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¿DESAPARECERÁ EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI EN ECUADOR? Primera parte

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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                          ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                                      Dr. Alberto Roteta Dorado, Naples, Estados Unidos

                           ¿DESAPARECERÁ EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI EN ECUADOR
                                                    CON SU NUEVO PRESIDENTE?

 
           

Antes de la segunda vuelta del reciente proceso eleccionario de Ecuador hice referencia a la posibilidad de que Lenín Moreno al asumir la presidencia -en el supuesto caso de que ganara los comicios, aun cuando tenía la seguridad de que el triunfo lo tenía bien asegurado Guillermo Lasso, el representante de la oposición-  le diera un matiz diferente a su sistema de gobierno, tal vez tan diferente que lo alejara definitivamente de la tendencia conocida en Latinoamérica como Socialismo del siglo XXI.
 
Esto llamó la atención de Guillermo Milán, director y primer editor de la página Cuba, democracia y vida, con sede en Estocolmo, Suecia, por lo que me pidió que le argumentara el por qué de mi hipótesis en este sentido, a lo que con precisión respondí partiendo de la idea de que el entonces candidato a la presidencia de Ecuador es en sí, más que un político, un hombre de acción en pos de las obras de carácter social, además que su tono es el del diálogo y la inclusión, y no el de la confrontación y la exclusión -como el de su protector en la campaña, el entonces presidente Rafael Correa-, algo que ya desde su promoción para la presidencia se lograba percibir.
 
Luego de una campaña de casi dos meses, bien polémica, en la que se llegó a la agresión no solo verbal por parte del propio presidente del país, sino que el candidato por la oposición fue violentamente agredido por misteriosos personajes de dudosa identificación, y unos comicios que terminaron con la consumación de lo que muchos, incluido quien escribe este artículo, consideraron uno de los mayores fraudes de la historia de la nación andina, Lenín Moreno, representante del Partido Alianza PAIS, movimiento oficialista y de tendencia izquierdista, se presenta ante el mundo como el nuevo presidente de Ecuador a partir del pasado 24 de mayo, y aunque solo han pasado unos días del inicio de su mandato creo que mi hipótesis podría cumplirse. Al menos,  es lo que parece que va a suceder en la pequeña nación de los enormes volcanes y nevados, cuyos habitantes no saben, y no tienen ningún interés por saber nada de socialismo, ya sea el del siglo XXI que pretendiera popularizar Chávez por América -cuya invención no le pertenece a él, sino al alemán Dieterich-, el del fracaso de la URSS y la Europa Oriental del siglo XX, el de las lejanas China y Corea del Norte, y mucho menos del que proclamara el dictador Fidel Castro para la pequeña isla caribeña tan rechazada por los ecuatorianos.
 
De más está decir que por aquellos mundos andinos no se tiene idea de los aspectos teóricos que en el orden conceptual nos dejara plasmados en sus extensas obras aquel alemán de mano férrea y de alma sedosa, según Martí, quien hacia el final del siglo XIX teorizó sobremanera acerca de los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, como también se desconocen los múltiples intentos de establecer comunidades socialistas mucho antes de la llegada de Marx, o los ejemplares escritos de los socialistas utópicos franceses menospreciados por el autor de El Capital, ni de Cabet, Saint-Simon y Owen, todos socialistas teóricos, y mucho menos de Sir Tomás Moro, quien describió un estado ideal desde los lejanos tiempos de Enrique VIII, con lo que se anticipaba unos siglos a los Jóvenes Hegelianos de Izquierda de la Alemania del siglo XIX.
 
Un necesario cambio de estilo bien distante del socialismo del siglo XXI
 
Lenín Moreno, el nuevo presidente, ecuatoriano de pura cepa, bien distante de las pretensiones extranjerizantes de su predecesor conoce bien la idiosincrasia de sus  compatriotas  -que es también la suya-,  lo que pudiera facilitar su desenvolvimiento bien alejado de todo aquello que se aproxime a lo que sus conciudadanos y hermanos ecuatorianos no quieren. En primer lugar, Lenín Moreno es un hombre de bien - independientemente de que estemos o no de acuerdo con el desenvolvimiento final de los dudosos resultados de las recientes elecciones, así como con la tendencia socialista del partido que representa como aliado de Alianza PAIS- que más que un político propiamente dicho, ha sido un funcionario de acción que se destacó en el terreno social al haber sido el principal gestor de la misión solidaria Manuela Espejo, con la que se daba el primer diagnóstico de la situación de los discapacitados en Ecuador, y gracias a su labor complementó este programa con el pago de un subsidio mensual (USD 240) para el cuidado de personas con limitaciones severas.
 
Moreno, al igual que la mayoría de los ecuatorianos, tiene muy arraigado un nacionalismo acérrimo que lo hace pensar en el bien de la nación, la que ahora tiene el deber de dirigir por encima de su interés personal, de sus fraternos lazos con Rafael Correa, y de las  tendencias socialistas del Partido Alianza PAIS que él representa  -si es que se puede aplicar conceptualmente este término a la modalidad de sistema político que se impuso en la pasada década a Ecuador,* y al fenómeno que se ha interpretado como Socialismo del siglo XXI en estos tiempos.
 
