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CINISMO CASTRISTA Y MÉDICOS CUBANOS EN BRASIL. Primera parte.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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CINISMO CASTRISTA Y MÉDICOS CUBANOS EN BRASIL. Primera parte.
« en: Diciembre 02, 2018, 05:36:40 am »
                ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                                       Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos


             


                        CINISMO CASTRISTA Y MÉDICOS CUBANOS EN BRASIL
                                                        Primera parte.


Según el muy ilustre ministro de Relaciones Exteriores de la finca privada de los hermanos Castro, conocida también como República de Cuba, el presidente electo brasileño Jair Bolsonaro no tiene moral alguna para criticar al gobierno cubano.

Pura lógica de Al Capone o Vito Corleone: un presidente democráticamente electo en unas elecciones presidenciales libres y abiertas donde compitieron varios candidatos, no tendría derecho de criticar a una brutal dictadura que está por cumplir sesenta años en el poder y que nunca, nunca, ha celebrado elecciones realmente libres ni permitido que sus ciudadanos puedan escoger al gobernante del país.

¿Cómo es posible que un mocoso designado ministro por un general sin batallas a cargo de una dictadura inepta y corrupta pretenda dictarle normas de moral y decencia a algún presidente democráticamente electo en cualquier país del mundo?

Eso solamente puede ocurrir porque en la lógica castrista los gobernantes con “moral” en el mundo son personajes tan desprestigiados como el narcotraficante Nicolás Maduro en Venezuela; el corrupto, ladrón y asesino Daniel Ortega, dictador nicaragüense; el cocalero boliviano Evo Morales que pretende eternizarse en el poder tergiversando las leyes y la voluntad popular; el “malandro” Lula da Silva que cumple prisión en Brasil por delitos de malversación y corrupción entre otros; el brutal tirano de Corea del Norte, Kim Jong-un, que abraza al presidente Díaz-Canel con la misma tranquilidad que fusila a sus propios familiares cuando los considera insuficientemente leales; el carnicero sirio Bashir el-Assad con miles y miles de muertos sobre su conciencia; los oscurantistas ayatolas iraníes que apoyan al terrorismo y viven empeñados en aplastar a su propio pueblo y a la vez destruir a Israel; y otros detritus humanos similares.

El resto, según La Habana, no tiene moral, dignidad ni vergüenza, porque los comunistas creen ser los únicos dueños y árbitros de la decencia y la asignan a conveniencia y en función de sus bastardos intereses.

Todo el cinismo y perversidad del régimen castrista, donde el actual presidente cubano Miguel Díaz-Canel hace de director de la comparsa, ha salido a flote con el episodio de los médicos cubanos en Brasil a través del programa “Mais Medicos”, cuando a raíz de la victoria de Jair Bolsonaro se decidió precipitada y temerosamente retirarlos del gigante suramericano antes del primero de enero del próximo año, cuando el nuevo presidente tome posesión.

Las exigencias del electo presidente brasileño

El pretexto de la dictadura para tal precipitado repliegue es que el futuro mandatario brasileño ha ofendido la “dignidad” de los médicos cubanos al considerarlos esclavos del régimen, y ha puesto en duda su calificación profesional, lo que crearía situaciones “inadmisibles” que no se podrían mantener.

Sin embargo, la realidad es muy diferente a lo que proclaman los castristas, y nada de lo planteado por el presidente electo brasileño va contra la supuesta “dignidad” de nadie ni  pone en duda la calificación de los galenos cubanos como si los discriminara y tratara de manera diferente a los del resto del mundo.

El programa “Mais Medicos” incluye a unos 18,000 trabajadores de la salud de todas partes del mundo, de los cuales en estos momentos unos 8,300 eran cubanos (aproximadamente un 46% del total). A todos los médicos integrantes del programa se les exige un ejercicio de revalidación de sus credenciales profesionales de acuerdo a los estándares médicos establecidos en Brasil para ejercer la profesión. Y todos los médicos en activo han pasado por tales exámenes. Todos menos los cubanos, que en virtud de convenios firmados entre ambos gobiernos, con marcados intereses políticos, no se veían obligados a pasarlos.

El presidente electo Bolsonaro en ningún momento ha dicho que los médicos cubanos no están calificados para ejercer la profesión en Brasil; lo que ha dicho, con mucha razón, es que esos médicos cubanos deberían, al igual que los galenos del resto del mundo, realizar los ejercicios de revalidación de credenciales antes de recibir el permiso gubernamental para ejercer en el país. Pero ese justo reclamo, que limitaría un privilegio del que hasta ahora han disfrutado los médicos cubanos en Brasil,  la dictadura castrista lo considera como un acto discriminatorio contra los cubanos, cuando en realidad la verdadera discriminación se produce contra los médicos del resto del mundo obligados a convalidar sus títulos mientras que a los cubanos se les permite ejercer sin tal requisito.

