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INJERENCIA CASTRISTA Y HECATOMBE DEL SISTEMA DE SALUD VENEZOLANO

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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                         ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

            INJERENCIA CASTRISTA Y HECATOMBE DEL SISTEMA DE SALUD VENEZOLANO
                                                     Dr. Alberto Roteta Dorado.


Este escrito fue redactado especialmente para este medio y salió publicado el lunes 29 de mayo de 2017.  http://www.cubanalisis.com/ART%C3%8DCULOS/ROTETA%20DELGADO%20-%20INJERENCIA%20CASTRISTA%20Y%20HECATOMBRE....htm

             

Naples, Estados Unidos.-  En medio de la crisis política que atraviesa Venezuela en el momento actual, su presidente, Nicolás Maduro, suspendió de sus funciones a Antonieta Caporales, quien se desempeñaba hasta hace unos días como ministra de Salud. La medida fue adoptada luego de que la funcionaria diera a conocer mediante un boletín epidemiológico la situación crítica de los principales indicadores de salud de la nación suramericana.
 
Entiéndase por indicadores una serie de categorías de carácter universal dentro del sector de la salud, que son manejadas por expertos y académicos y están basadas en los resultados de algunos parámetros como mortalidad infantil y materna, embarazo precoz, índices de enfermedades transmisibles, control de natalidad, comportamiento de enfermedades crónicas, suicidios, entre otras: los que unidos al desarrollo de programas de prevención y control de enfermedades, así como a acciones de promoción de salud, ofrecen la medida del estado de la salud de una nación determinada o de un territorio, y del funcionamiento eficaz o no de su sistema de salud, lo que guarda una relación directa con su desarrollo económico y social.
 
El boletín epidemiológico de la nación suramericana es una publicación semanal del Ministerio de Salud, cuyo origen se remonta a los años 40 del siglo pasado. Dicha publicación es parte de una estrategia mundial de monitoreo de enfermedades importantes, entre ellas, las denominadas enfermedades de notificación obligatoria. Su fin principal es alertar sobre enfermedades que tienen impacto inmediato para la población.
 
En Venezuela, las cifras del boletín epidemiológico no habían sido publicadas desde octubre de 2014, por órdenes de la dictadura de Nicolás Maduro; lo que no es nuevo en el país, por cuanto es la tercera vez en los últimos 18 años que existen prohibiciones de este tipo. La publicación de estas cifras de salud está amparada bajo las leyes internacionales de acceso público a la información y también por el reglamento sanitario internacional.
 
Las razones por las que se suspende la edición de los datos no han sido explicadas por los responsables directos; pero sí resulta evidente una alta correlación entre el bloqueo de la información, la presencia de militares como jefes de la cartera de salud, y la aparición de fenómenos epidémicos de carácter nacional, como los brotes de H1N1, dengue, zika y chikungunya, a lo que se suma ahora la crítica situación de los índices de mortalidad infantil y materna que ubican a Venezuela en los peores lugares de Suramérica.
 
Alarmantes cifras reflejan el estado crítico del sistema de salud como consecuencia del régimen chavista
 
El informe divulgado precisa que un total de 11.466 niños menores de un año -y no neonatos, es decir por debajo de los veintiocho días, como afirmara hace poco un medio de origen cubano no oficialista- murieron en Venezuela durante 2016, un 30,12% más que el año anterior, en que se registraron 8.812 fallecimientos en menores de un año. Entre las causas más frecuentes de las muertes se señalan la infección neonatal, la neumonía, la enfermedad de membrana hialina y el nacimiento prematuro. Igualmente se reporta una mortalidad materna de 756 casos, equivalente a un incremento del 65,79% en comparación con el año anterior.
 
La mortalidad infantil se encuentra en 2016 en 18.6 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos, cifra que se traduce en un total de 10.500 niños muertos por año. Esta cifra está muy por encima del extremo superior del rango que el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, estima para Siria, un país en guerra, de 15,4. Mientras que la mortalidad materna ascendió a 130 por cada 100.000, o sea, 750 madres fallecidas en 2016, según divulgó -previamente a las declaraciones de la ministra Antonieta Caporales- el exministro venezolano de sanidad, José Félix Oletta, datos que habían permanecido en silencio por órdenes de la dictadura de Caracas hasta el 19 de diciembre de 2016.
 
