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LOS ALIADOS DE NICOLÁS MADURO

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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LOS ALIADOS DE NICOLÁS MADURO
« en: Mayo 02, 2017, 01:52:34 pm »
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ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

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Dr. Alberto Roteta Dorado, Naples, Estados Unidos
LOS ALIADOS DE NICOLÁS MADURO
 
“Venezuela es un desastre”, ha dicho recientemente Donald Trump, frase con la que se puede resumir el lamentable y ya sanguinario conflicto venezolano de estos últimos días. Más de dos semanas de manifestaciones pacíficas por parte de la oposición -que según lo que se aprecia resulta ser la mayoría del país-, y un saldo de casi una treintena de muertos como consecuencia de las acciones represivas de la dictadura centralizan el lamentable drama de la devastada nación suramericana.
 
La mayoría de los países no solo de Latinoamérica, sino del continente, se han pronunciado contra el régimen dictatorial de Nicolás Maduro. Inicialmente lo hicieron varias naciones de la región: Colombia, Perú, Chile, Brasil, Argentina, Guatemala, Costa Rica, Honduras y Panamá, a los que se unieron organizaciones como la Unión Europea y la Organización de Estados Americanos, OEA, así como España, Francia, Alemania, México, Canadá y Estados Unidos, una vez que Nicolás Maduro pasó el poder de la Asamblea Nacional al Tribunal Supremo de Justicia, lo que ha sido considerado como un golpe de estado, y que colmara los ánimos del pueblo que se lanzó a las calles.
 
Luego se ha mantenido el apoyo solidario de la comunidad internacional hacia el pueblo venezolano que permanece en son de protestas contra la dictadura comunista. Sin embargo, llama la atención el silencio de unos y  la aprobación de otros respecto a la actitud del régimen venezolano, y de manera particular de su presidente Nicolás Maduro.
 
¿Cómo es posible que los gobernantes de países como Bolivia, Cuba, Ecuador y Nicaragua -independientemente de su posición política y de las formas de gobierno que han impuesto a las naciones bajo su mando- no acepten ni reconozcan la trágica realidad de lo que está ocurriendo en Venezuela? ¿Por qué ese autismo político? No será por falta de información y conocimiento de lo que realmente está sucediendo en ese país. En el caso del gobierno cubano, sabe demasiado lo que ocurre en Venezuela, porque realmente es desde La Habana que se ordena y dirige a Nicolás Maduro y su camarilla. Y Bolivia, Nicaragua y Ecuador no son ajenos a la macabra sombra castrista sobre sus gobiernos, aunque disfracen su subordinación y dependencia como “solidaridad”. ¿Será que aun siendo conscientes del desastre que existe en Venezuela se resisten a aceptar que todos ellos están perdidos, y continúan solidarizándose con Maduro por un compromiso político por pertenecer al mismo mini-bloque izquierdista de la región?
 
Los aliados de la izquierda latinoamericana



Como era de esperar, el gobierno cubano, y de manera muy especial su presidente, Raúl Castro, ha apoyado incondicionalmente a Nicolás Maduro. De hecho, si tuvieran que acogerlo, toda vez que los venezolanos no le dejen otra alternativa que no sea una fortuita huída, lo harían y se sentirían orgullosos por el gesto solidario.
 
Téngase presente que mientras los venezolanos tomaban las calles Maduro se presentó en la Habana para una reunión de lo que queda del ALBA, algo que era un pretexto, y cuya finalidad real se sabe que se trataba de un diálogo con el régimen cubano acerca de la dramática situación de Venezuela.
 
Recordemos que entre ambas revoluciones hay una serie de similitudes que hermanan mucho más a los mandatarios de estas naciones. Se destacan sobremanera el carácter socialista -si es que se le puede llamar socialismo a las formas dictatoriales totalitarias llevadas al extremo que adoptaron estos países-, la crítica situación económica que ha llevado a amabas naciones al colapso total, la marcada y brutal represión que se ha incrementado en los últimos meses como muestra de la prepotencia de sus gobiernos, y por sentirse cada vez más acorralados.
 
