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FIN DE LAS DICTADURAS COMUNISTAS EN AMÉRICA LATINA ( I.a)

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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FIN DE LAS DICTADURAS COMUNISTAS EN AMÉRICA LATINA ( I.a)
« en: Marzo 19, 2019, 05:27:45 am »
                  ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                           Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

                    FIN DE LAS DICTADURAS COMUNISTAS EN AMÉRICA LATINA ( I.a )


Ser conscientes del fin de nuestra existencia terrenal ha sido, y es, uno de los grandes problemas filosóficos, éticos, religiosos y existenciales desde tiempos inmemoriales. Algunos sistemas filosóficos y religiosos han tratado el asunto desde una perspectiva muy lógica y coherente, toda vez que defienden la idea de la perdurabilidad de nuestros principios espirituales más allá de la aniquilación de lo que el apóstol San Pablo llamó cuerpo natural, esto es, nuestras vestiduras físicas, visibles, palpables, objetivas y demostrables; elemento que de manera paradójica se considera solo una sombra irreal por algunos de los sistemas de filosofía más completos y complejos de la antigua India, cuyo concepto de lo transitorio alcanza su clímax con la idea de maya o la gran ilusión, categoría aplicable a lo pasajero y material, aunque desde la perspectiva de que esto último solo es una sombra irreal.

Esta idea del fin próximo de la existencia como elemento inevitable del desarrollo humano no solo forma parte del hombre como entidad individual, sino que resulta aplicable en mayor escala a los conglomerados de hombres que integran las sociedades, las instituciones, los grupos, las etnias, etc., y al igual que en el orden individual humano, donde ha sido, sigue y seguirá siendo un dilema, a escala grupal y social también resulta aplicable dicha percepción. 

El hombre crea mecanismos -o los tiene creados a priori, y permanecen en estado latente hasta que se utilizan- a modo de elementos defensivos para enfrentar lo que considera su final; lo que también suelen hacer las sociedades, grupos e instituciones, que acuden a dichos mecanismos cuando saben del inevitable fin de su existencia.

Lo que he expuesto antes, aunque tal vez parezca demasiado teórico, rebuscado o aparentemente inaplicable en el orden práctico, resulta patente en la situación actual de los regímenes de izquierda que aun logran sobrevivir en América Latina, esto es, los de Venezuela, Nicaragua y Bolivia, y como es lógico el régimen comunista de Cuba, considerado el paradigma prototípico de ese engendro que se aferra a mantenerse a toda costa y que de manera cíclica tiende a resurgir por doquier.

Por estos días la situación política de Venezuela llegó al límite. El presidente Nicolás Maduro, considerado actualmente como un usurpador del poder, consciente de su agonía, se aferra a mantenerse al frente de la patria de Bolívar, aunque para esto tenga que continuar masacrando al pueblo venezolano. Por otro lado la represión en Nicaragua por parte de la sanguinaria dictadura de Daniel Ortega se ha mantenido, aunque se divulgan mucho menos las acciones de esta nación dado el protagonismo que ha ocupado el caso particular de Venezuela. En Bolivia las multitudes protestan contra una nueva reelección de Evo Morales, el paranoico mandatario boliviano que sigue enchapado a la antigua, según los cánones castristas, viendo al “imperio” como enemigo por todas partes. En Cuba acaba de tener lugar un simulacro de referendo para presentar una “nueva” Constitución, lo que constituye uno de los mayores sacrilegios de la cruel dictadura castrista, toda vez que promovió una campaña ilegítima -según las propias leyes cubanas las campañas políticas de este tipo no están permitidas- influenciando en las mentes adoctrinadas de millones de cubanos que actuaron de manera mecánica en el acto del voto, independientemente de las múltiples irregularidades y evidencias de acciones fraudulentas que se cometieron para garantizar un SÍ con por cientos que resultan increíbles en el actual contexto de una nación que se desmorona cada día.

