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Día Mundial de la Filosofía. ¿Filosofía para las multitudes? Tercera parte.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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                                                                               Día Mundial de la Filosofía.
                                                                     ¿Filosofía para las multitudes? Tercera parte.
                                                                              Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


Fort Pierce. Estados Unidos. Michel Onfray, uno de los filósofos más leídos actualmente en el mundo, acaba de afirmar en El Cultural que “devolver la filosofía a la calle no consiste en hacer la calle, como creen tantos filósofos jóvenes que lo que pretenden es hacer negocio con esta idea. La educación popular que yo defiendo propone lo contrario: no hay que rebajar la filosofía, ni a las personas -una terrible confusión izquierdista-, sino elevar a éstas a la altura de la filosofía. Hay que ir directamente al texto, dejarse de glosas y olvidarse de los libros que están más pendientes de los conceptos que del mundo en sí. Y hablar con simplicidad y claridad”,* algo que se debe considerar para los programas de futuros días mundiales de la filosofía, los que deben ser más prácticos para poder llegar a muchos; aun cuando la filosofía a través de la historia no ha sido para las multitudes.

Cuando se le preguntó acerca de la separación entre filosofía y sociedad precisó: “Con Sócrates la filosofía es popular: se dirige a los que están en el Ágora. Los romanos se dirigen igualmente a los que están en el Foro. Es con el Cristianismo cuando la filosofía se convierte en un asunto de curas encerrados en sus gabinetes, de técnicos anclados a sus escritorios, de profesores intoxicados por sus bibliotecas. Yo los llamo “los buscadores de tres pies al gato”. Algunos filósofos del Renacimiento devolvieron a la filosofía ese carácter popular. En Francia escribieron en francés y no en latín: pienso en Montaigne, o en Descartes, un siglo después. Toda la filosofía francesa de la Ilustración es legible y popular. Se vuelve técnica de nuevo con el Idealismo alemán y la Fenomenología alemana. La French Theory  (Deleuze, Derrida, Foucault, Lacan, Althusser) fue el final de este fenómeno, una filosofía destinada a un puñado de discípulos fascinados por el lenguaje ilegible e incomprensible del gurú...”*

Poder compartir la idea de Onfray en un sentido absoluto, es un tanto complejo, por cuanto resulta difícil encontrar ese límite entre filosofía popular, si es que realmente hubo una filosofía popular, y la filosofía elitista, como comúnmente lo asimilamos. El hecho de que aparecieran textos en idiomas accesibles a grandes sectores poblacionales, no significa que todos pudieran llegar libremente a las enseñanzas contenidas en dichos textos. En el pasado, y aun en nuestros días, hay miles de hombres que no han recibido la preparación elemental que los capacite para leer y para poder interpretar las ideas generales que expusieron los grandes filósofos del Renacimiento y de la Ilustración francesa, de modo que las enseñanzas filosóficas propuestas por estos movimientos siguieron siendo tan herméticas como en los tiempos de Platón y más tarde en los de Plotino y Orígenes.

La capacidad para desentrañar el misterio detrás de cada frase es algo que se ha mantenido a través de los siglos como una posibilidad reservada a unos pocos, a aquellos que pueden acceder a lo que está más allá del pensamiento simple.
   
Sin duda, con la llegada de Sócrates la filosofía adquirió matices peculiares. Tal vez podamos hallar en su concepciones -no solo por el contenido propiamente dicho, esto es su lado esencial; sino también por su forma o modalidad utilizada para hacerse entender- por primera vez, ese intento de aproximación a las multitudes, para quienes predicaba abiertamente -exoterización del conocimiento filosófico-, aunque habría que cuestionarse también si esas multitudes que le seguían en plazas, parques y calles realmente comprendían su enseñanza, y sobre todas las cosas, el porqué de su enseñanza.
 
Su método, con el que pretendía llevar al hombre hacia una reflexión constante de todas sus inquietudes, constituye la clave que nos pudiera permitir intuir que no había tal sencillez en sus prédicas como para llegar a todos los que se acercaban en busca de respuestas, las que el maestro, al parecer no acostumbraba a dar, sino que las convertía en nuevas interrogantes que desencadenaban un debate o coloquio sobre determinados puntos de la vida, del porqué de nuestra la existencia, pero sobre todas las cosas: de nuestras conductas, motivos, acciones, causas y consecuencias, lo que determinó el sentido ético de su mensaje y el carácter antropológico de su enseñanza.

Con la aparición de Platón y de Aristóteles la filosofía vuelve a dar un viraje radical y un sentido más esotérico. Las abstracciones del creador de la teoría de las ideas resultan incomprensibles para las mayorías. La filosofía vuelve a lo académico y se encierra entre sólidos muros – si es que alguna vez  realmente llegó a salir de ellos -, la hipótesis acerca de que todas las cosas que han de expresarse materialmente en el mundo de las formas, es decir,  lo fenoménico, han de tener una gestación de manera ideal en aquella conciencia o mente divina más allá de toda posible comprensión,  resulta demasiado abstracta para poder ser asimilada  no solo para las mayorías iletradas, sino hasta para algunos hombres de ciencia, de leyes, literatos y maestros de nuestros días.
 
