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NO SE ASUSTEN TAN PRONTO: SOLO ES ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR. TERCERA PARTE.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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                      ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                             Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

           NO SE ASUSTEN TAN PRONTO: SOLO ES ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR
                                                       Tercera parte.



               


AMLO y sus primeras declaraciones públicas luego de obtener el primer lugar. Desde la imprecisión hasta la ambigüedad

AMLO se presentó ante miles de personas en la madrugada del lunes 2 de julio para pronunciar su primer discurso como presidente electo y prometió un cambio de rumbo en la vida pública de México; pero el nuevo presidente insistió en los graves flagelos de la violencia, la desigualdad y la corrupción: "Vamos a desterrar la corrupción de nuestro país. La corrupción no es un fenómeno cultural sino el resultado de un régimen político en decadencia. Es la principal causa de desigualdad social y económica. En consecuencia, erradicarla será la principal misión del nuevo gobierno" (…) "Bajo ninguna circunstancia el próximo presidente de la República permitirá la corrupción ni la impunidad. Sea quien sea será castigado, incluido compañeros de lucha, funcionarios, amigos y familiares".

Y esto es correcto, solo que no tenemos la certeza de que el “Mesías” mexicano cumpla a cabalidad su promesa, algo que no solo percibo yo desde la distancia, o como diría Martí, desde la sombra, sino en coincidencia con el analista Miguel Reyes, quien acaba de afirmar que “las acciones que tome el presidente electo una vez que llegue al poder definirán el destino del país durante los próximos 6 años. Solo queda esperar que las promesas que tiene pensadas cumplir este candidato lleguen a la altura de las necesidades del país”.

Por el momento prefiero permanecer sin adelantarme a los hechos, por cuanto no creo que la historia de Lenín Moreno pueda repetirse con facilidad por aquello de su genial campaña anticorrupción que ha llevado a varios ministros y otros dirigentes de su gobierno y del de Rafael Correa, incluido el propio vicepresidente del país, a fuertes condenas tras las rejas y lo peor, a su descrédito moral, amén de su sinceridad demostrada hasta el presente durante su primer año de mandato a pesar de proceder del Partido Alianza PAIS de línea izquierdista, aunque por suerte supo apartarse definitivamente y a tiempo de semejante organismo.

La influencia de sus camaradas socialistas es un hecho innegable. Recordemos los casos puntuales de Lula da Silva, actualmente en prisión, Cristina Fernández, con varias condenas y en espera de su sentencia definitiva, Dilma Rousseff, la destituida expresidenta brasileña, y el más reciente, Rafael Correa, obligado a comparecer periódicamente ante la justicia hasta tanto se esclarezca su definitiva participación en el secuestro e intento de asesinato del legislador opositor Fernando Balda y ante su incumplimiento ahora con una orden de captura por la Interpol para que cumpla prisión preventiva; todos representantes de la izquierda latinoamericana y promotores del llamado Socialismo del siglo XXI.

Pero como ya he afirmado antes, su discurso populista capaz de conquistar el corazón de los desposeídos -siguiendo los pasos de aquel que en 1961 declaró en La Habana el carácter socialista de su revolución, y por quien siente gran admiración- incluyó todo aquello que las masas necesitan una y otra vez: "Escucharemos a todos, atenderemos a todos, respetaremos a todos, pero daremos preferencia a los más humildes y olvidados; en especial, a los pueblos indígenas de México. Por el bien de todos, primero los pobres", con lo que se aproxima a los dictadores Fidel Castro, a quien ha definido como un luchador social que le dio la verdadera independencia a Cuba y lo ha exaltado hasta situarlo junto a Nelson Mandela, y Hugo Chávez, el excéntrico desaparecido presidente venezolano que entonaba cantos y exaltaba a San Miguel Arcángel en medio de sus discursos, quienes enamoraron a los humildes y olvidados para luego convertirlos en miserables y delincuentes.

AMLO está actuando de manera muy protocolar -este solo es el comienzo- al tratar de estar bien lo mismo con los pobres e iletrados que con los empresarios y la clase media. En su primera intervención hizo un llamado a la reconciliación de todos los mexicanos y al mismo tiempo trató de ofrecer cierta quietud a los inversores y al sector empresarial. La vieja estrategia que sirvió a los socialistas latinoamericanos como estandarte en países como Argentina, Brasil, Chile y Ecuador, es puesta en práctica ahora en México, aunque AMLO sabe perfectamente que su contexto no es el mismo y que el descrédito de la tendencia socialista latinoamericana es un hecho innegable en la historia continental. 

No estoy ofreciendo un criterio sobre AMLO por el hecho de que admire al dictador  cubano Fidel Castro, o por simpatizar y defender ciertos criterios y conceptos que comúnmente se asocian con la izquierda. Esto no solo es absurdo, sino ridículo, y los criterios se han de establecer basándonos en elementos objetivos sustentables y no en meras especulaciones amarillistas. No suelo repetir lo que otros ya dan como un hecho, aunque con frecuencia resulte incomprendido o malinterpretado.

