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CAMBIOS REALES Y APARENTES DE GOBIERNOS EN AMÉRICA LATINA - 2 -

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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                  ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
               CAMBIOS  REALES Y APARENTES DE GOBIERNOS EN AMÉRICA LATINA - 2 -
                                              Dr. Alberto Roteta Dorado.- 



             

                          Iván Duque, el nuevo presidente colombiano.

Colombia. Un inesperado giro favorecedor cambiará el fatal destino que algunos auguraron

En la primera parte de la serie dedicada a las elecciones en América Latina que se publicó en la edición del 5 de febrero de 2018, casi cuatro meses antes de la primera ronda de los comicios colombianos de este 27 de mayo, el candidato que, según encuestas, ocupaba el primer lugar era Sergio Fajardo (15%), representante de Coalición Colombia, de centro derecha, seguido de Gustavo Petro (13%), representante de Colombia Humana, de izquierda, Germán Vargas (7%), sin precisar coalición partidista, e Iván Duque (6%) aspirante del Centro Democrático. En esos días el despreciable Timochenko, a pesar de que no logró alcanzar ni un 1%, fue motivo de preocupación extrema, por cuanto, independientemente a que se suponía que jamás lograría abrirse camino para sobrepasar a sus contrincantes, su presencia como candidato constituía una amenaza para Colombia, y en primer lugar un elemento que dañaba la imagen de una nación tan contradictoria que aun se siente los embates resultantes de medio siglo de conflicto armado. Posteriormente tuvo que retirarse de la campaña por sus serias complicaciones de salud, y porque en los pocos días que intentó hacer su promoción fue insultado y agredido en las localidades donde se presentó.

Con este panorama inicial, toda vez que las diversas encuestas que consulté me resultaron confiables por su seriedad y su coherencia, y además porque de una u otra manera eran muy similares, pensé que la situación real de Colombia cuando se fueran a efectuar los comicios sería bien difícil. No obstante, en el escrito donde incluí el análisis de este país precisé: “Se estima que sus posibilidades de crecer son pocas y que para marzo su puntuación pueda decrecer”, refiriéndome a Gustavo Petro, el exguerrillero del grupo armado M-19, movimiento insurgente narcoterrorista procedente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, desmovilizado en 1990, quien era desde entonces una amenaza a pesar de su aparente regeneración y de los cargos que había ocupado dentro de la política de la nación suramericana, a los que llegó gracias al descontento social y a su discurso antiestablishment eminentemente populista que convencía a los estratos más bajos de la sociedad y a los más jóvenes con sus ímpetus de rebeldía.

De cualquier modo, faltaban casi cuatro meses y aun no se habían concretado las campañas políticas de apoyo a los candidatos, entre los cuales se encontraba Fajardo, que lo superaba levemente. Por suerte para Colombia y para la región -ante el peligro del renacer de focos izquierdistas en una extensión continental que aun no ha logrado exterminar definidamente el socialismo luego del impulso mediático desde Venezuela por parte de Hugo Chávez, su principal promotor bajo el ropaje de Socialismo del siglo XXI- las cosas cambiaron, no de manera sorpresiva; aunque si inesperada para muchos que pensaron que el comunismo se apoderaría en breve de un país, que como Venezuela es envidiada por sus riquezas petroleras, amén de sus inmensas reservas de carbón mineral o hulla en sus tres cordilleras, sin que olvidemos sus yacimientos de oro, esmeralda, magnesita, asbesto, etc.

Iván Duque, el joven representante del Centro Democrático, senador de la República entre 2014 y 2018, candidato de derecha y líder político de radical oposición al acuerdo con las FARC, será el encargado de sacar a Colombia adelante, y no me refiero precisamente a cuestiones de naturaleza económica, sino a barrer esa imagen que se tiene de una nación que constituye el epicentro del narcotráfico continental como resultante del accionar de las FARC, la famosa guerrilla terrorista que controla el cultivo, elaboración, distribución y protección de la droga.

