FOROFILO

Karl Marx, el misterio de un legado que se dispersa en el tiempo. Quinta Parte.

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

  • *****
  • 573
  • ¡Usuario Nuevo!
            Karl Marx, el misterio de un legado que se dispersa en el tiempo.
                                                          Quinta Parte.
                                         Por: Dr. Alberto Roteta Dorado.


Necesitamos de la contrapartida de lo que creemos y defendemos como verdad para que el mundo pueda marchar adelante siguiendo las leyes del gradual desenvolvimiento y desarrollo. Pretender que solo exista lo que consideramos nuestra verdad sería ser absolutistas como los marxistas, los comunistas, y hasta los religiosos extremistas.

Santa Cruz de Tenerife. España.- Sería una utopía pensar que en el mundo solo pueda prevalecer el pensamiento de las tendencias derechistas, o al menos centro-derechistas, para ser más conservadores; y no solo sería una utopía, sino que esto sería antidialéctico visto desde posiciones marxistas – tan de moda en estos días en que se ha recordado el bicentenario del natalicio de Karl Marx, principal motivo por el que he estado tratando el polémico tema del legado marxista y su “vigencia” en nuestros días–, por aquello que estaríamos negando el desarrollo basado en las contradicciones, esto es, en el antagonismo, según enunciara el célebre pensador alemán que percibió en estas contradicciones el motor impulsor de las sociedades; aunque más tarde entrara en contradicción consigo mismo al exponer su teoría de la abolición de las clases sociales con la instauración de la dictadura del proletariado.

Un tanto más allá de esta modalidad de corriente de pensamiento, y remontándonos a los inicios mismos de la especulación filosófica, pretender que exista una uniformidad de pensamiento en el mundo presupone la negación, en cierta medida, de este sentido dialéctico del mundo en el que tanto insistió Marx, sin que olvidemos al autor de Dialéctica de la Naturaleza, su fiel colaborador a quien se le relega demasiado a un segundo plano toda vez que Marx sin proponérselo lo eclipsara para siempre. La premisa del devenir expuesta brillantemente por Heráclito, según la cual todo está en continuo cambio, esto es, la ausencia de toda posibilidad de estatismo en la naturaleza, lo que resulta aplicable no solo a los fenómenos físicos, sino a las esferas de lo político y de lo social, nos da la medida del interés de los primeros filósofos del occidente por el tratamiento del tema. 

De modo que creer que solo debe existir una sola modalidad de ideología, de filosofía, de ciencia, de religión, de modelo económico, etc., no solo es antidialéctico, sino que es también extremadamente dogmático, y aquellos que asuman posiciones de esta naturaleza solo dan muestras de una ignorancia sin límites que los hace caer en posturas tan radicales como los marxistas con su idea de la existencia de un paraíso terrenal llamado comunismo, fase superlativa del socialismo, más allá de la cual no puede existir nada más, toda vez que es insuperable como clímax de una igualdad que hasta el presente no ha tenido concreción en el orden práctico.

Sin embargo, a pesar de este aspecto suyo que considero erróneo dentro de su análisis especulativo, Marx tuvo momentos de extrema lucidez al explicar en su obra La Miseria de la Filosofía – aburrido tratado de economía con definiciones de precios, costos, sistemas financieros, etc., a partir de una fuerte crítica al filósofo anarquista francés Pierre Joseph Proudhon, y del cual este fragmento es digno de considerarse– el complicado asunto de las contradicciones engendrando un aparente caos, aunque en el fondo son generadoras del desarrollo.

“Una vez que la razón ha conseguido situarse en sí misma como tesis, este pensamiento, opuesto a sí mismo, se desdobla en dos pensamientos contradictorios, el positivo y el negativo, el sí y el no. La lucha de estos dos elementos antagónicos, comprendidos en la antítesis, constituye el movimiento dialéctico. El sí se convierte en no, el no se convierte en sí, el sí pasa a ser a la vez sí y no, el no es a la vez no y sí, los contrarios se equilibran, se neutralizan, se paralizan recíprocamente. La fusión de estos dos pensamientos contradictorios constituye un pensamiento nuevo, que es su síntesis. Este pensamiento nuevo vuelve a desdoblarse en dos pensamientos contradictorios, que se funden a su vez en una nueva síntesis. De este proceso de gestación nace un grupo de pensamientos. Este grupo de pensamientos sigue el mismo movimiento dialéctico que una categoría simple y tiene por antítesis un grupo contradictorio. De estos dos grupos de pensamientos nace un nuevo grupo de pensamientos, que es su síntesis.

Así como del movimiento dialéctico de las categorías simples nace el grupo, Así también del movimiento dialéctico de los grupos nace la serie, y del movimiento dialéctico de las series nace todo el sistema. Aplicad este método a las categorías de la economía política y tendréis la lógica y la metafísica de la economía política, o, en otros términos, tendréis las categorías económicas conocidas por todos y traducidas a un lenguaje poco conocido, por lo cual dan la impresión de que acaban de nacer en una cabeza llena de razón pura: hasta tal punto estas categorías parecen engendrarse unas a otras, encadenarse y entrelazarse las unas en las otras por la acción exclusiva del movimiento dialéctico”.