Mi criterio está fundamentado en su discurso -ahora este término como estilo, como elemento distintivo de su accionar, esto es, en su sentido más amplio- eminentemente populista que de manera inteligente supo explotar al máximo no solo en los momentos de clímax de su sucia campaña, sino de manera previa cuando aun parecía una utopía que el socialismo pudiera implantarse en tierras aztecas, algo que no necesariamente se pudiera concretar como acto, por cuanto, como creen aquellos de quienes aprendemos: “la estructura institucional de México no es tan frágil como las de Venezuela o Cuba, para que pueda romperse fácilmente por la simple voluntad de AMLO”, algo que no había percibido totalmente quien escribe este extenso comentario, o como expresó recientemente otro analista: “sin un buen poder judicial AMLO no podrá reformar México”, refiriéndose a las propuestas económicas y ante todo a sus pretensiones respecto a combatir la violencia, la pobreza, la corrupción y la impunidad. 

AMLO ha ganado las elecciones, lo que no significa un triunfo sino una derrota. Una derrota para el pueblo mexicano que a mediano plazo verá sobredimensionados sus ya elevados índices de delincuencia y criminalidad, su crucial problema de corrupción, el gran mal de América Latina, con un historial preciso en el continente, y como es de suponer la represión y las violaciones de los derechos ciudadanos mínimos -tan sui generis de los regímenes totalitarios- no se harán esperar toda vez que se podrán instaurar inmediatamente en México siguiendo los pasos de Venezuela y Cuba.

Por ahora a esperar para comprobar si las propuestas que AMLO pretende llevar a cabo entre los mexicanos se logran concretar como acto o si es que permanecerán como simples utopías que solo utilizó para conquistar los corazones de sus seguidores.

No podemos predecir si AMLO solo teorizará sobre el asunto de que no perjudicará la privatización, o si será cierta o no su idea de que no construirá una dictadura. El hecho de que en una reciente entrevista afirmara que no estaba a favor de los autoritarismos en ningún lado -se supone que se refiriera a tendencias de derecha y de izquierda-, así como su pronunciamiento a favor de la libertad de los prisioneros políticos venezolanos, no nos hace descartar la posibilidad del inmediato establecimiento de un sistema dictatorial como el de Cuba o Venezuela. Por ahora AMLO ha afirmado que su gobierno no actuará de “forma arbitraria, ni habrá confiscaciones o expropiación de bienes” (…) “Habrá libertad empresarial; libertad de expresión, de asociación y de creencias; se garantizarán todas las libertades individuales y sociales, así como los derechos ciudadanos y políticos consagrados en nuestra Constitución”.

Pero en AMLO se percibe una ambigüedad que nos hace sospechar que en el fondo nos esconde algo que en algún momento podrá aparecer  de manera sorpresiva. El mismo hombre que admira al Che Guevara y a Fidel Castro pretende lograr una aproximación fraternal con el gobierno estadounidense, justamente ahora cuando las relaciones entre ambos países atraviesan por uno de los peores momentos de su historia: “Con el gobierno de Estados Unidos buscaremos una relación de amistad y cooperación para el desarrollo desde el respeto mutuo y la defensa de nuestros migrantes que trabajan honradamente en ese país”.

De cualquier modo México será gobernado por un socialista, lo que presupone una amenaza no solo para la nación, sino para la región. Si AMLO fuera inteligente asumiría una actitud neutral en lo adelante. Sabemos que las ideas preestablecidas y arraigadas sobremanera en la mente del hombre resultan muy difíciles de ser modificadas; pero también es lógico que todo el que ambiciona el poder y lo logra quiera mantenerlo, y AMLO debe saber que para mantenerlo no es conveniente que le tienda la mano a los raros y exiguos remanentes comunistas aferrados a no desaparecer en el contexto latinoamericano.

Por el contrario, un acercamiento al poderoso vecino garantizará cierta estabilidad social y política que a mediano plazo pudiera atenuar un tanto el grave conflicto migratorio que ha desatado la crisis de las relaciones entre ambas naciones. Todo es posible, y si hace solo unos meses parecía imposible que el presidente de Estados Unidos y el dictador de Corea del Norte, Donald Trump y Kim Jong-un respectivamente, pudieran darse las manos en un fraterno encuentro, devenido en cumbre entre ambas naciones, por qué no un futuro encuentro entre el primero y AMLO en su condición de Jefe de Estado y de Gobierno de México, algo que resultaría beneficioso no solo para los mexicanos, sino para la imagen del presidente estadounidense un tanto dañada a partir de la polémica situación en torno al fenómeno migratorio centroamericano, y de manera particular de México.

