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JAIR BOLSONARO, LOS MÉDICOS Y LA DICTADURA COMUNISTA CUBANA. Segunda parte.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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              ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                      Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España


               


              JAIR BOLSONARO, LOS MÉDICOS Y LA DICTADURA COMUNISTA CUBANA
                                                       Segunda parte.


“No haremos más acuerdos comerciales espumosos o entregaremos el patrimonio del pueblo brasileño a dictadores internacionales” (Jair Bolsonaro)

En Latinoamérica, región donde proliferó el llamado Socialismo del siglo XXI a partir del histérico impulso y de las bufonadas de Hugo Chávez, ya solo quedan tres naciones, cuyos regímenes dictatoriales se mantienen aferrados a la tendencia izquierdista. Me refiero a Nicaragua, Venezuela y Bolivia. Téngase presente que el caso particular de Cuba, con la declaración del carácter socialista de su revolución en 1961, precede al movimiento socialista regional que se afianzó en varios países a partir de los primeros años del presente siglo XXI, aunque no es menos cierto que la tendencia socialista del nuevo siglo recibió el impulso del dictador cubano Fidel Castro en la medida que manipulaba al entonces joven Hugo Chávez, verdadero precursor de la tendencia en la región, aunque, como ya he precisado en otras ocasiones, no es el creador del término, ni de las directrices teóricas de la considerada nueva tendencia política, sino Heinz Dieterich Steffan, el marxista alemán radicado en México y amigo personal de Chávez, quien le diera lecciones teóricas para la difusión de la nueva plaga. 

En el caso particular de Nicaragua, la dictadura de Daniel Ortega está demasiado manchada de sangre inocente como para poder lograr un mínimo de recuperación que le permita reinsertarse en el contexto sociopolítico continental, y como es lógico, Jair Bolsonaro sabrá mantener la distancia con su homólogo nicaragüense, quien yace en una merecida marginación desde hace años; mientras que Bolivia es como si no existiera, dada la ínfima repercusión del alcance político de su jefe de gobierno, el ignorante dictador Evo Morales, quien desde el silencio está haciendo lo posible para continuar en el poder de la nación andina. El caso particular de Venezuela merece un escrito independiente, dada la trascendencia internacional de los sucesos recientes de su política. De modo que me limitaré a ciertos puntos en relación a Cuba, cuyo régimen dictatorial, ya se está estremeciendo, aun cuando Bolsonaro no ha asumido el poder.

Jair Bolsonaro fue preciso en sus primeras intervenciones respecto a la actitud de su gobierno con las dictaduras latinoamericanas. No habrá vínculos con aquellos gobiernos que mantienen sistemas sanguinarios en detrimento de la democracia de sus pueblos. Esto presupone que naciones como Cuba, Venezuela y Bolivia, cuyos regímenes se empeñan en mantener la orientación socialista muy a su manera y bien distante de los cánones teóricos marxistas, quedarían definitivamente confinadas a un ostracismo extremo dada la precaria situación de sus vínculos con la mayoría de los países del contexto regional - téngase en cuenta la labor del Grupo de Lima, la retirada en bloque de varios países de la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas), dentro de los cuales está Brasil; así como el accionar cuasi simbólico del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América)-, algo que se hubiera revertido en cierta medida de haber logrado el triunfo Fernando Haddad, el representante del Partido de los Trabajadores, propuesto por Lula da Silva una vez que resultó fallida su pretensión de volver a la presidencia del país a pesar de estar prisionero.

“Dejaremos de alabar dictaduras asesinas y de despreciar o incluso atacar democracias importantes como la de Estados Unidos, Israel e Italia. No haremos más acuerdos comerciales espumosos o entregaremos el patrimonio del pueblo brasileño a dictadores internacionales”, expresó Bolsonaro recién elegido como nuevo presidente, siendo además muy exacto al sostener que intentará una nueva manera de poder comerciar con toda América del Sur, lo que tendrá lugar sin “sesgo ideológico” y “sin renunciar” a la soberanía nacional.

Ahora está en peligro de extinción el Foro de Sao Paulo, entidad cuya misión es bien clara si se tiene en cuenta el origen de sus fundadores. El ya desaparecido líder comunista cubano Fidel Castro y Luiz Inácio da Silva, el representante del Partido de los Trabajadores de Brasil, quien por aquellos tiempos aun no era presidente de la nación suramericana fundaron dicha instancia en 1990, cuando aún no había tenido lugar el auge del Socialismo del siglo XXI en Latinoamérica; pero que, sin duda alguna, se daban los pasos para que el maligno sistema pudiera adquirir las dimensiones que logró varios años más tarde a partir de la intromisión del dictador venezolano Hugo Chávez en la política de la región al frente de su país.

Dos meses antes de su elección presidencial el controversial político y militar brasileño vinculó al Foro de Sao Paulo con el incremento marcado de la violencia en Brasil*. “Más de un millón de brasileños fueron asesinados desde la primera reunión del Foro de Sao Paulo”, declaró Bolsonaro en un documento que cita el medio Eldiario.es. En el documento, Bolsonaro relaciona los altos índices de violencia con las ciudades gobernadas por partidos que integran el Foro de Sao Paulo, entidad que agrupa a los movimientos de centroizquierda y de la izquierda tradicional y extrema de la región.

“Por coincidencia, donde los participantes del Foro de Sao Paulo gobiernan, sube la criminalidad”, enfatizó Bolsonaro, quien desde su etapa de campaña ha propuesto disminuir la violencia mediante la liberalización del uso de armas, la reducción de la mayoría de edad penal a los 16 años, el fin de la progresión de penas y una mayor inversión en tecnología e inteligencia.

Luego del triunfo del nuevo mandatario sus seguidores no solo festejaron su victoria en las urnas, sino que además se pronunciaron mediante acciones de rechazo contra el Foro de Sao Paulo y el maléfico proyecto de Lula da Silva y el dictador Fidel Castro.

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*De acuerdo con datos del Observatorio Venezolano de Violencia, publicados en 2017, los nueve países más violentos de la región según sus tasas de homicidios expresadas en números por cada 100.000 habitantes, Brasil ocupa el quinto lugar de la región (por encima de México que está en el noveno lugar), siendo superado solo por Venezuela, El Salvador, Jamaica y Honduras. En Brasil los homicidios se han elevado al increíble número de 61.283 víctimas, lo que significa que cada una hora tienen lugar siete asesinatos, cifra que según otras fuentes asciende a 62.517 asesinatos. Actualmente su tasa de homicidios supera las 30 víctimas por cada 100.000 habitantes y uno de cada tres brasileños es amigo o pariente de una víctima. Según estudios realizados al menos unos 50 millones de brasileños mayores de 16 años perdieron a un familiar o conocido por causa de un homicidio o “latrocinio” (robo seguido de muerte).

 Continuará...