Y aunque parecía imposible que alguien que solo logró un 6% en las encuestas hace cuatro meses atrás se alzara ahora con un rotundo éxito al lograr el 39.13% -dato según el 99.76% de los votos escrutados-, lo que representa unos 2,7 millones de votos por encima de Petro, que logró el 25,09%. No obstante, ninguno de los dos candidatos sobrepasó el 50% de los votos exigidos para evitar una segunda vuelta, lo que significa que se enfrentarán en breve, en lo que será la segunda vuelta de los comicios, este 17 de junio.

Retomo ahora algo que dejé bien precisado en la parte dedicada a Colombia en la serie de escritos que he citado antes. En este sentido expresé: “Por ahora se cree que el Centro Democrático aumentará sus escaños, aunque la pregunta de los analistas colombianos es hasta donde podrá ser el tamaño del aumento como para lograr un triunfo definitivo”, es decir, que a pesar del espíritu derrotista de muchos -sobre todo fuera de Colombia, y desconociendo muchas veces la realidad social y política de este país, incluyendo las múltiples acciones atribuidas muchas veces al presidente Juan Manuel Santos y el excesivo rol de Álvaro Uribe en todo el acontecer colombiano- que estuvieron viendo la sombra de las FARC por doquier, algo que es una realidad, pero que no debe sobredimensionarse, la izquierda no logró posesionarse de la dirección política del país, hecho que fue previsto por unos pocos analistas nacionales serios.

En aquella ocasión destaqué las virtudes del joven candidato Iván Duque por encima del resto de los aspirantes, llegando a expresar: “sin duda, un buen candidato que pudiera poner freno a la intromisión de las FARC en los designios de la nación”, como efectivamente será si se llega a consumar definitivamente su triunfo el próximo 17 de junio, por cuanto acaba de afirmar que “no tiene intención de hacer trizas lo pactado con la antigua guerrilla”, aunque sí se propone aprobar modificaciones importantes. No obstante, se mostró enérgico al declarar que “es necesario que los máximos responsables le cumplan al país, reparen a las víctimas y cumplan sus penas”.

Mientras, Rodrigo Londoño (Timochenko) en entrevista televisiva dijo que de ganar el uribismo -por el hecho de que Álvaro Uribe ha sido el promotor principal de la campaña de Iván Duque- se siembre de nuevo un conflicto, haciendo alusión al peligro en el que según él, se encuentra el proceso de paz del país en la etapa final del mandato de Santos, y al que se enfrentará ahora con los cambios presidenciales.

Es significativo que Iván Duque, el gran opositor al trato de acuerdo con las FARC, triunfara en aquellas regiones que estuvieron dominadas por la guerrilla por más de 50 años, y no solo esto, sino que se logró una participación del 53,31%, cifra récord si se tiene en cuenta que la participación electoral en Colombia suele estar por debajo del 50%, dato muy bajo si se compara con otras naciones de la región.

En el diario español El País se ha publicado que “Colombia inauguró este domingo un nuevo ciclo con las primeras elecciones presidenciales sin la amenaza de las FARC”, algo que merece un comentario aparte. En la serie de escritos que he citado de manera recurrente en los que abordo el tema de las elecciones presidenciales en la región precisé: Colombia se convierte en un país de extrema vulnerabilidad con la participación de las FARC en los asuntos políticos de la nación”,  lo que contradice el titular de El País.[/b]

No pretendo polemizar con el periodista del citado diario; pero no es lo mismo decir que las elecciones no fueron boicoteadas o manipuladas por las FARC que afirmar de modo categórico que hubo elecciones sin la amenaza de ellas. El hecho de que un criminal de la talla de Timochenko estuviera en la lista inicial de los candidatos, aunque tuviera que retirar su candidatura por enfermedad grave y porque fue agredido las pocas veces que salió a promocionarse, o que un aspirante a la presidencia proceda de la vieja nómina del grupo guerrillero M-19, que además es defensor de la idea de la exoneración de la culpabilidad criminal a los miembros de las FARC, es más que suficiente para percibir la presencia amenazante de la organización terrorista más temible de la región.

