FOROFILO

FIN DE LAS DICTADURAS COMUNISTAS EN AMÉRICA LATINA ( I.c )

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

  • *****
  • 703
  • ¡Usuario Nuevo!
FIN DE LAS DICTADURAS COMUNISTAS EN AMÉRICA LATINA ( I.c )
« en: Marzo 25, 2019, 05:49:37 pm »
                 ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                         Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

                    FIN DE LAS DICTADURAS COMUNISTAS EN AMÉRICA LATINA ( I.c )


               


Juan Guaidó, un fenómeno eminentemente popular determinante para la transición venezolana. Cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.

El joven periodista ecuatoriano Andersson Boscán, quien por su agudeza crítica comprometedora se ha visto amenazado por las autoridades de Ecuador, hizo recientemente una caracterización de Juan Guaidó que merece retomarse para que se tenga una idea precisa acerca de la personalidad de este joven ingeniero, que con apenas 35 años y siendo prácticamente un personaje desconocido ante el mundo, ha sido capaz de movilizar a la comunidad internacional y de sacudir al régimen chavista como jamás lo había logrado la oposición en casi dos décadas.

“Lo fenomenal de Juan Guaidó es que no es un fenómeno. Por el costado que se le mire, no se le encuentra el ego; con la atención que se lo escuche, no se le encuentran palabras fuera de lugar; con la malicia que se lo proyecte, no se descubre en él un plan más allá del cese de la usurpación, el gobierno de transición y las elecciones libres. Visto así Guaidó es el antichavismo: concreto, humilde, incluyente. Lo mejor de Guaidó es que parece ser un muchacho normal. Dentro de la anormalidad de la política y el yoísmo y el proyecto político y el mesianismo y la anulación del otro; dentro de todo eso, ser un tipo normal es más que un mérito. En 30 días ha movilizado más gente y conquistado más apoyos y aislado más al régimen de lo que la oposición venezolana hizo en 20 años. Se la ha jugado y ha puesto más de lo que debe; a cambio merece la paciencia de muchos, la acción de la comunidad internacional y la atención del mundo para registrar como animó a los venezolanos a derribar los últimos escombros de una dictadura”.

Y justamente esta caracterización de Andersson Boscán nos ofrece tres elementos que considero determinantes no solo para la aceptación popular que ha tenido Guaidó en su patria y su proyección internacional, sino para poder lograr lo que, hasta el presente, parecía casi imposible. Me refiero a lo que Boscán ha llamado: cese de la usurpación, el gobierno de transición y las elecciones libres.

Guaidó ha centralizado su atención en estos tres aspectos. Si se aparta un ápice de estas variantes puede ir al fracaso, y Venezuela no puede darse el lujo de fracasar esta vez dadas las difíciles condiciones en que se encuentran los venezolanos, en su mayoría al límite de su capacidad de resistencia e inmersos en preocupantes estados de desnutrición, enfermedades y depauperación.

El retorno de Guaidó a Venezuela, luego de su breve recorrido por unos pocos países de la región, debe ser el punto de partida para la consolidación de una etapa, que si bien ya tuvo su primer fracaso toda vez que el proyecto de la ayuda humanitaria no logró su verdadero objetivo, en esta ocasión todo parece indicar que las cosas podrían ir tomando su cauce. Una prolongada interrupción del servicio eléctrico que dejó paralizada a Venezuela por varios días, un incremento de las acciones espontáneas de protestas, un apoyo mayor de varios sectores de la población -incluyendo ya decenas de desertores de la Policía Nacional- caracterizan al ambiente político venezolano a la llegada de Guaidó procedente de Ecuador; lo que le favorece sobremanera para afianzar lo que ya ha logrado en la brevedad de casi dos meses.       

Cada aspecto enunciado por Andersson Boscán puede considerarse una consecuencia, y al propio tiempo causa de otro, de modo que no pueden analizarse de manera aislada pues constituyen una serie algorítmica secuencial. Si no se elimina a Nicolás Maduro, que equivale a decir, la extinción radical del chavismo-madurismo en la patria de Bolívar, no podemos pensar en la idea de una transición de gobierno. De hecho, en Venezuela actualmente no existe una etapa de transición propiamente dicha instaurada como se cree o se define como hipótesis por algunos comentaristas. Las transiciones presuponen necesariamente cambios, y sin un cambio de gobierno y de gobernante no habrá transición.

