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FIN DE LAS DICTADURAS COMUNISTAS EN AMÉRICA LATINA ( I.b )

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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FIN DE LAS DICTADURAS COMUNISTAS EN AMÉRICA LATINA ( I.b )
« en: Marzo 21, 2019, 03:41:04 pm »
                   ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                           Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

                    FIN DE LAS DICTADURAS COMUNISTAS EN AMÉRICA LATINA ( I.b )


               


Todas las miradas enfocadas en Venezuela, el verdadero Muro de Berlín de la región, dejando a un lado al régimen castrista, la fuente matriz del mal 

En mi escrito titulado La caída del muro de Berlín de América Latina, publicado en este sitio el 25 de febrero de 2019, me referí a la idea de que el verdadero muro de Berlín de América Latina era la caída del régimen de Venezuela y no el de Cuba. A pesar de que la dictadura comunista cubana es la más longeva del continente y posiblemente del mundo, y también una de las más sanguinarias, terroríficas y expansionistas de todos los tiempos, el fenómeno sociopolítico venezolano ha tenido una mayor trascendencia y una gran repercusión internacional.

El respaldo cuasi unánime de la comunidad internacional a las transformaciones que tienen lugar actualmente en la nación suramericana en relación con el posible paso hacia un estado transicional que finalmente conduzca el restablecimiento del orden democrático constituye un ejemplo viviente en este sentido. En cambio, exceptuando muy pocos gobiernos del mundo y una exigua minoría de personalidades, existe una indiferencia respecto al presente y al futuro de Cuba. El silencio internacional sobre los fraudulentos resultados del reciente simulacro de referendo en aprobación de una supuesta nueva Constitución es un ejemplo exacto que demuestra la contraposición de la actitud que se ha asumido hacia el caso de Venezuela.   

El régimen cubano ha estado reprimiendo al pueblo de un modo gradual y progresivo, esto es, con cierta estrategia muy bien estudiada mediante la cual se va excluyendo y conduciendo al ostracismo a los sectores de la población en oposición al sistema; pero esto lo ha hecho de manera sistemática y con sobrada premeditación y alevosía. Un aparente silencio luego de la terrorífica oleada de fusilamientos en los años iniciales de la llamada revolución, amén de una bien disimulada apertura hacia la tolerancia religiosa y la diversidad de cualquier naturaleza, excepto la política, caracterizaron a los años posteriores a la gran masacre en el caso del primer ejemplo, y luego de la visita del líder mundial de la Iglesia Católica, el Papa Juan Pablo II, para el caso de las aparentes libertades religiosas. No obstante, jamás ha existido libertad de ningún tipo toda vez que, como todos conocen -y no se trata de especulaciones superficiales, sino de hechos concretos- en Cuba todos y cada uno de sus habitantes son controlados por las fuerzas represivas del castrismo.

Por otra parte, las multitudes se han adaptado a guardar silencio, a no hacerse notar y a permanecer en la sumisión ante el temor ocasionado por el régimen. Se trata de un padecer crónico que se ha estado prolongando en el tiempo hasta alcanzar seis décadas, todo un récord, mucho más allá de los períodos socialistas de las naciones de Europa Oriental, aunque superado por la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, donde el comunismo logró imponerse por más de 70 años, algo que al parecer también sucederá en Cuba dada la extrema pasividad de un pueblo que se acostumbró a la sumisión total, exceptuando los casos aislados de varios líderes opositores que con valentía han enfrentado las adversidades de un sistema totalitario y sanguinario, amén de grupos reducidos de movimientos en contraposición al sistema como Las Damas de Blanco, y la Unión Patriótica de Cuba, UNPACU.   

Este estado de cronicidad adaptativa no se dio en Venezuela. En la tierra de Bolívar apenas han pasado 18 años desde que Hugo Chávez apareció en la escena como gobernante hasta el presente. Sin embargo, el pueblo venezolano en una asombrosa brevedad de tiempo se ha visto inmerso en la peor situación de su historia. Las carencias materiales de todo tipo, las enfermedades, la desnutrición, el hambre y la hambruna, la pobreza y la pobreza extrema, etc., llegaron para quedarse.