Además se sabe que los miembros de las FARC apoyaron incondicionalmente la campaña del izquierdista Gustavo Petro, aunque él lo ha negado. No obstante, Andrés París, uno de los comandantes de la supuesta extinta guerrilla, difundió varios mensajes en los que les recuerda a la militancia que al candidato que se debe apoyar es Petro, por ser el que representa sus ideales y además protegerá el acuerdo de La Habana.

El pronóstico para Colombia es bueno. Iván Duque vencerá también en la segunda vuelta; pero deberá consolidar su campaña y concretar una buena coalición.  

Los colombianos no han de confiarse demasiado de la ventaja que Iván Duque logró sobre Gustavo Petro en esta primera ronda. Al fin de cuentas el adversario de Duque es de la línea izquierdista, y ya todos saben lo que esto significa. Son expertos en cuestiones fraudulentas, manipulaciones de datos, cifras, boicots, etc., pero no estamos frente a un caso como el de Venezuela, si bien es cierto que si Colombia cae en manos de Petro pudiera llegar a estados similares a los de la tierra de Bolívar. La situación real de Colombia es bien diferente toda vez que Gustavo Petro es un candidato más, independientemente de su dudoso origen y de sus múltiples acusaciones, y esto presupone que no tiene autoridad para manipular a los expertos del Comité Electoral de Colombia, ni es un aliado de Juan Manuel Santos, quien hasta el momento se ha mostrado de una manera imparcial, y aunque muchos especulan, con o sin razones, sobre el actual presidente, lo cierto es que se ha mostrado enérgico contra el régimen venezolano justamente en el álgido tema de la alteración del orden democrático, y trató de mediar para lograr un mínimo de equilibrio en aquel país en pos de su pueblo.

De modo que, hasta donde puede percibirse, Santos ha garantizado que los comicios, al menos, en esta primera ronda, tuvieran lugar con la transparencia que debe reinar en estos eventos, y con todas las garantías que permitan la confiabilidad requerida -más de 300 observadores y un despliegue de 155 mil efectivos en todo el territorio colombiano. Según Santos, la historia se encargará de contar que estas elecciones fueron las más seguras, y las más tranquilas de los últimos sesenta años. Mientras que Gustavo Petro afirmó que “la garantía hoy no la da el Estado, la da la ciudadanía”, lo que resulta irónico por cuanto, pone en duda las garantías que facilitó Juan Manuel Santos.

Recordemos que Petro se refirió en los días previos a esta primera ronda que se estaba gestando un fraude para que no lograra salir victorioso, aunque sus sospechas recayeron sobre las autoridades electorales, las que según él, buscaban favorecer al exvicepresidente Germán Vargas Lleras, que en las encuestas de intención de voto se sitúa en cuarto lugar, y que en estos comicios obtuvo el cuarto puesto con solo el 7.3% de los votos. No obstante, ya se sabe como suelen actuar los líderes de esta tendencia política, que culpan a otros de sus males y se anticipan con especulaciones al percibir una derrota segura.

El antiguo miembro del M-19 se propuso asumir el mando del país, y como todos los mandatarios populistas ha prometido hacer grandes cambios, aunque se sabe que una vez en el poder los cambios se minimizan a unas pocas reformas aparentes para hacer el juego a los desposeídos, a los revoltosos, a los inseguros, y a todos aquellos que de manera fácil son susceptibles de ser manipulados, y este ha sido un lado del rostro de Gustavo Petro. Una vez en el poder adquiere su correspondiente estado de inmunidad que lo protege en cierta medida de las cuentas que tiene pendientes con la justicia colombiana, las que no son pocas, siguiendo las pautas protocolares de la mayoría de los mandatarios de la región, no solo los de la izquierda como comúnmente se cree dada su desfachatez y corrupción extrema, sino además los de derecha. Téngase presente la reciente renuncia del expresidente de Perú a solo unos días de La Cumbre de Las Américas celebrada en este territorio.

