FOROFILO

CUBA: SIN PASADO, SIN PRESENTE, SIN FUTURO

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

  • *****
  • 572
  • ¡Usuario Nuevo!
CUBA: SIN PASADO, SIN PRESENTE, SIN FUTURO
« en: Septiembre 24, 2018, 04:43:07 pm »

                     ARTÍCULO ORIGINAL PARA EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                             CUBA: SIN PASADO, SIN PRESENTE, SIN FUTURO
                               Por: Dr. Eugenio Yáñez. Director de Cubanálisis.

 
                          En la concepción totalitaria de la sociedad, “las masas” no tienen que
                                           pensar, porque “la vanguardia” se encarga de pensar por ellas,
                                                                              y decide lo que sería mejor para ellas.


Miami. Estados Unidos.- El verdadero legado de los hermanos Castro a la nación cubana, tras sesenta años de brutal dictadura, además de la destrucción material, económica, moral, cultural, psicológica y antropológica del país, es haber convertido a Cuba en una entelequia deforme, extraña, insustancial y totalmente ajena a las raíces y esencias de su nacionalidad, sin pasado, sin presente y sin futuro.

Quienes creen en cantos de sirena y quisieran ver en “el relevo” de abril del 2019 algo más que un vulgar gatopardismo de baja estofa, esperando “cambios” donde lo único que puede funcionar es más de lo mismo, no acaban de decepcionarse decentemente porque insisten en defender fracasos y utopías como manera de pensar -o de vivir- para no tener que reconocer el vacío absoluto y la fabulosa decadencia que ha significado el castrismo puro y duro.

Porque así es la cruda realidad, independientemente de las cantaletas de la propaganda del régimen y sus cacofónicos acólitos de toda laya, incluyendo intelectuales, periodistas, académicos y “expertos” diseminados sobre todo por América del Norte, Europa y América Latina y el Caribe, así como en “respetables” organizaciones internacionales, mundiales y regionales que, a pesar de su abierto o mal disimulado “antiimperialismo”,  subsisten y funcionan muchas veces gracias a la generosidad y la ayuda de las donaciones y contribuciones de Estados Unidos.

La aparente esperanza renovadora por la designación de Miguel Díaz-Canel al frente de los destinos de Cuba a partir de abril del 2019 -como si Raúl Castro ya no existiera-,  embulló y dio combustible “revolucionario” a la izquierda y todos los “progresistas” del mundo, (que normalmente resultan ser los más conservadores,  reaccionarios y enemigos de todos los cambios). Pero ya en estos momentos el “joven” gobernante de 58 años de edad ha cumplido cinco meses en la jefatura nominal del Estado y el gobierno en Cuba, y lo único diferente que ha mostrado es una energía y un fuerte contacto permanente con la población -en el más puro estilo populista del gastado caudillismo latinoamericano clásico- que ya los prehistóricos ancianos aferrados al poder no pueden emular, pero nada más.
 
Y eso no basta para resolver los problemas complejos, complicados y de larga data que afligen a los cubanos y ponen en jaque permanente a la supuesta “revolución” cubana, que ya dejó de serlo hace mucho tiempo, y que no está en condiciones de continuar sosteniendo indefinidamente la misma decadente letanía basada en el culto a un fracasado tirano que hoy afortunadamente yace en cenizas en el interior de una piedra que profana con su cercanía la tumba de José Martí en el cementerio de Santa Ifigenia.

Cuba sin pasado

La propaganda castrista se ha encargado durante sesenta años de deformar la historia cubana, haciendo desaparecer todo lo positivo existente antes de 1959, desde valiosos y visionarios prohombres del terreno de la política y militares hasta destacados intelectuales y valientes combatientes, manteniendo solamente en los registros oficiales y en lo que se enseña a las nuevas generaciones a aquellos que por una razón u otra convienen a los intereses del régimen, porque se les achaca una determinada cercanía ideológica o porque algún aspecto de sus vidas resulta conveniente a la propaganda totalitaria.

