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La filosofía pierde espacios cada día.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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La filosofía pierde espacios cada día.
« en: Junio 04, 2017, 03:56:43 pm »
                                        La filosofía pierde espacios cada día.
                                                  Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


                                   

Naples. Estados Unidos.- En un mundo de extrema rapidez, con un dinamismo que adquiere dimensiones quasi increíbles, y donde, al parecer, la mente humana como principio se adapta a las exigencias de las tecnologías, y de un nuevo lenguaje comunicativo demasiado concreto y limitado a cuestiones demasiado prácticas y precisas, lo especulativo que conduce a los dominios de las abstracciones filosóficas se va quedando rezagado, y esto resulta perceptible hasta en los mismos círculos de “filósofos” actuales en los que resulta patente una tendencia a concretar demasiado el conocimiento filosófico a cuestiones puramente sociales y políticas, y a su aplicación en este sentido a solo unos cuantos puntos del acontecer mundial, con lo que dejan a un lado los móviles mismos generadores en sí de los grandes conflictos por los que atraviesa la humanidad.
 
Por otra parte, entre el fanatismo extremo de unos, el escepticismo de otros, y lo peor, la indiferencia de las multitudes, ahora atrapadas casi por completo en las trampas de las llamadas redes sociales, en el amarillismo sensacionalista de una prensa que ya no es prensa, en el excesivo consumismo, y en los estados de enajenación como mecanismos para evadir ese enorme vacío existencial por el que pasan millones de hombres del presente, sin duda, todo aquello que implique un mínimo esfuerzo de carácter intelectual resulta rechazado, por lo que estamos en un punto crucial, en el cual, la filosofía, aquella ciencia humanística que propone el constante ejercicio de la inteligencia en pos de la investigación acerca de todo lo que tiene relación con el hombre, pierde espacios cada día.

Con el desarrollo de otras ramas  - utilizo el término para no entrar en discusiones académicas acerca de si se trata de ciencias propiamente dichas o derivaciones de una gran ciencia del terreno de las humanidades- como la antropología social, la bioética y la psicología política, muchos de los grandes temas que ocuparon la atención de la madre del conocimiento fueron pasando a ser ejes indispensables en el campo de estas últimas, lo que sin duda, ha determinado en gran medida la pérdida de un protagonismo que jamás debió haber perdido.
 
En el pasado la Filosofía lo mismo se ocupaba de desentrañar los grandes misterios que acontecen en torno al universo que los conflictos surgidos en las sociedades; así como las implicaciones en el orden moral a partir de las conductas de los hombres, entre otros muchos aspectos del saber. Desde las academias y liceos, que esencialmente eran dirigidos por filósofos y donde los que enseñaban eran también filósofos, no solo se abordaban temas de naturaleza filosófica, sino que se impartía gramática, oratoria, ciencias naturales, matemáticas, geometría, astronomía, lógica y ética; aunque todas vistas desde la óptica filosófica, lo que en nuestros días diríamos algo así como una asignatura rectora.
 
En el presente es la ciencia a través de ciertas ramas de la física, de las matemáticas y de la astronomía, la encargada de las investigaciones acerca del surgimiento, del estado actual y del futuro de nuestro universo, y ha llegado tan lejos en este sentido que sostiene con firmeza la teoría de la existencia de múltiples universos que de manera paralela; aunque en dimensiones diferentes, y desde perspectivas distintas, marchan evolutivamente junto al nuestro, el que no es sino solo una ínfima porción de todo un vasto misterio que se disipa en la recóndita inmensidad del Kosmos, al que el hombre solo se ha aproximado levemente y ha podido llegar a un punto insignificante si se considera su magnificencia.

Recordemos que las investigaciones científicas quedan limitadas a partes de nuestro sistema solar, el cual se integra en una multitud de sistemas, a solo un universo de las multitudes que se estima existan en evolución junto al nuestro. También desde el punto de vista filosófico y místico-religioso se ha afirmado que ni siquiera los más elevados seres, los que dada su condición de verdaderos iniciados en los misterios, esto es, Adeptos o Mahatmas, quienes han podido acceder desde su conciencia a la conciencia divina, han podido penetrar en los grandes misterios más allá de nuestro sistema solar, algo que se ha mantenido como enseñanza en las más antiguas tradiciones de las legendarias filosofías orientales.
 