El posible triunfo de Gustavo Petro conduciría inevitablemente al establecimiento de un estado de tipo socialista, algo que de manera inteligente trata de ocultar -como lo hicieron los que le precedieron en estas andanzas de establecer regímenes totalitarios en la región, como Castro, Chávez, Ortega, Correa, quienes negaron al inicio de sus mandatos su verdadero rostro para luego manipular a los desposeídos e imponer por la fuerza estados totalitarios-. Y esto no es una especulación superficial, sino que está fundamentada en sus antecedentes delictivos que al parecer los colombianos que lo apoyan -que por cierto no son pocos- han olvidado o prefieren no recordar. A esto podemos añadir el apoyo de su campaña por parte de las FARC, ahora convertidos en partido político pero conservando sus siglas tradicionales.

Vargas Lleras ha decidido unirse en una eventual coalición con Iván Duque, el líder del Centro Democrático, con la intención de evitar que la izquierda llegue al poder e impedir que pueda ganar un proyecto de izquierda radical, independientemente de que Iván Duque (39.13%) superó con creces a Gustavo Petro (25.09%); pero como se sabe, las segundas vueltas suelen ser con frecuencia traicioneras, y un mal manejo de la apresurada campaña previa a la segunda y definitiva ronda, a realizarse este 17 de junio, puede hacer cambiar las posiciones, algo que no debe ocurrir; pero de cualquier modo los promotores de Duque han de ser cuidadosos al extremo, y no estoy pensando en fraudes electorales gigantescos como los supuestamente ocurridos en Venezuela, Honduras y Ecuador hace muy poco tiempo en la región, sino en manejos de situaciones y en poder consolidar de manera inteligente coaliciones de fuerzas, pues si bien ahora Duque y Vargas Lleras se unirán, los simpatizantes de Vargas Lleras no son muchos (solo obtuvo el 7.27%), habiendo permanecido en la retaguardia con un cuarto lugar desde el inicio de la campaña.

Lo ideal hubiera sido una coalición que uniera a los seguidores de Duque con los de Sergio Fajardo, pero lamentablemente no sucederá, y los 4.589.695 personas que apoyaron al el exalcalde de Medellín, que no son pocos al representar el 23.74% del total -muy cerca de Petro-, y que hace solo cuatro meses estaba en el primer lugar según encuestas.

El aporte de sus seguidores a esta segunda ronda hubiera sido decisivo si consideramos el por ciento obtenido, algo que no hubiera sido tan difícil si tenemos en cuenta su posición centroderechista al frente de Coalición Colombia, pero lamentablemente Fajardo se ha mantenido firme en su postura de no aliarse a ninguno de los dos candidatos al considerar que no representan lo que en realidad quiere para Colombia, esto es, “un país unido en medio de las diferencias que lo enriquecen, un país que le da la espalda a la política tradicional para poder luchar en serio contra la corrupción, una sociedad que respeta los acuerdos de paz, una política que no diga cualquier cosa con tal de ganar”, según acaba de escribir en un documento que hizo público este jueves 31 de mayo.

En dicho texto, concebido en cuatro partes aclaratorias sobre su postura, sus concepciones acerca de la política colombiana actual, y de lo que en su opinión, deberá hacerse, expresó lo siguiente a modo de exhortación final, lo que llamó “El paso siguiente”:

“La Coalición permanecerá. Vamos a participar con toda la fuerza en las elecciones del 2019. Es mi compromiso. Manteniéndonos en el terreno que hemos construido con nuestro mensaje y nuestra forma de hacer política vamos a ganar muchas alcaldías y gobernaciones. Muchos líderes han crecido con nosotros y brillarán con luz propia. Sea quien sea presidente. Seguiremos trabajando para que Colombia tenga la oportunidad de cambiar los gobiernos de siempre. No fue esta vez pero ya está cerca el momento. Y lucharemos para que aprendamos a ser diferentes sin ser enemigos y siempre, cuidaremos a Colombia”.

