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POLÍTICA Y FILOSOFÍA.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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POLÍTICA Y FILOSOFÍA.
« en: Mayo 03, 2017, 09:52:16 pm »
                                                     POLÍTICA Y FILOSOFÍA.
                                                Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


Naples. Estados Unidos.- La Filosofía ha estado siempre muy unida a la política. Desde los tiempos de Platón (428 a.C.- 347 a.C) al menos para el mundo del occidente- ya el gran sabio y místico dejaba bien establecido los elementos ideales para que un gobernante fuera digno de tal cargo ante la sociedad. Dijo – sin que sea una cita textual, sino acudiendo a mis recuerdos- que los gobernantes deben ser filósofos si es que pretenden cumplir bien con su misión.

En lo que tenía razón, pues el filosofar entraña una constante investigación especulativa en torno a todos los problemas de la vida, y las formas de gobiernos y las sociedades no están ajenas a la vida, no solo la humana por su participación directa y activa en todo lo relacionado con las esferas de la sociedad, sino con la vida desde el punto de vista de lo universal, más allá de la expresión en lo humano.

La especulación es un ejercicio de la inteligencia y los gobernantes deber cultivar su inteligencia y ahondar de manera profunda en las causas, los móviles, los resultados y las consecuencias que conducen a sus gobiernos, ya sea al éxito, o al fracaso.
 
También el gran creador de la Teoría de las Ideas se refirió a la división de la sociedad en clases y a la armonía entre ellas para lograr el desarrollo armónico del hombre y la sociedad.
 
Siglos más tarde algunas de las figuras políticas del Imperio Romano, si bien, no se destacaron como filósofos excepcionales fundadores de escuelas y corrientes de pensamiento, si fueron grandes pensadores que teóricamente aportaron a la historia del mundo desde una perspectiva profundamente filosófica.

Dando un gran salto en el tiempo, Montesquieu (1689-1755), una de las figuras prominentes del Iluminismo Francés, corriente desarrollada desde el final del siglo XVII y hasta los inicios de la Revolución Francesa, fue capaz de aplicar en el terreno político y social sus concepciones filosóficas, lo que le dio un matiz especial a sus teorías y a sus aportes en lo jurídico, en lo que fue un verdadero experto.

La llegada del siglo diecinueve proporcionaba el terreno ideal para cambios en ciertos modos del pensar. Los problemas sociales relacionados con la pobreza y el sometimiento del hombre a largas y extenuantes jornadas de trabajo, el aislamiento de la mujer, el posicionamiento de la burguesía como clase dominante luego de los drásticos cambios posteriores a 1789, entre otros, llevaron a muchos pensadores hacia un análisis enfocado mucho más en lo social que en lo metafísico y en lo cosmogónico.

Nació en la segunda mitad del siglo XIX,  prácticamente sin que el hombre fuera consciente de su surgimiento, una forma de filosofía mucho más cercana a los problemas del hombre. Esta modalidad mezclaba aspectos de varias ciencias tanto biológicas como sociales, y surgía como ciencia social la Antropología, rama del saber o ciencia humanística.

La antropología se constituyó como disciplina independiente durante la segunda mitad del siglo XIX. La difusión de la teoría de la evolución, que en el campo de los estudios sobre la sociedad  originó el evolucionismo social, entre cuyos principales autores se encuentra Herbert Spencer (1820-1903), fue uno de los factores que determinó su aparición.

Los primeros antropólogos pensaban que así como las especies evolucionaban de organismos sencillos a otros más complejos, las sociedades y las culturas de los humanos debían seguir el mismo proceso de evolución hasta producir estructuras complejas como su propia sociedad. Varios de los antropólogos pioneros fueron juristas de profesión, de modo que las cuestiones jurídicas aparecieron frecuentemente como tema central de sus obras. A esta época corresponde el descubrimiento de los sistemas de parentesco por parte de Lewis Henry Morgan (1818-1881).

La antropología como ciencia no solo se propone el estudio de los aspectos físicos del hombre, como muchas veces se le reconoció en sus inicios, sino que se adentró más allá del hombre como entidad individual para llegar a las manifestaciones sociales y culturales de los hombres en el contexto de sus  comunidades, comunidades que tienen sistemas de gobiernos, líderes políticos y sociales, y por lo tanto, la Antropología, ya sea sociocultural o filosófica no está ajena a la política.

