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Día Mundial de la Filosofía. ¿Filosofía para las multitudes? Cuarta parte.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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                                                                         Día Mundial de la Filosofía.
                                                                  ¿Filosofía para las multitudes? Cuarta parte.
                                                                           Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


Fort Pierce. Estados Unidos. No solo a través de la influencia de las ideas del Iluminismo  en la Revolución Francesa podemos ver el vínculo entre la filosofía y ciertos sucesos de naturaleza política y social. La llegada del siglo XX fue determinante para que tuvieran lugar grandes cambios que ejercerían su impronta en muchos aspectos de la vida. De manera general el arte, de modo particular la pintura, y la literatura, experimentaron cambios radicales en relación con las transformaciones del pensamiento en un siglo que se caracterizó por la dureza, la rapidez, los conflictos bélicos y el exterminio humano masivo.   

El abstraccionismo, el cubismo, el surrealismo, entre otras tendencias pictóricas reflejarían esa necesidad de evasión ante las difíciles circunstancias sociales. La primera guerra mundial se precipitaba con su nefasto ímpetu aplastador  por varios países; la instauración del comunismo en uno de los más extensos territorios del planeta bajo la apariencia de la defensa a los desposeídos se extendía como una amenaza a los principios mínimos de libertad y democracia; la desorientación y falta de visión futura respecto a las consecuencias de un nuevo conflicto bélico abarcador, entre otros aspectos, caracterizaron las primeras décadas del siglo XX.

La filosofía no permanecía ajena a la influencia de un contexto histórico desfavorable para la continuidad de aquellas concepciones abstractas, que hasta entonces habían sido su sello distintivo durante siglos, y que alcanzaría su clímax con la enseñanza de Pitágoras, Platón, Aristóteles, Orígenes, Saccas, Plotino, Santo Tomás, Bruno, los ya citados representantes del Iluminismo francés, y por supuesto con los alemanes Hegel, Fichte, Schelling, Kant, Krause y Feuerbach. 
 
Durante los años de aparente calma que pasaron entre las dos grandes guerras y más tarde, al concluir la segunda guerra mundial, se consolidó el Existencialismo, movimiento filosófico que reflejaba los estados anímicos de aquellos que se enajenaban tratando de subsistir ante  la adversidad circunstancial.
 
Luego de las experiencias de las  dos grandes guerras, en las que murieron miles de hombres y con las que se destruyeron valiosos tesoros de la humanidad, surgió la inquietud acerca del sentido de la vida y del por qué y para qué existe el ser, y si es que de veras tiene libertad, por cuanto, se ponía en duda la libertad como totalidad.
 
Ahora sucedía algo diferente. No se trataba de la influencia de un movimiento filosófico en la vida política de una nación, - como ocurrió con la Revolución de 1789 en Francia y su vínculo teórico con la Ilustración-;  sino la repercusión de los conflictos políticos y sociales del mundo en la filosofía y en el pensamiento general de los hombres.

La  filosofía existencialista, estemos o no de acuerdo con la esencia de sus principales postulados, sin duda, contribuyó a que el hombre ocupara un protagonismo, que en gran medida se dispersaba entre tanta especulación sobre aquello que a su alrededor  acontece. El Existencialismo centralizó su atención  en el análisis minucioso de la condición humana, en la libertad y en la responsabilidad individual, así como en las emociones y el significado general de la vida, desde una perspectiva de su rol en la sociedad, y no desde la idea de su papel en el mundo a la luz de los procesos de Cosmogénesis y Antropogénesis,  que han ocupado tanto la mente de los pensadores de todos los tiempos.

Fue Jean-Paul Sartre (1905 – 1980),  el primer filósofo prominente en adoptar el término para describir su propia filosofía. Sartre propone la idea de que: “Todos los existencialistas tienen en común la doctrina fundamental de que la existencia precede a la esencia”, lo que significa que la consideración más importante para el hombre es el hecho de ser un ser consciente que actúa de forma independiente y responsable: “la existencia”, en lugar de ser etiquetado con roles, estereotipos, definiciones u otras categorías preconcebidas que se ajustan al individuo, quien en realidad es la esencia. La vida real de la persona es lo que constituye lo que podría llamarse su “verdadera esencia” en lugar de estar allí atribuido a una esencia arbitraria que otros utilicen para definirla.

Los temas abordados por el  existencialismo contribuyeron a que el hombre se sintiera más identificado con dicho movimiento, por cuanto, se veía reflejado en la nueva forma de especulación que asumía un sentido  de carácter vivencial. La corriente filosófica del siglo XX, no solo discute, sino que propone soluciones a los problemas más propiamente inherentes a la condición humana, como el absurdo de vivir, la significancia e insignificancia del ser, el dilema en las guerras, el eterno tema del tiempo, la libertad, ya sea física o metafísica, la relación dios-hombre, el ateísmo, la naturaleza del hombre, la vida y la muerte.

El movimiento existencialista proclama la ausencia de una fuerza de carácter trascendental, lo que implica  que el individuo sea libre y, por ende, responsable de sus hechos, - libre albedrío humano- sin la presencia de una fuerza superior que pudiera determinarle en su actuar. Esto le confiere al hombre la posibilidad de crear una ética de responsabilidad individual, apartada de cualquier sistema de creencias externo a él. Esta articulación personal del ser es el único camino existente para superar, generalmente, a las religiones, que tratan del sufrimiento, la muerte y el fin del individuo.