La inmoralidad de este discurso comienza desde pretender sindicar a José Martí como el autor intelectual del asalto a la enfermería y el cuartel Moncada en julio de 1953 hasta  buscar paralelos entre Antonio Maceo y Che Guevara, cuando el primero es ejemplo de integridad, valor, decencia y resultados victoriosos hasta su muerte, y el demagogo asesino argentino, quien al ser capturado en su aventura guerrillera en Bolivia lo único que se le ocurrió decir fue que él era más valioso vivo que muerto, buscando evitar ser ejecutado por los militares bolivianos que lo combatían, que en definitiva no consideraban lo mismo sobre su persona y lo pasaron a mejor vida.

La historia oficial del totalitarismo cubano comienza, en última instancia, con Fidel Castro, como si hasta entonces Cuba hubiera sido territorio virgen poblado solamente con animales, como las islas Galápagos originales, o un gigantesco páramo tropical, y no hubieran existido en nuestra historia siglos de vida y actividad en los que se destacaron lumbreras intelectuales y morales como Félix Varela, José de la Luz y Caballero, José Antonio Saco o Jorge Mañach, entre otros muchos.

De manera que en la historieta de Cuba revolucionaria se enaltece a personajes políticos secundarios o insignificantes, o se exaltan hasta la gloria a otros sin demasiada o de dudosa actuación práctica, por el simple hecho de haber sido militantes comunistas, mientras que se ningunean, se borran o se reducen al mínimo, cuando no pueden ser totalmente eliminados, a otros ilustres cubanos no comunistas como Pablo de la Torriente Brau, Antonio Guiteras o Eduardo Chibás.

Según la leyenda oficial que se repite en las escuelas primarias cubanas, si hoy los niños tienen hospitales, escuelas, ropa y calzado, es gracias a Fidel Castro y su extrema bondad. Pero basta mirar en las entradas de los grandes hospitales de La Habana -los que quedan en pie después del paso destructor del comunismo- para comprobar que en su casi totalidad fueron construidos antes de la llamada revolución. Tal vez en el interior del país haya algunos construidos después de 1959, pero ni fueron tantos ni fueron mejores que los construidos en la llamada “pseudo-república”.

Igualmente con las escuelas, como si todos los cubanos hubieran sido indios con levitas, o sin levitas incluso, hasta que apareció Fidel Castro. La joya de la corona castrista en el campo educacional, la supuesta campaña de alfabetización, resultó ser un gran fraude masivo, donde buena parte de los “alfabetizados” en realidad no lo eran o lo fueron a la carrera y agarrados con alfileres, y al poco tiempo volvieron a la misma o parecida situación como analfabetos funcionales. Y aunque sí es cierto que se masificó la educación en el país -con una aplastante carga ideológica y de maligno adoctrinamiento en el proceso- no resultó nada diferente a lo que lograron otros países del continente sin tener que conculcar las libertades personales ni el pensamiento libre de su población.

Y al fin y al cabo, lo que hizo el castrismo fue para disponer ahora de profesionales universitarios que normalmente perciben menos ingresos que los campesinos analfabetos de América Latina, o que son alquilados como mano de obra semiesclava a la que confiscan la mayor parte de sus  salarios mientras trabajan en dificilísimas condiciones en lugares inhóspitos, lejos de su país y sus familias, y vigilados como presidiarios, para generar ingresos y gloria para los jerarcas castristas que hacen gala -a cuenta de esa explotación- de ser generosos y altruistas personajes “internacionalistas”.

Sería interminable la lista de sectores, detalles y ejemplos de cómo la historia de Cuba ha sido tergiversada y acomodada a los intereses castristas, modificando sin escrúpulos las verdades históricas para crear leyendas y mitos que exalten las supuestas glorias del caudillo mayor y sus acólitos, fomentando un manto de ignorancia y oscurantismo en el ya más de medio milenio de historia nacional cubana del que el régimen se ha apropiado para sus intereses sin la más mínima vergüenza ni consideración.