Esta es pues una debilidad para Iván Duque, por cuanto hubiera sido definitorio en una reafirmación de triunfo total, lo que no significa que Duque no logrará la victoria, solo que se pudiera estrechar un tanto su tendencia expresada en por cientos según el número de votantes. Comienza ahora una carrera que llevará durante estas pocas semanas que nos separan de la fecha de la segunda ronda a que estos políticos con visiones muy enfrentadas reafirmen sus posiciones, aunque de antemano ya se sabe que no podrán contar con Sergio Fajardo. La ventaja de Duque está en relación con la estructura sociológica de Colombia, donde la izquierda apenas ha tenido espacio, independientemente del rechazo cada vez más evidente de grandes sectores poblacionales hacia las FARC y todo lo que tenga que ver con la criminal guerrilla.

A eso cabe añadir el clima en el que se ha desarrollado hasta ahora la campaña electoral, en la que el espejo del abismo de Venezuela ha estado muy presente. Su discurso estaba centrado en la recuperación económica. No obstante, para los colombianos el aspirante del Centro Democrático representa, entre todas las opciones, las posiciones más conservadoras y el rechazo al proceso de negociación con la antigua guerrilla, al frente del cual estuvo el propio Uribe, quien no las tiene del todo bien con el pueblo colombiano.

Hasta el 5 de junio, según los resultados de La Gran Encuesta de Yanhaas presentados por los principales medios del país, Iván Duque se mantiene en la preferencia con un 52% de intención de voto, mientras que Gustavo Petro alcanzó el 34%, obteniendo el voto en blanco un 14%. Esto nos puede dar una idea aproximada de los resultados para la venidera segunda ronda. No obstante, los colombianos deberán tener mucho cuidado, por cuanto los 4.589.695 simpatizantes de Sergio Fajardo están libres de poder ejercer su voto por uno u otro candidato dada la postura del líder centroderechista.

La negativa de Sergio Vargas de no formar coalición con ninguno de los dos candidatos para esta segunda ronda ha perjudicado sobremanera a Duque, quien pudiera haber logrado una amplia ventaja con el voto de sus simpatizantes; aunque de haber apoyado a Petro las cosas hubieran sido mucho peor y la contienda hubiera sido mucho más reñida, aunque sin lograr eclipsar del todo a Duque.    

De cualquier modo, y aunque esto sea tal vez demasiado atrevido exponerlo con anticipación, el triunfo de Iván Duque es ya una realidad que sustenta la idea que defendí hace unos meses cuando resalté las virtudes de Duque cuando solo contaba con un escaso 6%, según resultados de las primeras encuestas. Iván Duque salvará a Colombia de las garras del comunismo que pretende imponer con el tiempo Gustavo Petro, será difícil, pero lo logrará.

Paraguay y Costa Rica. Las naciones de las que menos se ha comentado luego de sus comicios.

Las elecciones de Paraguay se realizaron en medio de un ambiente de relativa calma el 22 de abril del presente 2018. Los medios tradicionales que los cubanos suelen consultar, incluyendo los más sensacionalistas y amarillistas, apenas hicieron referencia al suceso. Mario Abdo Benítez, representante del Partido Colorado-Asociación Nacional Republicana, entidad de carácter eminentemente conservadora y nacionalista, resultó electo con el 46.44% de los votos, algo que Cubanálisis ya había previsto tres meses antes al analizar varios aspectos de su trayectoria que nos permitió afirmar: “Benítez tendrá que intentar borrar una vieja imagen que le viene muy de cerca, toda vez que es  hijo del secretario privado del dictador Alfredo Stroessner, que fue acusado de enriquecimiento ilícito finalizado el mandato de Stroessner. Sin embargo, el aún joven político dice contar con "credenciales democráticas en su lucha política", lo que le ha hecho tener una identidad propia que le ha permitido incluir en su proyecto democrático a decenas de seguidores que proceden de las luchas contra el stroessnerismo”.