De ahí que, independientemente de que nos indignemos al ver publicaciones comunistas, marchas socialistas, entrevistas a líderes de la izquierda, propuestas de reformas basadas en esquemas de extrema izquierda, propagandas del marxismo, entre otras cosas, no nos queda otra opción que pensar que no hemos de caer en los extremos de aquellos que dicen ser socialistas, amantes del materialismo histórico y de todo el legado de Karl Marx, sino aceptar que vivimos en un mundo que debe garantizar un equilibrio en pos de su propia evolución, y ese equilibrio necesita siempre la contrapartida – “lucha de estos dos elementos antagónicos, comprendidos en la antítesis, constituye el movimiento dialéctico”, según Karl Marx– de aquello que algunos creemos pudiera ser la verdad; verdad que solo es relativa y dependiente de la percepción y presentación de los que la defienden, esto es, no hay verdad absoluta exceptuando Aquella Verdad Absoluta contenida en la Realidad Absoluta en sí misma, entidad de la cual apenas el hombre tiene una idea demasiado vaga como para poder asimilar un ápice de su gran verdad eternal, de ahí que todas las subsiguientes posibles verdades asumidas por los hombres no sean más que fragmentos de una sola verdad a los que se le añade las especulaciones sucesivas que a través de los siglos se ha hecho sobre tales posibles verdades, de ahí el carácter eminentemente relativo de cualquier elemento que asumamos como verdad.


                 


A través de la historia de la humanidad ha prevalecido de manera inevitable una confrontación entre polaridades opuestas, llamadas en la religión y la filosofía el Bien y el Mal, el Yin y el Yang, el Ser y No-Ser, la Luz y las Tinieblas, lo Inmanifestado y lo Manifestado, Purusha y Prakriti, y así, ad infinitum los sabios, místicos, estudiosos, religiosos, devotos y hasta los hombres de ciencia han admitido y difundido la existencia de las polaridades, aun en las corrientes de enfoque materialista en las que se hace referencia a la unidad y lucha de contrarios y a la ley de la negación de la negación.

Lo que defendemos no es pues la verdad. Creerlo significa la negación de la Verdad Absoluta y la tergiversación de la conceptualización de dicha verdad. Lo que en algún momento nos resultó una verdad innegable cuasi absoluta con el transcurso de los años pudo haberse modificado, quedando así solo pequeños fragmentos consideramos luego como verdades desprendidas y sobrevivientes de aquello que creímos podía ser una verdad.

Comencé expresando los desaciertos de aquellos que intentan absolutizar el pensamiento de los hombres en el campo de la política. Pretender que solo puedan existir movimientos o partidos de una u otra tendencia, ya sean de derecha o de izquierda, es solo una muestra de esa incomprensión que el hombre promedio tiene acerca de los conceptos de Verdad Absoluta y de verdades relativas.

Pero esto no solo resulta patente en el terreno de la política, sino que en el ámbito filosófico y religioso es mucho más notorio. En estos días he estado escribiendo sobre el legado de Karl Marx y su posible vigencia o no basándome en el sentido de su posible aplicación en el orden práctico, y esto me ha conducido a otras reflexiones como esta que intento explicar.

Tomando como referencia el sistema de Marx podemos percibir de manera muy clara como el pensador alemán pecó por el hecho de haber llevado su doctrina a un punto máximo a partir del cual no es admitida ninguna modalidad acorde a los nuevos contextos y al desenvolvimiento de la humanidad en el futuro, con lo que, sin duda, negó toda posibilidad de desarrollo ulterior de las sociedades. Y esto no solo es aplicable a lo que denominó comunismo, fase superlativa del estado socialista, en el que se supone los medios de producción no están en manos del estado, sino del pueblo; desaparecen las clases sociales, y por tanto toda posibilidad de contradicción, entre otras utopías, sino a la corriente de pensamiento por el creada.   

El establecimiento del comunismo, según el autor de La Miseria de la Filosofía, significa el alcance de un nivel de perfección tal que en lo adelante resulta inadmisible cualquier estado más allá de su absoluta omnipresencia. Con esto negaba ese desarrollo dialéctico del que tanto disertó en algunas de sus obras, y según el cual todo marcha en una serie secuencial de cambios desde formas inferiores más rudimentarias y menos desarrolladas hacia otras superiores y especializadas.

Esto presupone no solo la declaración del comunismo como la perfección absoluta en el orden político, social y económico del mundo; sino el establecimiento de la filosofía marxista como la corriente filosófica más acabada de la historia del pensamiento humano, algo que los marxistas actuales continúan repitiendo sin cesar, olvidando que el mundo ha continuado desarrollando su pensamiento, independientemente a esa tendencia cada vez mayor a no pensar, y que nuevas modalidades surgen en torno a la interpretación de un mundo ajeno para Karl Marx y Federico Engels, por cuanto ha pasado ya más de un siglo de la muerte de ambos pensadores y el socialismo proclamado por ellos jamás ha logrado concretarse de manera exitosa en ningún lugar.

