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GRETA THUNBERG, DEL MALIZIA II A LA VAGABONDE

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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GRETA THUNBERG, DEL MALIZIA II A LA VAGABONDE
« en: Diciembre 06, 2019, 03:36:50 pm »
                   GRETA THUNBERG, DEL MALIZIA II A LA VAGABONDE
                                    Por el Doctor Alberto Roteta Dorado.-


               


Santa Cruz de Tenerife. España.- Greta Thunberg, una muchacha de apenas 16 años es el centro del mundo por estos días. Su extensa travesía en el sofisticado barco Malizia II,* a mediados de agosto, desde el Reino Unido hasta Nueva York para participar en septiembre en la Cumbre sobre la Acción Climática, evento convocado por Naciones Unidas, y ahora el extenso viaje emprendido desde las costas estadounidenses hasta Portugal en el ecológico velero La Vagabonde para intervenir en el evento sobre el clima, en Madrid, le han convertido en la estrella de un show mediático al que hay que poner fin para evitar consecuencias mayores, no precisamente relacionadas con el cambio climático, sino con la deserción escolar y las revueltas estudiantiles protagonizadas por adolescentes.

Todo en su momento. La niñez y la adolescencia son etapas de la vida en las que el individuo se va desarrollando, lo que presupone la adquisición sucesiva de una serie de habilidades, las que en conjunción con el crecimiento, caracterizan a aquellos que se encuentran entre su primer día de vida fuera del claustro materno – el proceso de crecimiento comienza en sí con la fecundación y se extiende también durante toda la etapa previa al nacimiento– y hasta cumplir los veinte años, edad que algunos estudiosos consideran como el fin de la adolescencia tardía.
 
Jamás se crece y se aprende tanto como en esta extensa fase; pero para que tenga lugar un buen ritmo de crecimiento y desarrollo no solo hace falta tener un buen sistema de alimentación, descanso, sueño y práctica sistemática de ejercicios, amén de aquello de traemos a modo de códices y que nos aporta la genética y la herencia; sino que resulta imprescindible entregarnos en cuerpo y alma – y por qué no, también en espíritu– a estudiar y a cultivar nuestra inteligencia, algo que debe hacerse con una sistematicidad inviolable y que desde los lejanos tiempos de Pitágoras y de Aristóteles con sus bien diseñados planes de estudio aplicados en la escuela de Crotona, en el caso de Pitágoras, y más tarde con el Liceo, en el caso de Aristóteles, se ha mantenido como un algoritmo viviente de la pedagogía.
 
¿Qué hace una niña de 16 años alejada de sus estudios por más de 65 semanas, en la llamada huelga por el clima, que emprende una aventura tras otra sin importar lo que cueste, ni las implicaciones o el impacto que tendrá sobre miles de estudiantes del mundo que puedan seguir su mal ejemplo de ausentarse a sus clases de modo indefinido?

¿Será positivo para la conformación y consolidación de la personalidad de una joven de 16 años sentirse el centro del mundo y demandar excéntricos medios y modos de transporte para atravesar el océano Atlántico con la finalidad de asistir a eventos, que se supone deben estar protagonizados por aquellos que ya se alejaron bastante tiempo de esta vital etapa a la que me he referido antes como adolescencia? 

¿Qué hay detrás de esta aventura transatlántica que tiene como protagonista a una muchacha, cuya carta de presentación es ser una “activista medioambiental sueca, centrada en los riesgos planteados por el cambio climático”?   

¿Son estas palabras recién pronunciadas apropiadas para una muchacha de 16 años: “Están intentando silenciarnos y eso es la prueba de que estamos trayendo el cambio (…) Espero de todo corazón que la Cumbre del Clima llegue a algo concreto y que los responsables políticos se den cuenta de la crisis climática (…) He seguido los acontecimientos en Chile y fue doloroso verlo, así que en primer lugar mi compasión para los chilenos, espero que la situación mejore"?

           

              La joven sueca en plena huelga estudiantil que se extiende por más
           de 65 semanas viaja en sofisticados medios para evitar la contaminación ambiental.


Por más que trato de buscar respuestas a estas interrogantes no logro encontrar nada sensato que me conduzca a la realización de un análisis lógico y coherente para poder dilucidar los cuestionamientos que expongo. Y es que no podrán existir jamás respuestas, como tampoco podrá haber un juicio y una valoración apropiada para algo carente de coherencia y de lógica, excepto estar cada vez más convencido como pediatra que soy, y con la experiencia de haber trabajado muchos años en la atención especializada a niños y adolescentes, del daño que se le está haciendo a una muchacha que ya per se es de armas tomar, sin olvidar que requiere de una intervención especializada toda vez que, según su biografía, tiene diagnóstico de Síndrome de Asperger.**
   
En lo personal no tengo nada en contra de los defensores del medio ambiente, ni en aquellos que se han verticalizado en los cuestionamientos relacionados con el llamado cambio climático. Oponerse a asuntos de esta naturaleza sería caer en posturas dogmáticas e ir en contra de una serie de evidencias científicas que pretenden demostrar que el planeta y las criaturas vivientes se enferman mediante los contaminantes ambientales, temas que resultan contradictorios si se tiene en cuenta las grandes diferencias de datos y reportes científicos.