Según el académico venezolano Michael Penfold: “Las transiciones suelen estar signadas por grandes movimientos sociales, por el surgimiento de personalidades que terminan promoviendo aperturas en sistemas completamente cerrados, por presión externa, por quiebres militares; pero rara vez se construyen desde un parlamento,” algo que distingue a esta nueva etapa política de Venezuela, en la que “nuevos liderazgos, actores militares, violaciones de derechos humanos, hegemonía partidista, simulaciones electorales, denuncia internacional, movilización ciudadana, crisis económica; pero lo que en definitiva la distingue es la resistencia de la única institución que se mantiene en pie frente a la disolución del orden constitucional y la desintegración del funcionamiento del Estado de derecho, que no es otra que la Asamblea Nacional”.

Por su parte la realización de elecciones libres no tendrá lugar hasta tanto esté establecido un gobierno de transición capaz de convocarlas, siempre que se haga conforme a las leyes institucionales para tales efectos; y esto lo tiene muy bien definido Juan Guaidó, quien está actuando con moderación y sin dejarse arrastrar por el ímpetu emotivo, sino que se percibe que detrás de cada paso hay un análisis profundo de sus móviles reales, sus consecuencias y sus nuevos desafíos. 

Pero el gran dilema del conflicto actual está en relación con el modo en que pueda cesar la usurpación del poder. Si Nicolás Maduro no ha dejado el poder en este crítico momento, y si desde hace dos meses, si consideramos el inicio de su segundo mandato presidencial, el 10 de enero, como elemento desencadenante del actual conflicto, con toda seguridad no lo hará. Todo parece indicar que resistirá hasta el último momento, ya sea por voluntad propia, o porque el régimen castrista desde La Habana se lo exige.

De cualquier modo, el sanguinario mandatario ha demostrado su incapacidad intelectual desde el inicio de sus andanzas al frente de Venezuela, lo que se ha intensificado bajo los efectos del estrés mantenido en los últimos tiempos ante la presión internacional acerca de su necesaria retirada en contraposición a las órdenes del régimen cubano, cuyos líderes son los verdaderos responsables del acontecer venezolano y Nicolás Maduro solo una apariencia tras una imagen presidencial malograda.

La esperada intervención militar no acaba de concretarse. Tal vez las circunstancias contextuales del momento sean diferentes a las de otros tiempos en que la opinión internacional era un tanto más mesurada o los interventores más decididos. De manera general existe un rechazo hacia la posibilidad de una intervención militar en territorio venezolano con el fin de eliminar radicalmente a Nicolás Maduro. Todas las miradas se inclinan hacia el gobierno de Estados Unidos y de manera particular hacia su presidente, Donald Trump.

Los gobiernos de la región, incluidos los de Brasil y Colombia, no solo los más cercanos geográficamente, cuyas fronteras representan una grave amenaza para la estabilidad de estas naciones, sino porque Jair Bolsonaro e Iván Duque desde los comienzos de sus mandatos han sido enérgicos respecto al conflicto político venezolano. No obstante, han reafirmado su inconformidad en relación con la idea de una intervención, lo que, lamentablemente, constituye una debilidad extrema desde el punto de vista estratégico, por cuanto, hubiera sido una excelente opción la posibilidad de que aparecieran como aliados de Donald Trump en el proyecto de intervención militar, hasta ahora lo único que podría poner fin a Nicolás Maduro y a los interventores cubanos en territorio venezolano. 

El propio pueblo venezolano lo está pidiendo a gritos en las calles y plazas del país. María Corina Machado, la única representante de la oposición que se ha dejado ver con frecuencia en esta crucial etapa haciendo duros planteamientos contra el madurismo y en apoyo a Guaidó, se refirió a la necesidad de la activación del Artículo 187 de la Constitución, con lo que se pudiera operar para la puesta en marcha de la ansiada intervención militar.

