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A Cuba hay que respetarla; pero no al régimen que la oprime.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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                A Cuba hay que respetarla; pero no al régimen que la oprime.
            A propósito de las últimas palabras de Miguel Díaz-Canel durante el recibimiento
                           a los artistas que se presentaron en el Kennedy Center.
                                              Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.



               


Santa Cruz de Tenerife. España.- No crean mis lectores que estoy obsesionado con el tema del nuevo presidente de Cuba, aunque he de admitir que mucho antes de que asumiera su puesto ya había escrito varios artículos en los que el mandatario cubano ocupaba el protagonismo.

No obstante, a todos nos da por algo, y ojalá no me suceda como a un personaje que desde Cuba redacta unos breves escritos en los que siempre y de manera recurrente arremete contra el dictador Fidel Castro, muchos de ellos pura pacotilla, pero muy acertados para entretener a aquellos que se acercan a los medios en busca de lo sensacional más que de informaciones y reflexiones serias. Espero no caer en las “glorias” del facilismo, y lejos de contar historietas amarillistas pretendo analizar ciertos hechos en torno al desempeño del nuevo mandatario cubano.   

Sucede que el nuevo líder de la nación dice cada cosa que me sacan del paso. “A Cuba hay que respetarla”, es la última de sus frases que promete hacerse célebre, tal vez junto a la ya casi universal “con Cuba no te metas”, de la autoría del diplomático Juan Antonio Fernández en su intento por defenderse ante las merecidas acusaciones y denuncias de un foro durante la reciente Cumbre de Las Américas en Perú, y que luego fuera utilizada por el grupúsculo chusma que invadió Lima en nombre del régimen comunista cubano.

Pero como ya he dicho en otras ocasiones, no soy defensor de la idea de extraer una frase y presentarla de manera aislada de su contexto. Esto se presta para que la acomodemos a nuestro capricho, y siendo ético prefiero presentar la frase en cuestión tal y como la dijo Miguel Díaz-Canel hace solo unos días por motivo del encuentro que sostuvo con un grupo de artistas cubanos que se presentaron en el festival Artes de Cuba: De la isla al mundo, evento que tuvo lugar en el afamado Kennedy Center, de Washington. "Yo creo que todos ustedes demostraron además del talento, el compromiso. Demostraron que a Cuba hay que respetarla", expresó Miguel Díaz-Canel.

Es cierto que a Cuba como nación hay que respetarla, como merece ser respetado cualquier país del mundo. Pero una cosa es respetar a Cuba, que sí merecer respeto, y otra es respetar al régimen de Cuba, que como es sabido por todos, es al extremo irrespetuoso con todos los que se aparten un tanto de lo que consideran correcto y han convertido en sus cánones. 

De igual modo se sabe que el régimen cubano es manipulador en todo sentido, y el arte no escapa de sus garras. Ahora los artistas de la isla son utilizados, y no precisamente en su condición de artistas – la mayoría de los participantes en el evento de Estados Unidos de conocida calidad y prestigio– sino como instrumentos de la política cubana que pretende recuperar lo perdido respecto al álgido asunto de las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos, lo que parece haber sido el “motor impulsor” para que desde la isla fueran extremadamente bondadosos al enviar una extensa comitiva artística, que además del buen arte – al menos en la mayoría de los casos, por cuanto hubo de todo, desde pianistas de reconocido renombre hasta jóvenes jazzistas, sin olvidar a las icónicas Omara Portuondo y Alicia Alonso– sirvieran de vehículo propagandístico para ese intento de rescatar el proceso de restablecimiento de relaciones entre ambas naciones, toda vez que, según el mandatario "quedan puntos de contacto" y "voluntad", y esta presentación artística puede contribuir a reabrir el camino iniciado por el anterior presidente con Barak Obama. 

De modo que la cultura por su efecto de carácter universal capaz de mover a todos – téngase presente la amplitud del término desde el punto de vista conceptual según los exponentes clásicos de la antropología sociocultural contemporánea– en pos de una causa, y esto lo saben los altos jerarcas del sistema político cubano, por cuanto la cultura fue utilizada desde los inicios mismos de la llamada revolución cubana para inculcar los intereses políticos de nuevo tipo.

Recordemos la famosa reunión del dictador Fidel Castro que con pistola sobre su estrado amenazó a los intelectuales cubanos en los inicios de su forzado mandato, tenida en la que surgió la célebre frase – adaptación suya de una sentencia del fascista Benito Mussolini*–: “Esto significa que dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir”.

Y justamente cuando han pasado 57 años de aquella tortura psicológica contra los intelectuales cubanos el actual presidente ratifica en gran medida la sentencia castrista. "Este es un reconocimiento más que oficial, sentimental, para agradecer a todos los artistas en nombre del Gobierno, del Partido y del pueblo en general, por haber demostrado la fortaleza de su identidad de una manera muy comprometida y creativa", afirmó Díaz-Canel.

Involucrar al gobierno y al partido único en el acontecimiento, pero sobre todas las cosas, insistir en la idea de una demostración de identidad nacional no solo de manera creativa, sino comprometida, nos da la medida que el arcaico concepto castrista de que dentro de la Revolución, todo, contra la Revolución, nada, persigue al arte y a la intelectualidad de la isla, y al parecer se extenderá bajo el mandato del nuevo presidente, quien además aspira a que los artistas continúen aportando a la “revolución cubana desde el arte y desde nuestra cultura”.     

Pero no solo intervino el presidente cubano, sino que varios de los artistas participantes quisieron contar su experiencia en tierras estadounidenses, lo que permitió conocer algo importante en relación con el adoctrinamiento que recibió la delegación artística previa a su partida como embajadores de la cultura cubana. El músico Elio Revé en su ingenuidad delató al régimen al expresar su agradecimiento a la preparación recibida por parte de “los compañeros del MINREX".

Lo que le enseñaron “los compañeros del MINREX” no lo precisó. Se supone que sea un entrenamiento acerca de lo que podían o no decir, con quienes o no se podían relacionar, que respuesta exacta debía ofrecerse a cualquier posible interrogante, entre otras tantas cosas que solo los regímenes totalitaristas suelen manipular y manejar a su antojo. Ojalá que el hijo y heredero musical del legendario Elio Revé, el difusor del changüí tradicional cubano, no sea sentenciado por delatar, aunque sin intención alguna, a los agentes de la seguridad del estado y de la contrainteligencia cubana por no actuar y expresarse como está establecido “dentro de la Revolución”.

De cualquier modo, y como suele decirse, lo que bien empieza, bien termina, pero esto no es sino la antítesis del inicio del mandato de Miguel Díaz-Canel. Un panorama sombrío matiza su estreno como presidente. Hechos como el lamentable desastre aéreo que ha costado la vida de más de un centenar de personas hace solo unos días; ahora fuertes inundaciones afectan a las regiones central y occidental de la isla como consecuencia de una depresión subtropical; amén de la amenazante oleada de huracanes pronosticados para la próxima temporada, los que en su paso pudieran devastar parte del país como ya es habitual.
 
No obstante, el mandatario inmerso en un utópico romanticismo descontextualizado espera con ansias que sus artistas lo aproximen al eterno enemigo fantasmal de los Castro, lo que de concretarse sería un paliativo para una nación que ha recibido en ruinas, y que como expresó “hay que respetarla”; pero le faltó la agudeza perceptiva para asimilar que Cuba solo podrá ser respetada cuando se logre el exterminio del régimen comunista que la gobierna.

* “El pueblo es el cuerpo del Estado, y el Estado es el espíritu del pueblo. En la doctrina fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”. (B. Musolini)