Una vez presentadas estas ideas iniciales, las que pretenden familiarizar al lector con la actual situación por la que atraviesan las naciones que otrora presentaron su sistema social y modelo económico como un paradigma paradisíaco, y también los mecanismos a los que se acude ante su inevitable fin, analicemos algunos aspectos relacionados con la decadencia total de las dictaduras de tendencia izquierdista en la región, así como el peligro que representa para la paz y el equilibrio mundial la existencia de focos comunistas en Latinoamérica. 

La diseminación del comunismo en Latinoamérica. El Socialismo del siglo XXI. Algunos apuntes sobre sus precedentes.

El precedente más importante en relación con el intento de imponer el socialismo en América Latina lo encontramos en la implantación de focos guerrilleros en varias naciones de esta región por parte de Ernesto Guevara. El asesino argentino-cubano con sus pretensiones antiimperialistas, y convencido de que solo con la generalización de la lucha de guerrillas en varios puntos de la región, así como en otros sitios de Asia y África, se podía aniquilar totalmente el poderío de los Estados Unidos de América, idea a la que se sigue acudiendo reiteradamente por parte de los principales líderes del socialismo latinoamericano, se lanzó a la conquista política de una región demasiado compleja y diversa como para que se repitiera el experimento comunista de la Europa Oriental a partir de la expansión soviética. 

Esto, como es de suponer, no es una inventiva puramente guevariana. El asesino de La Cabaña fue el principal promotor y ejecutor, pero detrás de todo el proyecto estaba el megalomaníaco dictador cubano Fidel Castro, quien en su afán de expandirse por el mundo bajo el ropaje de ayuda, hermandad, latinoamericanismo, antiimperialismo, internacionalismo, o cualquier otra estrafalaria idea, pretendió imponer la modalidad que él había establecido en Cuba, copia fiel del modelo de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

De esta forma, Che Guevara comenzó la organización y promoción de las experiencias guerrilleras en Latinoamérica, de modo particular en naciones como Guatemala, Nicaragua, Perú, Colombia, Uruguay, Venezuela y Argentina. Dichos movimientos jamás tuvieron etapas de esplendor, su existencia efímera y limitada son elementos a considerar al evaluar la hipótesis acerca de la no asimilación del fenómeno castrista-guevariano por nuestra América.

A pesar del fracaso de dichos movimientos, estos fueron el germen de otros como el Frente Sandinista de Liberación Nacional, y los Tupamaros, en Nicaragua y Uruguay respectivamente. Por suerte para el mundo su accionar en este sentido resultó ser demasiado fugaz y transitorio dada la trágica captura y muerte de Guevara por parte del Ejército Boliviano en 1967, en La Higuera, Bolivia, a menos de ocho años de la instauración del comunismo en Cuba; aunque los gérmenes se mantuvieron y se mantienen en estado de latencia, cual sombras espectrales de un mal que ya se ha extendido por más de un siglo (tomando como referencia la instauración del primer estado socialista a partir de la Revolución de Octubre de 1917 y no los movimientos e intentos aislados de modalidades socialistas, incluidos los que precedieron a Marx). 

La historia política de la región es bien sombría. Una serie secuencial de dictaduras de todo tipo y una corrupción sostenida durante décadas han sido excelentes “caldos de cultivo” para que proliferen movimientos insurrectos con pretensiones de encontrar una democracia y un estado de bienestar que muy pocas veces (por no decir ninguna) se ha logrado en absoluto. Es justamente aprovechando estas condiciones que los expertos en el engaño y con sus consabidas dosis de maleficencia, que entran en acción los injerencistas comunistas cubanos con sus inventos guerrilleros como elemento estratégico en un contexto que, aunque similar en algunos puntos, resulta ser bien diferente en su esencia al entorno social de la isla.

Ya todos conocen como terminó la “quijotesca” historia de Che Guevara y el debilitamiento de los grupos insurrectos regionales que sabían de cualquier cosa menos de socialismo, comunismo y marxismo, la ideología que se implantaría a partir del supuesto triunfo de las guerrillas del modelo guevariano auspiciado por el castrismo. 

