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El ocaso del socialismo del siglo XXI.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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El ocaso del socialismo del siglo XXI.
« en: Enero 05, 2016, 03:01:12 pm »
                                               El ocaso del socialismo del siglo XXI.
                                                    Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


El socialismo ha sido considerado teóricamente como un sistema de organización económico y social, lo que difiere según la visión de algunos autores que lo asumen como una doctrina política y su vez económica, pero todos coinciden en destacar el hecho de que en dicha doctrina o sistema, la propiedad y la administración de los medios de producción es por parte de las clases trabajadoras, así como la finalidad  de lograr una organización de la sociedad en la cual exista una igualdad política, social y económica de todas las personas.

Asumiendo esta definición como correcta, pudiera resultar acertado, por cuanto, los propios administradores de los bienes resultarían beneficiados con los elementos patrimoniales que estarían en su plena posesión. Este ha sido el móvil que ha llevado a muchos a la formulación de ciertos criterios, que en el orden ideal resultan perfectos, pero desde el punto de vista práctico ha sido insostenible, pues como diría el genial cubano José Martí: 

“Al llegar a ser tan varia, activa y dominante la acción del estado, habría este de imponer considerables cargas a la parte de la nación trabajadora en provecho de la parte páupera. Y es verdad que si llegare la benevolencia a tal punto que los páuperos no necesitasen trabajar para vivir – a lo cual jamás podrían llegar-, se iría debilitando la acción individual, y gravando la condición de los tenedores de alguna riqueza, sin bastar por eso a acallar las necesidades y apetitos de los que no la tienen.” 

La tendencia a asumir el modelo socialista como sistema social y económico tuvo su auge durante el pasado siglo veinte en varios países de Europa Oriental, los que motivados por la idea rusa, en aquel momento soviética, de la existencia de un nuevo sistema, teóricamente devenido en paradigma del bien y de la justicia social, asumieron la propuesta de la URSS.

Inicialmente los intercambios comerciales, culturales, deportivos y científicos entre toda la comunidad mantuvo cierto entusiasmo en un considerable sector poblacional de estos países. La censura a que estaban sometidos los medios de comunicación impedía mostrar la otra cara del utópico sistema; la hambruna de los años iniciales de una Rusia que nunca se recuperó de la post-guerra, los centenares de hombres prisioneros por no simpatizar con el nuevo régimen trasladados a la tenebrosa Siberia, los miles de ejecutados durante la época de Stalin y Lenin, entre otros tantos hechos, fueron ocultados durante décadas. 

Entre 1989 y 1991 tuvo lugar la destrucción del llamado <campo socialista>. Los países de Europa Oriental y aquellos que integraron la URSS lograron librarse del terrible mal que los mantuvo varias décadas en las peores condiciones no solo en lo económico, sino en lo social, intelectual y espiritual. Sus economías no lograron progresar, los logros en el orden científico fueron limitados, la imposición de una sola forma de pensar y actuar los marginaba del resto del mundo en la esfera política, artística e intelectual.

En otros sitios del mundo lo que fuera solo un germen, comenzaba a dispersarse y desarrollarse gradualmente. En la enorme China entre 1917 y 1920 Chen Duxiu y Li Dazhao iniciaron la difusión de las doctrinas marxistas desde la biblioteca de la Universidad de Pekín, allí trabajaba el futuro líder comunista Mao Tse Tung, el que se vio influenciado por los estudios del grupo marxista; más tarde tras el triunfo de su revolución en 1949 impuso la nueva ideología como principal elemento represor de su dictatorial régimen. Vietnam y Corea del Norte seguirían sus pasos en el continente asiático. Corea del Norte mantiene una dictadura, que al igual que la de Cuba, es capaz de aniquilar a todo aquel que se oponga a sus cánones, lo que no deja posibilidad a nuevas propuestas económicas y sociales.

La historia del socialismo en Cuba ya ha sido tratada reiteradamente como para centralizar nuestra atención en un análisis teórico de los móviles, causas y consecuencias en este sentido. Los hechos que matizan su historia durante estas casi seis décadas, así como el grado de destrucción total desde el punto de vista económico, y lo peor, social, ético y moral son suficientes para demostrar el fracaso del sistema en la isla caribeña. La delirante idea de mantenerse en el poder ha llevado al pueblo cubano al atraso más grande del planeta en el orden económico; las violaciones de los derechos ciudadanos, la represión a los líderes de la oposición, la manipulación de los medios de comunicación, entre otros males, mantiene a la isla en una condición estática difícil de comprender.