En el terreno de la religión resulta patente esta idea de la declaración del carácter absoluto de las cosas de manera muy particular en el Cristianismo. Dos grandes divisiones dentro del catolicismo dominan el panorama cristiano universal. Los cristianos ortodoxos creen ser los depositarios de la verdad proclamada por Cristo, y con razones muy bien fundamentadas no aceptan las modificaciones que en lo sucesivo tuvieron lugar en esta religión sobre todo las relativas al dogma de la Santísima Trinidad y de la Inmaculada Concepción tan defendidos por los católicos romanos u occidentales, quienes a su vez son los que dicen tener la verdad que el humilde redentor de los hombres dejó bajo su custodia. 

Mientras los coptos egipcios creen estar en lo cierto por el hecho de haber recibido la enseñanza directamente de San Marcos el evangelista, quien llevó el cristianismo a Egipto en tiempos del emperador Nerón, y las sectas protestantes lejos de admitir su herejía se han creído el centro del mundo y atacan constantemente y de manera despiadada a los católicos.

En fin, en medio de esta heterogeneidad el Cristianismo actual se desenvuelve de manera explosiva con un incremento de sus fieles tanto entre el catolicismo propiamente dicho, como entre las sectas protestantes, estas últimas cada vez más inmersas en el sensacionalismo con sus mundialmente conocidos testimonios de hombres paralíticos que vuelven a andar, de cancerosos desahuciados que sanaron, de operaciones milagrosas o cualquier otra idea estrafalaria, amén del fundamentalismo extremo, este último no solo ya declarado abiertamente anticientífico, sino que se inserta cada vez con más fuerza en la política de algunas naciones latinoamericanas en las que la incultura de sus seguidores los hace ver milagros por doquier y declarar absurdos testimonios que contradicen cualquier planteamiento racional de tipo científico, y hasta los mismos fundamentos religiosos proclamados por los católicos tradicionales.

Al final, ¿Quién tiene la verdad? “Yo soy la luz del mundo”, palabras atribuidas al Cristo-Redentor, cuya enseñanza hemos de retomar, sin que esto signifique que lo declaremos como el único capaz de darnos la luz disipadora de las tinieblas. Recordemos que muchos siglos antes de su paso terrenal, Krishna al igual que Jesús, trajo al mundo de su tiempo ese mismo mensaje, y de igual modo seis siglos antes de Cristo, Gautama el Buda trató de enseñar a los hombres que a través de la eliminación de la ignorancia el hombre podía disipar sus aflicciones. ¿Cuál es el verdadero? ¿Quién tiene la verdad absoluta en sí?  Todos son verdaderos, todos representan la encarnación de la propia Divinidad, todos son Hijos de Dios, todos son el Dios mismo que bajo el ropaje carnal se expresó transitoriamente entre los hombres. Todos tienen la verdad,  por cuanto son la Verdad misma.

“La Verdad os hará libres” (…) “Yo soy el camino, la Verdad y la vida”, dijo el Cristo, y aun así, no dijo ser la única verdad, sino la Verdad. ¿Si el propio Cristo no absolutizó su verdad, entonces cómo es posible que los hombres pretendamos absolutizar nuestras pequeñas verdades? Todo parece indicar que al no haber asumido jamás la verdad no somos pues hombres libres. Al no ser libres estamos llenos de prejuicios, y lanzamos despiadadamente nuestros rencores y nuestro odio contra aquellos a quienes vemos como nuestros enemigos por el hecho de no profesar nuestra misma fe, de no compartir nuestros mismos ideales, de no militar en nuestra misma fila política, en fin, de no pensar como nosotros quisiéramos que pensaran.

Es cierto que irrita sobremanera que algunos sigan proclamando en pleno siglo XXI aquellos logros de ciertos sistemas sociales que en realidad solo han tenido fracasos y que en España, país de la Europa occidental se editen diarios comunistas con las insignias de la hoz y el martillo, y para colmo se denominen “De Verdad”, pidan libertad para el corrupto Lula Da Silva, y defiendan el absurdo de la Revolución Ciudadana promovida por el dictador Rafael Corea en Ecuador.

Pero como ya expresé antes, necesitamos de la contrapartida de lo que creemos y defendemos como verdad para que el mundo pueda marchar adelante siguiendo las leyes del gradual desenvolvimiento y desarrollo. Pretender que solo exista lo que consideramos nuestra verdad sería ser absolutistas como los marxistas, los comunistas, y hasta los religiosos extremistas.

Por suerte para la humanidad los marxistas fanáticos son una exigua minoría para nada representativa, quienes intentan extraer de su labor aparente en pos de la lucha emancipadora de los desposeídos mucho más de lo que en sí aportan. La historia- que si ha continuado demostrando la teoría del devenir de Heráclito- así lo demuestra.


                                                    Continuará.