Según Michel Onfray “toda la filosofía francesa de la Ilustración es legible y popular”; pero para quiénes es realmente legible y popular. Consultemos un fragmento de El espíritu de las leyes de uno de los grandes de la Ilustración Francesa, Montesquieu (1689-1755), uno de los precursores del liberalismo.
 
“Las leyes, en su significación más extensa, no son más que las relaciones naturales derivadas de la naturaleza de las cosas; y en este sentido, todos los seres tienen la divinidad tiene sus leyes, el mundo material tiene sus leyes, las inteligencias superiores al hombre tienen sus leyes, los animales tienen sus leyes, el hombre tiene sus leyes.

Los que han dicho que todo lo que vemos en el mundo lo ha producido una fatalidad ciega, han dicho un gran absurdo, porque, ¿hay mayor absurdo que una fatalidad ciega produciendo seres inteligentes?

Hay pues una razón primitiva; y las leyes son las relaciones que existen entre ellas mismas y los diferentes seres, y las que median entre los seres diversos. Dios tiene relación con el universo como creador y como conservador; las leyes según las cuales creó, son las mismas según las cuales conserva; obra según las reglas porque las conoce; las conoce porque él las hizo; las hizo porque están en relación con su sabiduría y su poder.

Como vemos que el mundo, formado por el movimiento de la materia y privado de la inteligencia, subsiste siempre, es forzoso que sus movimientos obedezcan a leyes invariables; y si pudiéramos imaginar otro mundo que éste, obedecería a reglas constantes o sería destruido.
 
Así la creación, aunque parezca ser un acto arbitrario, supone reglas tan inmutables como la fatalidad de los ateos. Sería absurdo decir que el creador podría gobernar el mundo sin aquellas reglas, puesto que el mundo sin ellas no subsistiría”. **


Los principios ilustrados fueron adoptados por las corrientes del liberalismo político. Conjuntamente con el respeto a los derechos fundamentales de las personas, la división o separación de poderes se convierte en elemento fundamental de lo que se dio en llamar Estado Liberal y que, a la vez, configura el elemento base del Constitucionalismo Moderno. En este sentido podemos asumir que realmente el Iluminismo ejerce una influencia en el pensamiento general del siglo XVIII, y de manera particular en el pensamiento político; pero esto no es suficiente para darnos la medida de una popularización de las enseñanzas de la Ilustración Francesa.
 
En la enseñanza de Montesquieu, - amén de sus profundos aportes en el terreno político y jurídico desde una perspectiva profundamente filosófica-  está presente la idea de un orden jerárquico del mundo y de leyes divinas en relación con la génesis del Universo y el proceso creativo del hombre, leyes inmutables que garantizan la continuidad del devenir evolutivo, lo que ha expresado el jurista y político partiendo de la premisa de la existencia de leyes terrenales expresadas en los hombres y otras criaturas,  por cuanto existen leyes espirituales, y si la divinidad está en ellos han de tener también sus leyes, coincidiendo con el pensamiento de otro de los grandes de la Ilustración Voltaire (1694-1778), quien se refirió a la existencia de una Realidad Absoluta que se nos muestra a través de su propia manifestación en la expresión material: “Existe algo, por tanto, existe algo eterno, porque nada se produce de la nada. Toda obra que nos muestra los medios y un  fin revela un  artífice: por tanto este universo compuesto de medios  cada uno de los cuales tiene su fin, revela un artífice potentísimo e inteligentísimo.” ***
                                                                                                                                   
En un sentido más práctico, más cercano al hombre promedio, Montesquieu  proclamó como primera ley del derecho natural no a la <guerra de todos contra todos>, sino la paz,  y  dio grandes aportes, en su tiempo, en el campo del derecho y de la política: “Para la sociedad salida del estado natural originario, el principio fundamental del derecho internacional era la ley de conformidad con la cual los pueblos deben vivir en paz y hacerse el mayor bien posible y el menor mal posible cuando la guerra era declarada,” *** lo que constituye un ejemplo de la aplicación de sus concepciones filosóficas al plano político y social.
 
La filosofía ha estado en relación con  sucesos políticos trascendentales de la historia, y la Revolución Francesa de 1789 -hecho considerado como punto referencial para cambios no solo en los aspectos de naturaleza social, sino en el pensamiento de los hombres-  estuvo precedida por la Ilustración Francesa o Iluminismo francés, cuyas ideas liberales dejaron su impronta e influyeron sobremanera en las propuestas de la Revolución Francesa. 

                                                      Continuará.

*http://www.elcultural.com/revista/letras/Michel-Onfray-Devolver-la-filosofia-a-la-calle-no-es-hacer-la calle/38749antonioguerrero

** el espíritu de las leyes - Biblioteca Digital bibliotecadigital.tamaulipas.gob.mx/archivos/descargas/31000000630.

*** Abbagnano, Nicolás, Historia de la filosofía, vol. 2, Barcelona, Hora, 1994, pp. 357-358.