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DECADENCIA Y OCASO DEL ALBA Y UNASUR I.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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DECADENCIA Y OCASO DEL ALBA Y UNASUR I.
« en: Septiembre 17, 2018, 04:14:42 pm »
           ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS

                              DECADENCIA Y OCASO DEL ALBA Y UNASUR
                                      Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


               


Santa Cruz de Tenerife, España.- Ya he explicado en otros escritos que el surgimiento del llamado Socialismo del siglo XXI es el resultado de las relaciones que tuvieron el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, con el comunista alemán residente en México, Heinz Steffan Dieterich*, quien en realidad es el verdadero creador del concepto sobre esta nueva modalidad de tendencia izquierdista, aunque apenas se mencione a este último y se crea que el “mérito” le corresponde al exaltado y egocéntrico exmandatario venezolano.

En la génesis del nuevo engendro no se puede obviar -como es de suponer, si de experimentos malévolos se trata- la figura del dictador cubano Fidel Castro, quien aun presidía la mayor de las Antillas por aquellos tiempos en que la nueva tendencia empezó a abrirse paso en un continente con características sociopolíticas y étnico-culturales muy sui generis, algo que favoreció su propagación con relativa rapidez, independientemente del impulso que a la fuerza le ofrecieron los que en sí concretaron como acto lo que Dieterich solo había ideado a partir de las concepciones de Marx.

No me detendré en detalles teóricos en relación con la caracterización del “nuevo” socialismo, por cuanto sería demasiado extenso, y no pretendo en este escrito referirme a esta variante moderna, sino que resulta necesario partir de esta premisa como elemento introductorio antes de entrar de lleno en lo que en realidad pretendo abordar.

Me refiero a dos de los proyectos que surgieron a partir de la propagación del Socialismo del siglo XXI, que adquirieron cierto auge cuando un grupúsculo de líderes de izquierda, aclamados por multitudes desorientadas y fanatizadas, interpretó la presencia de Chávez como la llegada de un nuevo Mesías; de ahí que resulte imposible descontextualizar dichos proyectos, esto es, verlos separados de aquella etapa inicial en que ambos dictadores se paseaban por toda Latinoamérica con aquel ímpetu de nuevos conquistadores y dadores del “bienestar” a una región donde la desigualdad, la pobreza, la criminalidad y la corrupción estaban a la orden del día, y lamentablemente, se mantienen como flagelos a pesar de que ha pasado más de una década, aunque ya por suerte para la región, y para el mundo, apenas van quedando unos pocos anquilosados personajes que a modo de remanentes fosilizados intentan sostener lo que otrora parecía ser -según los criterios de los líderes de aquellos tiempos- la panacea que sacaría a Latinoamérica de sus grandes y graves conflictos.

Así pues, y dejando a un lado a Dieterich -que no hizo otra cosa que apropiarse muy a su manera de lo que ya Karl Marx había diseñado como modelo ideal de sociedad y de sistema económico y político, aunque con ciertas adaptaciones, según él, acorde a los requerimientos de estos nuevos tiempos y a las características y la singularidad de la región que Martí llamó Nuestra América- veamos esos proyectos que surgieron con el nacimiento del nuevo siglo, cual fruto de las pretensiones castro-chavistas por dominar parte del mundo a expensas de sus promesas a los desposeídos.   

La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos, ALBA, jamás funcionó como una asociación con  proyecciones en pos de lo económico, sino como un estandarte político-ideológico.

El ALBA surgió oficialmente el 14 de diciembre de 2004 cuando los presidentes de Cuba, Fidel Castro, y de Venezuela, Hugo Chávez, se reunieron en La Habana y firmaron los protocolos de su fundación como forma de integración y unión de América Latina y el Caribe, organismo que, según sus directrices, estaría fundamentado en un modelo de desarrollo independiente “con prioridad a la complementariedad regional”, lo que permitiría “promover el desarrollo de todos y fortaleciera la cooperación mediante el respeto mutuo y la solidaridad”.

Los principales países que actualmente integran el ALBA son Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela,  además de las naciones que, de acuerdo a la suscripción del Memorando de Entendimiento de 2007, fueron incorporadas, entre las que se encuentran los pequeños estados caribeños no hispanohablantes de Antigua y Barbuda, así como Dominica y San Vicente y las Granadinas, pertenecientes a la CARICOM, Comunidad Caribeña.

Dominica pasó a ser miembro de pleno derecho en enero de 2008, en tanto que San Vicente y las Granadinas ingresó oficialmente en la cumbre extraordinaria de jefes de Estado y de gobierno del ALBA celebrada en Cumaná en abril de 2009, pasando a ser el séptimo miembro de la organización. Antigua y Barbuda se incorporó plenamente poco después en junio de ese mismo año. Ecuador se unió en junio de 2009, luego de que el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, estuviera algo más de un año en el poder y le comunicara a su par venezolano, Hugo Chávez, la adhesión de su país a la Alternativa Bolivariana para las Américas, lo que fue ratificado públicamente el 24 de junio de 2009 durante una cumbre extraordinaria que el grupo celebró en Maracay, estado Aragua, Venezuela.