Cuba sin presente

Igual que sin pasado, Cuba es hoy una nación sin presente, donde los cubanos no viven, sino sobreviven, como pueden, sin siquiera poder pensar en un mañana cuando el día de hoy se caracteriza por la incertidumbre y la inseguridad, donde cada cubano al levantarse no puede saber qué podrá poner en su mesa ese día para alimentar a su familia, o cómo poder estirar su escaso salario para resolver problemas elementales de la subsistencia, o si un policía o un  “seguroso” atravesado terminará llevándolo para la cárcel por cualquier razón.

Y ni pensar, para una buena parte de esos cubanos que trabajan asalariados para el Estado, en paseos, descansos, vacaciones o lujos, o incluso irse a un cine o una playa, o tomarse una cerveza o un refresco o un jugo para combatir los calores tropicales de la isla, ni disponer de un aire acondicionado o ni siquiera un modesto ventilador para refrescar los agobiantes calores nocturnos, y eso siempre en caso de que no falte la electricidad.


           

               Presidente no electo, Miguel Díaz Canel, junto al anciano general
                Raúl Castro, quien sigue al frente del Partido Comunista de Cuba.

Mientras, el flamante nuevo presidente, disfrazado quién sabe si de Rey Mago sin camello o de Marco Polo viajando por toda la isla, parece creer que preguntando a los cubanos cuáles son los problemas, o señalando lo que a su juicio se debe hacer -aunque no repite más que consignas huecas y palabras vacías sobre eficiencia, ahorro, perfeccionamiento, esfuerzo, y pavadas de ese tipo- aparecerán soluciones mágicas para que se resuelva lo que lleva décadas sin resolverse.

La solución, sin embargo, es demasiado sencilla: para resolver un problema, cualquiera que sea, cuando sea y donde sea, lo primero que se necesita es reconocer que existe ese problema, es decir, aceptar que los resultados que se están obteniendo no se corresponden con lo que se debería lograr, y por lo tanto hay que modificar esa realidad. Lo que requiere, entonces, conocer con precisión cuáles son las causas por las que los resultados que se obtienen no son los que se deberían, y actuar sobre tales causas.

Así, por ejemplo, estando claro que la producción de alimentos en el país es insuficiente para satisfacer las necesidades más elementales de la población, el razonamiento básico llevaría a preguntarse qué habría que hacer para producir más, y para eso habría que comenzar por la primera pregunta que corresponde: ¿por qué la producción de alimentos no alcanza?

Pero si en esa situación las únicas respuestas que se ofrecen son las prediseñadas por la propaganda castrista, aunque no tengan que ver con la realidad, como que las causas de la permanente insuficiencia de la producción alimentaria son la sequía que azota continuamente al país, o los huracanes, o el cambio climático, o la obsolescencia tecnológica, o el “criminal bloqueo imperialista”, o lo que sea de ese corte, entonces siempre se trataría de situaciones frente a las cuáles poco o nada se puede hacer, pues no dependen de las propias personas sino de factores ajenos a la voluntad humana, por lo que no habrá soluciones nunca y habrá que continuar con las cantaletas y justificaciones absurdas, como hizo Fidel Castro durante 48 años y Raúl Castro durante 12, y como viene haciendo Miguel Díaz-Canel Bermúdez en estos cinco meses que lleva supuestamente al frente del gobierno. Y así nunca habrá soluciones.

