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JOSÉ MARTÍ, EL HOMBRE QUE AMÓ A LA PATRIA DE LINCOLN. Segunda parte.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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             JOSÉ MARTÍ, EL HOMBRE QUE AMÓ A LA PATRIA DE LINCOLN. Segunda parte.
                                     Dr. Alberto Roteta Dorado, Naples, Estados Unidos


Su producción literaria y periodística en los Estados Unidos
 
No solo su oratoria fue fecunda en territorio norteamericano. Sus numerosos ensayos sobre diferentes temas y figuras de Norteamérica le ofrecen a su obra un privilegiado lugar en las letras hispanoamericanas.
 
Su ensayo Nuestra América, publicado en 1891, constituye una lección de lo que es el sentido de una identidad verdadera, exenta de adornos y concepciones triviales de una superficial y exótica americanización. La enseñanza de Nuestra América va más allá de lo que somos capaces de asimilar. Martí se nos presenta en su plenitud de creador y acude a todos los recursos expresivos, no solo en el marco del análisis político y social de un continente, sino desde el punto de vista formal, al explotar al máximo las concepciones estilísticas del ensayo como género. Desde el llamado inicial para conocernos con prontitud: “Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos”, hasta la célebre frase tan difundida con exceso en nuestros tiempos: “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”, utilizada de manera premeditada y desconociendo su real significado, se vislumbra esa percepción cuasi mística de una necesidad de unión continental y de un despertar de conciencia unitaria.
 
Dicho ensayo fue publicado por primera vez en la Revista Ilustrada, en Nueva York, recién concluida la Conferencia Internacional Americana y las reuniones de la Comisión Monetaria, a manera de síntesis de las ideas dispersas en las crónicas sobre la Conferencia, en el Informe sobre los resultados de la Comisión y en otros escritos como el discurso pronunciado en la Sociedad Literaria Hispano-Americana de Nueva York, el 12 de diciembre de 1889, ante los delegados latinoamericanos a la Conferencia, conocido como Madre América.
 
En esta etapa norteamericana (1880-1895), además del citado ensayo, Martí escribió sobre la temática latinoamericana: Respeto de nuestra América (1883), Mente latina (1884), Las guerras civiles en Sudamérica (1894) y Madre América (1889), este último considerado también como una de sus más grandes intervenciones en tierras de Norteamérica.
 
En su carta dirigida a Gonzalo de Quesada y Aróstegui, fechada el primero de abril de 1895, conocida como testamento literario, Martí recomendó cierto orden en su papelería para posibles tomos a publicar, dando prioridad a su producción en los Estados Unidos. El orden es el siguiente: I. Norteamericanos, II. Norteamericanos, III. Hispanoamericanos, IV. Escenas Norteamericanas, V. Libros de América, VI. Letras, Educación y Pintura; lo que ha sido respetado, hasta donde ha sido posible, en las diversas ediciones de sus obras; pero llama poderosamente la atención que insistiera en un grupo de personalidades de esta nación, entre las que destacó en primer lugar al filósofo, poeta y ensayista Ralph Waldo Emerson, mencionando además a Cooper, Phillips, Grant, Sheridan y Whitman.
 
Veneró a Ralph Waldo Emerson, a quien dedicó uno de sus más ejemplares ensayos, con una prosa envidiable y un estilo inigualable hasta nuestros días. Martí destacó el aspecto creador de Emerson a partir de una concepción inicial del proceso, que luego se transforma en virtud de una ideación, para culminar en la expresión de la idea, idea devenida, cual experiencia mística. Como trasfondo sustentador de todo el proceso creacional está la naturaleza y la divinidad expresada en ella, lo que recuerda en cierta medida el carácter panteísta de la filosofía martiana; no obstante, Emerson está considerado como un trascendentalista de los primeros, junto al predicador Theodore Parker, el pedagogo Bronson Alcott y el escritor y naturalista Henry David Thoreau, a los que también se refirió Martí.
 
Por la lectura y análisis de este ensayo sabemos que Martí se identificó con las enseñanzas del legendario filósofo, poeta y ensayista norteamericano, y por lo tanto, con esta corriente filosófica. El colosal ensayo dedicado a Emerson y el breve, aunque de gran valor histórico y filosófico que dedica a la muerte del también trascendentalista Bronson Alcott, constituyen testimonios convincentes en este sentido.
 
De este último artículo citado es la siguiente idea, en la que podemos encontrar su conocimiento acerca del movimiento trascendentalista: “Escribió ideas que parecen luces en aquel histórico Dial, donde la filosofía trascendental quedó más bella cuando él la dotó -refiriéndose a Alcott-, con sus Versículos Orféicos; al filósofo ilustre entre los trascendentalistas, que quisieron conformar los accidentes del mundo a su esencia, el hombre al Universo y la vida a su fin”.
 