También los aproximan los serios conflictos con la Organización de Estados Americanos (OEA) tras las múltiples convocatorias de este organismo para aplicar la Carta Democrática y lograr la separación definitiva de Venezuela de esta entidad, algo que se ganó el gobierno de Cuba -aunque con otro procedimiento- recién comenzada su llamada revolución socialista, lo que constituyen hechos poco usuales en la historia de esta organización.
 
Ya el canciller cubano, Bruno Rodríguez, como portavoz del régimen de La Habana, ha hecho declaraciones en respaldo a la maquiavélica acción del gobierno venezolano para lograr la salida definitiva de la OEA, acto cobarde que han premeditado alevosamente para aparentar, ante los pocos que aun les creen en el mundo, que se tratará de una salida voluntaria, y no de una separación por parte de dicho organismo si al final se concreta la aplicación de la medida a partir de la activación de la Carta Democrática. 
 
La idea de Nicolás Maduro de salir para siempre de dicha organización es una copia fiel de la postura asumida por el régimen cubano, quien tiene la libertad de retornar a este organismo toda vez que se disponga a cumplir determinados compromisos y dialogar decorosamente con sus principales líderes; lo que han eludido desde siempre para poder actuar sin estar subordinados al orden que se supone hagan cumplir como organización de estados de América.
 
No solo el régimen cubano se ha aliado de modo incondicional a Nicolás Maduro. También Daniel Ortega, el ya anciano presidente nicaragüense, no cederá en retirar el apoyo al régimen de Maduro. Su permanencia en el poder obedece a procedimientos similares a los que utilizara Chávez para lograr su ascenso al poder y mantenerse, y luego su traspaso a Maduro. Esta nación permanece en el silencio -como si no formara parte del mundo- mientras Ortega permanezca en el poder. Sus graves conflictos con la OEA -los que luego de la extensa polémica en torno a las últimas elecciones de este país se atenuaron, una vez que Ortega permitiera la presencia de observadores internacionales- le hermanan con su aliado en el desolado panorama de la izquierda continental.
 
Téngase en cuenta -y lo reitero ante la posibilidad de que pueda olvidarse este criminal hecho- que Daniel Ortega fue capaz de lanzar a centenares de policías armados y aplicando gases lacrimógenos la mañana del 15 de noviembre de 2015 contra unos 1.600 cubanos, quienes pretendían pasar las fronteras entre este país y Costa Rica, en una extensa y peligrosa travesía que les llevaría a territorio estadounidense, con lo que se inició el primer gran conflicto migratorio continental que llevaría luego a las múltiples crisis humanitarias que tuvieron lugar en países como Costa Rica, Panamá y Colombia,  por lo que era de esperar su apoyo a favor de un régimen represor que agrede cada día al pueblo venezolano.
 
El presidente de Bolivia no cuenta para nada. Evo Morales carece de la capacidad para poder distinguir entre una acción, o al menos un gesto heroico, y la complicidad de un acto criminal, por lo que pedirle que ceda mediante un cambio de actitud en relación con su apoyo a la dictadura venezolana es algo sin sentido. Jamás saldrá de su obstinada idea socialista, aunque desconoce las verdaderas claves para la comprensión de aquellos elementos que en el orden teórico expusieron Marx y Engels, y que han tergiversado sus colegas latinoamericanos.
 
Su mecanicismo e inmovilidad política heredada de sus hermanos mayores, Fidel Castro, Raúl Castro, Hugo Chávez y Nicolás Maduro, no le permite ir más allá de un pronunciamiento por cumplido entre frases solidarias triviales y consignas tomadas de la retórica comunista de dichos mentores.
 
