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HAMBRUNA Y REPRESIÓN, CLAVES PARA EL HUNDIMIENTO DEFINITIVO DEL CASTRISMO

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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               HAMBRUNA Y REPRESIÓN, CLAVES PARA EL HUNDIMIENTO
                                        DEFINITIVO DEL CASTRISMO
                                  Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.
   



Santa Cruz de Tenerife. España.- Desde el infausto día del considerado “triunfo” de la revolución cubana, la isla jamás ha tenido una etapa de estabilidad económica, y mucho menos, de esplendor. Aún durante los años en que el socialismo cubano se sostuvo de manera parasitaria a partir de las colaboraciones del socialismo de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y otros países europeos con este modelo económico, las crisis eran constantes ante la escasez de múltiples artículos de primera necesidad, o ante la pésima calidad de otros.

A los pocos meses de la instauración en el poder del dictador Fidel Castro comenzaron las "dificultades" y el "esfuerzo" – pedido inicialmente de modo persuasivo y exigido después mediante la imposición y manipulación–  del pueblo para resistir en medio de la adversidad. La sombra constante del eterno “enemigo imperialista”, cual alucinación persecutoria de la mente retorcida de Fidel Castro desde sus años mozos, fue asumida por las multitudes adoctrinadas, mal que, lamentablemente, aún perdura en nuestros días; aunque muchos  – sin atreverme a decir la mayoría, para no caer en la tentación de lo extremadamente especulativo– han despertado de letargo ocasionado por los reaccionarios efectos del régimen comunista en su condición de manipuladores mentales.
                                                     
Desde siempre el régimen castrista ha dependido para su supervivencia de la "ayuda" que indistintamente le ofrecieron naciones como la antigua URSS y otros pocos países del llamado Bloque Socialista que conformaron varias naciones de Europa Oriental y del Este, y luego, una vez extinguida la llamarada comunista en esta región, de lo que el malvado presidente venezolano Hugo Chávez le ofrecía en "sagrado" pacto a cambio de cientos de médicos, maestros, técnicos, entrenadores de deporte, y hasta periodistas y locutores, entre los que hay miles de infiltrados para misiones de propaganda comunista y para espiar el movimiento de la “tropa” cubana; algo que se ha mantenido hasta el presente mediante la "continuidad" del mandatario Nicolás Maduro; aunque en menor escala dada la precaria situación económica que atraviesa Venezuela en los últimos años.
 
Para nadie es un secreto, excepto para aquellos que permanecen aislados y sin posibilidad o derecho a la información, que el sistema chavista venezolano tiene sus días contados, y que la otrora tierra próspera de Bolívar es actualmente la nación más pobre del hemisferio occidental. De ahí que el suministro de petróleo de manera regular y en abundancia – como en los tiempos de Chávez– ya no tiene lugar, ni podrá serlo, toda vez que, independientemente de la crítica situación económica de Venezuela, las sanciones económicas que aplica el gobierno de Estados Unidos limitan el diabólico pacto castrista-chavista.

Al régimen de La Habana no le quedan prácticamente opciones para continuar su eterna condición saprofítica y parasitaria. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, hasta ahora ha asumido una actitud demasiado conservadora que le ha permitido coquetear indistintamente con Donald Trump y con Díaz-Canel; pero siempre trazando un límite para separar conscientemente su camaradería socialista (muy a su manera) de las acciones de colaboración y ayuda hacia la siempre dependiente Cuba socialista.

Mientras que la asunción del poder de los argentinos de izquierda – ahora autoproclamados progresistas ante la debacle del socialismo de nuevo tipo promovido hace unos pocos años desde la propia Argentina y con Venezuela como nación protagónica–, Alberto Fernández y Cristina Fernández, hasta el presente no se han pronunciado a favor de retomar las utópicas fórmulas chavistas que caracterizaron al derrotado Socialismo del siglo XXI. Por el contrario, el gobierno argentino reclama, una vez más la millonaria deuda que el régimen de La Habana tiene con la nación suramericana, lo que demuestra la frialdad de las relaciones entre ambos países a pesar de que Cuba ha sido el refugio de la Fernández de Kirchner, la mujer más acusada, y también la más desvergonzada, de la política mundial.
 
De Bolivia no podrán obtener nada, al menos por ahora; y la pobre nación andina muy poco pudo ofrecer a excepción del apoyo propagandístico del régimen comunista a cambio de la explotación de los médicos y sanitarios cubanos que invadieron Bolivia. La desmoralizadora derrota de socialismo del indígena Evo Morales significó un duro golpe para lo poco que quedaba en Suramérica de la absurda ideología marxista, y como es lógico, un devastador y contundente golpe para el agonizante régimen de La Habana que ahora solo le queda la opción venezolana. 

