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DECADENCIA Y OCASO DEL ALBA Y UNASUR III

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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DECADENCIA Y OCASO DEL ALBA Y UNASUR III
« en: Septiembre 19, 2018, 06:45:36 am »
                ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                               DECADENCIA Y OCASO DEL ALBA Y UNASUR III
                                            Dr. Alberto Roteta Dorado.


Santa Cruz de Tenerife, España.-
 
El ALBA se estremece y cae en el abismo con la retirada definitiva de Ecuador.

Las determinaciones del presidente de Ecuador, Lenín Moreno, han sido decisivas para el giro que ha experimentado la región en los últimos meses, algo que ha sido muy poco comentado -tal vez no apreciado ante la falta de percepción y de agudeza analítica de aquellos que se dedican a comentar acerca del acontecer internacional, y de modo muy particular sobre los sucesos de América Latina- toda vez que la grave crisis migratoria venezolana y su impacto en Suramérica, así como la dramática situación política nicaragüense, le han quitado un protagonismo que en realidad merece por derecho.

El gobierno que dirige Lenín Moreno ha enfocado su atención en aspectos medulares de la nación andina, de manera muy particular en la difícil situación económica por la que sigue atravesando el país tras una década de un socialismo muy a la manera de Rafael Correa, así como a realizar una cirugía radical -acudiendo a los términos de Moreno- en torno a los graves problemas de corrupción. No obstante, en los últimos meses se ha proyectado con una marcada tendencia internacional a partir de la recuperación de las relaciones con varios países, así como una revisión detenida de las pautas trazadas por su antecesor en el cargo presidencial, lo que ha hecho en su más amplio sentido, incluyendo la participación de la nación en los proyectos nacidos a partir del aparente auge inicial del Socialismo del siglo XXI en la región.

Este 23 de agosto el presidente de Ecuador nos dio otra prueba de su certera postura respecto al decadente socialismo ecuatoriano: el gobierno de Ecuador se retiró para siempre del ALBA y el verdadero motivo de su decisión es su inconformidad con la situación venezolana y con la política dictatorial de Nicolás Maduro.

Hasta hace muy poco el presidente Moreno había mantenido una actitud bastante conservadora al escudarse en una postura aparentemente neutral tras el slogan de la no intervención en los asuntos internos de los países. No obstante, hace solo unas semanas arremetió contra la dictadura de Nicolás Maduro luego de que este se pronunciara en su contra al defender a Rafael Correa, quien está acusado por sus implicaciones en el secuestro e intento de asesinato del opositor y exlegislador ecuatoriano Fernando Balda, entre otros cargos.

Lenín Moreno dijo que no puede hablarse de democracia “sin la participación de la oposición, con una posibilidad limitada de la observación internacional (…) Eso no está dentro de lo que nosotros consideramos la norma de la democracia”, con lo que demuestra su radical oposición a las atrocidades del régimen venezolano, lo que no constituye una traición como se le ha interpretado por parte de sus múltiples adversarios, sino que Moreno se ha insertado en el mundo inteligentemente, con lo que Ecuador recupera un lugar que había perdido a partir de las posturas reaccionarias de su antecesor, el dictador Rafael Correa.

Así las cosas, Lenín Moreno, se retiró del ALBA con dignidad más que regia, por cuanto argumentó con razones muy firmes y convincentes el por qué de su determinación, lo que se puede resumir en unas breves palabras que demuestran el sentido práctico del actual mandatario, quien con firmeza y sentido de justicia ha sabido conducir a la nación suramericana por buen camino en los pocos meses de su desempeño al frente del gobierno. Para Lenín Moreno, sencillamente, el ALBA como institución carece de sentido por su poca funcionabilidad en el orden práctico; aunque su salida definitiva estuvo matizada no solo por lo antes expresado, sino por estar en desacuerdo con el accionar de los regímenes de algunos de los pocos países que la integran, particularmente del gobierno venezolano, y de la actitud de subordinación del mandatario boliviano Evo Morales.     

Lenín Moreno tenía previsto un distanciamiento gradual y progresivo de Venezuela y de las andanzas chavistas, pero esto se ha acelerado a partir de la grave crisis humanitaria provocada por Nicolás Maduro y la extrema represión de Daniel Ortega en Nicaragua, lo que ha sido determinante para la ruptura definitiva de todo vínculo ideológico con los regímenes que gobiernan esos países. La baja de Ecuador es la evidencia de que ese proyecto ha entrado en un proceso de total declinación que inevitablemente llevará al organismo a su total aniquilación.

