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CORONAVIRUS, SU COMPORTAMIENTO EN CUBA ¿REALIDAD O FALSEDAD?

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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          CORONAVIRUS, SU COMPORTAMIENTO EN CUBA ¿REALIDAD O FALSEDAD?
                                      Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.-


           


Santa Cruz de Tenerife. España.- De un régimen comunista no puede esperarse nada bueno, noble, coherente y lógico. A través de la tenebrosa historia del comunismo no se ha podido demostrar lo contrario. Los múltiples ejemplos harían interminable este escrito que no pretende enfatizar en esto, sino en el comportamiento, desde mi apreciación, del fenómeno sanitario originado por la infección del coronavirus, específicamente en Cuba, nación donde según muchos, la realidad pudiera ser otra, un tanto diferente a lo que de manera oficial se publica.

Sabemos que ocultar la información forma parte del historial marxista-comunista de la historia. El desastre de Chernóbil tan tratado hace poco en series televisivas, desde una óptica investigativa muy seria, constituye un paradigma en este sentido; lo que aplicado al contexto de Cuba, cuyo régimen se ha especializado en mentir y ocultar la verdad durante décadas, puede ser fuente inagotable para las investigaciones de aquellos que preferimos el análisis serio y no la cotilla amarillista de la prensa, ni el sensacionalismo de las redes sociales.

Desde mucho antes del primer reporte de casos de coronavirus en Cuba, hecho ocurrido el 11 de marzo, cuando se detectó en tres turistas de origen italiano, ya se especulaba acerca de lo que ocurriría en la nación caribeña. La prolongada espera del cierre de fronteras por garantizar la poca actividad turística, las pésimas condiciones higiénico-sanitarias, la escasez de todo, fundamentalmente de alimentos, entre otras cosas, preocupó sobremanera a todos aquellos que tenemos familiares, amigos y colegas en Cuba, no así en otros que dejando todo aspecto afectivo-humanitario prefirieron la ofensa, la burla y la especulación sin sentido.

En lo adelante, las autoridades sanitarias de la isla, siempre bajo la supervisión del gobierno, que a su vez es controlado por el único partido oficialista de la nación, comenzaron a informar cada día un escaso número de casos, y esto llamó demasiado la atención de los comentaristas de redes y de ciertas figuras que se destacan como promotores en estos medios, quienes en su mayoría carecen de la preparación científica y política para asumir ciertos roles de comunicadores; aunque lo hacen, ya sea por necesidad de un protagonismo del que carecen, o porque tengan las mejores intenciones, a pesar de la ausencia de herramientas capaces de ofrecer un mínimo de solidez a lo que hacen.
 
Hasta el presente la mayoría de las opiniones que he revisado detenidamente coinciden en algunos puntos, de los que, el escaso número de confirmados como positivos resulta el más significativo, aunque no faltan los que afirman que el régimen de La Habana está ocultando los muertos por coronavirus bajo el ropaje de otras enfermedades como enfisema pulmonar, insuficiencia respiratoria aguda, etc.
 
Quien escribe este comentario no duda de que el castrismo no solo puede ocular cifras de muertes, datos exactos, y aún más, puede manipularlo todo, incluidos datos estadísticos de otros países como Venezuela, y de Bolivia cuando los tiempos de Morales; pero al mismo tiempo quiero ofrecer mi opinión basada en la observación de un fenómeno epidemiológico, y no fundamentada en opiniones y comentarios sin elementos que puedan demostrar posibles hipótesis.

Téngase presente que no se puede hacer comparaciones de unas naciones con otras de manera descontextualizada. Comprendo que quienes alegan o escriben, sobre todo en las llamadas redes sociales, carecen de conocimientos de algo que se llama Metodología de la Investigación, rama sin la cual los estudios y análisis de tipo científico, dejarían de tener cabida en el gran campo de la ciencia.

Por ejemplo, es absurdo que comparemos a Cuba con sus pocos casos confirmados y su insignificante número de muertos por COVID-19, con España, un país del llamado primer mundo, que cuenta ya con casi 27. 000 muertes y 227.436 casos confirmados, lo que representa la mayor tasa del mundo si de número de contagiados confirmados se trata (482.87 por cada 100.000 habitantes), o con Estados Unidos, la nación considerada de mayor poderío y desarrollo económico, donde se mantuvo de manera muy sutil en parte del proceso de la pandemia, hasta que se desató un oleada imparable de casos que ha llevado a la muerte a casi 80.000 personas (242.94 por millón de habitantes).

A Cuba se le debe comparar con las naciones del área del Caribe, de la cual forma parte. Si analizamos el comportamiento del coronavirus en África veremos que no tiene nada que ver con las características de la pandemia en Europa, como también existe una diferencia significativa  –me refiero por significativo a lo contrastante desde el punto de vista observacional y no porque tenga estudios con significación estadística que respalden mi observación– entre los países de Europa occidental y los de Europa oriental, tanto en cuanto a número de casos como a totalidad de muertes (Consúltese el Mapa del Coronavirus en el mundo de RTVE y comparen los datos de varias naciones del continente europeo).

             


Largas colas en la ciudad de Holguín, en el oriente de Cuba, para poder adquirir pollo. La marcada escasez de alimentos, algo que ha estado presente durante décadas en la isla, constituye una grave amenaza para la propagación del coronavirus.

