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BARACUTEY CUBANO Y EL REENCUENTRO CON MONTANER.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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BARACUTEY CUBANO Y EL REENCUENTRO CON MONTANER.
« en: Mayo 05, 2020, 03:06:13 pm »
              BARACUTEY CUBANO Y EL REENCUENTRO CON MONTANER.
                                   Por el Doctor Alberto Roteta Dorado.


Santa Cruz de Tenerife. España.- En BARACUTEY CUBANO, el sitio que dirige en Miami, Estados Unidos, el profesor Pedro Pablo Arencibia, podéis encontrar mi más reciente escrito dedicado al primero de mayo, el día que se dedica a los trabajadores, o sencillamente el día del trabajo. Lamentablemente, dicho día ha trascendido como un acontecimiento demasiado relacionado con los movimientos de izquierda, asociado al marxismo – por lo del mundo del trabajo, los proletarios, etc. –, y como consecuencia con el socialismo.

No es menos cierto que los movimientos socialistas han tenido a través de los años una participación muy activa en relación con esta festividad, a la que se le seguirá asociando, al parecer inevitablemente, con las corrientes de este tipo. El hecho de que la exigencia de una jornada de trabajo no superior a las ocho horas fuera propuesta veinte años antes de los hechos de Haymarket por el Congreso de la Internacional celebrado en Ginebra en 1866, y repetido en 1889 por el Congreso Obrero de París, ha sido el elemento que con mayor fuerza permite establecer los lazos entre el día del trabajo y las demandas de los socialistas que Federico Engels se encargó de ensalzar en el prefacio de 1890 a El Manifiesto Comunista, documento en el que menciona fuerzas del proletariado, ejército de proletarios, y retoma la célebre frase “proletarios de todos los países están unidos”, (así como la he escrito literalmente) que en realidad no le pertenece ni a él, ni a Marx como se cree, sino al también alemán Karl Shapper.

               


Federico Engels es quien utiliza la famosa frase, devenida en símbolo del proletariado: proletarios de todos los países están unidos; aunque la frase original de Karl Shapper, en alemán, puede traducirse como “proletarios de todos los países uníos”, como una exhortación y no como una referencia, de la manera que la asumió Engels en El Manifiesto Comunista. (La imagen en sí es de Marx)

Uno de los grandes méritos de la brillante edición que hizo el profesor Pedro Pablo Arencibia en este sitio radica en que enriqueció sobremanera mi escrito toda vez que incorporó fotos, imágenes y vídeos que ilustran mi texto; pero sobre todas las cosas, que añadió un interesante y profundo trabajo de Carlos Alberto Montaner, el maestro, una consagrada figura dentro del campo del análisis político; y esto es todo un reto para quien escribe este comentario, que al propio tiempo es el autor del escrito PRIMERO DE MAYO: ¿FESTIVIDAD MARXISTA O DÍA DEL TRABAJO?, que con tanto rigor han editado el director de Baracutey Cubano, en Estados Unidos, y Guillermo Milán en Suecia.

Hace algunos años, cuando empecé accidentalmente en estas andanzas de la escritura basada en el análisis político – un tanto distante de lo que había estado haciendo en relación con la filosofía–, determinado medio solía publicarme casi siempre antes o después del maestro, alguien que es leído diariamente por cientos de seguidores en el mundo, a diferencia del neófito que apenas era conocido. Eso significó mucho para mí toda vez que constituía un reto cada vez que me disponía a escribir. Saber que al día siguiente estarás antes o después de Montaner te pone los “pelos de punta”; sin embargo creo que me favoreció mucho, independientemente que las comparaciones sean inevitables, y que los lectores con seguridad notaran la abismal diferencia entre la sabiduría de un experto y lo que pretendía decir un principiante entrenado en el arte de enseñar en aulas y salones, y no precisamente en el análisis político escrito.

¿En qué sentido me favoreció esta asociación con Montaner? Sencillo, tenía que exigirme demasiado para no hacer el ridículo, algo que jamás me he permitido, aunque, sin duda, como todos, alguna vez en la vida lo he hecho. Así las cosas, pasó el tiempo, al maestro se le designó un espacio especial – muy bien merecido–  y en la lista de colaboradores quedamos: Angélica Mora, Jorge Hernández Fonseca, Julio M. Shiling, y uno o dos autores más que no vienen ahora a mi pensamiento.