De Nicaragua mejor no decir nada hasta el momento en que sean sepultados los débiles remanentes de un sandinismo cadavérico que aún empuñan el binomio de anacrónicos ancianos Ortega-Murillo, aunque, en verdad, Nicaragua no representa nada para el castrismo desde hace mucho tiempo; excepto la idea simbólica de elemento porcentual como ejemplo de nación “socialista” de Centroamérica.

LA REPRESIÓN COMO OPCIÓN PARA ASEGURAR LA CONTINUIDAD EN EL PODER.



Así las cosas, en medio de esta gran adversidad, tal vez la de mayor magnitud y trascendencia jamás vista en la llamada Cuba revolucionaria, con una escasez sinigual en su triste historia – que siempre ha sido de desabastecimiento, de atraso económico, de retroceso social, de degradación moral, entre otros tantos males– y para colmo, en medio de la pandemia del coronavirus, que aún no ha alcanzado su verdadero clímax y que, lamentablemente, está por llegar, el presidente no elegido y su camarilla partidista lejos de flexibilizar su rígido y obsoleto esquema político – lo único que pudiera atenuar la grave crisis económica actual– se empeñan en sobrevivir con exigencias cada vez mayores a un pueblo que solo lucha por su subsistencia en las calles, haciendo inmensas colas que pueden durar hasta más de un día para adquirir lo mínimo (la mayoría de las veces casi nada) para poder comer, bañarse y lavar sus pocas pertenencias.

Por mucho menos que esto en cualquier país del mundo se hubiera armado ya una verdadera insurrección popular; pero tratándose del sumiso pueblo cubano, por el contrario, una pasividad extrema, no por resignación kármica, sino por el temor a desaparecer para siempre, resulta patente. Las acusaciones en las redes sociales, los múltiples vídeos e imágenes que aparecen cada día a modo de denuncias sociales, así como los escasos actos de protestas pacíficas en sitios aislados del país por una exigua minoría no cuentan para nada, toda vez que no resultan representativos ante la explotación y represión generalizadas que ejerce régimen cada vez con mayor fuerza.

Si en los tiempos de Fidel Castro se produjo una revuelta popular que marcó un antes y un después en la historia de la nación, aunque muchos pretendan minimizar el significado y la trascendencia del "Maleconazo", en los miserables tiempos de Miguel Díaz-Canel está a punto de producirse una sublevación que será capaz de sacudir al castrismo de manera contundente.
La hambruna por un lado, y el marcado incremento de una atroz represión por otro, serán los elementos detonantes para una toma de conciencia necesaria, y esto lo saben muy bien los mandatarios de la mayor de las Antillas.

Sentirse acorralados ante el inminente final de lo que los ha mantenido, cual parásitos eternos que extraen del suelo patrio todo sin haber aportado jamás nada, los conduce a utilizar mecanismos adaptativos de reajustes, entre los que se encuentra ocupando un papel protagónico la represión. En todo sistema dictatorial, y no cabe duda que el “modelo” cubano constituye un paradigma en este sentido, la represión contra todo y todos lo que presuponga una posible amenaza a la pérdida de la continuidad del poder en manos de la cúpula represora y unitaria es el instrumento más eficaz que se suele utilizar. 
 
Represión por doquier, contra los opositores, contra los que protestan valientemente "cantándole" las verdades al decadente sistema. Represión contra los trabajadores autónomos, de los que quieren extraer toda su ganancia. Represión contra los que se atreven a denunciar mediante la imagen visual en las redes sociales la triste realidad del pueblo cubano, contra los reporteros de los medios no oficialistas, contra los exponentes de la cultura que se aparten un mínimo de los cánones que establecieron como cánones de su socialismo. En fin, represión, represión y más represión, tal vez mayor que la  de los sangrientos años iniciales de la llamada revolución cubana.

Y este es el elemento que mejor nos demuestra que tienen conciencia de que su fin es inminente. Y no creo que se trate de una simple utopía fruto de una excesiva imaginación especulativa; sino una realidad perceptible, ya no solo por quien redacta este comentario, sino por los encargados de hacer perpetuar el comunismo en una nación que merece un mejor presente para poder encaminarse hacia un futuro de libertades y oportunidades, de plenitud y de igualdades, de decoro y de decencia, y esto, bajo el mando absoluto de un partido de tipo comunista resulta imposible.
 
Basta de continuidades tontas y de legados demoníacos y absurdos. Ya es tiempo de dejar el poder y este es el momento. El pueblo cubano se esfuma en medio de la miseria, la hambruna y la adversidad constante. El modelo que impuso el delirante comandante, al que aún le rinden adoración, sencillamente no ha funcionado en ninguna parte del mundo, y en Cuba no será la excepción.