                                       
Feuerbach (1804-1872), el gran filósofo alemán, al que con frecuencia se le olvida, a través de su crítica, - tal vez demasiado extremista, y por tanto injusta- había dado el paso hacia el materialismo y el sensualismo que caracterizaron su obra. La característica fundamental de su filosofía es su crítica a la religión y la reducción de ésta a una antropología que se consolidaría más tarde como ciencia independiente. Según Feuerbach, el pueblo y sus necesidades materiales deben ser el fundamento de la teoría social y política. Los individuos y sus mentes, no son más que productos de su entorno; la conciencia de una persona es el resultado de la interacción de sus órganos sensoriales y el mundo externo.
 
Lo que fuera asumido por los pensadores alemanes Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895), quienes vieron en ese énfasis del pueblo y de sus necesidades desarrollado por Feuerbach, un intento de interpretación materialista de la sociedad, algo que más tarde desarrollaron a través del materialismo histórico, con lo que aportaron al pensamiento de estos tiempos, más desde la perspectiva de una Antropología Social que desde la filosofía propiamente dicha.  La tesis principal de Marx consiste en afirmar que son las bases económicas y los modos de posesión de los bienes materiales, el fundamento de toda estructura y transformación social. Con esta forma de materialismo, Marx se enfrentó al “materialismo teórico” de Feuerbach y al idealismo de Hegel, precisando, con razón y conocimiento de causa, que para entender al hombre y su historia, es imprescindible el estudio de las condiciones económicas y sociales en las que vive; pero como bien dijo nuestro José Martí (1853-1895), Marx anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, refiriéndose a ese excesivo modo de especular en lo teórico que caracterizó al filósofo alemán, que jamás estuvo en las industrias donde eran explotados los trabajadores, ni en los barrios pobres de los proletarios sobre los que tanto escribió.

                                         
                          Anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, según José Martí.

En nuestros días, en los que lamentablemente la filosofía muchas veces queda relegada a un papel secundario, se le subestima, y se le aparta de los grandes conflictos de las sociedades y de la política, muchos filósofos,* asumen posturas radicales desde el punto de vista político.
Lamentablemente, algunos que se han dejado arrastrar por la histeria del comunismo, se sitúan – siguiendo los cánones de los jóvenes hegelianos alemanes del siglo XIX- hacia la izquierda como bando, lo que según ellos – en defensa de un socialismo teórico que todos sabéis jamás fructificó en el orden práctico- podrá poner fin a los males de la humanidad: desigualdad, pobreza extrema, globalización, analfabetismo, aislamiento, enajenación, entre otros tantos. Otros desde posturas más liberales abogan por democracias de tipo progresistas, sin abandonar del todo ese olor a bolcheviques anquilosados que los aparta de una vanguardia tan necesaria hoy.
 
De cualquier modo, la filosofía no puede aislarse jamás del contexto social y político de las naciones. Tal vez si se siguieran las recomendaciones de Platón respecto a las características que debe tener un buen gobernante, el mundo andaría mejor.
     
*Prefiero llamarles seguidores de la filosofía, estudiosos de la filosofía, titulares en filosofía o como se me ocurra, pero no filósofos. No obstante, se les llama de esta forma por periodistas y analistas del viejo continente que con frecuencia los entrevistan y publican sus opiniones en diarios y medios especializados. Las opiniones de muchos de ellos son dignas de ser analizadas por su profundidad, independientemente en que estemos o no de acuerdo con sus posiciones políticas. Por otra parte, aunque no sean en estos tiempos fundadores de una corriente determinada de pensamiento, ni aporten elementos substanciales trascendentales en el campo de la filosofía, si ejercen el magisterio en cátedras de filosofía, lo que les hace conceptualmente filósofos. Yo – que soy tan académico y conservador en este sentido- les veo muy distantes de Hegel, Feuerbach, Platón, Sócrates y Bruno, y hasta del propio Marx, que se logró introducir, al menos teóricamente, en las complejidades contextuales de las sociedades modernas.