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ELECCIONES DEL 2018 EN CUBA Y LATINOAMÉRICA: TERCERA Y ÚLTIMA PARTE (IV)

Desconectado Dr. Alberto Roteta Dorado

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                    ARTÍCULO ESPECIAL EN EL THINK-TANK DE CUBANÁLISIS
                            Dr. Alberto Roteta Dorado, Santa Cruz de Tenerife, España

 ELECCIONES DEL 2018 EN CUBA Y LATINOAMÉRICA: TERCERA Y ÚLTIMA PARTE (IV)



               


BRASIL Y SUS COMICIOS EN MEDIO DE UNA COMPLEJA SITUACIÓN POLÍTICA Y UN PORVENIR SOMBRÍO

Brasil cuenta con una puntuación de 7.38 (sobre 10) al evaluar la calidad de la democracia en la región, ocupando el puesto número 44 en el ranking mundial,  por lo que está dentro de las naciones con categoría de democracias imperfectas -como la mayoría de las naciones de América Latina-, lo que sugiere que sus elecciones son libres y justas, y que las libertades civiles básicas son respetadas; aunque existan problemas de gobernabilidad, cultura política poco desarrollada y bajos niveles de participación democrática.

La situación de Brasil es bien compleja tanto en lo político como lo económico y lo social, algo que no podemos obviar al referirnos a sus futuros comicios, por cuanto se supone que la complejidad de su situación esté determinada en gran medida por fallos de su gobierno, y al propio tiempo quien asuma el poder se tendrá que enfrentar a un caos heredado que resultará bien difícil entrar en camino.

Como no es justamente un análisis de esta naturaleza lo que pretendo abordar en este escrito no me extenderé en estos puntos, aunque sí comentaré algunos aspectos de su economía, de su corrupción y de su criminalidad -de la que apenas se dice nada a pesar del lugar que ocupa en la región- para dar paso a una panorámica sobre sus candidatos a la presidencia.

¿Crecimiento de la economía de Brasil? La economía brasileña se retrajo 3,5% en 2015 y 3,6% en 2016, con lo que completó dos años seguidos de crecimiento negativo, algo que no ocurría desde la década de los 30. Pero en el 2017 la actividad económica se expandió a un ritmo más acelerado de lo previsto con lo que cerró 2017 con su primer incremento anual en cuatro años tras su peor recesión en décadas. Se estima que la economía brasileña crecerá 2,7% en 2018 tras haber superado, con una expansión del 1 % en 2017 la grave recesión de los dos años anteriores.

Esto es sin duda, un logro del actual presidente Michel Temer con su programa de desregulación, privatización y reducción del déficit, lo que se considera de vital importancia para mantener el impulso económico del país. No obstante, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, ha advertido del constante crecimiento de la deuda externa para la región, destacándose además de Brasil, Argentina, México y como es de esperar Venezuela.

Una oleada de escándalos de corrupción de sus líderes y dirigentes. En una investigación basada en datos de organizaciones internacionales como el Banco Mundial, el Banco Africano de Desarrollo y el Foro Económico Mundial, publicada el 21 de febrero en Infobae, Brasil obtuvo una puntuación de 37 en una escala de 0 a 100 donde el 0 significa el más corrupto y el 100 el menos, lo que nos da la medida del nivel de corrupción en esta nación, aunque si se compara con otras de Latinoamérica su puesto no es de los peores, por cuanto es superada por casi todos los países centroamericanos. No obstante, Brasil está considerado dentro de los cinco países menos corruptos de América Latina, algo que no debe considerarse un triunfo, dado el elevado nivel de corrupción en América Latina.

Lamentablemente esta posición “privilegiada” no puede ser aplicada  a sus últimos presidentes y líderes de partidos y movimientos, los que se han visto envueltos en importantes escándalos de corrupción que han dañado sobremanera la imagen de una nación que merece un mejor futuro. Las acusaciones por corrupción a su presidente Michel Temer aun están siendo motivo de controversiales análisis. Recordemos que logró salir victorioso gracias al apoyo del Congreso, aunque por parte de la Fiscalía General de la República se pusieron trabas para atenuar un tanto lo que el Congreso pretendió dejar a un lado.

