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FIN DE LAS DICTADURAS COMUNISTAS EN AMÉRICA LATINA ( I I.b )

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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                ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                        Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

                  FIN DE LAS DICTADURAS COMUNISTAS EN AMÉRICA LATINA ( I I.b )

 
Nicaragua. La posible liberación de los prisioneros políticos nicaragüenses no deberá conferir impunidad a Daniel Ortega y a Rosario Murillo.

Los casos de Nicaragua y Bolivia no pueden quedar excluidos en cualquier análisis que se haga en relación con el próximo fin de los sistemas izquierdistas de la región. No insistiré de nuevo en la terrible situación sociopolítica por la que atraviesa Nicaragua, la cual condujo a la muerte de cientos de manifestantes pacíficos, así como a decenas de cientos de heridos, encarcelados, torturados y detenidos (325 muertos desde abril, de acuerdo con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), aunque algunos grupos elevan a 561 las víctimas mortales, mientras que el Ejecutivo solo reconoce 199).

Me limitaré a algunas observaciones en torno al controversial asunto de la ronda de conversaciones que por estos días tienen lugar en la nación centroamericana, elemento de crucial importancia para el futuro inmediato de una nación necesitada de una renovación presidencial que ponga fin a la sanguinaria dictadura de Daniel Ortega. 

El 20 de marzo el Gobierno de Nicaragua y una alianza opositora acordaron liberar en un plazo máximo de 90 días a los manifestantes detenidos por protestar contra el presidente Daniel Ortega, así como a discutir en breve una reforma al sistema electoral. Tres puntos pueden ser considerados como claves o ejes de un complicado proceso que, a pesar del escepticismo que me invade por tratarse del inconmovible Daniel Ortega, el mismo que el 15 de noviembre de 2015, dispuso un batallón de infantería del Ejército de Nicaragua y Fuerzas Especiales de la Policía Nacional en el puesto fronterizo de Peñas Blancas para agredir con disparos y gases lacrimógenos a más de 1000 cubanos que intentaban pasar la frontera nicaragüense rumbo a Estados Unidos por las selvas de Centroamérica, al parecer, al menos podrá atenuar el sufrimiento y el dolor de muchos prisioneros políticos.


           

La posible liberación de los prisioneros políticos nicaragüenses no deberá conferir impunidad a Daniel Ortega y a Rosario Murillo a la hora de sentenciarlos por los cientos de crímenes cometidos durante su mandato.

Según Waldemar Stanislaw Sommertag, nuncio apostólico en Nicaragua, quien actúa como testigo y acompañante internacional del proceso de negociación: “las partes acuerdan desarrollar a lo inmediato y de manera simultánea los temas de liberación de todas las personas presas y detenidas, y de la democracia y reformas electorales (…) En su momento, y de común acuerdo entre las partes, se hará un llamado a la comunidad internacional a suspender sanciones para facilitar el derecho al desarrollo humano, económico y social de Nicaragua, favoreciendo a los sectores más vulnerables de la población”.

Hasta ahora las negociaciones no tienen resultados concretos, amén de la incertidumbre y la desconfianza que reinan en el recinto del Instituto Centroamericano de Administración de Empresas, en sur de la capital nicaragüense, donde tienen lugar las rondas de conversaciones entre ambas partes.

La Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA) aceptó participar como testigo y acompañante de la mesa de negociación con la que buscan superar la crisis que estalló hace casi un año. El ex guerrillero tupamaro y exministro de Defensa de Uruguay, Luis Ángel Rosadilla, que venía participando como observador en la mesa, se incorpora ahora como testigo y acompañante internacional de la negociación, en representación de la Secretaría General de la OEA.

La libración de los prisioneros políticos, aunque sin duda beneficiará a las víctimas del orteguismo, no es la solución al grave conflicto de Nicaragua. Se necesita la expulsión del binomio Ortega-Murillo de la presidencia y vicepresidencia de la nación (¿En qué otro lugar se ha visto que el presidente y vicepresidente sean marido y mujer?), su enjuiciamiento definitivo -la posible liberación de los prisioneros no les debe dar impunidad a la hora de sentenciarlos por los cientos de crímenes cometidos durante su mandato-, y su sentencia final.

Por estos días la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) decidió incluir a Nicaragua en su “lista negra”, manteniendo además a Cuba, que figura en la lista desde 1984, y a Venezuela, que entró en el listado en 2005. El Capítulo IV de ese informe, presentado ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y que se refiere a 2018, nombra cada año a los Estados donde el respeto a los derechos humanos merece la “atención especial” de la Comisión, con sede en Washington. La inclusión de Nicaragua estuvo determinada debido a las violaciones de derechos humanos registradas desde el pasado abril, cuando estallaron unas protestas contra el presidente Daniel Ortega, las que, de acuerdo a los registros de este organismo, han dejado 325 muertos.

Bolivia desde el silencio parece detenida en el tiempo. Un presidente que tendrá que aceptar su derrota a pesar de la resistencia que ha ofrecido y a sus habilidades manipuladoras para violar la ley.