Según el Artículo 187, perteneciente al Capítulo I- Del Poder Legislativo Nacional Sección Primera Disposiciones Generales (he respetado el uso de mayúsculas, la ausencia de signos de puntuación, así como el excesivo uso de términos expresados en masculino y femenino, por ejemplo ministros y ministras, presidente y presidenta, etc., para ser fiel al texto):

“Corresponde a la Asamblea Nacional: 3. Ejercer funciones de control sobre el Gobierno y la Administración Pública Nacional, en los términos consagrados en esta Constitución y en la ley (…) 5. Decretar amnistías (…) 10. Dar voto de censura al Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva y a los Ministros o Ministras (…) 11. Autorizar el empleo de misiones militares venezolanas en el exterior o extranjeras en el país.”

De los 24 numerales de este Artículo, he citado textualmente aquellos que resultan de interés para el asunto que tratamos. El hecho de que le corresponda a la Asamblea Nacional ejercer funciones controladoras sobre el propio Gobierno, censurar a vicepresidentes y ministros, y decretar amnistías; pero sobre todas las cosas “Autorizar el empleo de misiones militares venezolanas en el exterior o extranjeras en el país”, nos da la medida del marco legal de las acciones emprendidas por Juan Guaidó como representante máximo de la Asamblea Nacional.

El numeral 11 referente al poder de la Asamblea Nacional para permitir misiones militares es, en última instancia, el aspecto que permite la posibilidad de una intervención militar necesaria en el actual contexto venezolano, y que no sea visto por la comunidad internacional (tan escéptica y extremadamente conservadora en este sentido) como una invasión premeditada con fines económicos y financieros, más que políticos y humanitarios, como se está especulando por los pocos defensores de la izquierda regional que logran sobrevivir, quienes solo ven en el “imperialismo” una sombra que pretende plantarse para adueñarse de las riquezas petroleras de la nación suramericana, y no como un acto de justicia que traerá consigo el restablecimiento del orden democrático, y pondrá fin a la grave amenaza que representa para Estados Unidos y el mundo, de manera general, la existencia de un narcoestado terrorista dirigido desde La Habana por la peor dictadura del hemisferio occidental.

Queda pues en Juan Guaidó la determinación de la aplicabilidad de dicho Artículo constitucional para “formalizar” la esperada intervención militar. No obstante, Guaidó se está tomando demasiado tiempo, los días van pasando, los ánimos pueden amilanarse y hasta su propia vida está en peligro. Este es el momento, y no admite más prolongación si es que no se quiere el fracaso de tantos esfuerzos y sacrificios por parte del pueblo venezolano.   

Así las cosas, el cese de la usurpación es el primer paso, sin el cual no podrá establecerse el estado de transición que facilitará finalmente la realización de elecciones libres; pero este cese de la usurpación determinante para la pronta democratización del país está resultando ya demasiado prolongado, y lo peor, está causando demasiado estrago en una población necesitada de un mínimo de bienestar luego de casi dos décadas de agonía socialista, y si bien la luz se acerca y el momento estaría próximo, lo cierto es que no podemos predecir qué tiempo podrá durar esta incertidumbre, y hasta cuando se le estará permitiendo a Nicolás Maduro y a los jerarcas del castro-comunismo cubano hacer de las suyas. 

Con el cese de la usurpación del poder y el consiguiente establecimiento de un estado transicional se pondrá fin al chavismo-madurismo en Venezuela; pero además este hecho terminará asfixiando definitivamente al régimen de La Habana, tema que abordaré en la siguiente parte de este escrito que dedico a resaltar la idea del fin de las dictaduras comunistas en América Latina.

Por ahora el primer paso está dado a partir de la asunción de la presidencia del país por Juan Guaidó, y con seguridad me atrevo a reafirmar que no habrá retroceso en este giro radical que ha emprendido Venezuela y que determinará la extinción del comunismo en Latinoamérica.

 
Final.....