Con la intervención directa de la ciencia en las investigaciones acerca de los misterios del universo la filosofía perdió su protagonismo en este aspecto, y no tuvo otra opción que enseñar a unos pocos discípulos necesitados de la sabiduría de las edades aquellas cosmogonías que desde el pasado se fueron conformando en algunas escuelas de pensamiento, a lo que de manera inteligente algunos han añadido los indiscutibles aportes que la ciencia ofrece cada día.
 
De esta forma pudiera resultar fascinante para muchos poder vincular el concepto científico del nacimiento del universo desde un punto matemático infinitesimal, en el cual todo está contenido, aunque de manera potencial, con la legendaria teoría de las ideas desarrollada por Platón algunos siglos antes de la era cristiana, según la cual, todo lo que se expresa en un mundo, que él llamó sensible, tiene su origen en otra dimensión, esto es, como ideas o modelos arquetípicos, en un mundo que llamó inteligible.
 
Pero no siempre se da la posibilidad de que aquellos encargados de predicar las enseñanzas filosóficas, y en primer lugar, de hacerlas atractivas - sin que por esto las traten de simplificar hasta hacerlas parecer ridículas a la percepción de los conocedores y necesitados del conocimiento-  a través del dinamismo de estos tiempos, y de aquello que desde la perspectiva científica se asemeja a la sabiduría antigua, sean capaces de asumir una actitud de diálogo e intercambio, ni tampoco aquellos encargados de enseñar la filosofía están siempre al tanto del acontecer científico, lo que obstaculiza esta manera de poder hacer más didáctico el proceso de transmitir un conocimiento que generalmente resulta abstracto y demasiado denso.
 
                           

Por otra parte el estudio de las sociedades, de las complejidades de su estructura en el contexto actual, los intercambios culturales, el sentido del ascenso y el descenso de las civilizaciones del pasado y del presente, entre otros tantos temas de carácter social, se convirtieron en el centro de atención, desde la segunda mitad del siglo diecinueve hasta el presente, de una ciencia que el hombre la aceptó con mayor ímpetu que la filosofía. La antropología como ciencia humanística llegaba para quedarse y con su fortalecimiento la filosofía seguía perdiendo espacios que en otros tiempos fueron suyos.
 
Recordemos en el pasado las enseñanzas de Platón y Aristóteles en relación con los temas de carácter social. El primero de ellos profundizó en el estudio de la división clasista de la sociedad de su tiempo, y aunque su estado estaría basado en una necesidad ética de justicia - algo que brillantemente asumió Aristóteles más tarde mediante sus concepciones acerca de la ética de la justicia-, estableció un orden jerárquico inviolable y una necesidad de armonía entre la estructura triple de sus sistema, según la cual existirían los artesanos o labradores, los guerreros o guardianes y los gobernantes o filósofos, estos últimos eran los encargados de dirigir según su grado de inteligencia, y formaban la razón del alma. Platón insistió en la idea de que la razón y la sabiduría (episteme) son las que deben gobernar, lo que no equivale a tiranía, despotismo u oligarquía.

También se refirió a las aptitudes que debían tener los gobernantes, según él, debían ser filósofos para encausar adecuadamente los designios de las naciones bajo su mando, en La República expresó: “Hasta que los filósofos gobiernen como reyes o, aquellos que ahora son llamados reyes y los dirigentes o líderes, puedan filosofar debidamente, es decir, hasta tanto el poder político y el filosófico concuerden, mientras que las diferentes naturalezas busquen solo uno solo de estos poderes exclusivamente, las ciudades no tendrán paz, ni tampoco la raza humana en general”.

Estos análisis de las complejidades de las sociedades se mantuvieron dentro del campo de la filosofía como elementos esenciales de su enseñanza desde el surgimiento mismo de los primeros conceptos filosóficos hasta los inicios del pasado siglo XX, en que prácticamente la Antropología le quitó, por decirlo de algún modo, estos temas que otrora formaban pare indispensable de su campo de acción.