Porque otras causas posibles -y reales- de la insuficiencia alimentaria no se analizan dentro de esos esquemas de carácter dogmático-burocrático que utiliza el régimen para intentar explicarse los fracasos. Por eso continúan defendiendo lo que ya se sabe que no funciona, como pretender planificar centralizadamente lo que se debe producir, o que el Estado pague a los productores mucho menos que el valor real de sus productos, o que sean las siempre ineficientes empresas estatales de acopio las encargadas de comercializar la producción, o que los productores reciban sus pagos mucho tiempo después de entregar sus producciones al Estado, o que los precios de venta minorista se determinen por burócratas ineptos a su leal saber y entender -cuando ambas cosas, saber y entender, son legendariamente bastante limitadas en tales burócratas- y se continúen ignorando tercamente las relaciones de mercado, que son las que determinan la producción agropecuaria eficiente en todas partes del mundo.

Entonces, dejando fuera del análisis las realidades evidentes, y queriendo “explicar” las deficiencias con razones ideológicas o esotéricas -son casi la misma cosa- la producción de alimentos continuará siendo insuficiente y los problemas no se resolverán por muchas visitas que el señor Díaz-Canel realice a las provincias, por mucho que converse con los cubanos de a pie, y por muchas reuniones de jerarcas que efectúe continuamente y salgan en primera plana de los periódicos del régimen.

Y todo eso considerando que realmente la dictadura quisiera aumentar la producción de alimentos para satisfacer las necesidades de la población, y no utilizar esas limitaciones como forma de dominación y control dictatorial, creándole dificultades innecesarias a la población para que no le quede tiempo para pensar en política porque la necesidad de subsistencia le agobia.

De manera que el régimen tiene muy poco que ofrecer a los cubanos actualmente, si es que acaso tuviera algo, y esos cubanos, sabiendo que ya del régimen no hay nada que esperar, consideran que sus únicas posibilidades son la emigración hacia cualquier país del mundo, o “resolver” como sea dentro del país para lograr simplemente sobrevivir en medio de tantas dificultades.

Pero con relación al presente de los cubanos en la isla, y más allá de los aspectos de las evidentes necesidades materiales de la población, ahora que existe un “nuevo” y “joven” presidente, bastaría preguntarse si en algún sentido la represión contra los cubanos ha disminuido en algo con la presencia del flamante nuevo gobernante, o si se mantiene pura y dura como ha sido característica permanente del castrismo. Y ante esta pregunta la respuesta evidente es que está claro que nada ha cambiado en este sentido, y en caso de que hubiera cambiado algo sería solamente para peor, nunca para bien.

De manera que la Cuba castrista de nuestros días, de la misma manera que se quedó sin pasado por la forma en que se lo tergiversaron, no tiene tampoco presente, por la forma en que se lo administran.

Cuba sin futuro

Lo más triste es que Cuba tampoco tiene futuro.

El régimen dictatorial se basa en que la determinación del futuro es cosa de los jerarcas de la pandilla, aunque públicamente se declara que es asunto del partido comunista, y todavía hay personas que se lo creen. En otras palabras, en la concepción totalitaria de la sociedad, “las masas” no tienen que pensar, porque “la vanguardia” se encarga de pensar  por ellas, y decide lo que sería mejor para ellas.

Aunque en realidad lo que la cúpula considera que sería lo mejor para “las masas” será siempre lo que resulte más conveniente para sus propios intereses de la camarilla gobernante y los de sus familiares y acólitos. Así ha sido siempre, y así será siempre, mientras exista un partido comunista en el poder.

¿Cual es el futuro de Cuba que prepara el régimen? Puede decirse que se basa en dos documentos:

Uno es el de los llamados Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, inventados para 2011 y “actualizados” para el 2016, aprobados por el congreso del partido comunista de Cuba, cuya membresía reúne a menos del 10% de la población del país, sin preocuparle para nada lo que piensen el resto de los cubanos. Lineamientos que a pesar  de toda la cansina propaganda, ese partido tuvo que reconocer públicamente, porque no quedaba más remedio, que solamente se habían cumplido en un 20%. Y estas son las supuestas guías estratégicas políticas, económicas y sociales con vistas al año 2030, donde debería alcanzarse, imaginariamente, un enigmático socialismo próspero y sustentable que nadie sabe exactamente qué cosa es, cómo funciona, ni para que sirve.