La frase final del siguiente fragmento del ensayo dedicado a Emerson nos ofrece, a modo de resumen, el sentido de la grandeza de Emerson, según la valoración martiana: “No obedeció a ningún sistema, lo que le parecía acto de ciego y de ciervo; ni creó ninguno, lo que le parecía acto de mente flaca, baja y envidiosa. Se sumergió en la naturaleza, y surgió de ella radiante. Se sintió hombre, y Dios, por serlo. Dijo lo que vio; y donde no pudo ver, no dijo. Reveló lo que percibió, y veneró lo que no podía percibir. Miró con ojos propios en el Universo y habló un lenguaje propio. Fue creador, por no querer serlo. Sintió gozos divinos, y vivió en comercios deleitosos y celestiales. Conoció la dulzura inefable del éxtasis. Ni alquiló su mente, ni su lengua, ni su conciencia. De él, como de un astro, surgía luz. En él fue enteramente digno el ser humano”.
 
El 17 de mayo de 1887 Martí publicó en El Partido Liberal de México el conocido escrito dedicado al poeta Walt Whitman, y un mes más tarde, el 26 de junio del propio año en el periódico La Nación, de Buenos Aires. José Martí hizo una valoración de aspectos esenciales del contenido de la obra del gran poeta norteamericano. Trató de llamar la atención de sus lectores sobre la sutil diferencia entre lo lírico personal y el yo real del poeta y en este sentido señala: “así parece Whitman con su persona natural, con su naturaleza sin freno  en original energía”, y también describe  al “hombre padre, nervudo y angélico”.
 
El poeta norteamericano es enjuiciado desde diversas aristas por Martí. Se refirió a una multitud de intelectuales y críticos  norteamericanos que por diversas causas, pero sobre todo por incomprensión, no apreciaron en su medida la obra de Walt Whitman, al extremo de llegar a prohibir su libro Hojas de hierbas, el que Martí consideró poseedor de un conocimiento a la altura de  “los libros sagrados de la antigüedad por su profético lenguaje y robusta poesía”.
 
He dejado para el final, y no por ser precisamente lo menos importante, sino por el contrario, dada su trascendencia, y por lo que más se conoce a Martí, junto a sus Versos Sencillos. Me refiero a La Edad de Oro, esa revista, cuyos únicos cuatro números contribuyeron a realzar la ya ganada universalidad del héroe cubano. Cuando José Martí publica el primer número de su revista para los niños, en el mes de julio de 1889, en la ciudad de Nueva York, ya había tenido varias experiencias como maestro,  primero al ser nombrado en Guatemala, en 1877, profesor de la escuela normal en la cátedra de Literatura y catedrático de literatura francesa, inglesa, italiana y alemana, así como de Historia de la Filosofía en la Universidad, y cuatro años más tarde, al ejercer el magisterio en Venezuela, en los colegios Santa María, y en el Villegas, donde dio clases de gramática francesa y literatura, y literatura y oratoria, respectivamente, en 1881. Tal vez estas incursiones en la enseñanza para niños y jóvenes contribuyeran a que la revista, devenida en libro, sea no solo el texto que le permitió a Martí “conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros del mañana”, sino la oportunidad de motivar el interés por la lectura, por cultivar la inteligencia y por ofrecer a través de la fábula, del poema o del relato, valores éticos y morales. De cualquier modo siempre despertar, como la aurora, “la esposa hermosísima del Sol”, que “se levanta más temprano que él para cerciorarse por sí misma de que todo está preparado, de que nada falta y de que el señor puede salir”; como diría el poeta, narrador y ensayista mexicano Manuel Gutiérrez Nájera (1859-1895), al comparar el alba con las páginas albas de la revista martiana.
 
Para Gutiérrez Nájera: “El trabajo que en él se emprende y cumple es el trabajo del alba: despertar. Pero despertar suavemente; despertar besando…como ella”. Nada más cercano a la idea del alba, que precede aún a la salida del Sol, de la encarnación de la Divinidad, adorado desde tiempos inmemoriales a través de cultos solares, y los instantes previos a su aparición por el oriente, -de donde surge la luz-, son tan sagrados como la aparición misma del venerado astro. Así, los niños y jóvenes que estudien La edad de Oro, irán despertando gradualmente lo que está de manera potencial en ellos, todas las cualidades y nobles virtudes que los harán hombres de bien en el futuro. La Edad de Oro, es pues, nuestro sol, con su aurora que le precede, y que prepara su advenimiento para que pueda brillar y despertarnos.
 
En sus páginas se destacan ensayos como: Las Ruinas Indias, El Padre Las Casas, Tres héroes, La historia del hombre contada por sus casas, Músicos, poetas y pintores, y de manera particular, dado su profundidad y estilo impecable, Un paseo por la tierra de los anamitas, los que pueden ser considerados verdaderos paradigmas de este género -a pesar de que fueran dirigidos al público infantil-, no solo en lo formal o estilístico, sino como muestra de una vastedad cultural más allá de cualquier posible pretensión, y de una erudición inigualable, de la que hacía un derroche, lo mismo al describir los detalles constructivos de los antiguos palacetes, de la torre Eiffel o de las viviendas indígenas primitivas, que al abordar las características del teatro vietnamita y la utilización de los instrumentos musicales típicos del lejano oriente, que al referirse a los últimos avances de su tiempo en el campo de la ciencia, la literatura, la pintura y la música.
 