El índice de muertes de neonatos (niños por debajo de los veintiocho días de nacidos) se incrementó más de 100 veces en los centros de salud dirigidos por el Ministerio de Salud Pública. En un reciente informe dado a conocer por diputados de la Asamblea Nacional se pasó de 0,02% en el 2012 a una cifra que supera el 2% en el 2015, esperándose un incremento mayor al computarizar los datos de 2016, los que muestran inconsistencias dado el manejo casi oculto de estos parámetros.
       
         Año         Tasa de mortalidad infantil.
        2000      26,17 muertes/1.000 nacimientos
        2001      25,37 muertes/1.000 nacimientos
        2002      24,58 muertes/1.000 nacimientos
        2003      23.79 muertes/1.000 nacimientos
        2004      22.99 muertes/1.000 nacimientos
        2005      22.20 muertes/1.000 nacimientos
        2006      21.54 muertes/1.000 nacimientos
        2007      22.52 muertes/1.000 nacimientos
        2008      22.02 muertes/1.000 nacimientos
        2009      21.54 muertes/1.000 nacimientos 
        2010      21.07 muertes/1.000 nacimientos
        2011      20.62 muertes/1.000 nacimientos
        2012      20.18 muertes/1.000 nacimientos
        2013      19.75 muertes/1.000 nacimientos
        2014      19.33 muertes/1.000 nacimientos
    2016   18.60 muertes/1.000 nacimientos*

Tasa de Mortalidad infantil expresada por número de muertes en menores de un año
por cada mil nacidos vivos en Venezuela durante su etapa chavista. **

 
Estos datos permiten afirmar que Venezuela ocupa uno de los peores puestos en el continente americano en materia de salubridad, y en Suramérica muestra cifras similares a las de Paraguay, tan solo superada por Bolivia -el país suramericano con mayor número de muertes maternas y con una tasa de mortalidad infantil cercana a 40 por cada 1.000 nacidos vivos-, Surinam y Guyana.
 
Durante la etapa chavista, a pesar de la imagen que se ha pretendido dar al mundo sobre las bondades del socialismo del siglo XXI difundido por Chávez, la cifra de mortalidad infantil se mantuvo ente 20 y 30 por cada 1.000 nacidos vivos durante todo su mandato.
 
Según la Federación Médica Venezolana, los hospitales están funcionando con solo un 3% de los medicamentos e insumos necesarios. Por su parte, la Federación Farmacéutica Venezolana sostiene que la escasez de medicamentos llegaba a 85% en enero pasado, debido a lo cual se produce un cierre masivo de farmacias.
 
De igual forma la situación epidemiológica es extremadamente crítica si se considera que en 2016 hubo 29.263 casos de dengue, así como un aumento en los casos de malaria (paludismo) -enfermedad que llegó a ser erradicada en este país- con un total de 240.613, lo que representa un incremento del 76,4% respecto al año anterior. La difteria reapareció después de 24 años de erradicación. Hacia el cierre de 2016 hubo un aproximado de 400 casos con esta patología infecciosa altamente contagiosa entre niños, lo que representa el 80% de los casos de todo el continente; dicha patología es prevenible a través de inmunizaciones eficaces, lo que al parecer también ha fallado en el país a pesar de los informes del cumplimiento de sus programas de vacunación por encima de un 95% al cierre del 2016, lo que pone en duda la veracidad de los datos informados.
 
La infección por virus del zika tuvo expresión sintomática clásica en más de un millón de pacientes, lo que se estima pudiera estar cuadruplicado, dada la enorme cantidad de posibles casos con sintomatología poco definida (por un caso sintomático pueden aparecer tres sin expresión clínica definida). Al menos 61 niños nacieron con microcefalia (disminución del perímetro cefálico como consecuencia del poco desarrollo cerebral, daño que resulta irreversible) como consecuencia de la infección materna por zika. Autoridades sanitarias prevén que puedan reaparecer para el 2017, dado el deterioro de la salud preventiva en el país, enfermedades como fiebre amarilla, encefalitis equina venezolana y el virus del Nilo occidental.
 
En el Hospital Universitario Antonio Patricio de Alcalá, en Cumaná, durante el primer semestre de 2016 murieron más de cien niños pequeños. Según declaraciones del Dr. Luis Vegas, ex-jefe de maternidad, que todavía tenía acceso al registro epidemiológico de dicha institución, en septiembre fallecieron 36 de los 43 recién nacidos que fueron ingresados en cuidados intensivos.
 