De igual modo Brasil aun se encuentra sacudido por los escándalos de los expresidentes Luiz Inacio da Silva, declarado culpable y condenado a prisión por corrupción y lavado de dinero en julio de 2017, lo que fue ratificado al condenársele a doce años y un mes de privación de libertad; así como Dilma Rousseff quien fuera destituida de manera tumultuosa del cargo de presidenta toda vez que fuera acusada en el Congreso por violación de normas fiscales, con lo que “maquillaba” el déficit presupuestal, independientemente de sus implicaciones al dictar tres decretos y ampliar gastos sin aprobación legislativa, ignorando las metas fiscales aprobadas previamente por el Congreso.

Una elevada tasa de homicidios. En Brasil hay un promedio de siete víctimas por hora, lo que le hace tener una tasa de homicidios de 29.7 por cada 100.000 habitantes, esto es, 61.283 homicidios según los datos del Observatorio Venezolano de Violencia publicados en 2017. Esto hace que Brasil se encuentre actualmente ocupando el quinto lugar de la región solo superado por Venezuela, El Salvador, Honduras y Jamaica. La violencia policial es considerada un problema grave e histórico, al extremo que los agentes de los estados de Río de Janeiro y Sao Paulo están entre los más violentos del mundo en números de civiles muertos en operaciones policiales.

“Tendremos una elección presidencial que se preanuncia como la más espinosa y más imprevisible desde 1989”

Así las cosas, y entre elevados niveles de criminalidad, graves escándalos de corrupción y una economía frágil aún, Brasil se enfrentará en octubre a su más espinosa e imprevisible elección presidencial, según las palabras de Luiz Fux, juez del Supremo Tribunal Federal, que ha impedido que la candidatura de Lula Da Silva se concrete en los próximos comicios al aplicar la llamada Ley de Ficha Limpia.

Ya dije en la introducción que Brasil presenta una situación diferente desde cualquier punto de vista que se le pueda analizar si la comparamos con Venezuela. No obstante, no podemos referirnos a polaridades opuestas toda vez que Brasil no se encuentra en su mejor momento. Las negativas secuelas de un socialismo del siglo XXI muy a su manera impuesto por el gobierno de Lula Da Silva bajo la influencia de Hugo Chávez, y continuado por Dilma Rousseff, resultan patentes en una nación con una historia un tanto olvidada en el contexto latinoamericano, en la que se ha mantenido como elemento común una marcada adversidad entre las tendencias de izquierda y las de derecha radical, sin que podamos afirmar de manera categórica cual de los dos extremos perjudicó más a un país donde los gobiernos militarizados que dominaron entre 1964 y 1985 provocaron la muerte y desaparición de más de 500 personas, según las conservadoras cifras que informó la Comisión Nacional de la Verdad (CNV) en 2014, luego de más de treinta años del fin de esta etapa con la elección de Tancredo Neves; o donde los izquierdistas Lula Da Silva y Dilma Rousseff, por solo citar los casos más paradigmáticos, han contribuido con sus manchadas imágenes de seres corruptos a poner en descrédito a la política de una nación.

Los extremos de la etapa dictatorial militarizada laceraron sobremanera a un país que quería -y necesitaba- cambios profundos; y aunque ya habían pasado casi veinte años del fin del período de militarización, sin duda, facilitó la llegada de Lula Da Silva al poder, quien con las acostumbradas promesas a desposeídos y esa capacidad para dominar sutilmente a las mentes más débiles -algo muy común entre los simpatizantes del movimiento del Socialismo del siglo XXI- triunfó de modo inteligente en Brasil en los comicios del 2003.

No obstante, y como muy bien ha analizado Javier Corrales, profesor de ciencia política en el Amherst College de Estados Unidos, “el problema de los expresidentes en América Latina es que les cuesta mucho trabajo retirarse de la política”, algo que no afirmó refiriéndose exactamente al caso de Brasil, sino al de Ecuador con el maquiavélico Rafael Correa, pero que resulta aplicable al contexto de dicha nación con la pretensión de Lula Da Silva de retornar al poder a pesar de que ya estaba puesto en evidencia por sus implicaciones en el caso de corrupción de Petrobras.