El otro documento es el proyecto de una “nueva” constitución que se está debatiendo entre la población en estos momentos, en un “debate” estrictamente limitado en sus alcances y que está férreamente controlado por el régimen, y que deberá constituir la base jurídica de la nación para su funcionamiento una vez aprobada tal constitución y la supuesta “avalancha” de regulaciones complementarias que se planea establecer, incluida, y en primer lugar, una nueva ley electoral, todo ello procurando blindar para siempre el totalitarismo cubano. Como siempre, los soberbios dictadores pretendiendo jugar a ser dioses.

Este proyecto de constitución que se discute no es el fruto de una asamblea constituyente o de una amplia participación popular en su elaboración, sino que fue concebido por una pandillita de unos treinta burócratas supuestamente ilustrados (según ellos), que ahora lo someten a “discusión y análisis” por parte de la población, aunque dejando claro que las opiniones de los súbditos no importan para nada.

Porque los resultados finales serán definidos por otra pandillita de ineptos burócratas, encabezados por el mediocre General de Ejército sin batallas como primer secretario del ineficiente e inefectivo partido comunista, que presentarán su absurdo engendro en un “referéndum” donde el proyecto será aprobado de una forma u otra, porque el régimen es quien cuenta los votos, las normas para contarlos están descaradamente inclinadas a favor de la dictadura, y porque además, lamentablemente y como casi siempre, los opositores ni siquiera logran ponerse de acuerdo sobre cómo actuar durante esa consulta que resultará otra gran farsa del régimen para legitimarse.

Para colmo, el engendro que la dictadura ofrece a los cubanos esta vez representa un retroceso de más de 800 años en el pensamiento jurídico y político universal.

En 1215 los señores feudales ingleses, que aportaban los dineros y los soldados para las guerras del reino, obligaron al Rey Juan “sin tierra” a firmar un documento, que sería conocido como la Carta Magna, donde limitaban los fueros y alcances del Rey y establecían determinadas normas para el funcionamiento de la monarquía y los derechos de sus súbditos.

Nadie estaría por sobre esas normas, establecidas a la fuerza si se quiere. Sin embargo, el Rey no tuvo más remedio que aceptarlas, porque no tenía opciones. Con el tiempo, el concepto de Carta Magna se fue utilizando genéricamente en todo el mundo para referirse a la constitución de cada país.

Ahora, 803 años después de la firma de la Carta Magna original por Juan Sin Tierra y los nobles ingleses, la dictadura castrista establece una peculiar Carta Magna para Cuba, donde, según se proclamó públicamente y hasta por televisión, el Partido Comunista de Cuba, como institución, está por encima de la propia Constitución y, por consiguiente, de todos los cubanos.

¿Quién le otorgó ese estatus supremo y cuasi divino al partido comunista? Nadie más que ellos mismos. ¿Se consideran y son los máximos jerarcas con el consentimiento de sus subordinados? Absolutamente no, no hay nada democrático en esa imposición. ¿Es o puede ser legítimo el mandato del partido comunista? Claro que no. No es más que una brutal y cruel dictadura, disfrazada de cualquier cosa.

Ese es el futuro que el neocastrismo terminal depara para todos los cubanos, y presentará para ser aprobado en un referéndum próximamente.

Es decir, ese es el verdadero legado de los hermanos Castro y sus secuaces y herederos después de sesenta años de dictadura, represión, arbitrariedades y abusos:

Un país, Cuba, sin pasado, sin presente y sin futuro.


Publicado en: Cubanálisis.
http://www.cubanalisis.com/ART%C3%8DCULOS/EUGENIO%20-%20CUBA%20SIN%20PASADO%20SIN%20PRESENTE%20SIN%20FUTURO.htm