La  desnutrición infantil también azota gravemente al país. La Fundación Bengoa para la Alimentación y Nutrición, mediante sus proyectos de investigación, determinó que entre 30% y 32% de los niños venezolanos presentan algún grado de desnutrición, es decir, 30 de cada 100 niños están desnutridos, lo que sumado a los que están en riesgo de desnutrirse puede ascender hasta un 40%. La desnutrición los predispone a las infecciones respiratorias y digestivas, toda vez que los nutrientes juegan un papel determinante en el funcionamiento del sistema inmune, y a largo plazo puede afectar la talla final de un niño y retardar el desarrollo de su pubertad.
 
Las estadísticas sobre los diversos indicadores de salud, y de manera particular los referentes a la mortalidad infantil en Venezuela, son difíciles de conseguir debido a que  el gobierno ya no las reporta periódicamente; de ahí las diferencias en los valores de la tasa de mortalidad infantil entre unas y otras fuentes, al parecer determinado por el grado de secretismo que intenta mantener el régimen, así como por la posibilidad de informar datos falsos.
 
Los médicos de los hospitales estatales, donde nacen la mayoría de los niños, con frecuencia son sancionados o amenazados con la pérdida del empleo por hacer públicos los datos. La reciente sustitución de la ministra de salud Antonieta Caporales es un ejemplo de la represión de regímenes dictatoriales, en los que los hombres de ciencia no son escuchados por los mandatarios, quienes se creen en plena posesión de toda autoridad como para manipularlos y destituirlos dado el caso de que muestren los verdaderos orígenes de los males de los sistemas de salubridad.
 
Recordemos los múltiples casos que han ocurrido en Cuba en este sentido, destacándose sobremanera el caso del Dr. Héctor Terry, quien se desempeñaba como viceministro de salud para Higiene y Epidemiología, en 1993, en la etapa del llamado período especial, cuando se desató en la isla una oleada considerable de casos de polineuropatía periférica y neuritis óptica. El Dr. Terry fue suspendido de sus cargos toda vez que sugiriera el factor nutricional de la población cubana como verdadera causa del desastre. O el de otra colega muy capaz, que llegó bien lejos desde su pequeña ciudad natal, pero al enfrentar las intromisiones del viejo comandante que ya no está fue marginada a un pequeño cargo de una municipalidad habanera, a pesar de su capacidad y dedicación.   
 
Por estos alarmantes resultados, y teniendo en consideración las cifras de dos de los indicadores que se consideran determinantes para la evaluación de un sistema de salud - mortalidad infantil y mortalidad materna- podrá inferirse que la salud de la nación suramericana pasa por la peor crisis de su historia -según algunos analistas los altos índices se remontan a los que existían hacia 1957-, lo que constituye un reflejo del acontecer político y social del país bajo las garras del chavismo y los estragos de un socialismo del siglo XXI en su variante de revolución bolivariana.
 
Estos datos se publicaron fríamente por unos pocos medios, que se limitaron a exponerlos sin analizar los motivos que han conducido a la otrora resplandeciente nación a este desastre de su salubridad. Solo se asociaron estos resultados con la pobreza y la ausencia de medicamentos indispensables, dejando a un lado la capacidad de los profesionales venezolanos, los que se supone deben velar por la salud y el bienestar de la población de esta nación.
 
Según las declaraciones de varios médicos colaboradores cubanos, a los que tuve la oportunidad de entrevistar recientemente por motivo del escrito publicado en este medio con el título Colaboradores médicos cubanos. La realidad de una “misión”, la preparación de muchos de los profesionales de la salud en la tierra de Bolívar no es la mejor, lo que he podido comprobar al haber trabajado como médico en Ecuador junto a noveles médicos venezolanos, los que tenían serios problemas para su desempeño; aunque lo asumían dejando a un lado cualquier implicación de naturaleza ética ante el peligro de cualquier error.
 
A esto se suma el éxodo de médicos que tiene lugar en la medida que la crisis económica y social del país se agudiza. Las instituciones hospitalarias se están quedando sin médicos. Una investigación realizada en la Universidad Simón Bolívar demuestra que en 2015 al menos 15.000 galenos salieron del país, lo que se ha incrementado considerablemente si se compara con la cifra de 2.000 que se fueron en 2009.
 