No obstante, la calma paraguaya se vio violentada hace solo unos días cuando el mandatario Horacio Cartes, aun en funciones como presidente hasta el próximo 15 de agosto, día en que su sucesor asuma el mando del país, presentó su renuncia para convertirse en senador, según él, “para dar cumplimiento a la decisión democrática del pueblo expresada en las urnas que me eligió para el cargo de senador”, lo que declaró en una carta dirigida al presidente del Senado, Fernando Lugo.

El miércoles 30 de mayo el Congreso de Paraguay se reunió pata tratar el tema; pero no hubo quórum para aprobar o rechazar la renuncia de Horacio Cartes a la Presidencia. Opositores al presidente de Paraguay boicotearon la sesión plenaria convocada por las Cámaras de Senadores y de Diputados para debatir si se acepta la renuncia presentada por el jefe de Estado. Para abrir la sesión era necesario lo presencia de al menos 23 de 45 senadores y de 41 de 80 diputados;  estos últimos lograron sobrepasar el número con un total de 50, sin embargo solo estaban presente 13 senadores.

Independientemente de las cifras y resultados, los que muchas veces solo reflejan de manera fría y distante la realidad de las cosas, hemos de analizar los motivos por los que Horacio Cartes anda tan de prisa en pos de garantizar un sitio seguro en el Senado de Paraguay. La constitución paraguaya establece que el presidente saliente podrá ser senador vitalicio, aunque sin voz, pero con voto. Cartes obtuvo un polémico fallo de la Corte Suprema que lo habilita a asumir su banca como senador activo. Por otra parte se enfrenta no solo a los opositores, sino a cierta facción del propio Partido Colorado, del cual es líder, que rechaza la idea de que se convierta en senador activo.

Luego del fin de la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), la primera Asamblea Constituyente de la democracia, en 1992, prohibió la reelección presidencial y además que los exmandatarios puedan aspirar a otros cargos políticos. Hasta el presente solo el expresidente de izquierda Fernando Lugo ocupa un escaño como senador activo al no haber completado su período de gobierno, una vez que fue destituido en el 2012,  catorce meses antes del fin previsto de su mandato. 

Ahora los políticos, analistas y politólogos paraguayos especulan acerca de las  pretensiones de Cartes de perpetuarse en el poder, algo que desde el Parlamento le puede conferir cierta inmunidad. Esto pudiera ser su escudo ante las acusaciones que se le han hecho de manipulación de las instituciones del estado; su condena en 1985 por estafa al Banco Central del Paraguay por cerca de 34 millones de dólares; sobreseído por la Corte Suprema de Justicia, en 2008, aunque el Banco Central lo consideró inconstitucional; las investigaciones por parte de la Administración para el Control de Drogas (DEA) por supuesto lavado de dinero proveniente, entre otros, del tráfico de drogas; así como por la Dinar, que incautó 343 kilos de marihuana y 20 kilos de cocaína de un avión que aterrizó en la estancia La Esperanza, perteneciente a Cartes.

En fin, que el silencioso presidente paraguayo está siguiendo los pasos de doña Cristina Fernández de Kirchner, tan defendida por la izquierda continental americana, de Lula Da Silva, el favorito de los grupúsculos comunistas españoles que exigen su libertad, sin que olvidemos al corrupto Carlos Menem, condenado a 10 años de prisión por el contrabando agravado de armas a Croacia y a Ecuador en época en que la Argentina era garante del Tratado de Paz, condena que no cumple por apelación en espera de que sea confirmada o denegada por tribunales superiores, y ahora senador nacional por la provincia de Rioja desde el 2005 con las ventajas que esto supone, y de las que Horacio Cartes se quiere ver beneficiado.