Recordemos que en marzo de este año, Ecuador dejó de financiar TeleSur, convenio de origen correísta en el cual se invertían dos millones de dólares anuales como apoyo incondicional a las barbaridades del chavismo, lo que fue el preámbulo para la drástica determinación de Moreno respecto a la retirada de Ecuador del ALBA. Dicho canal internacional de televisión fue puesto en marcha por Venezuela, siendo apoyado financieramente, además de los países del Alba, por Uruguay y Argentina, nación que retiró su apoyo en marzo de 2016, tras llegar a la presidencia argentina Mauricio Macri.

¿Es la UNASUR un proyecto del Socialismo del siglo XXI?

                 


A diferencia del ALBA, en cuya génesis se puede precisar con exactitud la maldad del binomio Castro-Chávez, en el caso de la Unión de Naciones Suramericanas (en lo adelante solo la llamaremos UNASUR, como comúnmente se le conoce) no me es posible establecer un nexo absoluto de su surgimiento en relación directa con alguno de los cabecillas de la izquierda regional de aquellos tiempos en que varias naciones del sur de América decidieron unirse para establecer lazos más estrechos en diversos aspectos de su desenvolvimiento.

No obstante, especular con seriedad resulta válido en cualquier análisis de este tipo, y cuando se tienen elementos suficientes a favor de quien se arriesga, la especulación - vista no de la manera despectiva como se le suele relacionar, sino en la amplia acepción del término, que incluye la posibilidad de ahondar, investigar, profundizar y cuestionarse las cosas- logra ayudarnos en el arte de interpretar analíticamente ciertos hechos que de manera concreta han tenido lugar.

En este sentido diré que la UNASUR adquirió oficialmente personalidad jurídica en 2011, aunque su tratado constitutivo data de 2008, y ya desde el 2004 se había gestado la idea y funcionaba como organismo. Ya para este tiempo, esto es, desde el 2011, Hugo Chávez (1999-2013)*** llevaba más de una década en el poder absoluto de Venezuela, una de las primeras naciones que integró el bloque regional; Rafael Correa (2007-2017) se encontraba en el primer período de su mandato, el menos malvado de su presidencia; Evo Morales (2006-hasta el presente) se encaminaba hacia su quinto año en el poder de Bolivia; Michelle Bachelet (2006-2010 y 2014-2018) acababa de concluir un primer mandato presidencial en Chile y se preparaba para asumir una segunda etapa; José Mujica (2010-2015) recién se había estrenado como presidente de Uruguay; Cristina Fernández (2007-2015) ya había estado por cuatro años haciendo de las suyas solapadamente en la Argentina; Alan Gabriel Ludwig García Pérez (2006-2011) estaba a punto de finalizar su mandato en Perú; y Dilma Rousseff (2011-2016) se preparaba para entrar en acción en Brasil.

Obviando los detalles presidenciales de Guyana y Surinam, países que jamás han contado para nada en el contexto político de la región, como se podrá comprender, a excepción del controversial líder peruano, el resto de la nómina de los fundadores de la UNASUR fueron al propio tiempo promotores acérrimos del Socialismo del siglo XXI, de ahí que la UNASUR tiene inevitablemente el sello izquierdista desde sus orígenes, aunque con el giro radical de la región en los últimos años, como es lógico, la directriz eminentemente socialista de este organismo ha tenido que ir quedando rezagado, con lo que dejó mayor espacio -que tal vez no se supo aprovechar en pos de algo útil- a los aspectos socioeconómicos del megaproyecto regional.

Esto nos da la posibilidad de percibir el matiz político de marcada tendencia propagandística que tuvo esta unión regional en sus inicios, cuando todo parecía indicar que la izquierda latinoamericana seguiría en ascenso y llegarían a instaurar un comunismo, que al estilo de la fracasada Europa Oriental del siglo XX, se extendería por esta gran masa continental que el iluminado intelectual y político cubano José Martí llamó Nuestra América.

De ahí que los lectores podrán sacar sus conclusiones respecto a la interrogante que sirve de subtítulo a este tópico del tema que trato en este trabajo respecto a si la UNASUR es o no un proyecto del Socialismo del siglo XXI. 

Con la ratificación parlamentaria de Uruguay, que se unió al resto de las naciones pioneras en estas andanzas, la entidad entró en vigencia y adquirió personalidad jurídica el 11 de marzo de 2011, una vez cumplido el requisito de que, al menos, los legislativos de nueve países hubieran suscrito el convenio.

Luego se incorporó Colombia, siendo así el décimo país en integrarse al grupo, mientras que Brasil fue el undécimo país en aprobar el tratado constitutivo, quedando tan solo Paraguay, país que se unió en agosto de 2011; aunque más tarde fue suspendido por el resto de los miembros ante el conflicto generado por el presunto golpe de estado contra el gobierno de Fernando Lugo en 2012.