Es este el germen de la maldad y el odio -cualidades muy arraigadas en el promotor de las guerrillas latinoamericanas- mediante la pretensión de la instauración de focos comunistas en varios puntos de América Latina, sin que olvidemos las aspiraciones expansionistas del castrismo en África, aunque no sea precisamente a la injerencia del régimen cubano en este continente a lo que voy a referirme en este escrito.   

             

              Che Guevara, el precursor de las guerrillas comunistas en Latinoamérica.  

La imagen del Che Guevara, convertida en mito y leyenda por parte de comunidades latinoamericanas de tendencia izquierdista, prevaleció hasta hace poco como paradigma del hombre rebelde con inquietudes emancipadoras en pos del bien, algo que, por suerte para el mundo, va quedando atrás luego de un necesario despertar revisionista de sus perversas andanzas y de lo que teóricamente dejó dicho o escrito, y que, a modo de testimonio irrefutable, ha quedado para demostrar al mundo el verdadero rostro del asesino argentino-cubano, lo que presupone al propio tiempo, la real caracterización del comunismo y del castrismo.

No obstante, la difícil situación sociopolítica de la región durante varias décadas, de manera particular en países como Brasil con su dictadura militar (1964-1985);* México (1964- 1970), etapa bajo el mando de Gustavo Díaz Ordaz, responsable de la matanza de Tlatelolco; Argentina, con su Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), que incluye  a cerca de 30.000 personas encarceladas, torturadas detenidas y desaparecidas en menos de una década; amén de los casos de Chile, Bolivia y Perú, en los que los movimientos de izquierda y otros de carácter progresista, sin que necesariamente se arraigaran exclusivamente al comunismo, proliferaron como consecuencia de un descontento hacia dichas dictaduras militares y regímenes corruptos que predominaron por un buen tiempo, y que, lamentablemente, en el presente continúa siendo la principal debilidad política de una región que ha sido y continua siendo saqueada por sus líderes políticos, independientemente de su postura política.

Esto propició que las multitudes -las que siempre suelen ser manipuladas por exaltados líderes prometedores del alivio de sus penurias, y de darles participación, según los preceptos marxistas clásicos, en la nueva estructura social una vez que lleguen al poder- respondieran luego con el segundo intento del régimen cubano en imponer su maléfico sistema social y su desacertado modelo económico, esto es, con la promoción de lo que luego se le llamó Socialismo del siglo XXI, cuyo principal líder regional, aunque no el creador de dicha doctrina,** fue Hugo Chávez Frías, el mandatario venezolano que dejó su ropaje terrenal inmerso en sus terribles andanzas en complicidad con el dictador Fidel Castro, decano del expansionismo comunista en el hemisferio occidental.

             

Los dictadores Chávez y Castro, artífices del llamado Socialismo del siglo XXI en la región.

Desde Cuba y Venezuela el gran mal se extendió por países como Ecuador con Rafael Correa, Argentina con Cristina Fernández de Kirchner, Nicaragua con Daniel Ortega, Bolivia con Evo Morales, Brasil con Lula da Silva y Chile con Michelle Bachelet. Actualmente Rafael Correa es prófugo de la justicia ecuatoriana refugiado en Bélgica, Cristina Fernández tiene sentencia de prisión preventiva (por el momento hasta tanto se terminen los múltiples procesos penales en los que está implicada), Daniel Ortega repudiado por la nación nicaragüense, desacreditado ante el mundo, y masacrando al pueblo nicaragüense, Evo Morales acaba de perder el referendo popular para la continuidad de su mandato a partir de una posible nueva reelección, Lula da Silva en prisión por sendos cargos de corrupción, y la señora Bachelet ascendida a un alto cargo en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pero indiferente ante el sufrimiento y la agonía del pueblo venezolano y de los peligros que representan para el mundo la existencia de los regímenes de Cuba y Nicaragua. 