Estamos en el siglo XXI, y si se ha logrado avanzar en el tema de la desnuclearización de la península coreana, el problema migratorio y las desavenencias entre México y Estados Unidos deberán solucionarse también. No son tiempos de enfrentamientos y confrontaciones, sino de aproximaciones y comprensiones en pos del beneficio de la humanidad. La conversación telefónica que ha tenido el presidente estadounidense Donald Trump solo dos días después de haber sido electo AMLO es una muestra de esa necesaria ruptura de barreras. “Tuvimos una gran conversación, como de una media hora de duración, hablamos sobre seguridad fronteriza, hablamos sobre comercio, hablamos sobre el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) y sobre un acuerdo por separado, solo entre México y Estados Unidos” (…) “Creo que la relación será muy buena. Veremos lo que ocurre, pero realmente creo que será muy buena”, dijo Donald Trump en declaraciones a la prensa en la Casa Blanca.

México en el centro de la atención internacional.

México se aparta del patrón que hasta ahora hemos estado observando en la región con el triunfo de los representantes de Paraguay, Costa Rica y Colombia, los que sabrán conducir a sus respectivas naciones por un camino distante de toda aproximación a la tendencia izquierdista que tan de moda estuvo en la región hace solo unos pocos años.

Por ahora México tendrá un protagonismo regional entre otras razones por:

1. El hecho de que por primera vez un presidente de la línea izquierdista gana unas elecciones en México. Lo del establecimiento de un régimen comunista propiamente dicho está por ver. Anticiparse demasiado con aseveraciones forzadas basadas solo en la imagen y el historial de AMLO es especular demasiado a la ligera. Esperemos los primeros meses de su desempeño y retomemos el tema con elementos basados en hechos concretos.

2. Una tensa situación política y social con el gobierno de Estados Unidos, dada fundamentalmente por la actitud del presidente Donald Trump en relación con la política migratoria centroamericana, y de manera muy particular por su postura respecto a los mexicanos, lo que pudiera revertirse o al menos atenuarse, algo que sostengo no solo porque lo he analizado, sino que me apoyo en la propia actitud del presidente Donald Trump, quien espera un buen intercambio con el nuevo presidente electo, y de igual modo AMLO aseguró que se aproximará al gobierno norteamericano. Sus recientes declaraciones en relación con la invitación que hará a Donald Trump a su toma de posesión, prevista para diciembre, constituye una prueba en este sentido, y algo que de manera anticipada nos da la medida de las pretensiones de AMLO.

3. La posibilidad de estrechar lazos con Cuba y Venezuela -Nicaragua y Bolivia no cuentan para nada- muy mal vistas no solo en la región sino en el mundo, lo que representaría para México un estado de aislamiento similar al de Venezuela, y no creo que López Obrador cometa la insensatez de aproximarse demasiado al remanente de los Castro ni a lo heredado por Nicolás Maduro desde los duros tiempos del auge del chavismo venezolano. Si bien AMLO ha eludido la respuesta precisa en relación a su concepto de Raúl Castro y Nicolás Maduro como dictadores, al propio tiempo se ha pronunciado contra los prisioneros políticos de Venezuela y contra el autoritarismo, aunque sin especificar a quienes se ha referido, justificándose con la tradicionalista fórmula de la no injerencia en asuntos internos de otros países.

4. La medición de la capacidad de AMLO para poder sacar a una nación emblemática si de desigualdad, pobreza, delincuencia, corrupción, entre otros males, se trata. Lo no logrado en décadas, como es lógico no podrá solucionarse en unos meses, suponiendo que en realidad el nuevo presidente asuma su rol de acuerdo con sus promesas. Esta será una de las mayores debilidades de su mandato, toda vez que nos encontramos ante una enorme nación con 123 millones de habitantes según datos del 2017, de los que alrededor de 54 millones viven en la pobreza, y de estos 20 millones son niños pobres, con lo que se establece un círculo que no termina, por cuanto la pobreza genera migraciones masivas, subculturización, enfermedades, etc.

Así las cosas, lo ocurrido en México era de esperar. Ya me había anticipado en los escritos sobre las elecciones en América Latina publicados por Cubanálisis hace unos meses. Estaré siguiendo muy de cerca el acontecer de la nación mexicana. Ojalá que los electores que han confiado en AMLO no tengan que arrepentirse por una mala praxis del nuevo presidente. Esto está por ver, el comienzo de un extenso proceso no es precisamente el mejor momento para hacer valoraciones.

Por ahora AMLO se salió con la suya, y con esa rara mezcla de aproximaciones a Trump y admiraciones por los Castro asume el control de una nación necesitada de todo menos de un presidente con irresponsables y demagógicas visiones socialistas.

                                                   Final, por el momento......