Después del colapso de la Unión Soviética y de los regímenes socialistas de Europa Oriental, solo quedaron en el mundo cuatro países gobernados por el Partido Comunista: China, Vietnam, Cuba y Corea del Norte.  El destacado analista  Pascual Albanese, declaró que: “lo que hasta hace sólo dos décadas constituía un fenómeno internacional gigantesco, cuyo poder político abarcaba una superficie de 35 millones de kilómetros cuadrados que albergaba a un tercio de la población mundial, se ha reducido a un extraordinario ejercicio de supervivencia, en el que el dogmatismo ideológico deja paso al pragmatismo”.
En estas circunstancias y a pesar del demostrado fracaso, algunos países de Latinoamérica hicieron sus intentos por adoptar formas socialistas como sistema socioeconómico. El liderazgo del fallecido presidente Hugo Chávez y la popularización que hizo del llamado socialismo del siglo XXI, cuyo concepto tiene sus bases teóricas en las doctrinas del político alemán Heinz Dieterich Steffan, fue determinante para la acogida del modelo en la región. Bolivia, Ecuador, Brasil, Argentina, entre otros, siguieron los pasos del exmandatario venezolano, aunque cada cual a su modo.

En breve tiempo la economía venezolana colapsó, alcanzó la mayor inflación del planeta, la represión y la censura, el encarcelamiento de líderes opositores, la implicación de sus actuales líderes en el narcotráfico, los fraudes, y otras tantas formas de corrupción, son hechos innegables; el revés sufrido el pasado diciembre por el gobierno chavista, presidido por Nicolás Maduro, ha generado un resurgimiento fuerte de la oposición venezolana, lo que ha sido un extraordinario paso y una verdadera lección de democracia, no solo para el país sudamericano, sino para el continente.  La propuesta de Chávez de un modelo de nuevo tipo llevó al país al abismo, lo que demuestra, una vez más, los desaciertos socialistas.
 
Mientras en Venezuela se vivían momentos difíciles de represión en la víspera de sus elecciones, en Argentina se alzaba triunfante Mauricio Macri, como representante de una tendencia liberal-conservadora de derecha, lo que significa el <arribo de la modernidad y el entierro de una etapa populista> que desestabilizó al país. La expresidenta Cristina Fernández, simpatizante de los sistemas socialistas de la región, ha sido acusada de  ser responsable de una política inflacionaria de expansión monetaria, de la falsificación de las estadísticas públicas,  del incumplimiento de las sentencias que protegen los derechos de jubilados, de  difamación de opositores y disidentes a través de los medios y agencias de propiedad del estado nacional, del favorecimiento de una oligarquía de empresarios y socios favorecidos en todos los grandes negocios del estado, entre otras tantas cosas.

En Brasil el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, autorizó la apertura de un procedimiento de juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff.  Los partidos de la oposición intentan que la Rousseff abandone su cargo.   El pasado año la mandataria se tuvo que enfrentar a las protestas de miles de manifestantes que la señalaban como protagonista de sobornos en la petrolera estatal Petrobas, pidiendo así mismo, su destitución. Actualmente su popularidad es bajísima, a pesar de una pequeña recuperación, del 8% al 10%, según los últimos datos.

Ciertas autoridades políticas del país consideran que la crisis que enfrenta su gobierno no solo es de tipo económica, sino que tiene implicaciones políticas importantes ante la pérdida de la credibilidad después de tantas acusaciones de malversación, robo, desviación de recursos y acciones fraudulentas.  Tengamos presente que esta situación ha originado el descontento masivo de la población; lo que está teniendo lugar bajo un sistema socioeconómico respaldado por un gobierno que representa los intereses del Partido de los Trabajadores, de marcada tendencia de izquierda.

La firme idea de <erradicación de la miseria> como uno de los objetivos fundamentales de la mandataria, trajo consigo la creación de programas sociales, así como la realización de obras de infraestructura pública, lo que ha originado una burocracia corrupta que se ha mantenido por años, denominador común de todos los regímenes de izquierda que aspiran a manipular el capital a su forma, en el caso particular de Latinoamérica, bajo el ropaje del socialismo del siglo XXI.

¿Cuál será la nueva propuesta de los pocos líderes de tendencias izquierdistas que se aferran a mantener lo inexistente? ¿Acaso no resulta suficiente la renuncia de medio continente el pasado siglo XX tras la caída del socialismo en la URSS? ¿Es que aún se puede continuar confiando en los fracasados gobiernos de Cuba y Venezuela como impulsores del movimiento socialista de América? El socialismo del siglo XXI, como variante de esta corriente, ha sido un fracaso; sus líderes están desacreditados ante el mundo. Esperemos que el nuevo año con sus buenas nuevas nos proporcione cambios profundos que impulsen el desarrollo de la democracia en el continente. 

Quito, Ecuador. 5 de enero de 2016.