Además, se ha invitado al ALBA a países como Jamaica, por invitación del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez; México por invitación del Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega; además, Hugo Chávez invitó a países centroamericanos a unirse, y también se invitó a Argentina a utilizar la moneda de este organismo. También, se invitó a Vietnam como miembro observador, condición que también han tenido Irán y Siria. En la XI Cumbre del ALBA en febrero del 2012 solicitaron la incorporación a la organización Surinam, Santa Lucia y Haití, al cual se le otorgó la condición especial de miembro permanente, en tanto que los otros dos países fueron nombrados miembros especiales.

En 2015, según referencias de la Cumbre Extraordinaria de Caracas, Venezuela, celebrada este año, los países que integraban el ALBA eran Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Mancomunidad de Dominica, Antigua y Barbuda, Ecuador, San Vicente y Las Granadinas, Santa Lucía, San Cristóbal y Nieves y Granada.

Desde su fundación hasta el presente este organismo ha realizado un total de veinticuatro cumbres, incluyendo sus nueve cumbres extraordinarias; la mayoría en Cuba y Venezuela. Tan solo entre el 2008 y 2009 se realizaron diez tenidas de este tipo.

Insisto tanto en la serie secuencial de naciones que se incorporaron, y en la manera en que lo hicieron, así como aquellas que de una u otra manera han sido invitadas, para dejar bien precisado la orientación política de los gobiernos de dichas naciones, lo que, no solo sugiere, sino que demuestra las características del funcionamiento de dicho organismo regional, y sus verdaderos propósitos ante el mundo, que no son precisamente los mismos que proclaman en sus estatutos y declaraciones. 

Según se puede encontrar en sus objetivos iniciales el ALBA pone especial énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social, para lo que se basa en las doctrinas de la izquierda, y esto merece un primer comentario toda vez que cualquier proyecto que tenga entre sus objetivos la eliminación, o al menos, la atenuación de la pobreza, así como la trascendencia de la exclusión social, merece un espacio y la admiración de la comunidad internacional.

No obstante, tratándose de un organismo que fuera promovido e impulsado por países como Venezuela y Cuba, cuyos gobiernos dictatoriales cayeron en el descrédito generalizado del mundo, se debe reconsiderar cualquier posibilidad de hacer el bien, aunque teóricamente se pueda exponer lo que cada cual pretenda, y aparecer publicadas en cualquier parte del mundo las aparentes misiones benéficas de dicho organismo.

Por otra parte, todos sabemos, con sobradas razones, que el surgimiento del ALBA fue más allá del concepto de un proyecto de tipo económico y social con aspiraciones igualitarias, porque desde sus inicios fue utilizado como medida vengativa de sus principales promotores contra el Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA, organismo impulsado en la región por Estados Unidos, el eterno “enemigo imperial” que llegó a convertirse en el delirio principal del demente Fidel Castro, y como es lógico, de su pupilo Hugo Chávez.    

El ALBA comenzó mal aun en aquellos años en que el binomio se vanagloriaba con esperanzadores triunfos y satelitales proyectos. Si hacemos una revisión de su nómina inicial veremos que este organismo lo integraron países que muy poco podían aportar desde el punto de vista económico. Recordemos que la economía de Cuba ya estaba devastada desde hacía medio siglo, y que por esos tiempos ya el campo socialista que la mantuvo por años había desaparecido. Venezuela aun no había entrado en su fase resolutiva desde el punto de vista económico, pero dejaba su protagonismo regional a partir de las alianzas chavistas con el régimen de La Habana; Nicaragua y Bolivia nunca han dejado de ser tenues sombras que jamás han aportado nada a Latinoamérica; en tanto que Ecuador solo tenía la experiencia socialista de apenas un año y varios meses en el momento de su incorporación en el 2009, y su economía aun no había entrado en recesión, lo que, sin duda, fue una buena adquisición para una instancia que siempre fue débil y cuyo alcance jamás logró sobrepasar las segmentarias fronteras de ciertos puntos dentro de la región.

De modo que estas naciones, las que se supone llevarían el impulso económico basado en la equidad y la justicia social a los insignificantes estados caribeños, muy poco podían aportar en este sentido para poder cumplimentar los objetivos de dicho organismo, al menos los que se recogen en sus directrices. No obstante, y como ya expresé antes, la verdadera cara del ALBA ha sido otra, por cuanto el matiz propagandístico político ha predominado desde sus años iniciales, y aun hoy, cuando el organismo es solo una sombra cadavérica astral, el matiz político y su accionar vengativo son en realidad los verdaderos ejes de su razón de ser.   

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 *Sociólogo y analista político de origen alemán residente en México. Se ha identificado con las corrientes de izquierda y ha publicado una treintena de libros en los que aborda los conflictos sociopolíticos latinoamericanos, la globalización, y los paradigmas científicos e ideológicos que predominaron en el siglo XX. Se ha dedicado al estudio y revisión de los postulados marxistas con la perspectiva de presentarla actualizada al mundo de nuestros días, incorporando los avances del conocimiento, las experiencias de los intentos socialistas, describiendo sus limitaciones, y ofreciendo propuestas teóricas tanto en la economía política como en la participación democrática de la ciudadanía para construir, según él, una sociedad libre de explotación, aunque respetando los ejes principales de la visión de Karl Marx acerca de la dinámica social y la lucha de clases.

Continuará.