Hacia el final del siglo XIX el alemán Carlos Marx teorizó sobremanera y desarrolló su hipótesis acerca de que la propiedad y la administración de los medios de producción debía ser por parte de las clases trabajadoras, así como en la finalidad  de lograr una organización de la sociedad en la cual exista una igualdad política, social y económica de todos.  Puntualizó además acerca de la desaparición de las clases sociales, aportando al materialismo histórico conceptos que en el orden teórico merecen ser estudiados; aunque como ya se ha comprobado durante más de un siglo, en el terreno práctico resultan insostenibles; y esto en los tiempos de Marx -aunque ya se empezaba a desarrollar la antropología, a la vez que adquiría matices que la implicaban en el campo de lo social de su tiempo- se asumió e interpretó desde la filosofía, aun cuando en realidad sus preceptos en el presente han de estudiarse desde la antropología social más que desde la filosofía propiamente dicha.

También la ética lograba su independencia a pesar de que el legado de Sócrates desde la ética de la virtud se mantuvo intacto hasta la llegada de Kant y su introducción de la ética del deber – lo que tal vez no fuera de manera consciente por parte del teórico alemán, y sin pretensiones de desplazar con su nueva visión al padre de la mayéutica-.

Una vez alcanzada esta independencia la filosofía perdía otro campo temático, el de las actitudes de los hombres, el del cumplimiento de los deberes, el de la moralidad y de la disciplina. Desde la ética en sí, surgía la deontología, la ciencia de los deberes, y ante el avance científico del siglo XX y los grandes desafíos paradigmáticos de un mundo invadido por la ingeniería genética, los trasplantes de órganos, los cambios de sexo, los implantes, los experimentos in vitro, la eutanasia, entre otros tantos conceptos, hasta entonces no asumidos, surgía pues, algo que más allá de la ética implicaba sobremanera a la vida humana en relación con una serie de procederes del campo de las ciencias biológicas y biomédicas. La Bioética nacía como colofón capaz de entrelazar lo ético propiamente dicho con las implicaciones de los avances científicos de estos tiempos en la vida humana, lo que representaba para la filosofía otra pérdida de un espacio enorme que por ley también le pertenece.

Así las cosas, los filósofos actuales han tenido que adentrarse en temas, que sin dejar de ser suyos, aparecen en el mundo como asuntos de la ética, la bioética, la deontología, la antropología, la sociología, la psicología política, la astronomía, la física cuántica y las matemáticas aplicadas.

Hoy los filósofos están inmersos en teorizar acerca de los complejos y contradictorios temas en torno a la idea de las democracias -que la mayoría de las veces no lo son-, de las dictaduras - que han existido siempre a través de la historia, aunque hoy conoce mucho más de su existencia gracias a la velocidad de la información-, de un sistema capitalista que por más de un siglo han estado cuestionando, y que le han inventado crisis cuando no las tuvo, y dejaron de percibirlas cuando en realidad las ha tenido, y lo peor, algunos se empeñan en hacer la defensa de una izquierda fantasmal, que cual chaya o proyección desde su propia sombra, se interpone en un presente que no necesita de sus aparentes bondades; una izquierda que tras la apariencia de la democracia, la equidad y la justicia social pretende llegar al poder para ya jamás dejarlo, y también especulan acerca de un socialismo que ya para nada se parece a lo establecido por Blanqui, Cabet, Saint-Simón, Fourier, Sismundi, Owen y Marx; pero aún así, increíblemente lo defienden a capa y espada, tal vez porque solo conocen acerca de los que teorizaron estos nobles pensadores y jamás han pasado por la experiencia del totalitarismo, la represión, la marginación, el ostracismo, la ausencia de libertades, y hasta la manipulación del pensamiento.
 
También a veces son consultados para opinar sobre globalización, desigualdad, calentamiento global, alimentos transgénicos, energía eólica, medicina holística, naturismo, y hasta de los misterios de las pirámides, todo lo que en realidad pertenecía al campo de la filosofía como madre de las ciencias; aunque en estos dinámicos tiempos ha cedido aquel protagonismo que siempre fue suyo, y que jamás debió haber perdido, el que merece recuperar para su bien y para el bien de una humanidad que se dispersa en la superficialidad, el consumismo y la ignorancia.