Los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC,  han hecho declaraciones a favor del gobierno venezolano. “Por sus frutos los conoceréis”, dicen las escrituras cristianas, lo que resulta aplicable a Maduro y a “Timochenko” con sus respectivos seguidores. Además de su conocida proyección izquierdista, las acciones terroristas y la condición de narcotraficantes de los miembros de la  guerrilla colombiana no admiten discusión. Las evidencias en este sentido hablan por sí, lo que les aproxima a los dictadores venezolanos, a los que se les ha tratado de comprobar sus implicaciones en el narcotráfico, aunque sin un total éxito por el momento; de ahí que no sorprenda la determinación de las FARC, guerrilla que en breve estará participando legalmente de la vida política colombiana, tras los acuerdos como resultado de las sendas rondas de conversaciones en La Habana, y en las que se cree que el régimen cubano tuvo su intervención como mediador, no tanto para el logro de la paz al solucionarse el añejo conflicto colombiano, sino por sus fuertes implicaciones en ciertas acciones de los guerrilleros, las que al parecer fueron más allá del asesoramiento militar.   
 
Ecuador, la pequeña nación suramericana que durante una década  ha estado dominada por un socialismo modificado al estilo Correa -modelo de revolución ciudadana o correísmo- tiene actualmente una peculiaridad diferente. Me refiero a la presencia de un nuevo presidente, el que representa a la izquierda, lo que supone un continuismo político; pero pudiera abrirse al mundo desde una perspectiva democrática y progresista de especial énfasis en lo social, y dejando a un lado la terrible sombra de revoluciones ciudadanas y todo posible remanente de socialismo del siglo XXI.
 
Lenín Moreno, el nuevo presidente de la nación andina, en breve comenzará su mandato a pesar de las dudas respecto a la autenticidad de su ajustadísimo  triunfo -alrededor de un 2% de diferencia en relación con el representante de la oposición. Si Moreno pudiera apartarse del efecto maléfico del dictador Rafael Correa y fuera capaz de pronunciarse a favor del pueblo venezolano, no solo sería útil para la patria de Bolívar, sino para la región, por cuanto sería el primer paso del nuevo mandatario en pos de la reintegración del país al contexto mayoritario de Latinoamérica.
 
Al propio tiempo sería beneficioso para su persona, pues su imagen se vería favorecida por un gesto de tipo democrático, y ante todo, de carácter humanitario, lo que pudiera atenuar el descontento de la oposición ecuatoriana, la que representa casi la mitad del país si consideramos el por ciento de votantes por el candidato opositor en los recientes comicios. 
 
No creo que esta hipótesis sea vista como una simple especulación a la ligera; sino como  un razonamiento coherente en el actual contexto de la nación y de la región. Pudiera parecer un tanto distante de la posibilidad de la consumación de la idea como un acto concreto; pero todo es posible, y no nos debe sorprender si el nuevo mandatario asumiera una actitud digna en este sentido.
 
Ya el sucesor de Correa expresó que los métodos utilizados durante el mandato de este último no funcionarían en las circunstancias actuales, lo que supone un cambio en la forma de actuación, algo que ya habían previsto algunos analistas serios -en los que confío dada la profundidad de sus escritos, su experiencia en estos temas, y su precisa visión de futuro- en los meses previos a las elecciones.
 
El Papa Francisco rompe el silencio sobre la crisis venezolana



Entre los que se había mantenido de manera inexplicable en total silencio está el Papa Francisco. Se ha estado esperando con inquietud su mensaje por varios motivos. En primer lugar por lo que representa una figura de esta naturaleza en todo conflicto de carácter mundial; además, por sus en ocasiones dudosas posturas que lo han hecho exageradamente merecedor del calificativo de comunista, pero de modo particular por el hecho de ser un latinoamericano su mensaje solidario a favor de los venezolanos y en contra del régimen no debería hacerse esperar.
 
El silencio con frecuencia es sinónimo de complicidad, y no creo que hacerse copartícipe del crimen desde el silencio sea digno de un representante de lo divino en la tierra, según los cánones del catolicismo cristiano.
 
El Sumo Pontífice durante el 2016 se mostró muy interesado en el tema de Venezuela, llegando a intervenir como mediador -aunque la Santa Sede prefiere decir facilitador- en un fracasado diálogo entre el oficialismo y la oposición. En su mensaje navideño pidió a Venezuela -en realidad fue un pedido a su presidente y a su gobierno dictatorial- que siga el camino de Colombia en relación con el acuerdo de paz “para dar los pasos necesarios con vistas a poner fin a las tensiones actuales y a edificar conjuntamente un futuro de esperanza para la población entera”.
 