Este fenómeno de manera similar ha tenido lugar en Cuba, aunque con una peculiaridad. En la isla caribeña sus moradores tuvieron la posibilidad de adaptarse de manera progresiva a las carencias. Desde el punto de vista biológico se realizan cambios adaptativos en el organismo para soportar, a modo de reajustes, los embates de la miseria y de las carencias, y no solo en el aspecto biológico, sino además en lo psicológico y lo emotivo. Las multitudes justifican las carencias como se les enseñó durante el proceso de adoctrinamiento, esto es, se culpa al imperialismo, al bloqueo, a la extinción del bloque socialista, o cualquier otra barbaridad, excepto al propio régimen, en realidad el único responsable de la crisis económica y sociopolítica del país.

El pueblo de Venezuela en contraposición al fenómeno adaptativo que se dio en el caso de Cuba, apenas tuvo tiempo para el reajuste de sus mecanismos defensivos. Llegó al límite de su capacidad de resistencia tempranamente si se le compara con Cuba, independientemente que el período de tiempo para la labor de adoctrinamiento político ha sido inferior, y fundamentalmente porque se trata de contextos diferentes.

En Venezuela subsistieron las modalidades de propiedad privada sobre los medios de producción a pesar de los intentos por lograr una nacionalización absoluta de los mismos, fenómeno que se logró en Cuba, donde a pocos años de haberse impuesto en el poder el dictador Fidel Castro ya no quedaba vestigio alguno de privatización, por lo que el modelo de socialismo clásico según los cánones marxistas se logró imponer según los mismos estándares del régimen soviético.

Pero si bien en el aspecto económico no se logró imponer con exactitud el engendro cubano, en el orden político, al menos en su estructura, tampoco se logró concretar lo que  se había asentado en Cuba. La existencia de una Asamblea Nacional (poder legislativo) con autoridad y compuesta por parlamentarios de diversa procedencia, incluidos de los sectores de la oposición (de hecho, la mayoría de sus integrantes son opositores), amén de la presencia de partidos políticos opuestos al régimen oficialista, aunque relegados y llevados al ostracismo, ha sido un factor clave dentro del contexto político de esta nación que la diferencia del absolutista y excluyente régimen cubano. No es que el chavismo sea incluyente y tolerante con la diversidad, todo lo contrario, solo que no se logró concretar como acto lo que en Cuba se hizo desde los primeros años del castrismo, y a partir de la declaración del carácter socialista de la nación por parte de Fidel Castro en 1961 sin contar con el consentimiento de nadie.

Por otra parte los cientos de detenciones, encarcelamientos, desparecidos, heridos y muertos ocasionados por el régimen chavista en los últimos meses han logrado impactar mucho más en la comunidad internacional que los miles de fusilados, asesinados, desaparecidos y encarcelados del castrismo en los primeros años de la década del sesenta, así como las multitudes que han perecido en el mar o en las selvas latinoamericanas en los siguientes años, en los que el éxodo masivo ha estado presente como uno de los aspectos más significativos de la historia de Cuba en la etapa “post-revolucionaria”. Téngase presente además que se la ha dado una mayor connotación al fenómeno migratorio venezolano que al cubano, aunque el significativo número de víctimas mortales como consecuencia de la migración cubana sea un hecho innegable y no comparable al de Venezuela. 

Ya nadie recuerda, excepto una exigua minoría bien identificada con el drama migratorio cubano, las dos grandes crisis humanitarias que tuvieron lugar hace apenas algo más de dos años ante la oleada migratoria de cubanos en su extensa travesía por Centroamérica procedentes de Ecuador, Colombia y Panamá. Un relativo silencio de la comunidad internacional ante el gran desafío de los miles de cubanos que dejando todo tras sí emprendieron la peligrosa aventura por las selvas americanas, de los cuales, lamentablemente, no todos llegaron a su ansiado destino, por cuanto se registraron decenas de desaparecidos, muertos por causas naturales y por asesinatos de los traficantes de humanos.

En cambio, hubo una movilización total de los principales líderes de la región ante el más reciente éxodo de venezolanos hacia Perú, Colombia, Ecuador y Brasil. Sendas rondas de conversaciones e intercambios para dar una posible solución al grave conflicto tuvieron lugar hace unos meses ante la repercusión internacional de una de la más grandes crisis migratoria venezolana de los últimos tiempos, algo que no sucedió, al menos de modo tan enérgico y abarcador, para el caso de Cuba.   