               


Unos meses más tarde, la historia de CubaNet junto a Montaner se empezó a repetir en Cubanálisis, el espacio del entrañable politólogo Eugenio Yáñez, quien ya no está entre nosotros en el plano terrenal.

De modo que comprendí que era mi karma, como suele decirse en la India, el Nepal y Bután, o mi destino, como más comúnmente se dice en el occidente; y esta asociación representaba para mí un nuevo reto.

Ahora escritos extensos, con múltiples datos y cifras, referencias y comparaciones – como le gustaban a Yáñez, y también como lo exigía el hecho de estar en primera plana de Cubanálisis (su Think Tank, sección principal) – aparecían de nuevo junto a la siempre bien acabada obra del maestro. El reto continuaba entonces, y con sinceridad, aunque ya no me preocupa si estaré o no cerca del tan leído escritor, he tratado de seguir una línea guiado por la premisa de ser consecuente conmigo mismo, independientemente de que pueda ser más o menos leído, consultado o citado, y sin estar pendiente de los like y los comentarios, los que muchas veces son dados o hechos por aquellos que no tienen idea del tema que estamos tratando.

Ser consecuente significa no renunciar a ser uno mismo, no complacer al lector con sencilleces – que muchas veces es lo que prefieren–, apartarse del amarillismo periodístico, de la historieta rosa, seguir una línea de trabajo enmarcada en un par de temáticas tratando de no incursionar en todo, no dejarme atrapar en el suceso del momento, no ser agresivo al denunciar la injusticia social y política – imitando en este sentido los principios éticos de José Martí–, y siendo exigente al extremo en el estilo, eso que el propio Martí llamó la esencia.

Con estas observaciones no hay por qué preocuparse si se me publica o no junto Carlos Alberto, y lejos de sentir temor, por el hecho de estar junto al maestro, todo lo contrario: un honor compartir un mismo espacio; justo lo que acaba de sucederme en Baracutey Cubano, donde su editor en jefe, sabiamente publica en un mismo escrito – no necesariamente como complemento, sino a modo de ampliar o profundizar en lo que yo estoy tratando– “El pecado original está en el marxismo real”, de la autoría de Montaner.

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A PROPÓSITO DE “EL PECADO ORIGINAL ESTÁ EN EL MARXISMO REAL” DE CARLOS ALBERTO MONTANER.



Dejando a un lado el controversial asunto del que parte Montaner, algo que luego se disipa ante la inmensidad de su discurso, y que por suerte no retoma para polemizar – acerca de la postura política e ideales de Bernie Sanders–, vale la pena detenernos en algunos puntos de su trabajo que me parecen cruciales.

Para el analista, el llamado marxismo real es la causa directa del socialismo real, y nos advierte de que más allá de cualquier posible idea conceptual abstracta, sus premisas han sido determinantes “para la violenta remodelación de la sociedad de acuerdo con unos postulados desacertados (…) Es como construir edificios con un plano equivocado. Siempre acaban desplomándose. Es verdad que Marx, muerto en 1883, nunca vio el triunfo de sus ideas, pero a partir de la revolución bolchevique en Rusia, en 1917, esa ideología se convirtió en formas concretas de gobierno que fueron, y son, tremendamente destructivas”.

No obstante, al parecer ese desplome al que hace referencia Montaner es ignorado por unos, subdimensionado por otros, y lo peor, justificado por otros tantos que se empeñan en defender lo indefendible. ¿Acaso no es suficiente el hundimiento total del llamado campo socialista en el pasado siglo XX, cuyos países miembros llegaron a un colapso definitivo de sus mediocres economías, para poder demostrar la ineficacia de un sistema que jamás ha podido sobrevivir a pesar de la propaganda demagógica de los regímenes totalitarios que abrazaron dicha tendencia?

¿Es que las mentes honorables de científicos, escritores, artistas, políticos, académicos, religiosos y hombres de acción, que se pronuncian a favor de la existencia de este sistema aniquilador de la humanidad desconocen los millones de seres que han sido asesinados, desaparecidos, aniquilados y dejados morir de frío y malnutrición en países socialistas como la antigua y extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), muchos de la Europa Oriental y Central, China, Vietnam, Corea del Norte, Camboya, Cuba, Venezuela y Nicaragua, entre otras naciones en las que se impuso el comunismo?  “Asesinaron a millones de personas y llenaron de presos los calabozos políticos. Cien millones de muertos se contabilizan en el libre negro del comunismo, sin contar los horrores del Gulag”, expresa Montaner.
 
