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JAIR BOLSONARO, LOS MÉDICOS Y LA DICTADURA COMUNISTA CUBANA

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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JAIR BOLSONARO, LOS MÉDICOS Y LA DICTADURA COMUNISTA CUBANA
« en: Noviembre 25, 2018, 05:47:42 pm »
               ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                      Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

                   
   

           JAIR BOLSONARO, LOS MÉDICOS Y LA DICTADURA COMUNISTA CUBANA

                                                             Primera parte.

Todo parece indicar que varios medios de prensa seguirán en su campaña anti-Bolsonaro, aunque para justificar los ataques contra el nuevo mandatario de Brasil -elegido democráticamente y sin duda alguna respecto a la transparencia de los comicios- se utilice el pretexto de la preocupación por el destino de un país que, hasta el presente, no habían tenido en su centro de atención, a pesar de que bajo el mandato de los representantes de la izquierda atravesó por momentos bien difíciles desde el punto de vista económico, social y político.

Lo peor del asunto es que esta campaña contra Jair Bolsonaro se está haciendo desde la distancia, lo que incide para que muchas veces podamos percibir cierta superficialidad en los escritos firmados por algunos que pretenden adentrarse en el mundo de la política bajo la calificación de analistas; aunque hasta el momento, y luego de haberme leído más de una treintena de comentarios sobre el tema, no dejan de ser escritos sensacionalistas en los que se acude de modo reiterado a la utilización de algunas afirmaciones hechas por Bolsonaro a lo largo de su vida, y que, sin duda, no lo benefician en lo más mínimo.

No obstante, se está haciendo una sobredimensión del asunto, y las debilidades de Bolsonaro están siendo utilizadas por los defensores de la izquierda para difamar del nuevo mandatario, tal vez con una intención predeterminada más que por una verdadera preocupación por el futuro de una nación que no está en el mejor momento de su historia. Y esto es algo que debe tenerse en cuenta toda vez que la situación social actual de Brasil es el fruto de la mala gestión de los corruptos gobiernos que encabezaron Lula da Silva y Dilma Rousseff, ambos de tendencia socialista, en los últimos años. Bolsonaro aun no ha comenzado su período de mandato, por lo que no se le debe responsabilizar en relación con el desorden de Brasil en algunos aspectos de su política y su economía.   

Es justamente de estos puntos débiles en el historial del nuevo presidente de lo que se parte para desacreditarlo ante el mundo, lo que se hace de una manera agresiva, inquisitiva e inescrupulosa. Tal vez los “analistas” desconozcan los pronunciamientos que hombres librepensadores y preocupados por el progreso de la región han hecho en torno a los comentarios de Bolsonaro. Me refiero específicamente a la actitud de Sebastián Piñera, el presidente de Chile, quien acaba de afirmar que a los hombres se les debe valorar por lo que hacen y no por lo que han dicho, independientemente de estar en desacuerdo con los ya célebres planteamientos de Bolsonaro en relación con ciertas etnias autóctonas del enorme país suramericano, con sus agresivos ataques verbales contra la homosexualidad, así como contra lo que Piñera considera procederes poco democráticos.

De cualquier modo, por estos días de hace referencia a la posible instauración de tendencias neofascistas a partir de la llegada de Bolsonaro al poder, a una supresión de la democracia, a la utilización de métodos coercitivos y a la marginación al borde del ostracismo de los desposeídos de Brasil, entre otras cosas, algo que se ha hecho omitiendo las desastrosas consecuencias en el país como resultado de la existencia de regímenes de tendencia izquierdista durante varios años a partir de la instauración del Socialismo del siglo XXI y del protagonismo del Partido de los Trabajadores.   

Le recuerdo a algunos periodistas del afamado diario español El País que el expresidente Luiz Inácio da Silva está en prisión cumpliendo doce años de condena por sus serias implicaciones en escándalos de corrupción política, y que Dilma Rousseff fue destituida bochornosamente de su cargo presidencial por similares razones, algo que tal vez han olvidado los defensores del período gubernamental del Partido de los Trabajadores, etapa que según Juan Arias, columnista del citado diario, se caracterizó por promulgar los “mejores valores democráticos, conquistados con tantos esfuerzos tras la dictadura militar”.[/i]

Arias propone la creación de un frente de oposición responsable que se encargue de vigilar para que el nuevo presidente cumpla su juramento de no alejarse de la Constitución y de “gobernar según los cánones de las modernas democracias”; pero no solo es atrevido al entrometerse en los asuntos de los brasileños -quienes acaban de elegir democráticamente con más del 55% de los votos a Jair Bolsonaro-, sino que sugiere que dicho frente sea dirigido por Fernando Haddad, el personaje que a solo unas pocas semanas de los comicios fue lanzado a la candidatura presidencial promovido por Lula da Silva ante su imposibilidad de presentarse como aspirante a la presidencia toda vez que el Tribunal Superior Electoral lo impidió oportunamente.

La izquierda española contra el presidente democráticamente electo

De cualquier modo, e independientemente de la extrema neurosis de algunos españoles, que en vez de preocuparse por su complicado presente les ha dado por pensar en el futuro de Brasil, ya la suerte está echada, y Jair Bolsonaro es el actual presidente de Brasil recientemente elegido de manera democrática y sin duda alguna respecto a la autenticidad de los resultados de los votos escrutados.

