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Algunas ideas sobre Aquello que llamamos Absoluto o Realidad Primaria. Parte I.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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  Algunas ideas sobre Aquello que llamamos Absoluto o Realidad Primaria.
                                                            (Primera parte)
                                              Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


Naples. Estados Unidos.- La Realidad Primaria o Última, esto es, el Absoluto, es el Aquello, el concepto de mayor complejidad y de mayor grado de abstracción en el mundo de la filosofía. Dicha Realidad resulta incomprensible, al menos, de la forma en que el hombre promedio pretende comprenderla. No podemos analizar lo abstracto y eterno desde las limitaciones de lo concreto y de lo temporal. No es con el intelecto que se llega a comprender el real significado de esta abstracción de abstracciones; sino con el desarrollo de la intuición y de la espiritualidad verdadera, la que más allá de ritualismos, plegarias y fórmulas “sagradas”, llega a establecerse en el hombre capaz de educir sus principios espirituales y de fundir su conciencia con la Superconciencia de dicha Realidad.

A esta Realidad Absoluta no se la puede conceptualizar puesto que carece de atributos que permitan caracterizarla, en última instancia negando aquello de lo que carece aparentemente; aunque en el fondo, desde su esencialidad lo tiene todo en sí, es que pudiera esbozarse una conceptualización, la que siempre estaría sujeta a errores y mal interpretaciones por aquellos que se acercan a estos temas buscando con rapidez lo concreto y demostrable cualitativamente.

Se le ha intentado describir a partir de sus dos modos más elementales de expresión, esto es, Ser Absoluto en sí, y No-Ser Absoluto en sí, los que en su interrelación originan por sucesivas diferenciaciones el esbozo del Hijo Cósmico o Divino, categoría que ha sido reconocida en las filosofías orientales del presente como Logos Cósmico Inmanifestado, y que en realidad es el primer reflejo de Aquella Realidad que permanece por la eternidad en su condición de Absolutidad.

Pudiéramos decir que es un estado intermedio entre lo siempre inmanifestado de la Realidad Primaria o Última y el Hijo Cósmico expresado como Vida, es decir, el Logos Cósmico Manifestado, quien es en última instancia el Gran Arquitecto de los antiguos masones, el Demiurgo Creador para Platón, el Verbo que estaba ya desde el principio de San Juan, y el λóγος de los legendarios griegos.

Esta Realidad permanece sin contacto directo con aquello que se expresa en el mundo de las formas a través de la manifestación, esto es, con las cosas del mundo sensible, en el cual solo aparecen expresiones parciales de las realidades que se han concebido de manera arquetípica en el mundo inteligible, esto es, en el mundo de las ideas arquetípicas que han sido “creadas” por dicha Realidad Absoluta.

Resulta difícil tratar de simplificar, o al menos, hacer comprensible algo que está más allá de la comprensión y que no puede conceptualizarse, describirse, ni caracterizarse, por cuanto, carece de atributos objetivos que nos permitan tales propósitos. Esto es pues lo Absoluto, el Aquello, la Única Realidad Autoexistente per se, la Realidad Primaria más allá del alfa y del omega. Es pues ese “Principio Omnipotente, Eterno sin límites, e Inmutable, sobre el cual toda especulación es imposible, porque trasciende el poder de la concepción humana, y sólo podría ser empequeñecido por cualquier expresión o comparación de la humana inteligencia. Está fuera del alcance del pensamiento, y según las palabras del Mândûkya es inconcebible e inefable”, según lo definiera la mística y erudita de origen ruso Helena Blavatsky en el Proemio de su obra Doctrina Secreta, mientras que para Hegel en su Fenomenología del Espíritu: “Lo verdadero es el todo. Pero el todo es solamente la esencia que se completa mediante su desarrollo. De lo absoluto hay que decir que es esencialmente resultado, que sólo al final es lo que es en verdad, y en ello estriba precisamente su naturaleza, que es la de ser real, sujeto o devenir de sí mismo”.

Para Manuel Martínez Méndez, “La Seidad es una Realidad que en sí misma lo contiene todo en potencia, pero no en acto, por tanto emana lo relativo, lo individual, para poder expresar en acto sus propias potencias”. Por lo tanto, ante la imposibilidad de ofrecer una definición conceptual sencilla, amena y didáctica que pueda auxiliar a aquellos que se acercan a estos temas, no me queda otra opción que ofrecer de la forma más clara y precisa posible algunas ideas en torno al concepto más abstracto, más complejo y menos comprendido de la filosofía. Podemos admitir la idea de que esta Realidad se nos expresa – y acá expresión no es sinónimo de manifestación, por cuanto, dicha Suprema Realidad no se manifiesta- a través de sus modos más elementales o sus proyecciones más sutiles, los que han sido llamados en la filosofía occidental, El Ser, es decir, el Sentido o Conciencia; y El No-Ser, Substancia Primordial o Madre Cósmica, aquel elemento del Absoluto que sirve de base o de fundamento a todos los futuros planos objetivos del Universo. Para las filosofías orientales Parabrahman y Mûlaprakriti, que significan, aunque no es precisamente una traducción literal del sánscrito, la Raíz de la Consciencia y La Raíz del Poder, y se han asociado a las polaridades primarias de lo masculino y lo femenino, lo positivo y lo negativo, el Yang y el Yin de las filosofías chinas; pero todas son formas de llamar a estos dos modos más elementales de expresión de Aquella Realidad que intento definir y ante la ausencia de atributos, cualidades o caracteres acudo a sus modos incipientes o elementales de expresión.

(Continuará)