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Miguel Díaz-Canel, un hombre detenido en el tiempo –VI–

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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Miguel Díaz-Canel, un hombre detenido en el tiempo –VI–
« en: Agosto 11, 2019, 05:32:41 am »
               Miguel Díaz-Canel, un hombre detenido en el tiempo  –VI–
            Por el Doctor Alberto Roteta Dorado. Santa Cruz de Tenerife. España.-

 
           


“¿Qué nos dicen en síntesis estos datos? Que el país avanza y que ninguna política imperial podrá superar nuestra voluntad de ir por más. Nada podrán lograr los aspirantes a verdugos del pueblo cubano frente al empeño de trabajar para vencer y derrotar la genocida política anticubana con el esfuerzo de todos”, precisó el gobernante cubano también en su discurso.

¿Cómo es posible decir semejante disparate? ¿Acaso realmente considera que el país avanza a pesar de la dramática situación económica por la que atraviesa en el actual momento y que no es más que la resultante del desastre que heredó de los que le precedieron, a los que invoca sin cesar bajo la denominación de generación histórica? ¿Qué ha hecho Miguel Díaz-Canel durante su mandato en pos de abrirse al mundo – al verdadero mundo y no a una exigua minoría de naciones comunistas y narcoterroristas con las que mantiene firmes lazos– para lograr mecanismos que garanticen inversiones legítimas y seguras que puedan impulsar el desarrollo económico de la isla?

En fin, que ya estábamos acostumbrados a las descabelladas ideas de Fidel Castro con sus estimaciones futuras de producciones de leche, huevo, carnes, etc. al extremo de convertir a Cuba en una país exportador de estos productos a escala mundial, o a sus fantasiosos proyectos de construir sendas escuelas de instructores de arte, de maestros emergentes, contingentes de médicos, o cualquier otra idea absurda, lo que hoy se encuentra en una total decadencia al no resultar funcionante y aplicable a gran escala como quijotescamente soñó inmerso en sus patológicos estados el viejo dictador; pero resulta difícil poder adaptarse a seguir escuchando semejantes barbaridades por un hombre relativamente joven, que se suponía, podría atenuar un tanto la debacle de un destruido país que se pierde en medio de la nada.
   
Como ya expliqué en una de las partes precedentes de este escrito, este no es el hombre destinado para la perestroika cubana, al parecer no tiene lo que tiene que tener para poner un mínimo de orden en medio del gran caos que heredó de esa generación histórica que tanto ama y sobredimensiona sin cesar, y de la que está dispuesto a seguir ciegamente sus equivocados pasos.

La continuidad de la frase de las citadas palabras antes es una muestra indiscutible de lo que afirmo. La secuencia de incoherencias va desde su descabellada frase “aspirantes a verdugos” hasta la recurrida “política imperial”, con lo que retoma de nuevo su constante arremetida contra el gobierno estadounidense, cual absoluta clonación de Fidel Castro, para enlazar hechos y situaciones concretas del país con una absurda persecución norteamericana, que si no es capaz de dejarla a un lado en breve estará delirando como sus predecesores.
 
Su premisa acerca de que Cuba, como parte integrante de la comunidad internacional, tiene el “desafío de enfrentar la conducta agresiva y arrogante de los Estados Unidos, serio peligro para la paz, la seguridad y la existencia de las fuentes de las que depende la vida en el planeta asociado al uso de las armas nucleares y el progresivo cambio climático”, constituye otra inconsistencia dentro de sus limitadas apalabras.

Pero donde parece que se evade demasiado como si desconociera que actualmente Cuba ocupa el centro de la atención de numerosas instancias internacionales, y no precisamente porque se destaque en materia de políticas de excelencia encaminadas a la preservación de los derechos humanos, a la paz mundial, etc., sino por el contrario, porque su sistema autoritario de gobierno se considera el epicentro de la inestabilidad de América Latina durante décadas, es hacia la parte semifinal de su intervención cuando expresó:

“Gozamos de respeto y confianza por nuestra contribución a la paz, nuestra lealtad a los compromisos y por la limpieza de nuestra conducta (…) Contribuimos activamente a los esfuerzos internacionales a favor de la justicia, de la promoción de los derechos humanos, de la protección del medio ambiente, del fomento de la seguridad y, por supuesto, en defensa del derecho de los pueblos a la autodeterminación (…) Disfrutamos de la gratitud de los pueblos con los cuales hemos compartido empeños y sacrificios de forma desinteresada, no pocas veces con riesgos de vida”. 

Las serias implicaciones del régimen cubano en la política de Venezuela, país recién visitado por Michelle Bachelet, como representante de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en materia de Derechos Humanos, y cuyo informe presentado ante este organismo describe en detalles los innumerables crímenes del chavismo al pueblo venezolano, es más que suficiente para recordarle al presidente cubano que sus palabras son la antítesis de una realidad demostrada y denunciada ente el mundo, y que Cuba no es en modo alguno ejemplo de nada, pero mundo menos en materia de derechos humanos, limpieza de conducta, contribución a la paz, justicia social, ni políticas medioambientales.

Y así las cosas, entre delirios, enajenaciones, llamados al ahorro y al sacrificio, y por supuesto, continuas arremetidas contra el “imperialismo”, sesionó en La Habana el III período ordinario de sesiones de la IX legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en la que se “debatió” y se aprobó como siempre sucede, esto es, por unanimidad, una Ley Electoral, la que, según el mandatario actual, podrá garantizar jurídicamente los procesos de elecciones a los diferentes niveles en el país, así como “dar respuesta a las Disposiciones Transitorias de la nueva Constitución”; además de otras dos leyes a las que solo mencionó de manera demasiado escueta como para pasarlas por alto, la Ley de Pesca para la regulación del “necesario ordenamiento, la administración, y el control de la actividad pesquera”, así como una Ley de Símbolos Nacionales, que ofrece mayor precisión a los contenidos de la anterior dedicada a este asunto.
 
Como si no hubiera en Cuba miles de asuntos de mucha mayor trascendencia para detenerse en las trivialidades de cómo usar o no una bandera, o como aprovechar los recursos hidrológicos en un país en el que se ofrece solo durante unas pocas horas al día el agua potable; pero así son las cosas entre los comunistas cubanos, quienes enfocan sus energías en asuntos menores para lograr desviar la atención de los amplios sectores poblaciones de los asuntos cruciales que afectan a un país que se desmoronada día a día, y que Miguel Díaz-Canel pretende enderezar con el sacrificio de los cubanos de a pie.

Final.