Los precedentes de la UNASUR están en la III Cumbre Suramericana celebrada en Cuzco, Perú, el 18 de diciembre de 2004, cuando los presidentes de los doce países de Suramérica firmaron la declaración de Cuzco, en donde determinaron conformar una Comunidad de Naciones Suramericanas. El 30 de septiembre de 2005 se efectuó la Cumbre de Brasilia, y el 9 de diciembre de 2006 la de Cochabamba, Bolivia, reuniones en las que la naciente comunidad fue adquiriendo matices propios y definitorios. Los Presidentes de Suramérica, reunidos en la Cumbre de la Isla de Margarita, Venezuela, el 17 de abril de 2007 decidieron renombrar a la comunidad como Unión de Naciones Suramericanas, resumida como UNASUR desde entonces.

El tratado constitutivo de la UNASUR se firmó en mayo de 2008 en la ciudad de Brasilia, donde se estructuró y oficializó la organización. En ese momento se designó como primera presidenta pro tempore a Michelle Bachelet, la presidenta de Chile en aquel momento. En mayo de 2010 en la cumbre extraordinaria en Campana, Buenos Aires, se designó por unanimidad a Néstor Kirchner, expresidente de la República Argentina, como primer Secretario General de UNASUR por dos años, con lo que se sentaron las bases para que la comunidad suramericana adquiriera un mayor rango de liderazgo político internacional, toda vez que ya contaría con una Secretaría General.

Y esto no es en modo alguno una divagación que pudiera pecar de excesivos datos y fechas históricas; por el contrario, lo que pretendo es dejar bien precisado estos elementos para continuar demostrando que dicho organismo nació en el seno de la izquierda latinoamericana, muy de moda por aquellos tiempos, y que sus primeros líderes pertenecieron a partidos de orientación izquierdista, los que se solidarizaron con la causa del absurdo engendro que Hugo Chávez pretendió diseminar por toda la región con la asesoría del viejo comandante cubano que ya empezaba a divagar entre moringas y enemigos conspirativos por todas partes.

Quiero señalar además que en el 2004, cuando la III Cumbre Suramericana celebrada en Cuzco, Perú, ya al menos tres líderes de tendencias izquierdistas se encontraban en el poder. Me refiero a Hugo Chávez, desde 1999, Lula Da Silva, y Néstor Kirchner, ambos desde el 2003, lo que también sugiere la presencia de manera premeditada del socialismo en los países suramericanos que a posteriori se fueron incorporando a la UNASUR.     

¿Desaparecerá definitivamente la UNASUR como consecuencia del hundimiento del Socialismo latinoamericano de “nuevo” tipo?

Es lógico entonces que si el Socialismo del siglo XXI se extinguió definitivamente en la región -no podemos admitir desde el punto de vista conceptual que se siga hablando de un socialismo en naciones como Cuba (aunque no forma parte de dicho organismo), Venezuela y Bolivia, por cuanto se apartan completamente de las utópicas concepciones de Marx-, aquellos proyectos que surgieron a partir del aparente ímpetu de dicha tendencia tienen que sucumbir en las profundidades abismales, aunque solo una exigua minoría se empeñe en hacerlos vivir a la fuerza de la manipulación y del engaño.

Tanto el ALBA como la UNASUR perdieron su razón de ser, si es que alguna vez la tuvieron. Una prueba contundente que demuestra sobremanera lo que intento defender como hipótesis es la reciente retirada en bloque de seis de las doce naciones que conforman la UNASUR.

En abril del presente año, seis de los doce países que originalmente integraron la Unión de Naciones Suramericanas decidieron retirarse de esta instancia, por cuanto consideraron que no tiene acciones concretas que puedan demostrar el sentido de la existencia de una institución de este tipo en la región; amén de estar en desacuerdo con la inestabilidad de las propuestas de los países miembros, así como a la incapacidad de Bolivia, país que asumió la presidencia pro tempore este abril para aglutinar nuevamente a sus integrantes.

Las naciones que decidieron retirarse fueron Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Paraguay, que suspendieron su participación en bloque. En las tres primeras naciones la tendencia socialista de nuevo tipo fue desterrada a partir de los cambios presidenciales de los últimos años, en tanto que Colombia, donde a pesar de las contrariedades, algunas como realidad y otras atribuidas sin fundamento a Juan Manuel Santos, no tuvo una política comunista, ni una línea económica y social que permitiera incluirlo dentro de los casos típicos del Socialismo del siglo XXI, así como en Perú y Paraguay que han mantenido posturas distantes de la izquierda, aunque en este último país la presencia de Fernando Lugo como presidente entre 2008 y 2012 lo acercó a la influencia de sus homólogos dados sus nexos con los movimientos de izquierda y centro-izquierda.