Después de tantos pesares Costa Rica nos parecerá un paraíso terrenal. Ninguna nación es perfecta. No creo en los estereotipos de naciones más democráticas del mundo, cuna de libertades, o cualquier idea estrafalaria que solo pueden tener lugar en mentes aberradas incapaces de discernir entre la realidad y la fantasía política y social de los contextos de cada región y de cada país.

De cualquier modo en Costa Rica las cosas salieron bien si de elecciones democráticas hablamos. Los comicios de Costa Rica tuvieron lugar dentro de la normalidad esperada, y aunque la contienda estuvo reñida y matizada de manera muy sui generis por un conflicto de naturaleza ético-religioso, dado por la división polarizada entre defensores del candidato a la presidencia Fabricio Alvarado Muñoz, el líder religioso representante por el Partido de Restauración Nacional, un partido evangélico, por un lado, y Carlos Alvarado Quesada, por el Partido Acción Ciudadana, de línea socialdemócrata, por otro.

El primero se pronunció oponiéndose a varios asuntos entre los que se destacaron: la legalización del cannabis (marihuana), el aborto, la fertilización in vitro, y la llamada ideología de género; siendo este el punto de mayor trascendencia de su oposición a las uniones de parejas del mismo sexo. En cambio su contrincante se mostró con liberalidad extrema desafiando todo tipo de prejuicio y convencionalismo, siendo este el matiz de carácter especial del preámbulo de los comicios en Costa Rica. 

Al final ocurrió lo que de manera anticipada anuncié en este medio cuando defendí la candidatura de Carlos Alvarado Quesada, alguien que siempre me pareció un excelente candidato, y no justamente por su liberalidad acorde a estos tiempos y su distancia con la mezcla entre religión y política, sino por contar con una trayectoria política mucho destacada a pesar de su juventud -el presidente más joven y liberal de América Latina.

En la primera ronda electoral el día 4 de febrero los dos candidatos con mayor número de votos fueron: Fabricio Alvarado Muñoz, del Partido Restauración Nacional, de tendencia conservadora y vinculado al cristianismo protestante, con un 24.91%, seguido de Carlos Alvarado Quesada, por el Partido Acción Ciudadana, de línea socialdemócrata, con el 21.66%.

La segunda ronda, el día 1 de abril fue ganada por Carlos Alvarado, quien logró acuñar el 60% de los votos por sobre su rival Fabricio Alvarado que obtuvo 39%. Es la primera vez en la historia de Costa Rica que el candidato que quedó de segundo en la primera vuelta gana el balotaje, además de ser la primera vez que el abstencionismo se reduce con respecto a los resultados de la primera ronda.

De cualquier modo, es muy pronto para medir el desempeño del joven presidente de una nación que se aparta de las características de las democracias y de los gobiernos de una parte considerable de Latinoamérica, pero que, como dije antes, no hay naciones perfectas, ni democracias ideales, y los costarricenses esperan resultados concretos de alguien con experiencia en el terreno social si consideramos su desempeño como Ministro de Desarrollo Humano e Inclusión Social.

Así han estado las cosas por estas naciones de América Latina a solo unos meses, algunos, y unas semanas otros, de sus comicios. Esperemos ahora el triunfo definitivo de Iván Duque en la segunda vuelta de Colombia, y seguiremos muy de cerca el desenlace de México con la amenaza de Andrés Manuel López Obrador, el representante del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), organización de tendencia izquierdista, cuya popularidad se ha mantenido desde el comienzo de la campaña presidencial.

Lamentablemente en México no ocurrirá el viraje radical inesperado que favoreció a Iván Duque en Colombia, por cuanto en el caso de López Obrador la intención de voto, según encuestas, aumenta cada día, lo que presupone que México no escapará de la izquierda, al menos en los comicios. Luego veremos su caída a pesar de los adelantos de proyectos que ya la ONU le ha aceptado para trabajar contra la corrupción. Pero esto lo estaremos tratando más adelante, sin que olvidemos a Brasil, la nación que tendrá sus comicios en octubre.