La brevedad con que asumo el tema en Bolivia es el reflejo de lo poco que aporta dicha nación a la convulsa contextualidad de la región. Un anquilosado presidente que se empeña en perpetuarse en el poder (¿acaso podemos mencionar a un solo líder del Socialismo del siglo XXI que no luche por mantenerse de manera permanente en el poder?), un reciente fracaso de referendo por este motivo, una serie de marchas pacíficas del pueblo boliviano contra el régimen de Evo Morales -sucesos que apenas han sido comentados en ningún sitio, excepto en algún que otro diario regional que se hizo eco de la noticia- caracterizan el panorama político de la pobre región andina detenida en el tiempo.

Da la sensación de que Bolivia no existiera. Apenas se dice nada de una nación gobernada por un presidente incapaz, que por su torpeza y su ignorancia se aproxima a Nicolás Maduro, y por su delirio enfermizo de ver por doquier al “enemigo imperialista” y de lanzar oprobios sin sentido al gobierno estadounidense nos recuerda a Fidel Castro. Tremenda combinación destinada a un fracaso seguro en medio de una situación bien tensa dada por la inconformidad de los bolivianos, que se cansaron de su presidente, el promotor del socialismo de “nuevo” tipo en las inmensidades de los Andes bolivianos.

           


Evo Morales, el primer indígena en la historia del país que ocupa el cargo de presidente desde 2006, hacia el 2016 perdía de manera progresiva su aceptación popular. Según datos del 21 de octubre de 2016, de acuerdo con la encuesta de Ipsos, publicados en PANAMPOST: Noticias y Análisis de Las Américas, en Bolivia su aprobación cayó a 46%. En tan solo seis meses el mandatario había perdido un 3% de apoyo popular. La aprobación de los bolivianos hacia su presidente bajó de 49% a 46% entre abril y octubre del citado año.

Por lo que no nos sorprendió el resultado del NO que los bolivianos expusieron en su reciente referendo para permitir o no un nuevo mandato presidencial a Morales, en lo que se considera su primera derrota electoral en una década.

Con el 99,7% de los votos escrutados el "No" obtenía el 51,3% frente al 48,7% que lograba el "Sí". Así lo informó el Tribunal Supremo Electoral (TSE) tras dos tensas jornadas de recuento, lo que tendrá que aceptar Evo Morales a pesar de sus intentos por una perdurabilidad más allá de lo establecido por la Constitución boliviana. De hecho, este tercer mandato de Morales (el presente) es inconstitucional, aunque no del todo ilegal, esto es, la Constitución de Bolivia permite solo dos mandatos consecutivos. Sin embargo, un fallo del Tribunal Constitucional le permitió volver a presentarse en 2014 al considerar que su primer mandato no contaba, toda vez que el país fue refundado como Estado Plurinacional en 2009. En fin, una trampa comunista para justificar un nuevo período fuera de lo que establece la constitución y para garantizar su permanencia en el poder.

Pero por si fuera poco, acudo a un escrito de mi autoría publicado en ‘Cuba democracia y vida’, la página que difunde el acontecer de Cuba y del mundo desde Estocolmo, Suecia, con fecha del 17 de diciembre de 2016:

“Para que no nos sorprenda si le vemos reelegido [refiriéndome a Evo Morales] en 2019, en lo que sería su cuarto mandato, lo que desde el punto de vista legal es inadmisible, el congreso del partido oficialista debate a partir del jueves, en Montero, las posibilidades de opciones que permitan una reforma legal para que el presidente sea habilitado una vez más como candidato, lo que demuestra la actitud de todos los presidentes de la izquierda latinoamericana que una vez en el poder no admiten la posibilidad de dejarlo, lo que le convierte en dictadores (…) Evo Morales se cuestionó que “si vamos a estar toda la vida sometidos a la Ley, no vamos a hacer nada”, pero fue aún más lejos al afirmar que ni él como presidente, ni Álvaro García Linera, actual vicepresidente, pueden estar sometidos a la ley, y en su ignorancia ha propuesto cambiar la ley, cuyo cambio presupone una violación de las leyes constitucionales de la nación; pero ya se sabe que los comunistas lo justifican todo, y acuden a cualquier acción maquiavélica para lograr sus propósitos”.

La no reelección de Morales presupone el fin del Socialismo del siglo XXI en Bolivia, con lo que solo queda Nicaragua, que no da más en medio de su extenso mar de sangre; Venezuela, que agoniza cada instante; y como es de suponer el principal engendro prototípico del comunismo regional, la dictadura castrista, que a la fuerza, por las cosas del karma o del destino, o sencillamente por el inevitable flujo del necesario devenir histórico, tendrá que extinguirse.

Lo que al principio algunos vieron con demasiado escepticismo hoy es una realidad. El gobierno de Ecuador se sale definitivamente del Socialismo del siglo XXI con su renuncia a UNASUR y su incorporación a PROSUR.