Así las cosas, e independientemente de que la gran sede del narcoestado mundial como símbolo viviente más paradigmático del crimen organizado de la historia actual se encuentra en La Habana, y cuyos protagonistas han sido los hermanos Fidel Castro y Raúl Castro, el foco de atención, cual verdadero Muro de Berlín de América Latina, es Venezuela, primero bajo el mando del dictador Hugo Chávez, y luego bajo la bochornosa presencia de Nicolás Maduro, un mandatario asesino, corrupto, fraudulento, inculto e ignorante.

Ya se sabe que las riquezas del nuevo Muro de Berlín son incuestionables. Los recursos petroleros y de otros minerales constituyen un incentivo para que diversas naciones pretendan concretar negocios y hacer inversiones con fines económicos en beneficio de sus respectivos gobiernos. El caso concreto de China es un ejemplo en este sentido, de ahí la persistencia del gobierno de este país en mantener sus intereses económicos en Venezuela, lo que, en cierta medida justifica una actitud de aparente neutralidad ante el drama sociopolítico que atraviesa el país, independientemente de que China está regida por un partido de tipo comunista y que representa, al fin de cuentas, a las tendencias antidemocráticas izquierdistas del mundo; fenómeno que no es igual para el caso de Rusia, cuyo gobierno, y primer gobernante, Vladimir Putin, juega de un lado a otro y lo mismo aparece en coqueteos con Donald Trump que con Raúl Castro y Nicolás Maduro.

Aquí los intereses, más que económicos propiamente dichos, son de naturaleza política. La posición geográfica de Venezuela, los vínculos de su desgobierno con el régimen de La Habana, y la dramática situación política, así como su dura crisis política y humanitaria, constituyen elementos demasiado atractivos para un gobernante y un sistema que luchan por ganar en poderío político y competir con la principal potencia mundial, si de poderío militar se trata, es decir, con el gobierno de Estados Unidos, cuyo presidente ha jugado un rol crucial en el desenlace actual de Venezuela hacia su pronta democratización a partir de la aplicación de estrictas medidas económicas y sanciones colectivas e individuales, amén de haber sido el primer mandatario del mundo que reconoció la legitimidad de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, sin olvidar que ya ha dispuesto 500 millones de dólares para el período de transición de Venezuela.     

La Cuba del presente ha sido saqueada por el castrismo, y actualmente solo existen intereses de naturaleza turística, aun cuando se sabe de la inseguridad que cualquier nación comunista representa para viajeros de cualquier sitio. De ahí que carezca de esta peculiaridad venezolana que la hace demasiado atractiva para la inversión del capital. La industria azucarera, una de las más extraordinarias del mundo en otros tiempos, fue exterminada radicalmente por el delirante Fidel Castro con sus proyectos que pasaban a ser de idealistas a surrealistas y absurdos, y esto también ha influenciado sobremanera para que Venezuela sea un símbolo hacia el cual todas las miradas del mundo se enfoquen y dejen a un lado al régimen castrista instaurado en La Habana desde hace seis décadas, la fuente matriz de la perversidad y del mal.

Así las cosas, si bien la sede de donde surgen todos los proyectos, ideas, planes y observaciones, es Cuba y no Venezuela, el rostro que con una rapidez extraordinaria pasó a adquirir una universalidad que no admite discusión alguna, es Venezuela, el verdadero Muro de Berlín de nuestra región, cuyos cimientos, como los de la antigua Alemania “democrática”, se encuentran actualmente, más que debilitados, desaparecidos.

No hay retroceso para este proceso hacia la transición democrática que finalmente traerá el restablecimiento del orden constitucional en la patria de Bolívar. Que no sea algo inmediato como tal vez pensamos en algún momento ante el vertiginoso auge tras el impulso inicial del nuevo presidente Juan Guaidó, el joven reconocido por la comunidad internacional como el verdadero presidente de la nación, es posible. No obstante, lo que en sí es una realidad incuestionable es el hecho de que la nueva etapa que ha comenzado el pueblo venezolano bajo la guía de Juan Guaidó no tiene posibilidad de retroceso. La suerte está echada, la hora está muy cerca, y como afirmó Guaidó: "Venezuela tiene claro que la luz llega con el cese de la usurpación".

Continuará...