Se ha dicho que el existencialismo surgió como una reacción frente a ciertas  tradiciones filosóficas como el racionalismo o el empirismo, que buscan descubrir un orden legítimo dentro de la estructura del mundo observable, en donde se pueda obtener el significado universal de las cosas. Sin embargo, y mucho más allá de esto, el existencialismo pretende  revelar lo que rodea a la humanidad, haciendo una descripción minuciosa del medio material y abstracto en el que se desenvuelve el individuo (existente), para que éste obtenga una comprensión propia y pueda dar sentido o encontrar una justificación para su existencia

Independientemente de los ataques provenientes con mayor intensidad de la religiosidad cristiana del siglo XX, y aun, cuando algunos han enunciado ciertas concepciones respecto al existencialismo, que lejos de aproximarlo al hombre de estos tiempos, lo pudiera distanciar, algo que se hace patente en la definición que hace el filósofo alemán Walter Arnold Kaufmann *(1921-1980), quien describió el existencialismo como "el rechazo a pertenecer a cualquier escuela de pensamiento, el repudiar la adecuación a cualquier cuerpo de creencias, y especialmente las sistemáticas, y una marcada insatisfacción hacia la filosofía tradicional, la cual tacha de superficial, académica y alejada de la vida", esta filosofía busca una justificación para la existencia humana, aunque no siempre dicha existencia resulte placentera y encuentre su realización a través de su expresión en el contexto del mundo y en las circunstancias en las que le correspondió existir.

Así las cosas, la filosofía no desaparece, la especulación filosófica ha estado presente desde que en el hombre despertó su capacidad creacional.  En estos tiempos de rapidez y dinamismo sin iguales, tal vez se nos presenta con nuevos matices, desde una perspectiva renovadora, menos cargada de las abstracciones tradicionales,  con un sentido más práctico de acuerdo a los requerimientos de un presente que necesita de la precisión y de la inmediatez del pensamiento; pero no desaparecerá, afirmarlo sería hacernos cómplices de una negación del devenir histórico, que como ley está presente por la eternidad, aunque a  veces nos parezca que se nos pierde y sus postulados se dispersan inmersos en una teoría ilimitada.
   
“Se busca hoy una filosofía clara, que concilie todas las fuerzas, que no tenga la soberbia de la infalibilidad, ni la pretensión de la supremacía”, dijo el cubano José Martí hace ya más de un siglo, sin embargo, su concepto parece adecuarse perfectamente a los requerimientos actuales. El hombre necesita, hoy como nunca, encausar su pensamiento desde una orientación de contenido filosófico. Los grandes problemas del mundo y los conflictos humanos lograrían comprenderse mejor y su solución se enfrentaría de una forma diferente.
 
¿Es que acaso entramos en una crisis de la filosofía como consecuencia de los grandes conflictos que en el orden político y social vive el mundo? La filosofía no está despareciendo, solo se nos muestra con una perspectiva diferente, acorde a la modernidad de estos tiempos. Para José Martí: “La filosofía no es precisamente una ciencia. Es una potencia, es una condición del ser humano, es una fuerza”, y como fuerza inherente a la condición humana hemos de defenderla.

“Alegra sentir y poder compartir con otros la necesidad de pensar – nos dice Marina Garcés Mascareñas, quien propone desarrollar alternativas para enfrentarnos a las crisis actuales -. Pensar no es elucubrar. Es confiar en que el pensamiento transforma la vida y que las palabras, bien empleadas, sirven para ello. Todas las escuelas de pensamiento, orientales y occidentales, se basan en esta confianza. Sin embargo, la academia actual, convertida en una fábrica de papers especializados y de patentes mercantilizables, ha renunciado a este vínculo. Por eso la filosofía se pone en fuga y busca otros lugares donde irrumpir con su deseo radical de verdad. Este deseo es nuestra necesidad de no dejarnos engañar por tanta mentira ni entristecer por tanto sufrimiento”.

La ensayista y profesora de Filosofía en la Universidad de Zaragoza, Marina Garcés Mascareñas (Barcelona, 1973), ha rechazado – y en esto estoy plenamente de acuerdo; aunque no con su postura anticapitalista de tendencia izquierdista- la idea tan reiterativa en nuestros días acerca de que  cada cual tiene su opinión, lo que ha definido como “uno de los dogmas más estúpidos de nuestro tiempo. Se transmite en las escuelas, en los medios, en los bares. Confunde libertad y arbitrariedad, y neutraliza la potencia de la palabra pública mediante la homologación de la opinión privada”.

Para su defensa se basa en la concepción de que el hecho de que todos quieran saber y tengan la libertad para hacerlo, no significa, ni creo que tampoco de derecho a que todas las opiniones tengan valor.  De ahí a la idea de que todos somos filósofos y que todos tenemos nuestra filosofía solo hay un pequeño paso, lo que también es un absurdo.   

En un artículo recién publicado en El País precisó además: “Poder pensar y poder decir significa, precisamente, poder someter nuestras opiniones al examen de una razón común, es decir, de una común capacidad de razonar acerca de ellas. Hoy, la filosofía pierde horas en las aulas, pierde peso en los currículos y resta puntos en los rankings de excelencia de las universidades. Al mismo tiempo, llena foros de debate, cursos en librerías, espacios en algunos medios, teatros e incluso series de televisión. Es una situación paradójica a la que debemos atender”.

*Walter Arnold Kaufmann (1921-1980) definió “Memorias del subsuelo”, de  Fíodor Dostoievski como “la mejor obertura para el existencialismo jamás escrita”, con lo que exalta a la trascendental figura de las letras rusas y lo propone como uno de los precursores del existencialismo.

                                     (Continuará)