De acuerdo con su análisis, los marxistas, tras el hundimiento del comunismo europeo, “deberían entender que las crueles e ineficientes dictaduras surgen de tratar de implementar esas dos supersticiones, ya desmontadas en su época por pensadores mucho más solventes del campo de la Escuela Austríaca”, esto es, las leyes por las que se rige la historia – leyes expuestas por Marx en coautoría con Engels en sus postulados del materialismo histórico–, así como la existencia de la plusvalía, lo que sus defensores y seguidores se empeñan en seguir promocionando a pesar de los reiterados fracasos de todos los intentos por imponer en el mundo el “nuevo orden” sociopolítico, a la vez que, nuevo “modelo” paradigmático de economía; modelo que hasta el presente no ha sido capaz de hacer a ninguna nación próspera, y por el contrario, las ha degradado hasta cuasi hacerlas desaparecer. Los casos de Cuba y Venezuela, en el contexto latinoamericano, constituyen los más vivos ejemplos en este sentido, amén del desastre de la Europa Oriental hacia los finales del pasado siglo XX.* “Las ideas de Marx han fracasado en todas las latitudes y en todas las culturas donde las han tratado de implementar”, acudiendo de nuevo al mensaje de Montaner.
 
También más allá de la destrucción de las economías, está la aniquilación de los valores éticos y morales de las sociedades, así como la total pérdida del sentido de la individualidad y de la libertad. En los sistemas comunistas la clase dominante – porque sigue existiendo una clase dominante y opresora versus otra sumisa y oprimida, esto es, jamás desaparecen las clases sociales, a diferencia de lo que teóricamente presentase Marx en sus utópicas premisas– no solo se apropia de los bienes materiales de los más desposeídos, sino del pensamiento de los hombres hasta convertirlos en entes estáticos capaces de reaccionar como autómatas, y movidos por instintos rudimentarios como si hubieran regresado a un pasado animal, lo que hace comprensible esa desmedida pasión que muchos aun experimentan hacia un sistema que les ha arrebatado lo más preciado del hombre: su capacidad de pensar, y de pensar con libertad.**

Marx se contradice y hasta llega a negar el sentido de sus famosas leyes de la dialéctica, según las cuales, todo avanza a modo de espiral desde formas inferiores hacia formas superiores. Su enunciado de la sociedad comunista, lo que presupone el clímax del desarrollo social con la desaparición de la lucha de clases, toda vez que dichas clases, se supone logren una estado igualitario en el nuevo orden social, constituye uno de los puntos más álgidos de su doctrina.

La desaparición de las clases conducirá, necesariamente, a que desaparezca ese motor impulsor de la historia al que hace referencia en su Manifiesto Comunista, con lo que se niega a sí mismo al entrar en la gran encrucijada dialéctica que esto presupone, y que sus seguidores, los que con frecuencia repiten mecánicamente sus postulados, no llegan a comprender, ni creo que les interese interiorizar algo demasiado abstracto para aquellos impulsores del desorden, pedidores de reformas y arribistas del poder. 

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*¿Economía de mercado socialista? El caso de China es muy peculiar si consideramos que se trata de una nación con la existencia de un partido comunista encargado de regir los designios de todo y de todos, pero con un tipo de economía de mercado “socialista”, aunque se aleja demasiado del tradicionalismo socialista de las concepciones marxistas.

** Estatismo Mental Inducido.- Los sistemas totalitaristas tienen establecidos ciertos cánones para garantizar la total sumisión de aquellos que han de vivir bajo su dominio. El adoctrinamiento a través de un sistema educacional único, al que de manera obligatoria han de acudir todos los ciudadanos desde etapas bien tempranas de sus vidas, constituye, pues, una de las tantas formas de poder ejercer un poderío que contribuirá, a mediano y largo plazo, a conservar una condición de estatismo –el término es utilizado en filosofía y psicología política– a partir de una inercia mental inducida. Manipulando la mente humana se puede lograr no solo la obediencia que los hace ovejas sumisas, sino que las multitudes adoren a los dictadores, a los que ven como grandes héroes en el menor de los casos, pues con frecuencia les confieren un carácter semidivino y sobrenatural, lo que recuerda a los hombres-dioses de las epopeyas homéricas, esto es, los ven como dioses, que cual avatares de la Divinidad, han de ser venerados.