Téngase en cuenta que las más recientes investigaciones de la NASA informan acerca de que la Antártida en realidad está ganando más hielo del que ha perdido según las mediciones de altitud realizadas desde satélites en la capa de hielo de la extensa región, lo que pudiera colocar en un punto insostenible la teoría del calentamiento global, en tanto cientos de fuentes reportan lo contrario, al extremo de sobredimensionar el complicado asunto del cambio climático.
 
Pero una cosa es comprender a los científicos, promotores y activistas serios de estos temas – está de más precisar que un científico si no es serio no es científico, lo que no se cumple necesariamente para el caso de promotores y “activistas”– y otra es situarse al lado de los que utilizando estos álgidos puntos de la contemporaneidad intentan alcanzar un protagonismo inmerecido o estar de evento en evento teorizando y diciendo lo que debe o no debe hacerse respecto a las medidas de protección ambiental.
 
A Greta Thunberg, la popular “activista medioambientalista”, que por estos días le han montado un gran show que sobrepasa en publicidad y propaganda  mediática a la Cumbre del Clima que tiene lugar en Madrid, hay que recordarle que a los 16 años debe estar en el colegio, aprendiendo y no “enseñando” por el mundo. Cada cosa en su momento. Tal vez luego, cuando adquiera la madurez necesaria, podrá mostrar su mensaje al mundo si así lo determina; pero ahora no es el momento. 

Como tampoco es el momento para andar utilizando medios de transporte “ecológicos”, condiciones de viaje, gastos de hoteles, de comidas “no dañinas”, entre otras tantas excentricidades, cuando en el mundo mueren cada día cientos de niños que no tienen que comer y otros tantos que no logran completar adecuadamente los procesos de crecimiento y desarrollo, a los que me he referido antes, por deficiencia de nutrientes esenciales, algo que pudiera atenuarse un tanto si no se hicieran inversiones millonarias para que cientos de lunáticos se pongan a debatir teóricamente acerca de calentamientos globales, cambio climático y contaminantes ambientales, o peor aún, en hacerle la cohorte a la inusual muchacha que es acompañada por un equipo de asesores y representantes de no se sabe cuántos organismo e instancias internacionales relacionadas con los temas de medio-ambientalismo.

A dónde llegará la nueva líder mundial no lo sabemos. Solo el tiempo dirá lo que podrá ocurrir con esta niña ausente de sus estudios por tanto tiempo, sabiendo que es el centro del planeta por estos días y siendo complacida en todos sus caprichos ambientalistas por un centenar de instituciones poderosas que han querido hacerse copartícipes de una de las más grandes excentricidades de estos tiempos bajo la aparente noble causa de la protección al medio y la detención del cambio climático.
 
Así las cosas, la “mesías profundamente perturbada” (como la han llamado recientemente) tomó el único tren que conecta Lisboa con Madrid para emprender un extenso viaje de más de 10 horas, descartando toda posibilidad de hacerlo en breve tiempo en avión por aquello de la contaminación de este medio de transporte –también la han querido utilizar para detener la construcción de aeropuertos–; aunque para esto se tuviera que convocar a una multitud de policías a la altura de un jefe de Estado, sin contar a las decenas de reporteros y periodistas de los medios sensacionalistas dispuestos a dar forma a una historia carente de sentido.

En fin… todo en su momento, y es el momento de asistir a clases, de aprender, de cultivarse y de completar los extraordinarios procesos de crecimiento y desarrollo, y no para estar haciendo provocaciones frente al parlamento de su propia patria e incitando a los jóvenes del mundo a manifestarse para conseguir acciones climáticas “contundentes” con su eslogan Fridays for Future.

Basta de payasadas que no arreglarán absolutamente nada de los daños medioambientales del planeta, pero que si están incidiendo de modo muy negativo en la conducta de los adolescentes que le siguen, muchos de los cuales ya se han sumado a su rebelión escolar, en tanto que otros lo estarán haciendo en breve si no ponemos fin a las excentricidades de la joven “activista” sueca.  

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*El Malizia II es un barco, de última tecnología que genera su propia energía sin necesidad de combustibles fósiles, utilizando para ello paneles solares y turbinas subacuáticas. La embarcación es propiedad de la familia real de Mónaco, los Grimaldi, y Pierre Casiraghi, es el tercer hijo de la princesa Carolina de Mónaco, también solidarizado con el activismo medioambientalista.  En este sofisticado y ecológico velero Greta Thunberg solucionó el dilema de cómo viajar a la Cumbre sobre la Acción Climática que Naciones Unidas celebró en Nueva York en septiembre. La Vagabonde es el catamarán donde Greta Thunberg acaba de hacer su travesía desde las costas de Estados Unidos hasta Portugal, desde donde tomó un tren hasta Madrid para intervenir en la Cumbre del Clima que tiene lugar en esta ciudad.

**El síndrome de Asperger – según la Confederación de Asperger de España– es un trastorno del desarrollo que se incluye dentro del espectro autista y que afecta la interacción social reciproca, la comunicación verbal y no verbal, una resistencia para aceptar el cambio, inflexibilidad del pensamiento así como poseer campos de interés estrechos y absorbentes.