Pero para no alejarnos del eje del tema no voy a detenerme en lo que ya se ha publicado en todas partes, limitándome a recordar que Da Silva fue condenado en primera instancia a nueve años y seis meses de prisión por el juez Sergio Moro, siendo el primer expresidente condenado por corrupción pasiva en la historia de Brasil. Esta sentencia fue ratificada y elevada a doce años en una segunda instancia al encontrársele culpable de los delitos de corrupción y lavado de dinero.

No obstante, el aferrado exmandatario continuó su labor promocional como representante del Partido de los Trabajadores, y lo peor, la mayoría de los brasileños lo apoyaron, con lo que alcanzó el primer lugar según varias encuestas, puesto que mantuvo durante varios meses; lo que sugiere que de poder presentarse a elecciones Brasil sería dominado por un corrupto izquierdista que de modo inescrupuloso se escuda en la política para eludir ser encarcelado.

Por suerte para la región el magistrado Luiz Fux, afirmó que "será irreductible en la aplicación de la Ley de Ficha Limpia", la cual prohíbe la presentación en las urnas de alguien condenado en dos instancias. Con lo que el nuevo titular de la Justicia Electoral de Brasil le cerró la puerta a la candidatura del expresidente Lula da Silva, por cuanto recibió una condena en dos instancias, siendo aplicable dicha Ley.

Pero Lula da Silva no es el único candidato a la presidencia que daña la imagen de una nación y que se aparta definitivamente del ideal arquetípico de lo que debe ser un político. Jair Bolsonaro, el representante del Partido Social Cristiano, está en la mirilla de cientos de analistas, politólogos, políticos, y también de miles de brasileños, a pesar de una popularidad que le sitúa en el segundo puesto después de Lula Da Silva. 

El prestigioso y popular diario ecuatoriano El Comercio publicó una reseña sobre Jair Bolsonaro bajo el título: Cómo un racista, misógino y homofóbico puede llegar a ser presidente de Brasil, y agregó como nota introductoria que Bolsonaro dijo que “se puede evitar tener hijos homosexuales si se los corrige a golpes, que los negros no sirven ni para procrear, y que los analfabetos no deben votar”, algo que no es amarillismo sensacionalista ni calumnias toda vez que procede de una fuente en extremo confiable por su seriedad.

Mientras que el diario El Cronista, solo seis meses antes publicó el artículo: Jair Bolsonaro: el candidato más odiado de Brasil, e igualmente esbozó la idea de que pese a su xenofobia y defensa de la dictadura es el candidato político con más posibilidades de ganar en las elecciones de octubre de 2018, después de Lula (en el momento de la publicación aun estaba en duda la posibilidad de participación de este último). Por su parte eldiario.es el 20 de enero de 2018 destacó entre sus titulares: Jair Bolsonaro: Homofóbo, racista y ultraderechista, el hombre que podría presidir Brasil, y Americas Quarterly, el importante sitio de Estados Unidos precisó: ¿Cómo es que un apologista de la tortura y la dictadura se volvió un serio aspirante a la presidencia de Brasil?

 Continuará.

*La Organización Mundial de la Salud establece que a partir de un 10 por ciento de niños con desnutrición grave ya se considera que hay una crisis alimentaria, y a partir de un 15 por ciento la situación escala al estado de emergencia. En el 30 por ciento, el país entra en una situación de hambruna.

**Frase del analista Alfonso Dastis en su artículo Venezuela: la democracia burlada, publicado en El Mundo. http://www.elmundo.es/opinion/2017/08/04/59834eb7468aebaf7b8b468c.html

Publicado en: http://www.cubanalisis.com/ART%C3%8DCULOS/ROTETA%20DELGADO%20-%20ELECCIONES%20EN%20CUBA%20Y%20-%20TERCERA%20PARTE.htm