En segundo lugar, e independientemente de que ya algunos malintencionados lo han comparado con Nicolás Maduro por una posible incapacidad intelectual, lo que no deja de ser pura especulación y sensacionalismo de la prensa amarilla, y si bien es cierto que su fuerte no es la elocuencia en el discurso -tampoco lo ha sido el del presidente saliente, aunque se lo hicieron creer y con gusto lo asumió hasta el último día de su mandato-, no podemos dudar de la capacidad de un hombre que se desempeñó en 2013, en Ginebra, como enviado especial del secretario de la ONU sobre Discapacidad y Accesibilidad.
 
Por lo tanto, pudo percibir que el fracaso de Rafael Correa -aunque no lo ha expresado abiertamente, pero de manera sutil está implícito en algunas de sus iniciativas y proyectos para su mandato-, estuvo determinado en gran medida por sus métodos de gobierno, y por su forma,  de manera particular aquel carácter que lo convertiría de manera gradual en el ser “omnipotente” y “todopoderoso” que alimentó su ego a niveles inusitados y que respondía con un violento exabrupto contra todo aquel que se le opusiera.
 
Moreno está convencido de la ineficacia de un gobernante que insultaba públicamente desde la tribuna, y con su ironía provocaba el malestar de todos, incluidos a los más altos representantes de la cúpula militar, a quienes despreciaba, y de los altos funcionarios de su propio gobierno, así como a los principales líderes de la oposición, a los que llevó a la marginación, y de los que difamó como pocos presidentes han hecho en el mundo, amén de haber dado muestras de total intolerancia y discriminación al lanzar a sus fuerzas  policiales contra la etnia Shuar  -conocidos como los jíbaros, la comunidad indígena más numerosa de la Amazonía, que habitan entre las selvas de Perú y Ecuador- que reclamaban los derechos de sus tierras en el intrincado oriente de la Amazonía ecuatoriana; sin que olvidemos la agresión autorizada por él a más de un centenar de cubanos que se manifestaban de manera pacífica en el norte de Quito en reclamo de sus derechos como emigrantes.
   
Al parecer el nuevo presidente pretende borrar esa imagen dictatorial; aunque es muy temprano aun, y no podemos olvidar que cuando aquel simpático y apuesto joven subió al estrado por vez primera en el año 2007 también se mostró amable, educado, con un refinamiento europeizante, preocupado por los desposeídos y con las intenciones de encausar a una nación con un historial presidencial nada agradable, lo que en breve experimentó un viraje radical de 180 grados que lo convertiría en el mayor déspota de la historia política continental de estos tiempos, tan solo superado por el tirano Fidel Castro; pero como esto también lo sabe Moreno, no se puede dar el lujo de repetir la historia, así que la opción que tiene es la de mantener una línea política en su mandato bien distante de la de su protector y principal difusor de su campaña.
 
Téngase presente que Lenín Moreno ha declarado que el estilo de gobierno del presidente saliente Rafael Correa ya no resulta útil en el actual contexto de la nación, por lo que se ha comprometido a mantener durante su mandato un estilo de “tolerancia, de respeto, de tender la mano permanentemente a todos los ecuatorianos”, que incluye a los de “todo o nada”, lo que ha sido motivo de ciertas especulaciones en torno a un distanciamiento del actual mandatario con su predecesor, y hasta con su vicepresidente actual, lo que ha desmentido el propio vicepresidente Jorge Glas durante su última visita a Guayaquil, la ciudad más populosa de Ecuador, aunque tuvo que admitir que Moreno maneja un estilo diferente; pero que seguía siendo dentro la revolución ciudadana, este último, el eslogan escogido por Correa como equivalente de la chavista revolución bolivariana, idea interpretada por Viviana Bonilla, actual primera vicepresidenta de la Asamblea Nacional, como un nuevo escenario político y de nuevas demandas ciudadanas, con un nuevo liderazgo, aunque fue conservadora al referirse a que “los principios están intactos”, refiriéndose a las directrices de Alianza PAIS.
 
En tercer lugar, estoy convencido de que Lenín Moreno irá dejando a un lado todo aquello que haga evocar la desagradable imagen de aquel que se creyó un rey, y que desde su palacete de Carondelet manipulaba a sus súbditos, por lo que atrás quedarán sepultadas para siempre las emotivas frasecitas asumidas por Correa, de manera particular, la tan usada en sus despedidas: “Hasta la victoria siempre”, la que además de reafirmar sus erradas posturas comunistas, fuera del contexto actual ante el  anquilosamiento del sistema socialista, constituye una ofensa a la idea del bien, por cuanto procede de aquel despiadado guerrillero argentino que predicó acerca del odio entre los hombres y afirmó que experimentaba placer al matar, lo que al parecer no entra dentro de los códices de Moreno.
 