En América Latina el fenómeno del Socialismo del siglo XXI tuvo sus peculiaridades bien distintivas si se le compara con el desastroso socialismo del pasado siglo XX de los países de Europa del este, los que fueron una clonación del comunismo de los soviets. En la región cada país tuvo sus particularidades; pero todos con el denominador común de la tendencia hacia la apropiación de los bienes privados y la excesiva aparente participación popular -elementos clásicos del marxismo tradicional-, a lo que se añadiría la corrupción extrema y las grandes violaciones de los derechos humanos, de manera particular la represión y la supresión de la libertad de expresión y de pensamiento, devenidos en pilares fundamentales del Socialismo de nuevo tipo implantado de un día para otro en parte de América Latina, lo que se reeditaba a partir del modelo impuesto en la URSS y gran parte de los países europeos en el siglo XX.

Pero como todo lo que comienza termina, tarde o temprano, de una u otra manera, y como las leyes universales son inviolables y aplicables al mundo terrenal y a las contextualidades sociales y políticas, el Socialismo del siglo XXI comenzó a desmoronarse en los últimos años, y por suerte, todo parece indicar que su fin va dejando de ser una posibilidad utópica, que a modo de arquetipo nos venía dando vueltas en la mente desde hace un buen tiempo, para concretarse como acto inevitable.

El triunfo de Mauricio Macri en Argentina, de Sebastián Piñera en Chile, y de Lenin Moreno en Ecuador, fue determinante para que la región comenzara un viraje crucial irreversible. El éxito logrado con la elección de Iván Duque en Colombia tras enfrentarse a Gustavo Petro, un adversario de tendencia izquierdista con antecedentes de participación en movimientos derivados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, y el sonado éxito de Jair Bolsonaro en Brasil, luego de varias semanas de gran tensión, toda vez que Fernando Haddad, su principal contrincante, representante del Partido de los Trabajadores, cuyo líder Lula da Silva cumple actualmente prisión por corrupción, hubiera representado un continuismo político en detrimento para la nación, reafirman la idea de que el proceso de transformaciones encaminadas hacia la reinstauración de un nuevo orden regional es ya una realidad bien distante de toda posible utopía.

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*A pesar de la generalización del término dictadura para referirse a esta etapa, así como al régimen político implantado durante la misma, en realidad la dictadura brasileña solo tuvo un breve período entre 1964 y 1967 en el que el sistema político mantuvo su carácter de régimen militar de manera absoluta. En 1967 el régimen se auto-institucionalizó aprobando una nueva constitución de carácter civil. Entre 1967 y 1978 tuvieron lugar cuatro elecciones parlamentarias, en las que la ARENA retuvo la mayoría en ambas cámaras bajo acusaciones de fraude electoral. Para 1979 con la llegada al poder de Joao Figueiredo, se fundaron partidos políticos, aunque con intereses bien definidos de provocar división en el seno de la oposición y permitir el continuismo político. José Sarney asumió la presidencia en 1985 poniendo fin al régimen militar. Tras su elección, restauró las libertades civiles y programó la aprobación de una nueva constitución que facilitó la elección directa del presidente.

**El surgimiento del llamado Socialismo del siglo XXI es el resultado de las relaciones que tuvieron el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, con el comunista alemán residente en México Heinz Steffan Dieterich, quien en realidad es el verdadero creador del concepto sobre esta nueva modalidad de tendencia izquierdista, aunque apenas se mencione a este último y se crea que el “mérito” le corresponde al exaltado y egocéntrico fallecido mandatario venezolano. Dieterich es un sociólogo y analista político de origen alemán residente en México. Se ha identificado con las corrientes de izquierda y ha publicado una treintena de libros en los que aborda los conflictos sociopolíticos latinoamericanos, la globalización, y los paradigmas científicos e ideológicos que predominaron en el siglo XX. Se ha dedicado al estudio y revisión de los postulados marxistas con la perspectiva de presentarla actualizada al mundo de nuestros días, incorporando los avances del conocimiento, las experiencias de los intentos socialistas, describiendo sus limitaciones, y ofreciendo propuestas teóricas tanto en la economía política como en la participación democrática de la ciudadanía para construir, según él, una sociedad libre de explotación, aunque respetando los ejes principales de la visión de Karl Marx acerca de la dinámica social y la lucha de clases. Consúltese además en este mismo sitio el escrito de mi autoría El socialismo como gran destructor de la individualidad humana, en la edición del 14 de enero de 2019.

Continuará.....