El 10 de abril, a solo un mes de los primeros casos diagnosticados en Cuba, se publicó mi escrito: “CUBA, EXCELENTE “CALDO DE CULTIVO” PARA LA EXPANSIÓN DEL CORONAVIRUS”, en el que insistí en este aspecto, es decir, en las características particulares de la región del Caribe, de la que Cuba es parte, explicando desde entonces que de manera hipotética en Cuba se podían dar dos escenarios diferentes:

1. Que siguiera un patrón similar al resto de las naciones de esta región, lo que presuponía que no se desatara la propagación del virus de un modo tan agresivo como se ha visto en muchos países de Europa.

2. Que, lamentablemente, dadas las circunstancias sociopolíticas de Cuba (consúltese el escrito antes citado en su totalidad) se apartara un tanto del patrón caribeño y tuviera lugar una verdadera explosión de casos contagiados.

A continuación cito un fragmento de mi análisis correspondiente al 10 de abril:

“El 28 de marzo se había diagnosticado un total de 119 casos con coronavirus y solo había 3 fallecidos. En solo doce días se ha cuadruplicado el total de casos hasta alcanzar la cifra de 515, y de 15 fallecidos, lo que representa que, de continuar con este ritmo de crecimiento, hacia el final de abril la cifra de contagiados podrá superar los 1.000 casos y los de fallecidos aproximarse a los 50 (…) el 29 de marzo, la cifra llegó a 139 contagiados, lo que representa un incremento de 110 casos en solo una semana. Hasta ese momento Cuba siguió el patrón general de su contexto geográfico al ser comparado con el resto de las pequeñas islas caribeñas, independientemente de ser mayor territorio el archipiélago cubano”.

Hacia el final de abril se había diagnosticado cerca de 1.400 casos positivos, o sea, 400 más de lo que predije en el artículo publicado, y el total de fallecidos fue de 56 (día 26 de abril), esto es, solo 6 casos más de lo que describí de manera anticipada.
 
De modo que se cumplió mi primera hipótesis – suponiendo que las cifras informadas de manera oficial sean, al menos, cercanas a la realidad, lo que siempre resultará dudoso dado el accionar sigiloso y el secretismo acostumbrado–, es decir, que Cuba siguiera un patrón similar al resto de las naciones de la región caribeña; lo que no significa que quien redacta este escrito tenga poderes mediumnísticos o consulte a los astros, sino que tiene profesión de médico y se ha dedicado a observar el fenómeno expansivo del coronavirus en todas partes del mundo. Esto me ha permitido la formulación de varias hipótesis de este tipo, no solo para el caso de Cuba, sino además para países de Europa como España e Italia.

Mientras no tengamos elementos suficientes a nuestro favor de que los reportes estadísticos sean falsos no nos queda otra opción que guiarnos por las consideradas declaraciones “oficiales”, las que, sin dejar de parecernos dudosas no se apartan del patrón de los países del Caribe; excepto República Dominicana que muestra cifras de 10.347 contagiados con 388 muertos (tasa de 100.79), la única nación caribeña con una tasa tan elevada, aunque no comparable con las de algunas naciones de Europa.

De manera general el comportamiento de algunos países del área del Caribe es el siguiente: Jamaica, 502 casos confirmados, 9 fallecidos (tasa de 17.10), Haití, 182 casos confirmados, 15 fallecidos (tasa de 1.64), Puerto Rico, 116 casos confirmados, 8 fallecidos (tasa de 8.35), San Vicente y las Granadinas, 17 casos confirmados, 0 fallecidos (tasa 15.43), Antigua y Barbuda, 25 casos confirmados, 3 fallecidos (tasa de 25.96), Barbados 84 casos confirmados, 7 fallecidos (tasa de 29.37), Bahamas, 92 casos confirmados, 11 fallecidos (tasa 24.40), Granada, 21 casos confirmados, 0 fallecidos (tasa de 18.84), San Cristóbal y Nieves, 15 casos confirmados, 0 fallecidos (tasa de 28.60), Trinidad y Tobago, 116 casos confirmados, 8 fallecidos (tasa de 8.35), lo que comparado con Cuba no resulta muy diferente al patrón general del contexto regional. Recordemos que hasta el presente Cuba reportó 1.783 casos confirmados, 77 fallecidos y una tasa de 15.59 por cada 100.000 habitantes.

De cualquier modo, cuando todo esto termine siempre nos quedará el beneficio de la duda. ¿Acaso resultan confiables los test realizados? ¿Será representativa la muestra estudiada, esto es, a quienes se les realiza el test, del universo poblacional cubano? ¿Será necesaria la reclusión mantenida a una cantidad enorme de casos considerados como sospechosos? ¿Cómo no se propagó el coronavirus en un país cuyos habitantes permanecen en la calle buscando que comer sin respetar normas de distanciamiento y sin utilización de medios de protección?
 
Y así las cosas, por ahora demos gracias a Dios porque nuestros hermanos de Cuba no han sido golpeados de manera tan enérgica por el coronavirus. De lo contrario, las consecuencias serían terribles para una nación, cuyos habitantes, en su gran mayoría, llevan una vida de supervivencia, inmersos en la inseguridad, la desesperanza, la indiferencia y la indecisión.

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Naciones como Hungría, República Checa, Bulgaria, Azerbaiyán, Eslovaquia, Polonia y Ucrania, presentan tasas que oscilan entre 25 y 38 por cada 100.000 habitantes, no así Rumanía y Estonia, cuyos valores ascienden, aunque sin acercarse a los países de Europa occidental.

También se aprecian diferencias notables cuando se analizan los países de Suramérica. Sobresalen Brasil, Perú, Ecuador y Chile, todos con elevados índices de casos diagnosticados y de muertes por coronavirus, lo que contrasta con las cifras reportadas por Uruguay, Paraguay, Bolivia, Venezuela, Colombia, Surinam y Guyana, cuyas tasas no van más allá de 25 por cada 100.000.