No es posible hacer un análisis de toda su creación en los Estados Unidos, por lo que quedarán siempre aspectos de su obra pendientes de abordar. Su poesía también adquirió dimensiones de carácter universal con la publicación del conjunto de poemas que conforman sus libros Ismaelillo y Versos Sencillos, lo que por su importancia nos daría para otro escrito de este tipo.
 
El periódico Patria que mantuvo desde su primera edición en 1892 hasta su muerte en 1895 -aunque continuó en activo hasta 1898 con la publicación del número 522- constituye otro ejemplo de su labor en este país. Desde las páginas del modesto periódico sostenido gracias a las contribuciones de los emigrados cubanos José Martí mantuvo el aliento de aquellos que permanecieron en el exilio, siendo determinante para la labor del Partido Revolucionario Cubano. 
 
                                         

Es justamente en suelo norteamericano donde se aprueban las “Resoluciones tomadas por la emigración cubana de Tampa”, consideradas como el preámbulo a las Bases del Partido Revolucionario Cubano, fundado por Martí, documento necesario en el que el maestro da muestras de su habilidad en lo estratégico. Pero aún más, sus capítulos y acápites están matizados de una enseñanza donde se percibe lo filosófico como trasfondo de cada sentencia, de cada propuesta y de cada cláusula, lo que le aproxima a Montesquieu, la figura más prominente de la filosofía política dentro del Iluminismo Francés.
 
A modo de epílogo
 
Haber vivido en “las entrañas del monstruo” al parecer fue verdaderamente inspirador para José Martí, lo que no destacan los medios oficialistas cubanos empeñados en hacer prevalecer absurdas ideas que han acomodado a su conveniencia. Esta  muestra de su quehacer en tierras del “norte revuelto y brutal” son una prueba más que convincente para demostrar que la inmensa mayoría de sus ensayos, discursos y escritos periodísticos, fueron escritos en esta tierra que lo acogió, y le permitió ser reconocido como una de las figuras más influyentes de su tiempo, tanto en el terreno social y político, como en lo literario y lo filosófico. Aquí pasó la mayor parte de su vida, y lejos de haberse sentido deprimido, decepcionado y eclipsado, encontró el medio que le inspirara para entregarnos sus enseñanzas, llevadas a un nivel de perfección y a tan elevado sentido de profundidad como pocos en el mundo de las letras hispanoamericanas han podido hacerlo.
 
Que se refirió a un norte revuelto y brutal, a un monstruo, y a un sentido expansionista, es cierto: ocultarlo sería caer en el mismo plano de los comunistas cubanos; pero hacer una exaltación más allá del tiempo y lugar, esto es, sacarlo de su contextualidad histórica, constituye una tergiversación de la bendita enseñanza del Apóstol, lo que han estado haciendo aquellos que adueñándose de la palabra del más genuino de los cubanos de todos los tiempos le han manipulado, y lo peor, presentan esa imagen ante el mundo como si fuera verdadera. Recordemos que expresó en su escrito Vindicación de Cuba que amaba a la patria de Lincoln, lo que el régimen mantiene en silencio, por cuanto contradice por completo la tan difundida idea del monstruo.

Solo un estudio profundo que nos conduzca al análisis detallado, y a la exégesis deliberada de su extraordinaria obra, nos permitirá enfrentarnos, cual apologetas de estos modernos tiempos, en defensa de aquel, que según diría la poetisa y pedagoga chilena Gabriela Mistral, es el hombre más puro de la raza. 
 
Este ensayo ha sido escrito especialmente para el sitio Cubanálisis que dirige el destacado escritor y político Eugenio Yáñez, cuya opinión del escrito reproducimos a continuación:

"Ahora si pude revisarlo con calma. Para decirlo con una sola palabra, este ensayo tuyo me parece, sencillamente, lapidario. Es un texto fundamental para conocer a Martí, y no solamente para los cubanos dentro de Cuba. Estoy seguro que muchos cubanos en EEUU y en todos los países donde, desgraciadamente, andan regados, no saben muchísimas cosas de las que expones en este maravilloso texto. Hay que pensar alguna manera para que esto se pueda enviar a Cuba (memorias flash, cualquier técnica moderna) para que lo puedan leer muchos allá".

http://www.cubanalisis.com/ART%C3%8DCULOS/ROTETA%20DELGADO%20-%20JOS%C3%89%20MART%C3%8D%20EL%20HOMBRE%20QUE%20AM%C3%93%20A%20LA%20PATRIA....htm