Jair Bolsonaro obtuvo el 55.1% de los votos frente al 44.9% de Fernando Haddad luego de haber escrutado el 100% de los votos. En algunos estados se impuso con por cientos muy por encima del su contrincante. En Roraima, por ejemplo, logró alzarse con el 71.55%, en Acre con el 77.22% y en Santa Catarina con el 75.92%; mientras que en sitios tan importantes como Río de Janeiro y Sau Paulo logró el 67.93% y el 66.97% respectivamente; mientras que Fernando Haddad, el aspirante a la presidencia promovido por el Partido de los Trabajadores, de manera general salía triunfante en aquellas localidades en las que predominan la pobreza y la marginalidad.   

Si los europeos defensores de la izquierda pensaron que Brasil no se liberaría de la terrible influencia del llamado Socialismo del siglo XXI no tendrán otra opción que seguir desde la distancia los pasos del nuevo mandatario, los que me atrevo a afirmar que no serán peores que los de sus predecesores Lula da Silva y Dilma Rousseff, por cuanto sus primeras propuestas se encaminan hacia la erradicación de la corrupción, uno de los mayores flagelos de la nación suramericana, algo que no necesariamente le ofrece un 100% de confiabilidad en este sentido, pero sí al menos -como sucedió en el caso de Ecuador con la propuesta anticorrupción de Lenín Moreno- es un indicio de que su período presidencial no ocultará los efectos de la corrupción política, el gran mal de estos tiempos en el mundo, y de modo particular en Latinoamérica.

En una investigación basada en datos de organizaciones internacionales como el Banco Mundial, el Banco Africano de Desarrollo y el Foro Económico Mundial, publicada el 21 de febrero en Infobae, Brasil obtuvo una puntuación de 37 en una escala de 0 a 100 donde el 0 significa el más corrupto y el 100 el menos, lo que nos da la medida del nivel de corrupción en esta nación, aunque si se compara con otras de Latinoamérica su puesto no es de los peores, por cuanto es superada por casi todos los países centroamericanos. No obstante, Brasil está considerado dentro de los cinco países menos corruptos de América Latina, algo que no debe considerarse un triunfo, dado el antológicamente elevado nivel de corrupción latinoamericano.

No solo los españoles de izquierda se han pronunciado contra Bolsonaro. Frei Betto, el conocido religioso militante de la izquierda latinoamericano y exponente del movimiento de la Teología de la Liberación, ha arremetido contra el nuevo mandatario de Brasil, y sus admiradores cubanos se han hecho eco de sus comentarios a través de una publicación en el diario Granma, el “afamado” órgano oficial del Partido Comunista de Cuba.

Con el título “Derrota de la democracia en Brasil” el también político y escritor admirador y apologista de Fidel Castro pretendió hacer un análisis del porqué los brasileños eligieron a Jair Bolsonaro como su nuevo presidente. Independientemente de su conocida postura tradicionalista acorde a los cánones establecidos por los promotores iniciales del marxismo, el religioso le señaló sus puntos débiles al Partido de los Trabajadores, PT, precisando: “No es hora de hacer leña del árbol caído. Pero aun cuando tengan gran peso los avances sociales promovidos por los gobiernos petistas, como haber librado de la miseria a 36 millones de brasileños, hay que destacar errores que el PT hasta ahora no ha reconocido públicamente y que, sin embargo, explican su desgaste político”.

Y se refirió a tres puntos claves de ese desgaste político que con agudeza le señaló al movimiento que desde la cárcel aun encabeza Lula da Silva:

1- El involucramiento de algunos de sus líderes en casos comprobados de corrupción, sin que la Comisión de Ética del partido haya sancionado a alguno de ellos (Palocci se excluyó del partido antes de que lo expulsaran).

2- La desatención a la alfabetización política de la población y a los medios de comunicación favorables al gobierno, como radios y televisoras comunitarias y a la prensa alternativa.

3- No haber implementado ninguna reforma estructural a lo largo de 13 años de gobierno, excepto aquella que alteró el régimen de contribución a la seguridad social del funcionalismo federal. El PT es hoy víctima de la reforma política que no logró promover.

Aspectos que contribuyeron -en mi opinión, principalmente los dos primeros- a la decepción del pueblo brasileño, a su desorientación e incultura política, y a una incertidumbre e inseguridad a la hora de elegir un candidato a la presidencia del país y ofrecer firmemente sus votos. Recordemos que se ha establecido la hipótesis -bien fundamentada, aunque no deja de ser una apreciación y percepción que con frecuencia se hace desde la distancia y sin poder introducirnos por completo en los verdaderos móviles del pueblo de Brasil y sus consecuencias en el futuro político y social de la nación- de que los brasileños no eligieron en sí a Jair Bolsonaro, sino que se manifestaron contra la corrupción existente en el seno del Partido de los Trabajadores, con lo que ponían fin al continuismo político del Socialismo del siglo XXI. En otras palabras, no importa quién sea el nuevo presidente, sino que es la vía segura para librarse de la terrible influencia del corrupto Partido de los Trabajadores.       

Pero dejando a un lado estas “preocupaciones” de los españoles, y ante todo, las fuertes críticas que desde El País, diario de marcada predilección por las acciones izquierdistas, se están haciendo contra el nuevo mandatario de Brasil, así como la arremetida de Frei Betto -solo incluí en mi comentario anterior los puntos que consideré positivos de su reflexión, dejando a un lado las divagaciones en pos de acciones protagonizadas por la izquierda nacional para vigilar el accionar del nuevo mandatario- analicemos lo que pudiera representar para el régimen cubano el triunfo de un representante de la derecha y la consiguiente muerte del corrupto Partido de los Trabajadores, no sin antes precisar algunos puntos respecto a la influencia de la política de Bolsonaro para otras naciones que aun profesan las ideas de izquierda en la región.

Continuará.