¿Por qué la tiranía castrista se ofende y habla de “dignidad” cuando se le exige cumplir con una norma establecida para todos los profesionales extranjeros que desean ejercer la medicina en Brasil? ¿Acaso se preocupa de que determinada cantidad de los integrantes del contingente cubano pueda obtener resultados insuficientes en esos procesos de revalidación? No sería sensato, puesto que en esas reválidas lo que se exige son los conocimientos y la preparación necesarios para ejercer la medicina en cualquier parte del mundo en las condiciones actuales, y los cubanos deberían poder satisfacer esas demandas igual que los médicos de los demás países según los títulos que ostentan. ¿O es que hubo deficiencias e insuficiencias en su preparación en Cuba que podrían afectar que pudieran pasar satisfactoriamente la reválida?

El otro elemento que el régimen de La Habana considera “inadmisible” de las exigencias del futuro presidente brasileño es que este consideró a los cubanos como “esclavos” por las características de los contratos con los cuales funcionan en Brasil. De acuerdo a lo establecido en ellos, los médicos cubanos en Brasil reciben solamente entre un 25-30% del salario que el país paga por cada uno (unos 3,300 dólares mensuales), quedándose la dictadura con el resto del pago, es decir, entre un 70-75%. La Habana justifica este escandaloso abuso alegando que a esos profesionales que sirven en Brasil se les paga su salario completo en Cuba en moneda nacional (que en realidad oscila entre el equivalente a 40 y 60 dólares mensuales), y que por consiguiente esos cubanos obtienen, además de su salario “normal” en la isla, estipendios suficientes para poder mantenerse durante su estancia en Brasil, y no pagan por los pasajes aéreos desde y hacia Cuba. Curioso concepto de la equidad y del valor del dinero que maneja el régimen.

Además, el régimen alega que ese dinero que esquilma a los médicos cubanos que prestan servicio en Brasil y los demás países donde se encuentran ubicados se invierte en el sector de la salud en Cuba para mantener y elevar los servicios sociales en todo el país. Sin embargo, las cifras oficiales de los presupuestos de salud en Cuba y de la disponibilidad de hospitales, centros médicos y camas hospitalarias demuestra que se van venido reduciendo en los últimos veinte años, precisamente cuando más médicos se han estado enviando al exterior.

El tercer argumento que “indignó” a la dictadura es que Bolsonaro considera que los médicos deberían tener derecho a que sus familiares pudieran permanecer en Brasil mientras dure su contrato en el país, y no solamente durante 3 meses como máximo, como ha decretado el régimen. Para el presidente brasileño electo, tener a madres médicos en Brasil separadas de sus hijos u otros familiares durante tanto tiempo debería ser considerado como una especie de “tortura” a la que no deberían ser sometidos los profesionales cubanos.

Naturalmente, de aprobarse ese requisito, la presencia en el país del médico con sus familiares podría ser un elemento facilitador para que desearan permanecer en el gigante suramericano y no regresar a la isla esclava, y eso no le puede interesar a la dictadura en ninguna circunstancia. Además de que, si eso sucediera, sería evidente que el monto del supuesto “estipendio”, es decir, la parte del salario del médico que no se puede robar el régimen,, sería evidentemente insuficiente. Eso requeriría que el gobierno comunista recibiera menos ingresos para que sus profesionales pudieran subsistir decorosamente con sus familiares.  Y es obvio que los castristas no están dispuestos a ceder la más mínima parte de lo que se roban para dar solución a una situación de esa naturaleza.

Con tales cínicos argumentos La Habana se mostró “ofendida” y decidió retirar a la carrera a todos los médicos del programa “Mais Medicos”, para que estén en la isla antes del 25 de diciembre, en un cronograma de retirada que más bien parece de desbandada. Porque llevar de regreso a la isla a unos 8,000 galenos en un mes aproximadamente le costará a la dictadura unos 7 millones de dólares, ya que el actual gobierno brasileño de Michel Temer, no el de Bolsonaro que no ha asumido todavía, se negó a pagar esos pasajes de regreso al considerar que la parte cubana incumplió el contrato al interrumpir de manera unilateral la presencia de los cubanos en Brasil. 

Continuará.....