Implicaciones del castrismo en el deterioro y colapso total del sistema de salud venezolano[/b
 
Pero el problema de la salud venezolana no debe quedar limitado a la pobreza, falta de medicamentos e insumos, incapacidad profesional y migración de médicos venezolanos; sino que dado el protagonismo que se le ha dado a los miles de médicos cubanos que durante varios años han permanecido en territorio venezolano, es válido cuestionarse entonces qué han estado haciendo durante tantos años de trabajo en este país como colaboradores, y a pesar de estas alarmantes cifras -las que son confiables al considerar las diversas fuentes serias consultadas para su confirmación y no aquellos medios que reprodujeron y mal interpretaron términos- se les sigue presentando como un “ejército de batas blancas” que hacen maravillas por el mundo. 
 
José Félix Oletta, ex-ministro de salud, ha precisado que el 80% de las muertes maternas son prevenibles mediante el control prenatal, y es justo en este punto en que los médicos cubanos -en su mayoría dedicados a trabajar a través de programas de medicina familiar en el contexto de la Atención Primaria de Salud, APS- han perdido el control, por cuanto, es a través de acciones desde este nivel de atención que se pueden identificar tempranamente aquellos factores de riesgo que pueden ser modificados en su mayoría con acciones médicas desde la APS, lo que es aplicable al cuidado de los infantes durante su primer año de vida, etapa crucial, dada la susceptibilidad a enfermedades infecciosas y nutricionales igualmente prevenibles y curables cuando se diagnostican y tratan adecuadamente.
 
Tal vez no se conozca abiertamente que el sistema de salud cubano manipulado por el régimen comunista de la isla capacitó durante varios meses a especialistas en medicina general integral, y a una considerable cantidad de médicos recién graduados no especializados, a los que ha enviado a las llamadas misiones o colaboraciones como oftalmólogos, neonatólogos, imagenólogos (especialistas en radiología) gastroenterólogos, intensivistas y fisiatras.
 
Es de esperar que los conocimientos y habilidades que normalmente requieren para su desarrollo entre tres o cuatros años, además de vencer un riguroso examen teórico-práctico y la presentación de un trabajo de investigación o tesis, con lo que finalmente se obtiene el título de especialista de primer grado en determinada rama de la medicina, no puedan lograrse mediante cursos y entrenamientos de solo tres meses -lo que afirmo con conocimiento de causa dada mi participación como pedagogo por más de veinte años en la formación de cientos de médicos-, algo que además se hace de manera masiva y con la rapidez extrema para poder cumplir con las cifras de médicos a enviar en condición de “cooperantes”, lo que aporta actualmente la mayor entrada de divisas  a un país que hace años está en quiebra y sumergido en las profundidades del abismo. 
 
Según las declaraciones de altos funcionarios del Ministerio de Salud de Cuba, las que han sido reconocidas y publicadas por medios oficialistas de la isla, la exportación de servicios técnicos, y de manera particular de los profesionales, es la principal fuente de ingresos de Cuba en este momento, con una media anual de 6.000 millones de dólares.
 
De igual forma se sabe, aunque sobre este aspecto apenas se dice nada, que los profesionales cubanos solo reciben un 30% de lo que se les paga por los gobiernos en cuyos países colaboran, cifra que varía en dependencia del país, pero como promedio, de manera general, es solo un 30%.
 
Tampoco se conoce acerca de los reportes que tienen que hacer los galenos cubanos, en los que se ven obligados a declarar datos falsos para justificar su presencia misionera en las intrincadas localidades del territorio venezolano. En sus hojas de cargo -documento donde se refleja el número de casos atendidos, datos personales del paciente como nombre, edad y sexo, diagnóstico presuntivo y la conducta asumida- deben poner nombres y datos imaginarios para lograr cumplir con los requerimientos de consultas diarias, además de las acciones de salud como charlas educativas, conversatorios con adolescentes y miembros de la tercera edad, entre otras acciones, las que en su mayoría resultan falsas.
 
De igual modo han de indicar estudios complementarios (análisis de sangre, ecografías,  radiografías, estudios urinarios y de heces fecales, etc.) por los que el gobierno cubano, en pleno acuerdo con el régimen chapista, también obtiene ganancias. Estos estudios en gran medida se hacen sin criterio de realización, lo que supone un gasto indiscriminado de reactivos y equipos que lamentablemente muchas veces faltan en Cuba, donde su población recibe atención “gratuita”, pero a expensas de lo que no es enviado a otras naciones.   
 