También evitará en su mandato utilizar términos como: socialismo, capitalismo, comunismo,  imperialismo, marxismo, o cualquier otro ismo al enfocarse en su línea reformadora de la sociedad mediante propuestas económicas y sociales, que es lo que quiere y necesita su pueblo, algo que ya se logra percibir en su estilo de hombre práctico en el que no hay lugar para utopías y excesivas teorizaciones en ideas estrafalarias que dispersen su labor. En el orden práctico ya se entregan casas a familias desposeídas afectadas por los grandes sismos, y hasta donde he podido acceder y consultar, no lo ha hecho a nombre de socialismos ni de revoluciones ciudadanas. También se hacen sendas revisiones de casos susceptibles de recibir ciertos amparos y ayudas económicas, sin que se esté haciendo de esto el centro de la atención del momento.   
 
De igual modo sabrá mantener una distancia prudencial con los mandatarios de Cuba, Bolivia y Nicaragua, los sobrevivientes del Socialismo del siglo XXI, para abrirse paso ante el mundo. De hecho, ya declaró oficialmente su interés de establecer fuertes lazos con el gobierno de Estados Unidos, con lo que atenúa las delirantes ideas antiimperialistas del anterior mandatario, quien veía la sombra del imperio por todas partes como causa de sus fracasos, algo que distingue a todos los líderes de las dictaduras socialistas de Latinoamérica, y que tiene su precedente en la singular obsesión del dictador cubano Fidel Castro.       
 
Si a esto sumamos su disposición para sentarse a dialogar civilizadamente con los sectores de la oposición por cuanto no quiere ser un gobernante excluyente; su primer encuentro con los medios de prensa, a los que pretende volver a incluir en los designios de la nación; las múltiples propuestas para el desarrollo de programas encaminados al bienestar de los desposeídos; así como su acercamiento y ratificación del protagonismo a los militares en el cuidado del país, y en su propia protección como máximo gobernante, podremos intuir que las intenciones del nuevo presidente se alejan cada vez más de la política de mano férrea y de prohibiciones de todo tipo que por más de una década se aplicó en la nación suramericana a la que se le impuso un intento de modelo socialista.**

*  La propuesta del Socialismo del siglo XXI en Ecuador se ha presentado como algo  difuso, carente de verdaderas y razonables bases teóricas, con excepción de ciertos aspectos que por conveniencia de los líderes y mandatarios han establecido. Así, el respeto de la propiedad privada, aunque con fuerte regulación estatal, la preservación de la democracia política con importantes condicionantes y su diferenciación con las experiencias socialistas del pasado se mezclan con la realidad o lo que verdaderamente ocurre en el orden práctico. El modelo de Estado socialista del socialismo del siglo XXI, teóricamente ha pretendido ser un socialismo revolucionario, sustentado de la filosofía y la economía marxista, y basado en ciertos ejes principales: el desarrollo democrático regional, la economía de equivalencias, la democracia participativa y protagónica y las organizaciones de base. Sus teóricos han propuesto un reforzamiento radical del poder estatal democráticamente controlado por la sociedad para avanzar el desarrollo; aunque en realidad en el orden práctico no ha existido ese poder democrático que la sociedad debe controlar. No fue posible jamás en Ecuador aplicar un sistema de nacionalización, que no es lo mismo que intentar obstaculizar el desarrollo del sector privado, algo que ha distinguido a la política ecuatoriana durante su década, más que socialista, correísta.
 
** En Ecuador se han vinculado un capitalismo social (nivel económico) y Estado popular o ciudadano (nivel político), según la percepción de los teóricos Juan J. Paz y Miño Cepeda, de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Esto lo hace diferente al modelo marxista (aunque tampoco es antimarxista, puesto que reconoce y valida a la teoría de Marx como fundamento histórico), pero también diferente a otros modelos de capitalismo social. “El nuevo socialismo articula, en definitiva, empresa privada con inversión pública e intervencionismo económico y regulador del Estado, amplias políticas sociales y firmes medidas para redistribuir la riqueza; pero, además, se basa en la captación del Estado, para desplazar los intereses de las burguesías/oligarquías e imponer la hegemonía del poder de los ciudadanos y sectores populares”. ¿Qué es entonces el nuevo socialismo que se ha pretendido imponer a Ecuador por diez años? Algo que teóricamente les han hecho creer; pero tan distante de los preceptos de Marx, realmente ya no es un socialismo ni de nuevo tipo, ni de nada, sencillamente no ha sido un socialismo sino una caprichosa dictadura correísta.
 
       (Continuará)

Escrito especialmente para la página CUBANALISIS que dirige el profesor y analista político Eugenio Yáñez, cuya opinión de dicho escrito reproducimos a continuación: "Alberto: muy bueno tu trabajo, excelente: objetivo, demostrativo, sutil, sin especulaciones o inferencias "sesudas" que no dicen nada, pero con evidencias muy específicas y amplio conocimiento del tema. Y, sobre todo, original. No he visto nada de este tipo en la prensa, y mira que me toca (o me impongo) revisar cientos y cientos de informaciones diariamente".

Publicado por:
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