Hace muy poco Iván Duque, el nuevo presidente de Colombia, explicó que la decisión de su gobierno se debe a que “UNASUR como institución nunca denunció ninguno de los atropellos” del régimen de Nicolás Maduro. Se refirió además al incumplimiento de la entidad en relación con la garantía de las libertades de la ciudadanía venezolana. Según Duque, la UNASUR “es una institución que fue creada para fracturar el sistema interamericano, y ha servido de comodín para los propósitos de una dictadura”.

Ahora solo quedan Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Guyana y Surinam, y aunque Ecuador no se encuentra entre los países retirados, el presidente Lenín Moreno está repensando su actitud conservadora, y tarde o temprano terminará con una retirada segura, como lo supo hacer de manera muy sabia al alejarse del ALBA.

Por lo pronto Lenín Moreno ha reclamado el edificio sede de la UNASUR -edificación de lujo en la que el gobierno de Rafael Correa invirtió la millonaria cifra de 39 millones de dólares en el 2014 como contribución de la nación suramericana a esta instancia- con la intención de utilizarla para el funcionamiento de la Universidad de las Nacionalidades y Pueblos Indígenas. Según Moreno, dicha edificación no cumple la función para la cual fue entregada. No obstante, sus valoraciones no se limitan al inmueble, sino a la razón de ser de la UNASUR, entidad que considera está en una situación crítica a pesar de que en sus inicios, según afirmó, fue una buena idea.

La retirada del monumento a Néstor Kirchner, un hecho muy poco conocido, pero de gran valor si de la desaparición de la UNASUR se trata.

Con 72 votos a favor, 30 en contra y 9 abstenciones, la Asamblea Nacional de Ecuador decidió retirar el monumento del fallecido expresidente Néstor Kirchner que se encuentra en la sede de la UNASUR, ubicada en el pequeño poblado de San Antonio, justo en la línea divisoria entre las dos mitades del mundo, en las cercanías de Quito. La intención es “no hacer apología del delito con la presencia del expresidente de la Argentina, considerando que su Gobierno y el de su esposa (Cristina Fernández) están envueltos en actos de corrupción”, explicó Byron Suquilanda, legislador del partido CREO, movimiento opositor al correísmo, al justificar su pedido para que el parlamento discutiera esta posibilidad.

De igual forma el legislador Suquilanda se unió a la iniciativa del presidente Lenín Moreno para rescatar el edificio sede para el establecimiento de una universidad, y reafirmó su petición para la retirada del monumento a Kirchner al considerar que: “Nuestro país tiene una historia muy rica en hombres y mujeres valientes, que nos enorgullecen día a día. Por eso, no podemos permitir que se rinda homenaje a un personaje tan cuestionado como Néstor Kirchner” (...) “Este es uno de los tantos pasos que hay que dar para tener la credibilidad del pueblo ecuatoriano”.

Este 21 de agosto, Mauricio Rodas, el alcalde de la ciudad de Quito, la capital ecuatoriana, anunció la retirada del monumento a Kirchner de la plaza Argentina, en las afueras de le edificación, lo que se realizó “conforme a los principios y valores de Quito”, según se puede apreciar en su cuenta de Twitter. Ahora la figura se encuentra en las bodegas de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas a disposición de la Embajada de Argentina para que determine el destino final de la escultura, el cual podrá ser cualquier sitio, pero ya jamás en Ecuador, la patria de Eloy Alfaro, cuyo giro trascendental lo apartó definitivamente de la izquierda de Latinoamérica.

Así las cosas, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) se encuentran en situaciones extremadamente críticas, y sin duda, la cuasi extinción del llamado Socialismo del siglo XXI en la región ha sido determinante para que sus proyectos -que estuvieron destinados al fracaso desde sus comienzos- desaparezcan por completo. El caos de la UNASUR con la salida en bloque de seis de sus doce miembros, así como la retirada definitiva de Ecuador del ALBA, así lo demuestran.

Por ahora, a esperar el hundimiento final de dichas organizaciones, algo que para el bien de la región y del mundo, no admite retroceso.

 
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***Etapa de mandato de cada presidente y su relación a partir de la fecha en que la UNASUR adquirió su personalidad jurídica, esto es, vida propia, en 2011, y no precisamente la fecha constitutiva de la UNASUR en 2008, o la de su gestación a partir de 2004.