El estado precario de la salud en Venezuela - donde cada día  mueren un promedio de 28 niños, y que es atribuido a la falta de alimentos y medicinas- es multifactorial, y va más allá de la ausencia de medicamentos básicos y de insumos. La preparación científica de aquellos responsabilizados con el cuidado del hombre y la preservación de su salud es pésima -toda regla tiene su excepción, y como es lógico en medio de la mediocridad y de la inexperiencia han trabajado algunos galenos de excelentes condiciones científicas-, lo que contradice la imagen que se suele presentar ante el mundo de aquellos que han estado ocupando un protagonismo que no merecen.
 
Aquí están los resultados. Las cifras reportadas por la ministra de salud venezolana recién expulsada de su cargo, y suspendida de sus funciones por decir la verdad, son una realidad, lo que pone en descrédito esa imagen que la propaganda castrista intenta preservar; aunque en países como Honduras, Ecuador y Perú, sus profesionales de la medicina rechazan la intromisión de médicos cubanos, y Brasil los ha asumido de forma masiva, pero los obligó a cursar estudios de especialización para ejercer, con lo que pusieron en evidencia sus dudas respecto a su formación y a su capacidad.
 
El régimen de La Habana y su sistema de salud están directamente involucrados en este fenómeno, por cuanto de manera premeditada han vendido una imagen distorsionada de los profesionales cubanos que son lanzados sin ser especialistas en determinadas materias a ejercerlas, a lo que se suma que han de asumir responsabilidades mayores a solo unos meses de haberse graduado. También hubo etapas en que se enviaron cientos de estudiantes a cursar su último año de la carrera a Venezuela, donde ejercieron como internos (categoría que se recibe en el sexto año de la carrera), aun sin haber completado su formación académica, por lo que sin experiencia alguna deben asumir ciertas conductas y realizar determinados procederes.
 
El fenómeno de la colaboración médica masiva en Venezuela comenzó con la llegada al poder de Hugo Chávez. Hasta el presente han pasado por esa nación suramericana miles de médicos cubanos, muchos de ellos con una permanencia de hasta cinco años, y otros con segundas y terceras “misiones”, a las que llegaron no solo médicos, sino enfermeros, técnicos, fisioterapeutas y pedagogos.
 
Se ha mantenido un contingente formado por alrededor de 30.000 profesionales de la salud, de los cuales, en el pasado año 2016 se acogieron 1.663 al programa Parole para médicos cubanos, y hasta agosto de 2015 habían desertado por diversas vías alrededor de 1000, cifra que se ha incrementado ante el éxodo por la incertidumbre desde el restablecimiento de las relaciones Cuba-EEUU. Cerca de 800 entraron irregularmente en Colombia hacia el final de 2015, donde permanecieron en espera de un visado a Estados Unidos, y en estos convulsos meses a los colaboradores cubanos que continúan en Venezuela se les ha dado la orden de permanecer “resistiendo” hasta el último momento; aunque sus vidas cada vez corren más peligro.
 
El deprimente estado de deterioro de la salud en Venezuela no debe asociarse solo con la pobreza extrema a la que se ha llegado como consecuencia del régimen comunista chavista que se deshace cada día; sino a la calidad de los servicios de esta rama, en la que los médicos cubanos están responsabilizados. Y más que ellos, el régimen castrista, que tendrá que responder ante organismos como la Organización Panamericana de la Salud (OPS), y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que deberán saber de las serias implicaciones éticas del castrismo al lanzar a sus médicos sin la calificación requerida, cual “misioneros” ante el mundo, por tal de obtener las ganancias que garantizan su subsistencia.
 
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* Este dato de 2016 añadido al final y destacado intencionalmente es el más reciente aportado en las declaraciones de la ex-ministra de salud Antonieta Caporales en mayo de 2017, cuyo valor pudiera ser diferente, toda vez que el procesamiento de la información estadística se basa en reportes enviados desde municipalidades y dependencias, los que pudieran estar alterados con la finalidad de atenuar el desastre sanitario de la nación. Se estima que en realidad la mortalidad infantil del 2016 es muy superior a esta cifra. No aparece reflejada la correspondiente al 2015 por no haber tenido fuentes confiables, por cuanto los reportes para este año se referían a por cientos respecto a años anteriores, omitiéndose el valor numérico puro por cada 1.000 nacidos vivos.
 
** Fuente: CIA World Factbook, aclarando que dicha información es correcta hasta enero de 2015. Publicado en www.indexmundi.com.