allende”,  de La Habana, entre otras.  Tiene inéditos dos libros de ensayos sobre el sentido de la religiosidad y el pensamiento filosófico de José Martí.

Fuente: Blog personal del autor en el sitio Forofilo.



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Noticias / José Martí, el mejor hombre de nuestra raza.
« en: Mayo 19, 2015, 12:40:54 am »
                              José Martí, el mejor hombre de nuestra raza.
                     El Oro. Ecuador. Por: Dr. Alberto Roteta Dorado. 19/5/2015.

Un día como hoy 19 de mayo, aunque de 1895, los cubanos se estremecieron ante la noticia de la muerte de su guía. Algunos se resistieron a aceptar la certeza de una muerte que no podía ser real, pues en seres como el, un hecho así resulta inadmisible. Hoy, cuando ha pasado más de un siglo, aún no es creíble. El misterio que le envuelve va desde lo poético a lo místico, de la presunta realidad a la leyenda, de la historia demostrada e interpretada a la resurrección merecida y consumada.  Para orgullo de los cubanos José Martí  <apareció entre nosotros, en esta Cuba americana, en este santo de pelea> y hoy hemos de recordarle de manera especial.

La célebre frase de la poetisa y ensayista chilena Gabriela Mistral (1889-1957): <el mejor hombre  de nuestra raza>, con la que define al más colosal de los cubanos, merece ser rescatada en nuestros días y ser objeto del análisis que merece. La autora de  “Ternura, Rondas y Canciones de la tierra”, fue capaz de percibir a José Martí como pocos han podido hacerlo. Apasionada por la obra literaria del que consideró su maestro y guía, hizo valoraciones de profundidad inigualables, aunque en nuestros días, lamentablemente, se le olvida. Téngase presente que la Nobel de literatura de 1945, desarrolló su obra antes de 1959 y se refirió al Apóstol cubano durante sus visitas a Cuba en 1938 y 1953.

Como todos sabéis existe una tendencia a dejar a un lado todo lo que se hizo en pos de la figura y de la obra de José Martí antes del llamado <triunfo de la revolución>. El centenario del natalicio del Apóstol americano en 1953, fue un verdadero acontecimiento, sin embargo, se omite todo lo relacionado con dicho hecho. La propia poetisa chilena estuvo en Cuba, especialmente para las celebraciones del onomástico.  Esta actitud asumida desde 1959, hizo que la idea del <mejor hombre de nuestra raza> y del <santo de pelea> expresada por la Mistral, las sabias valoraciones del investigador cubano Medardo Vitier acerca de  la espiritualidad martiana y su filosofía y  los estudios crítico-biográficos de Jorge Mañach, desde posturas no marxistas, quedaran en el olvido, al no ser citados, comentados y analizados por los <estudiosos actuales>, como también sucedió con el texto: “José Martí el santo de América” de  Luis Rodríguez-Embil, quien lo llamó místico práctico y realista activo: <de tradición y cultura occidentales, una de las fuerzas mayores de este mundo>, por solo citar a algunos de los olvidados. 

Entre los cambios que tuvieron lugar en Cuba como consecuencia de los sucesos de 1959, la declaración del carácter socialista de la revolución, fue tal vez, el que determinó la represión de la intelectualidad y la falta de libertad de expresión. Esto repercutió de manera especial en el terreno de la creación artística y literaria. Desde entonces la idea del <mejor hombre de nuestra raza>, que presupone concepciones de hombre noble,  puro, santo e iluminado y que recuerdan las virtudes del Cristo redentor, negado por el sistema comunista cubano, fue sustituida por el dogma del <Martí antimperialista>, que presupone pues, un hombre fuerte, enérgico, combativo y guerrero, más acorde con el nuevo mensaje considerado revolucionario y con los ideales tomados como paradigmas en el naciente sistema totalitario.

Quisieron sepultar el calificativo de Apóstol, el que mejor lo define, si se considera el verdadero significado de un apostolado. En su lugar aparecía la concepción de héroe nacional. Intentaron negar su peculiar sentido de la religiosidad y su profundo pensamiento filosófico a través de comparaciones y aproximaciones de su pensamiento y enseñanzas con las tendencias socialistas y con concepciones de carácter marxista. Numerosos artículos, ensayos y conferencias abordan a un Martí antimperialista, revolucionario y hasta <autor intelectual> de ciertos sucesos de la historia cubana más reciente. Lamentablemente se dispersaba el talento - porque sin duda, algunos lo tenían- de escritores e investigadores en propuestas absurdas acerca de similitudes entre el pensamiento del genial periodista y ensayista cubano y las ideas de Ho Chi Min, y del Dr. Fidel Castro.         

Es cierto que Martí se refirió reiteradamente al peligro que representaban los Estados Unidos para los pueblos de <Nuestra América>. Pero esta idea debe analizarse dentro de los límites de su contexto histórico y no ver más allá de lo que en su tiempo significó. Martí, con ese sentido visionario y ese pensar quasi profético, fue capaz de vislumbrar las contradicciones y  analogías, los efectos y causas, los reveses y triunfos de las naciones de lo que él llamó <Nuestra América>. También hemos de considerarlo un héroe, guía, líder y organizador de la gesta independentista de 1895, pero no podemos negar su condición de hombre sabio, santo, iluminado y visionario. Nuestro Martí -que es solo uno- debe ser reinterpretado desde posiciones abiertas, libres de dogmas e ideas absurdas, sin tratar de imponer lo que algunos hubieran querido que el autor de “Versos Libres” hubiera profesado.

Para un sistema que se declaró socialista,  que proclamó el ateísmo, que estableció la filosofía marxista como única forma oficial de pensamiento filosófico, resulta paradójico que la figura más representativa de su historia se pronunciara en contra del socialismo, al que consideró un sistema corrupto que llevaría a los hombres a la esclavitud, creyera firmemente en Dios: <Dios existe y se le adora>, declaró en sus “Juicios” y jamás se identificara, aunque si conoció de sus obras, le respetó y le llamó <el pensador más poderoso del mundo del trabajo>,  con la enseñanza de Marx. Un Martí socialista, ateo y marxista hubiera sido el hombre ideal para los comunistas cubanos, pero para regocijo y gloria de los no simpatizantes y aliados del socialismo, los religiosos y los no marxistas, nuestro José Martí seguirá siendo santo de América, Arcángel tutelar de la nación cubana, profeta, visionario e iluminado y <el mejor hombre de nuestra raza>.
   

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