Abordar el asunto de la retirada de Ecuador del socialismo desde el punto de vista analítico requiere de un escrito tan extenso como este, o como la primera parte de esta serie, que se publicó en la edición del lunes anterior. Por lo que me limitaré en esta ocasión a hacer referencia a los últimos sucesos -los que considero claves en el complicado algoritmo del tema en cuestión- que permiten poner el sello final para poder afirmar de manera categórica que Ecuador ya no es parte de la comunidad de las naciones de izquierda de la región. La serie de elementos (los más recientes, entre el 19 y 22 de marzo)  pueden quedar resumidos en los siguientes puntos:

1. Lenín Moreno anunció la retirada del gobierno de Ecuador de UNASUR. “Unasur se transformó en una plataforma política que destruyó el sueño de integración que un inicio nos vendieron”, expresó el presidente Lenín Moreno en un mensaje a la nación anunciando el retiro definitivo de su país de este organismo, así como su incorporación a PROSUR, la nueva entidad “sin la politiquería perversa de los autoproclamados socialistas del siglo XXI”.

2. Entrega del lujoso edifico que sirvió de sede a la UNASUR al pueblo ecuatoriano con la finalidad de que sea utilizado con fines educativos mediante una universidad indígena. Con un costo de 43,5 millones de dólares (Moreno en su intervención transmitida por la televisión ecuatoriana dijo 40 millones), el moderno edificio de UNASUR, situado en la Mitad del Mundo, cerca de Quito, es solo utilizado esporádicamente. La edificación tiene 19 533 metros cuadrados y cuenta con tres volados de 50, 38 y 8 metros. En su estructura predominó el uso de metal, hormigón armado y vidrio. En su construcción trabajaron un promedio de 1 200 obreros por día, mientras el país se mantenía inmerso en la pobreza.

3. La retirada de la escultura-homenaje a Néstor Kirchner pues “él no representa los valores y la ética de nuestros pueblos. Suramérica tiene una pléyade de héroes y próceres que si nos representan”.

4. La denuncia pública el 22 de marzo, en el marco de la reunión de los presidentes suramericanos en la constitución del Foro para el progreso de América del Sur (PROSUR), del intervencionismo del exmandatario Rafael Correa y de Nicolás Maduro al financiar con fondos públicos venezolanos los intentos de desestabilización de su gobierno. El expresidente de Ecuador, Rafael Correa, creó hacia el final de su mandato el Instituto de Pensamiento Político y Económico Eloy Alfaro. En el mes de agosto de 2018, ese instituto recibió una transferencia desde BANDES, el Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela, por $ 281.000 a una cuenta del Bancodesarrollo S.A.  (Banco privado de Ecuador), lo que sirvió para los pagos a sus integrantes, según el testimonio de Moreno. Rafael Correa habría recibido $84.800 con una transferencia a Bélgica y $11.400 a su cuenta en el Banco del Pacífico y, para sus otros colaboradores se habrían hecho giros de entre $34 mil y $6 mil, a diferentes cuentas bancarias de Ecuador.

5. Alertó además a otras naciones de la región acerca de la posible intervención de Correa y Maduro en los asuntos internos de sus gobiernos: “Lo insólito de todo esto es que en un país con hambre, miseria y migración multitudinaria, como Venezuela, se desvíen fondos de un banco del Estado, para alimentar cuentas personales de exfuncionarios que intentan desestabilizar mi Gobierno (…) Esta misma operación la están llevando a cabo en otros países. Tengan cuidado con la injerencia de Nicolás Maduro y de Rafael Correa en próximas elecciones. Habría dineros oscuros de ellos dos para favorecer a candidatos del mal llamado ‘Socialismo del Siglo XXI’”.

Y así andan las cosas por las pocas naciones que en breve se verán libres del gran mal de estos tiempos, el Socialismo del siglo XXI, el monstruoso engendro que los dictadores Fidel Castro y Hugo Chávez, seguidos luego por Lula da Silva, Néstor Kirchner, José Mujica, Michelle Bachelet, Rafael Correa, Evo Morales, Cristina Fernández y Dilma Rousseff, pretendieron instaurar en América Latina, y en cierta medida lo lograron, dada su rápida asimilación por varias naciones importantes  (Argentina, Brasil y Chile), y otras de menor repercusión regional (Ecuador, Uruguay y Bolivia).

No obstante, por suerte para la humanidad y para el mundo, Latinoamérica despertó a tiempo, con lo que se impidió la consolidación e imposición de un bloque comunista como el de Europa Oriental en el pasado siglo XX.

Los casos puntuales de Nicaragua, Venezuela y Bolivia se solucionarán en los próximos tiempos. La gran incógnita queda reservada para el insólito caso de la dictadura castrocomunista cubana. ¿Hasta cuándo logrará sobrevivir en medio de su extensa agonía el decadente régimen comunista de la isla? Una vez exterminado de raíz el gran mal del comunismo de América Latina ¿qué opciones quedan para un régimen parasitario, sanguinario, manipulador e injerencista?

Ya retomaremos el inagotable tema cuando tengamos más elementos concretos a nuestro favor. Por lo pronto, la liberación de Venezuela y Nicaragua parecen inminentes. Para el caso específico de la primera, todas las opciones están dadas. Así lo confirman el presidente estadounidense Donald Trump, su Secretario de Estado Mike Pompeo, y el presidente de Brasil Jair Bolsonaro, recientemente de visita en Estados Unidos.

Final.....