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La Filosofía, su utilidad en nuestros días.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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La Filosofía, su utilidad en nuestros días.
« en: Mayo 04, 2017, 03:21:22 pm »
                                               La Filosofía, su utilidad en nuestros días.
                                                      Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.

                           
                                             

Naples. Estados Unidos.- La posesión del conocimiento humanístico resulta necesaria para ejercer el poder. Partiendo de esta premisa se podrá comprender el por qué muchos de los grandes filósofos y pensadores a través del tiempo no fueron defensores de la democracia. Según ellos las multitudes no estaban aptas – idea que comparto en toda su dimensión- para poder posesionarse de ese conocimiento recóndito, que más allá de lo comprensible, pertenece a las esferas de lo intuitivo, y en el que se entrelazan las concepciones filosóficas propiamente dichas con elementos que en sí pertenecen al terreno del misticismo y del esoterismo, algo que sabiamente supieron abrazar desde lejanos tiempos Pitágoras de Samos, Platón, Amonio Saccas, Plotino, y un tanto más cerca a nosotros Hegel y Balmes.

Esta idea acerca de la incapacidad de las masas para poseer el conocimiento humanístico – aquel que pudiera, en última instancia, proporcionar la filosofía a través del ejercicio constante de la inteligencia mediante la especulación del contexto en el que se desarrolla el hombre como entidad viviente y como ser social- ha sido pues determinante para que se vea a la filosofía no solo distante de las multitudes, sino prácticamente ajena a los grandes problemas y conflictos que afectan a la humanidad del presente.
 
Las afirmaciones de algunos estudiosos del presente acerca de la contradicción entre filosofía y democracia ha estado justificada por ese concepto establecido desde el pasado acerca de un conocimiento filosófico Vs. democracia y multitudes.

Hace solo unos meses Jesús Zamora Bonilla, decano de la Facultad de Filosofía de la UNED, Madrid, España, se refirió al asunto, fundamentando a través de esta idea que os he explicado antes, su opinión respecto a que aquella ciencia humanística tan distante del hombre común se convierta ahora en una herramienta de emancipación y democracia, además de exponer – no sin razón y con conocimiento de causa – su criterio acerca de que la inmensa mayoría de los sabios humanistas eran contrarios a la democracia.
 
A esta hipótesis del autor de “La caverna de Platón y sus cuarenta ladrones” se ha enfrentado Juan Antonio Negrete Alcudia, profesor de filosofía en Sax, exponiendo que el conocimiento “es y ha demostrado históricamente ser una herramienta esencial del poder, si queremos “empoderar” (como se dice ahora) a todos los ciudadanos, se sigue que tenemos que proveerles (tenemos que proveernos), necesariamente, de tal conocimiento”.

Pero una cosa es pretender que pueda llegar aquel conocimiento recóndito, abstracto, envuelto en el misterio, y muchas veces entre la aureola del misticismo religioso a todos por igual, y otra muy diferente es que en el orden práctico esa totalidad que pudiera ser beneficiada por la sabiduría esté preparada para recibirlo. Recordemos la hermosa plegaria de tono oriental que dice: “Hay una beatitud y un poder más allá de nosotros mismos que viene en ayuda de aquellos que están preparados para recibirlo, volvamos hacia aquellas grandes fuentes de las cuales emanan incesantemente la fortaleza y la inspiración”.

Entiéndase por “aquellas grandes fuentes” aquel conocimiento divino que ha permanecido guardado cual joya patrimonial de las edades, y que como bien dice la oración resulta inspirador; pero no todos pueden hallar esa inspiración a través del conocimiento que emana de la fuente, por cuanto, solo podrá ser percibido por “aquellos que están preparados para recibirlo”.

Si fuera de otra forma todos serían filósofos y místicos, y eso en el orden práctico todos sabéis que es una verdadera utopía. Las intenciones de educar a las masas son pues muy buenas; pero educar es una cosa y hacer que despierten intuitivamente a la percepción de la sabiduría de las edades es otra. De modo que no podemos aspirar que aquellos a los que Marx llamó proletarios, y que Platón sabiamente supo mantener en la distancia - consúltese la división de clases sociales de acuerdo al criterio de Platón-, asuman el poder y dirijan las sociedades.
 
Los grandes fracasos de las llamadas dictaduras del proletariado durante el pasado siglo XX en la Europa Oriental, y el desastroso caos latinoamericano del presente a partir de la asunción del poder por líderes salidos de las multitudes, son hechos que demuestran lo utópico de esa pretensión de una filosofía para todos, los que a través del conocimiento, se supone puedan estar en posesión de una sabiduría para conducir los designios de los pueblos que tendrán que dirigir.
   
                                       

No obstante; os presento la opinión de Negrete Alcudia, quien con habilidad y respetando – aunque refutándola- la hipótesis de Zamora Bonilla hace una defensa a favor de que las masas posean el conocimiento: “La lucha contra la teocracia ha sido históricamente larga y lenta, pero se ha llevado a cabo solo o principalmente gracias a la universalización de la racionalidad, hasta llegar a la teoría del Contrario Social y la idea kantiana de que todo ser humano posee en sí la ley “práctica” (ética y jurídica), fundamento ideológico (aunque sea pese a sus autores) de la democracia actual. La razón por la que Platón (de quien Jesús, con Aristóteles, dice sensatamente ser menos amigo que de la verdad), Kant y tantos otros despotistas ilustrados se opusieron a la democracia, es precisamente porque creían que nunca, o muy difícilmente, la inmensa mayoría de las personas sería capaz de poseer el conocimiento “humanístico” (o el conocimiento, en general) necesario para ejercer el poder, no porque creyesen que el conocimiento no tiene por qué ir ligado a la detentación de la soberanía y el poder. ¿Por qué creían esos grandes hombres que la mayoría de los mortales no era capaz de tal educación? Hoy tenemos elementos para pensar que estaban desencaminados por los prejuicios de su época: Kant creía, por ejemplo, que las mujeres no podían tener carácter moral, Aristóteles creía que algunos humanos nacen esclavos por naturaleza, Platón creía que tenemos almas de diferentes metales… Eran, todas ellas, creencias de tipo fáctico y (hoy estamos casi seguros) completamente erradas. Si Platón y otros sabios estaban equivocados en eso, y toda persona puede alcanzar un grado de conocimientos históricos y filosóficos como para participar del debate público, entonces tenemos que deducir que lo que ellos creían que era posible y necesario solo para algunos, lo es en realidad para todos: en eso consiste la conquista de la democracia. El mismo Platón creía que no hay que dar por supuesto de qué material es el alma de cada uno al nacer, de modo que solo los hechos, en el contexto de una educación lo más igualitaria posible, podrían ayudar a descubrirlo. No puede, pues, excluirse a priori que, en un contexto de educación igualitaria, todos resultásemos tener igual tipo fundamental de almas y ser, por tanto, igualmente dignos de pertenecer a la élite gobernante. En resumen: los sabios pensaban, acertadamente, que el conocimiento humanístico debe estar intrínsecamente ligado al poder, pero creían, erróneamente, que la masa del pueblo es incapaz de ese conocimiento.

Así las cosas, vale reflexionar sobre quien se aproxima a la verdad y quien pudiera estar errado. De cualquier modo, no es justo excluir a la filosofía en los contextos sociales y políticos del presente; aunque los más afectados por los grandes problemas y conflictos de esta naturaleza no sean justamente los filósofos y grandes pensadores; sino aquellas multitudes que seguirán ajenas al conocimiento filosófico hasta tanto estén "preparadas para recibirlo".