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Cronistas y comentaristas de estos tiempos, a veces es preferible el silencio.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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                       Cronistas y comentaristas de estos tiempos, a veces es preferible el silencio.
                                                 Por: Dr. Alberto Roteta Dorado. 


Naples. Estados Unidos.- Las provocaciones de Corea del Norte por un lado, las indecisiones de un gobernante estadounidense que recién se estrena en estos menesteres, un dictador que se empeña a toda costa en mantener un poder que ya ha perdido, aunque para esto está acudiendo a la más brutal represión de Latinoamérica en los últimos tiempos, son aspectos suficientes como para estar reflexionando acerca de las posibles salidas, que a modo de soluciones han de tomarse con carácter inminente.

Resulta lamentable que ante el peligro de unos, la persecución de otros y la cercanía  a la muerte de multitudes, parte de la humanidad permanezca en un estado de enajenación, que más allá de la apatía política, resulta verdaderamente patológico.
 
Otros aprovechan las circunstancias políticas para conquistar un protagonismo del que carecen y que han querido tener, y para esto acuden al sensacionalismo, y a una mezcla de amarillismo de prensa con superficiales divagaciones que demuestran lo distante que están en materia de política actual.
 
En este grupo se encuentran varios ignorantes que utilizando el encanto de las redes sociales - con ese misterioso don para atrapar y seducir a multitudes- pretenden comentar, publicar y compartir, aun cuando son desconocedores de los móviles y del trasfondo sustentador de los graves conflictos de carácter continental y mundial por los que atraviesa la humanidad en estos momentos
   
En cierta ocasión un místico hindú, venerado por muchos y malinterpretado por otros tantos, le preguntó a una líder de cierto movimiento espiritualista acerca de lo que trataría durante la convención anual de dicho movimiento, a lo que la erudita mujer respondió con exactitud. Entonces el hombre sabio con suma delicadeza, pero con precisión le dijo: ¿Y qué sabes de eso Radhaji? Con el transcurso de los años esta mujer convertida en una sabia, también dotada de la aureola del misticismo, fue capaz de confesar este incidente, y lo hizo con ternura ante el respeto y la admiración que siempre tuvo hacia aquel que le había inspirado tanto; pero al propio tiempo la había hecho reflexionar sobremanera.

Esto no es en modo alguno una digresión, sino que trato de llevar a nuestros “cronistas” y “comentaristas” del momento a la reflexión y a que traten de entender de una vez y por todas, que cuando desconocemos algo, o cuando no se tiene el conocimiento profundo de un hecho, es preferible guardar silencio, que en este caso, como el silencio es justificado no resultará sinónimo de hacernos copartícipes de lo mal hecho.
   
Estos no son tiempos de poner una foto que diga “Maduro asesino” para que demos amén o compartamos la foto. Ya se sabe de su crueldad, de su ineptitud, de su cobardía, de su arrogancia, pero en primer lugar de su ignorancia, con lo que ha alcanzado notoriedad más que como mandatario. No se trata de decir abajo los Castro, muerte a Maduro, Trump racista; sino tener los elementos necesarios que en el orden teórico pueden justificar el por qué de nuestros pronunciamientos, y es este el talón de Aquiles de la mayoría de los que con un ímpetu arrollador intentan asumir una postura política, y lo peor, dialogar, conversar o escribir sobre temas de naturaleza política.
 
                                       

Cada cual a su oficio, como diría el cubano José Martí retomando unos versos del filósofo norteamericano Ralph Waldo Emerson. El cubano extraordinario ejerció un periodismo de primera porque tenía una vasta cultura política, y dominaba el acontecer histórico, científico y cultural de su tiempo, algo de lo que carecen esos cronistas a los que hago referencia.
   
Me indigna sobremanera que aparezcan notas en las que se critica las posibles divisiones de los movimientos de la oposición tanto de Cuba como de Venezuela, y que esto sea hecho por personas que se encuentran muy distantes de aquellos que con todos los defectos que pudieran tener -si es que los tienen de verdad- se han quedado en Cuba y han resistido las detenciones, golpizas y torturas del régimen comunista cubano; pero más que indignarme me llena de ira – algo que no me permito dada mi condición, pero no puedo evitar con facilidad- que se están cuestionando acerca de los fallos del “exilio” en su apoyo al pueblo venezolano.
   