De ahí que asombrara el silencio sepulcral que hasta el momento había tenido en la crisis actual, en la que se está exponiendo una considerable parte de la población venezolana que es diariamente atacada por las fuerzas militares del régimen, y que ha provocado la muerte de varios civiles y lesiones a multitudes.

El sábado 29 de abril, durante su vuelo de regreso a Roma desde Egipto, al fin Su Santidad dejó entrever algunos puntos en relación con el tema de Venezuela; aunque se esperaba un rechazo enérgico hacia la política del régimen de Maduro y un mensaje de esperanza al pueblo venezolano.
 
La máxima figura de la Iglesia Católica divagó un tanto y se dispersó en rememorar lo que ya se había hecho. Concretamente precisó: “Tiene que ser con condiciones, condiciones muy claras”, al ser interrogado sobre la posible intervención de la Santa Sede en la grave crisis de Venezuela. De igual forma desvió la atención de los más de setenta periodistas presentes al referirse a divisiones dentro de la oposición, lo que según él, constituye uno de los problemas para su acción pacificadora. Esto, sin duda, puede ser una justificación para evitar su intervención y explicar el silencio que hasta ahora había tenido.
 
“Todo lo que se pueda hacer por Venezuela, hay que hacerlo, pero con las garantías necesarias”, ha expresado igualmente el Papa. ¿A qué garantías se refiere el Santo Padre? ¿Acaso habrá que esperar por ciertas “garantías” cuando cada día se incrementan las muertes a pesar de ser manifestaciones pacíficas?
 
Tras su regreso del Viaje Apostólico a Egipto, el domingo 30 de abril el Papa Francisco se unió a la celebración de los 150 años de vida de la Acción Católica de Italia, en la Plaza de San Pedro. Durante el rezo del Regina Coeli, el Santo Padre al fin dirigió un mensaje al pueblo venezolano manifestando su preocupación ante la situación de violencia que padece el país.
 
“Mientras me uno al dolor de las familias de las víctimas, a quienes aseguro oraciones de sufragio, dirijo un sentido llamamiento al Gobierno y a todos los miembros de la sociedad venezolana para que se evite cualquier ulterior forma de violencia y se busquen soluciones negociadas a la grave crisis humanitaria, social, política y económica que está extenuando la población”, expresó el Sumo Pontífice.
 
De igual modo encomendó la intención de paz por esta nación a la Virgen María: “Confiemos a la Santísima Virgen María la intención de la paz, de la reconciliación y de la democracia en ese querido país”.
 
Los venezolanos -en su mayoría practicantes del catolicismo como religión- han estado esperando ansiosos el mensaje solidario del líder mundial de la Iglesia Católica, así como su intervención inminente en pos de lograr la paz y la estabilidad de la nación.
 
No ha habido otra nación, no solo de la región, sino del continente, que esté sufriendo de una manera tan drástica los embates de un régimen dictatorial de carácter comunista como Venezuela, un país que antes de la llegada de Chávez con su proyecto de la Revolución Bolivariana a través del Socialismo del siglo XXI fuera uno de los más estables de Suramérica. Sus recursos petroleros garantizaban el bienestar de la nación, que si bien no era perfecta, no estaba inmersa en una miseria que ha llegado a alcanzar su clímax en estos últimos meses en los que el pueblo asalta mercados a través de la violencia, el saqueo y el vandalismo, para subsistir en medio de una escasez ilimitada que no solo incluye los alimentos básicos, sino también medicamentos y otros productos de primera necesidad. Una inflación alarmante, un incremento marcado de la violencia, índices de pobreza muy elevados, el deterioro de las instalaciones de salud, amén de una marcada represión policial, caracterizan el panorama venezolano actual.
 
El pueblo venezolano está dando muestras de una firmeza y una valentía de las que carecen los pocos líderes de izquierda que van quedando en la región. La duración de esta contienda no puede predecirse; pero es necesario que pronto llegue a su fin.
 
No debemos permitir que sigan ocurriendo más muertes como resultado de la ineptitud de un gobernante para definir la situación del país y aceptar que su final ha llegado.