Lo primero sería recordar que un exiliado es aquel que no puede regresar a su patria, es decir, la persona desterrada, mientras que los refugiados son por lo general las víctimas de conflictos políticos. Cuando las personas emigran de su país por persecuciones políticas dentro de su propio país se habla también de exiliados políticos, y esto debe ser considerado al tratar el tema migratorio en el contexto de Cuba, donde muchos de los que dicen estar en el exilio, en realidad no son exiliados, y solo algunos son dignos de la condición de refugiados políticos si es que han sido, en mayor o menor medida, perjudicados ya sea en lo económico, en lo social, y hasta en lo ético y moral como consecuencia del conflicto político cubano.

Pero se está haciendo un uso inadecuado del término por los “expertos” que se creen politólogos, analistas y comentaristas, y deberían primero saber de lo que pretenden hablar o escribir, y más que saber cosas elementales como estas, conocer a profundidad, por cuanto, se supone que nos puedan consultar cientos y hasta miles de personas en las redes sociales.
 
De modo que si usted es de los que ha podido regresar a Cuba sin peligro de ser encarcelado, reprimido, interrogado, acusado, o desaparecido, entonces usted no es un exiliado, como la mayoría de los que se encuentran en esta tierra y que frecuentemente visitan la isla, ya sea porque tienen a sus familiares, sus pequeñas propiedades, o por los motivos que quieran hacerlo, y que es además un derecho que tienen, y no solo esto, sino un deber familiar, lo que con frecuencia es muy mal visto por algunos que desde posiciones muy dogmáticas les han criticado como si fueran colaboradores del régimen.
 
De cualquier modo, esta no es la idea principal, sino el problema de si se es exiliado o no, y en este sentido, la mayoría no son exiliados, y esto debe quedar muy bien definido para que no hagan el ridículo ante el mundo. Lo otro es que me parece que no es digno que desde el supuesto exilio se esté cuestionando si se ha apoyado mejor o peor, o lo que hace falta mejorar, o los que se han sumado, o cualquier otra idea disparatada en torno al tema venezolano.
 
Si usted no está en la acción verdadera – la que están llevando a cabo los hermanos venezolanos que se están arriesgando cada día, y que ya han sumado más de una treintena de víctimas mortales, amén de cientos de heridos y miles de maltratados- es muy poco lo que pueda hacer desde un “exilio” dividido, disipado en miles de trivialidades y sumido en la enajenación del consumismo y la ostentación.
 
Para rezar están los religiosos y para enviar buenos pensamientos los místicos. Si es que queremos ayudar alistémonos para asumir el deber en la verdadera acción de las calles venezolanas, de lo contrario guardemos silencio y estemos al tanto de los acontecimientos.
 
Pero no todo resulta ser una absurdidad y una desenfrenada crítica sin conocimiento de causa. Por suerte me llegan desde España estas imágenes del amigo Jesús Antonio Lozano Fuentes, quien no solo es un artista de la plástica o lo visual, sino un hombre comprometido con su tiempo, que es también el nuestro, y que con verdadera vocación, y en este caso, si con la plenitud del conocimiento, de aquel saber que más allá de la palabra se transmuta en la idea permanente de lo invisible y de lo recóndito para captar esencialidades que se pierden en la divisoria línea de lo humano y lo divino, y mediante su enseñanza a través de la imagen nos conduce a un cambio de percepciones, lo que nos pudiera hacer reflexionar en torno a las crueldades de estos tiempos.

                                                   

La imagen del despiadado asesino comunista de origen cubano Fidel Castro. ¿Acaso las muertes de estos jóvenes venezolanos no son la consecuencia de la maldad traspasada a su “querido hijo” Hugo Chávez para diseminar el engendro conocido como socialismo por el continente? La historia jamás los absolverá de sus pecados. Toda acción, por sutil que pueda ser, es capaz de generar una reacción, causa y efecto, Karma, causación ética.

                                                                                                          

La solución del conflicto venezolano no está en el accionar del controversial mandatario de Estados Unidos Donald Trump. Habría que analizar los verdaderos motivos de los congresistas y partidistas de ambas secciones de Norteamérica, republicanos y demócratas, respecto a las incitaciones que hacen a Trump para su intervención directa en Venezuela. Al parecer la paz y el orden tienen un papel secundario como prioridades de políticos y congresistas.   

                                                                                                 

Los próximos días han de ser determinantes en el desenlace de naciones como Venezuela, en la que se están exponiendo multitudes cada día como consecuencia de las acciones represivas de las fuerzas paramilitares, entre los que se encuentran miles de cubanos encubiertos enviados desde La Habana con órdenes de matar para detener a la oposición.